Música y Vino

Puedo intentar ser sincero pero nunca seré imparcial…

Maridaje música & vino: 2º capítulo

Martes, a 21 de Abril de 2015 -- Alfredo -Webmaster-

Artículo publicado en el número 2 de la revista + Vino – Cultura del Vino de El Diario de Burgos, periódico perteneciente al Grupo Promecal.

Este grupo de distribución tiene como hermanos en la prensa a El Día de Valladolid, La Tribuna de Toledo o, entre otros, el Adelantado de Segovia. Además, el Promecal tienen otros medios de comunicación: emisoras de televisión, como la de Navarra, o de radio, como Onda Cero en la Comunidad de Castilla y León.


La Romanza de Bacarisse y el vino blanco Oloramar

El diccionario de la RAE define maridaje como “la unión de la vid y el olmo, la buena correspondencia de dos o más colores, etc.”. O, por qué no, de uvas y sonidos.

En este segundo maridaje vamos a unir recuerdos y añoranzas con vinos y músicas.

Hace tres años tuve que vivir en Costa Rica durante un largo período de tiempo. Fueron once meses de convivencia con otros olores, con otros colores, con otros calores, con otros paisajes, con otros paisanajes. Y con otros sonidos. Y sabores.

Como gallego morriñoso, cada poco tiempo de mi estancia en tierras ticas (para ser sincero, cada semana), me venía a la memoria mi tierra natal; tanto la gallega como la española. Y cuando me pasaba, casi siempre en la noche de los viernes, me asaltaban las ausencias, ausencias que trataba de conjurar con un acto de disfrute sensorial: tomando un vino y escuchando música. Siempre la misma variedad de uva, siempre la misma canción.

Más o menos a las seis de la tarde, de noche cerrada (en el caribe anochece mucho antes), al volver a mi apartamento en San José, salía a la terraza, encendía una vela, descorchaba una botella de vino y ponía en el equipo de música un CD. La botella, un albariño de la D.O. Rías Baixas; la música, la canción más hermosa jamás compuesta; el paisaje, las frondosas 90 hectáreas del Parque de la Sabana, como las de mi tierra.

La unión del sabor y aroma del vino blanco Oloramar, de las bodegas Everyday Is Like Sunday (Pontevedra), con una canción compuesta por un español que pasó sus últimos años exilado en Francia, la Romanza del concertino para guitarra y orquesta de Salvador Bacarisse, provocaba en mí extrañas sensaciones: de placer por el disfrute, de pena por la distancia. A ocho mil kilómetros de mi Pontevedra me sentía como se sentía Salvador a mil de su Madrid.

Oloramar tiene las características típicas de un gran Rías Baixas: elegancia con intensidad, expresividad, aromas, sabores cítricos, buena acidez y frescor, y excelente postgusto. Y una hermosísima botella en la que las figuras de banderas de señales náuticas, en color azul cobalto, como la cerámica de Sargadelos, la unen aún más a la Galicia marinera de la que es originario el vino. Hermoso envase, magnífico contenido.

La Romanza de Bacarisse, una pieza musical de aire renacentista, es un compendio de sentimientos y nostalgias, de resonancias inmemoriales, de sensaciones de un tiempo sin tiempo, de melancolía, de recuerdos pasados, de olores a azahar y a mieles, de puestas de sol, de infancias de otras épocas, de ensoñaciones, de placidez, de felicidad. Cinco minutos y medio de sublime belleza…

Ahora te toca a ti maridar: descorcha una botella de Oloramar, nunca a más de 11º ni menos de 8º, sírvelo en una copa fina, transparente y lisa, deja que suene la Romanza, cierra los ojos… y añora a tu tierra, a tus recuerdos, a tus querencias.

Alfredo Músicayvino

 

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