Música y Vino

Puedo intentar ser sincero pero nunca seré imparcial…
Domingo, a 7 de Octubre de 2012

Un día de hace unos tres meses, mientras escuchaba la Cadena Ser, sonó una preciosa canción de musicalidad y desbordante alegría celta interpretada por un coro infantil.

Llamé a la emisora y pregunté de quién era esa melodía. Me dijeron que pertenecía a un disco editado por Pai Música que se llamaba Celtic Roots. Lo compré por internet.

Me sorprendieron varias cosas: la cuidadosísima edición y presentación del CD por parte de una discográfica gallega, para mi totalmente desconocida; la calidad de las canciones incluidas en el disco; la capacidad para aunar distintos sonidos de distintos países, en un proyecto que ejemplariza la histórica relación entre los mundos celtas, y la desinteresada colaboración cultural de tres grandes intérpretes de la música folclórica.

Al proyecto se unieron Xosé Manuel Budiño (uno de los tres mejores gaiteros y flautistas del mundo, colaborador de Altan, Capercaillie, Oskorri, Kepa Junkera o Uxía Senlle), Michael McGoldrick (miembro fundador del grupo folk tradicional Capercaille y músico acompañante de Mark Knopfler) y Dónal Lunny (integrante y fundador del grupo del folk/rock Moving Hearts, además de arreglista y productor de artistas como Elvis Costello y Clannad), tres representantes de un estilo que tiene sus raíces ancladas en un pasado común que han sabido remozar, cada uno desde su país, cada uno desde su particular visión, con ritmos más actuales y diversos. Eso sí, sin olvidar los sonidos que llevan, llevamos, imbuidos en nuestro ADN: el céltico.

Además de estos tres grandes intérpretes de la música celta, también participaron otros músicos de fama y calidad contrastada: Pancho Álvarez, Javier Feijoo “Chisco”, Luis Caruncho, Antón Seoane, Rodrigo Romaní, Guille Fernández, Magoia Bodega, Xaquin Xesteira “Xocas”, Angela Durkin, Ed Boyd, Emma Sweeney, James Mahon e Graham Henderson, un elenco de artistas que con sus instrumentos, son el contrapunto necesario para esta gran experiencia.

Con ellos, como verdaderos protagonistas del trabajo, participaron los alumnos de tres colegios pioneros en la unión de las músicas trasatlánticas: el C.E.I.P. Humberto Juanes de Nigrán (Galicia, España), el St. John’s Primary de Manchester (Escocia, Reino Unido) y el St. Cronan´s School de Bray (Irlanda).

Y todo bajo el amparo del programa Comenius de la Unión Europea, que busca favorecer el conocimiento de la cultura compartida (en este caso, la celta) e innovar en pedagogías integradoras.

El CD/DVD reúne diez temas musicales populares de origen celta, tres por cada país, interpretadas es sus idiomas ancestrales (gallego, gaélico e inglés), y una canción grabado por los tres centros conjuntamente: “The Anthem”, una canción que es el resultado de la fusión de la canción irlandesa “The ballad of St. Anne's Reel” y la gallega “O Pirimpimpín”.

Este trabajo, que os recomiendo muy encarecidamente, viene en un digipack con el CD de las canciones y un DVD interactivo que incorporado un karaoke con todos los temas, cuatro videoclips y un documental con el making off que recoge el proceso de grabación del disco. Y una pista interactiva que incluye las partituras y las letras de las canciones.

Como dijo muy acertadamente Xosé Manuel Budiño, refiriéndose al maravilloso resultado final de este proyecto, "Acabamos de conocernos, pero aquí está pasando algo".

Deseo de corazón que ojalá pase algo. O mejor aún, deseo fervientemente que ojalá pase mucho...

 

 

 

Alfredo1Alfredo -Webmaster- 

 

 

celticroots5

 

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Domingo, a 22 de Abril de 2012

 

Mientras elaboro el post con la información del concierto de ayer por la noche de The Waterboys, un memorable espectáculo de elevadísimo nivel musical, incluyo en musicayvino.com algunas fotos y vídeos grabados por mí durante la actuación.

La banda fundada por Mike Scott en el año 1983 estaba compuesta, para la ocasión, por el poderosísimo batería Ralph Salmins, el correcto y profesional bajista Marc Arciero, la brillantez sonora en el Hammond y B3 de James Hallawell, y el majestuoso violín de Steve Wickham.

Fue un espectáculo que nos hizo vibrar gracias al sonido y la profesionalidad de estos grandes artistas, tocados por la varita mágica del mejor Scott de los últimos años.

A los que fueron y lo disfrutaron, enhorabuena; a los que no fueron, mi más sentido pésame.

Alfredo Webmaster

 

Programa

1. Rags (A pagan place)
2. All the things she gave me (A pagan place)
3. The thrill is gone (A pagan place)
4. A girl called Johnny (The Waterboys)
5. The girl in the swing (The Waterboys)
6. How long will I love you (Room to roam)
7. Glastonbury song (Dream harder)
8. Be my enemy (This is the sea)
9. Loneseome olf wing (Too close to heaven)
10. The raggle taggle gipsy (Room to roam)
11. Politics (An appointment with Mr.Yeats)
12. Song of the wandering aengus (An appointment with Mr.Yeats)
13. News for the Delphic oracle (An appointment with Mr.Yeats)
14. Mad as the mist an snow (An appointment with Mr.Yeats)
15.
The pan within (This is the sea)


1º Bis
16. Don’t bang the drum (This is the sea)
17. The whole of the moon (This is the sea)


2º Bis
18. A man is in love (Room to roam)
19. Fisherman blues (Fisherman blues)

 

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Domingo, a 15 de Abril de 2012

Susana de Lorenzo: Voz y harmonium

Bernardo Martínez: Percusión, clarinete y flautas

Xoan Piñón: Guitarra eléctrica y acústica, laúd

Oscar Fernández: Zanfona

 

Por Belén Franco, de Ferrol (Galicia)

Martín Codax, Pero Meogo, Joán Zorro, Don Dinís, Pero da Ponte, Joan Airas, Fernando Esquío, Meendinho, Afonso Eanes do Cotón, Airas Núnez, Afonso X O Sabio, Sancho I,… Podría seguir enumerando otros nombres de trovadores míticos de la lírica medieval gallego-portuguesa pero, sencillamente, ahora mismo no recuerdo más, ni tampoco pretendo que esta reseña se quede en una simple relación de los cerca de 150 grandes compositores líricos del período trovadoresco galaico-portugués que abarca desde el año 1200, aproximadamente, en el que parece que está fechada la cantiga más antigua, hasta los alrededores del 1350 en el que empieza  a decaer esta lírica y toma auge nuestra prosa medieval.

Todos ellos son los protagonistas de una rica cultura trovadoresca. A algunos de ellos y sus deliciosas cantigas los he rememorado hace unas cuantas semanas gracias a DOA, otro de mis últimos descubrimientos musicales. Cuando me enteré por la prensa de que DOA había editado un nuevo trabajo discográfico, “A fronda dos cervos”, y que lo componen temas basados en las Cantigas de Afonso X O Sabio, así como cantigas de amigo, de amor, de escarnio y maldizer, escritas por mis adorados trovadores medievales, incluyendo, también, el “Sancti Iacobi” -una pieza musical del misteriosamente desaparecido Códice Calixtino-, me dirigí, rauda y veloz, a mi establecimiento habitual en el que adquiero este tipo de música con el objetivo de comprarlo, y con la esperanza de que no me pusieran ningún inconveniente para pedirlo a la distribuidora, en caso de que no figurase dentro de las existencias de la tienda. Ya se sabe que con esto de Internet no son buenos tiempos para la lírica…

Yo, que me jacto de conocer los proyectos de unos cuantos grupos musicales y solistas gallegos y algunos de sus magníficos y nunca suficientemente valorados trabajos que han realizado y realizan con el laudable intento de no perder ni olvidar nuestras raíces musicales, se me quedó por el camino Doa. ¡¡Vaya despiste imperdonable!! Más que de un despiste, se trata de ignorancia pura. ¡¡¡¿Cómo fue posible, sino, que se me pasasen por alto los trabajos de este  veterano grupo gallego, que se formó hace algo más de treinta años, y que es considerado como uno de los precursores del folk  en Galicia, de la música celta y del resurgimiento de nuestra música medieval?!!!!

Después de escuchar los temas de su último disco, descubrí una banda que desprende sonidos fuertemente mágicos que me trasladaron a la época de los primeros trovadores que he mencionado al comienzo de este escrito y que, además, me traen recuerdos de mis clases de literatura -tanto del bachillerato como de mis últimos años universitarios- en las que había estudiado, leído y aprendido a interpretar algunas de las cantigas de aquellos magníficos compositores de la Edad Media. Fue precisamente durante dos épocas diferentes de mi vida cuando descubrí y redescubrí los melodiosos versos de una lírica que desprende belleza y armonía sólo por su simple sencillez compositiva y melodiosa.  

Xaquín Blanco (flauta, gaita y oboe), Xoán Piñón (guitarra eléctrica, acústica y laúd, además de ser el autor de las evocadoras fotografías de “O Courel” que ilustran el librillo que acompaña al CD), Bernardo Martínez (percusión y teclados), Óscar Fernández (zanfona) y la agradable y dulce voz de Susana Lorenzo, poseedora de una gran técnica vocal, son los integrantes de esta veterana formación con cinco discos en el mercado.

Este mimado y soberbio trabajo discográfico es todo un tesoro musical, un proyecto temático, complementado por un hermoso texto introductorio de la poetisa gallega Eva Veiga y por una breve referencia a la lírica gallego-portuguesa con pequeños comentarios a cada uno de los temas que lo componen, realizados por el filólogo Federico Pérez, especialista en literatura medieval. En este disco, además de tres temas instrumentales, Doa experimenta adaptaciones y reinterpretaciones propias: combina las músicas de las Cantigas de Santa María de Afonso X O Sabio con las letras de nuestros trovadores gallego-portugueses.

El resultado ha sido todo un éxito. Los amantes de este género literario y  musical podemos disfrutarlo escuchando temas variados que van desde las cantigas de amigo como la de “Verdes herbas”, con la evocación de los ciervos -animales con una fuerte simbología erótica-, hasta la considerada, por los mismos componentes del grupo, como la primera canción protesta, “Porque no mundo menguou a verdade”, pasando, incluso, por la juzgada como la primera canción feminista, “O Maroot” y, por supuesto, sin olvidar otras cantigas de amor y de amigo en las que la mujer ocupa un papel relevante, composiciones famosas de carácter amoroso que muchos aficionados a la buena literatura las tenemos memorizadas como la de “Levou-s’a fremosa” o la de “Sedia-m’eu na ermida de San Simon”, muchas de ellas evocadoras, además, de milenarios bosques, con sus prados, sus fuentes y sus fontanas, ambientes que propician el encuentro idílico.

Un título evocador para un disco de culto de un grupo también de culto que se aleja, por suerte, de las músicas basuras comerciales e industriales, de usar y tirar, que hoy en día resuenan por todos lados y que no duran ni un telediario. La música de Doa se preservará imperecedera y será recordada ajena a todo tipo de modas, costumbres y usos musicales, igual que siguen siendo rememoradas, después de más de nueve siglos, las bellas  cantigas medievales que forman parte, indudablemente, de un importantísimo y enriquecedor patrimonio literario y cultural.

 

 

DOA - "Verdes herbas"

 

DOA - "O son da estrela escura"

 

DOA - "O Maroot"

 

DOA - "Estes meu ollos"

 

DOA - "Sediame eu na ermida de San Simon"

 

DOA - "Son de Noite"

 

DOA - Cantiga 2ª Martin Codax "Son de Noite"

 

DOA - "Festa de Loor" (lirica medieval galego portuguesa)

 

DOA - "Fonte"

 

DOA - "Estes meus ollos" (lirica medieval galego portuguesa)

 

DOA - "Levousa fremosa"

 

DOA - "Across the Universe" (John Lennon)

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Domingo, a 1 de Abril de 2012

 

 

Casa do Castelo de Andrade

 

 

 

 

Miércoles, a 7 de Marzo de 2012

 

 

 

Por Belén Franco (Galicia)

Descubrí a Davide Salvado en un veterano programa nocturno de la televisión gallega, emitido en horario de máxima audiencia la noche de los viernes; un programa musical y de variedades, desacreditado por muchos, pero que, en cambio, resulta ser una plataforma de lanzamiento de algunos de nuestros músicos gallegos para publicitar su primer trabajo discográfico, o bien un medio para dar a conocer los últimos proyectos de grandes artistas y grupos, también gallegos, y ya consagrados.

Así que, estaba yo aquella noche de recorrido televisivo por cuanto canal encontraba, buscando desesperadamente algún programa que me interesase (que ya es raro que lo localice), cuando un rostro masculino acaparó mi atención en la TVG. Un rostro masculino que me resultaba familiar, un rostro masculino moreno y atractivo; un rostro masculino sombreado por una incipiente barba correctamente desaliñada, un rostro y un cuerpo masculinos que podían atraer tanto a hombres como a mujeres. Mientras el presentador del programa realizaba el discurso introductorio a la actuación de Davide -el dueño de aquel rostro y de aquel cuerpo-, además de la presentación de su primer trabajo discográfico, “Árnica pura”, me dio tiempo a radiografiar su inesperada indumentaria y su llamativo estilo: pantalones vaqueros ceñidos y cojoneros, chaqueta blazer, pecho y abdomen desnudos, al descubierto, adornados por una cascada de cadenas que, colgando desde su cuello, descendía por su tórax. La curiosidad me dominó y decidí aguardar por su actuación. “Todo o corpo” fue el título de la canción que interpretó en aquella ocasión.

Debo admitir que la voz cálida y sensual de este marinense me encandiló; la interpretación de “Todo o corpo”, mientras su mirada mostraba cierto coqueteo con la cámara y el telespectador, me hipnotizó. Pero ahí se quedó su excepcional actuación. Esperé para comprobar si volvía a salir al escenario a interpretar otro tema, pero no fue así, o eso creo recordar; pues es más que posible que, después de un nuevo recorrido, en vano, por la cartelera y la programación televisiva de aquella noche, me refugiase en los acogedores brazos de Morfeo.

Con sólo escuchar una preciosa y única canción y con sólo contemplar una excelente y personal interpretación, me decidí a comprar su primer trabajo discográfico: Árnica pura, título que toma el nombre de la árnica, una planta medicinal en peligro de extinción, pero que si se ingiere en dosis muy elevadas puede producir la muerte. Consultando en Internet, descubrí que fue una mujer de las montañas asturianas quien calificó la voz de este artista polifacético como árnica pura, por lo que tras esta comparación, Davide Salvado decidió titular este su primer trabajo con el nombre de esa planta medicinal.

Al día siguiente, tras recordar la breve actuación que este joven músico realizó en aquel programa, me di cuenta de que su rostro masculino y seductor lo había visto antes como componente de la banda de Xosé Manuel Budiño, uno de nuestros magníficos gaiteros actuales. Y es que Davide acompañó a Budiño en sus conciertos y actuaciones, aportando su espléndida voz y sus excelentes dotes musicales a la hora de ejecutar instrumentos de percusión como la pandereta o el pandero.

Con “Árnica pura” descubrí un músico carismático que atrapa con su voz cargada de esencias, de expresión, un músico provocativo y provocador en ciertos momentos, sobre los escenarios, y que atrae con su sola presencia (como así lo comprobé en aquel programa televisivo y visualizando, más tarde, en Internet la presentación de su disco en La Moreneta, en Vigo, el 18 de junio de 2011), un músico que bebe de la savia más pura del folklore gallego, pero también de la música de raíz castellana, portuguesa e incluso cubana.

“Árnica pura” está formado por 12 canciones. La primera de ellas, “Todo o corpo”, mi favorita, y creo que una de las más intimistas y emotivas de este proyecto musical ha sido compuesta por la poetisa gallega Lucía Aldao. Las once restantes como “Marín por ti”, “Tirioni”, “Ay Amor”, Serán”o “La hija de Don Juan Alba”, entre otras, fueron escogidas por este músico dentro de una selección personal de canciones gallegas, portuguesas y castellanas, y que forman parte de nuestro rico acervo musical más puro de carácter popular. El resultado de la colaboración entre Davide Salvado y el productor Eliseo Parra –músico vallisoletano, investigador e impulsor de la música tradicional, a la que dota de aires renovados, y que ha participado en este excelente trabajo- ha sido magnífico, un proyecto que convence y una voz masculina que brilla por su calidez y hermosura dentro de nuestro  rico patrimonio musical gallego.

 

 

Davide Salvado "Árnica pura” (2009)

01. Todo o corpo

02. Serán

03. Regayfa

04. Marín por tí

05. Cabaliño

06. Tirioni

07. Jota de Moscoso

08. Hio

09. Ay, amor!

10. La hija de Don Juan Alba

11. Meu meniño

12. Lúa


 

Davide Salvado - "No voy sola"

 

Davide Salvado - "La llave de la alegría"

 

Davide Salvado - "Senhora do Almortao"

 

Davide Salvado - "Resineiro engraçado"

 

Davide Salvado - "Cucurrucucú paloma"

 

Davide Salvado - "Serán de Toutón"

 

Davide Salvado - "Canto de Santa Sabiña e Xota do Mar de Vigo"

 

Davide Salvado - "La Maragata"

 

Davide Salvado - "Ay! Amor"

 

Davide Salvado - "Meu meniño"

 

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Lunes, a 20 de Febrero de 2012

Por Caius Apicius para elconfidencial.com (EFE),  07/02/2012

Cuando le dije "vaya ahora a Galicia", mi interlocutor pareció quedarse un poco perplejo:

-Pero en febrero, en Galicia, ¿no llueve muchísimo?

-Hombre, depende de lo que entienda usted por muchísimo. Llover puede que llueva, sí; también puede ocurrir que no llueva. Pero, primero, Galicia sin lluvia es menos Galicia y, segundo, en febrero no se va a Galicia a tomar el sol.

-Entonces, ¿a qué quiere usted que vaya ahora a Galicia?

-Muy fácil: a comer. A disfrutar de la que puede ser una de las mejores gastronomías invernales del planeta, y no exagero nada.

No: no exageramos nada. A Galicia, aparte de a otras muchas cosas, se va a comer. En cualquier época del año. Pero es que lo de febrero... lo de febrero es demasiado grande.

Febrero, que es mes de Carnaval (Entroido, dicen por allá), es la exaltación de la mesa, de la comida. Ahora se promocionan en Galicia carnavales de los de hacer fotos a tipos curiosos, y está bien; pero, en Galicia, siempre, el Carnaval se celebra en la mesa. Y no en una mesa cualquiera: en una grandísima mesa.

Para empezar, están en época magnífica esas cosas marinas en las que se piensa siempre que se piensa en Galicia. Salvo que le toquen varios días seguidos de temporal, los percebes de ahora estarán llenos de carne y sabor; las centollas, en estado casi perfecto; los mariscos de concha, disponibles... Una oferta marisquera inimitable en lo que hay, que hay mariscos que no son de aquí (gamba roja, langostino...) y deben buscarse en otros lugares.

Febrero es el mes que los gallegos dedicamos a la Paleogastronomía, esto es, a estudiar sobre el terreno las múltiples cualidades gastronómicas de un fósil viviente, del más antiguo de los vertebrados, la lamprea, que lleva en estas aguas más de cuatrocientos millones de años, que representan muchísimos años pasados en total impunidad, que los lugareños piensan que hay que descontar, lo que hacen dedicándose con entusiasmo a saborearla desde que en enero asoman su morro en los ríos gallegos hasta que el insistente canto del cuco marca el final de su temporada.

Sí: febrero es mes de lamprea, y en pocos sitios hay una tradición de cocinar y comer lamprea como la que hay en Galicia, por la muy poderosa razón de que los ríos gallegos son de los pocos que aún reciben a este vestigio de otras épocas geológicas.

Si es verdad que sería difícil elegir un animal marino como totémico de Galicia (¿el percebe? ¿la lamprea? ¿el pulpo?) lo es igualmente que no hay la menor duda sobre a qué cuadrúpedo corresponde ese puesto: al cerdo. "Si el cerdo volara..." dijo aquel paisano interrogado sobre su ave favorita...

Y el cerdo tiene su homenaje. Pantagruélico, hiperbólico, monumental: el cocido. El cocido que se festeja y
se cocina en Lalín. Un cocido, como querían don Álvaro Cunqueiro y mi añorado amigo Jorge Víctor Sueiro, "de crego", esto es, de cura. De cura de antes del Vaticano II, matizo yo.

Lleva sus cositas vegetales, cómo no. Patatas, claro. Garbanzos, y ahora hay quien les añade habas, que es como llaman los gallegos a las alubias. Y verdura, claro, que no será repollo con refrito, a la madrileña, sino, en esta época, los mejores grelos, que a mí me gustan muchísimo más que la berza. También se echa al cocido (dejemos claro que se llama cocido, y no pote; el pote es cosa de los vecinos asturianos) carne de vacuno; incluso he visto alguna vez circular por allí una gallina. Pero todo eso son meras compañías.

El cocido lleva "cachola", es decir, cabeza de cerdo, con sus tres partes diferenciadas y diferentes: "orella" (oreja), "dente" (carrillera) y "fuciño" (morro). Hay que ponerse, también, un poco de lacón, un poco de costilla salada, un buen trozo de tocino "de febra" (fibra), otro de "soá" (espinazo) si lo hubiere, quizá algo de rabo... Y los chorizos, claro, el normal o "de carne" y el "ceboleiro" o de cebolla, que hace las veces de la morcilla.

Es mejor proceder por partes, con calma, apoyarse bastante en lo verde... Sin prisas, echando unos tragos de algún tinto de mencía de Valdeorras, la Ribeira Sacra, Monterrei o el Ribeiro. Uno se va sintiendo en paz, el mundo está bien hecho y alaba la creación de un animal tan benéfico y útil como el tantas veces vilipendiado marrano, base de la civilización cristiana, que es la nuestra.

¿Que un cocido le parece mucho? Bueno: quédese con la versión reducida, típica de la época: el lacón con grelos, con sus cuatro elementos, sus cuatro ases: lacón, patata, grelos y chorizos. Le servirá para irse entrenando.

No le diré que acabe con quesos: mejor que se los tome de aperitivo y, de postre, acuda a ese pariente galaico de los crêpes que son las filloas, o a otros postres de la época. Como las flores o las orejas. Y... feliz y sosegada sobremesa.

La verdad: había que decir todo esto. Galicia, incluida su gastronomía, es algo de lo que más gente habla y escribe de oídas que por experiencias propias. Y les garantizo que lo que puede ofrecer la mesa gallega en el mes de febrero tiene muy difícil parangón. Vayan... y véanlo. Qué digo "véanlo": ¡cómanselo!

 

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Lunes, a 12 de Diciembre de 2011

 

Por Caius Apicius para elconfidencial.com (Efe)

El próximo solsticio de invierno, el día 22 de diciembre, se cumplirá el centenario del nacimiento de don Álvaro, de cuyo óbito se cumplieron 30 años en febrero. Para todo buen aficionado a la gastronomía, a la literatura y a la mezcla de ambas cosas, don Álvaro no puede ser otro que Cunqueiro.

Cunqueiro tiene páginas maravillosas en las que imagina fabulosos menús de archimandritas de los tiempos de los emperadores bizantinos de la dinastía Paleólogo, páginas que se leen con placer y que son fruto tanto de la imaginación como de la erudición. Otras veces, describe menús vividos, con platos de la gran cocina de sus tiempos, inevitablemente francesa, que se leen con cierta envidia. Y está el Cunqueiro que nos cuenta cuchipandas netamente galaicas, de su tierra, que se leen con gula.

Mi desaparecido colega y amigo Luis Bettónica me comentaba siempre que en una ocasión estaba en Vigo con Cunqueiro, por La Piedra. Don Álvaro le propuso "vamos a hacer una comida inteligente". Y así, tras embaularse la clásica docena de trece ostras en un bar de esa calle, se fueron al vecino "Mosquito" a comerse un hermoso lenguado cada uno.

Por otra parte, en fechas como las actuales, Cunqueiro gustaba de acudir a Lugo, a las fiestas de San Froilán, para regalarse el menú típico de esos días en la vieja ciudad romana: pulpo "á feira" y perdiz. Otra comida inteligente. Y es que una cosa es la literatura y otra la vida cotidiana. En Vigo se tomaban, y se toman, ostras de las que había en Arcade, al fondo de la ría. Ostras planas, de las llamadas científicamente "Ostrea edulis", sencillamente "ostra comestible".

Hoy se han impuesto las ostras que llamamos cóncavas, las que antes llamábamos "portuguesas" pero que ahora, con apellidos ilustres, son las que están de moda. No tengo nada contra ellas; pero quien ha crecido saboreando ostras gallegas, planas, ha conocido un sabor de una finura de la que carecen las "rechonchas", quizá más potentes.

Una docenita de ostras, con su puntito de limón -potencia el efecto yodado, pero puede prescindirse de él sin problemas- y un buen albariño cerca, son un principio magnífico. Entre nosotros no hace falta el pan de centeno, ni la mantequilla, al estilo francés, para disfrutar de estas: bastan ellas mismas. Y son un placer asequible, sobre todo desde que han empezado a instalarse ostrerías en los mercados, iniciativa que comenzó el madrileño de San Miguel.

Después, lenguados. De aguas gallegas. Ejemplares que superan bastante el medio kilo. En "El Mosquito" los ofrecen fritos o a la plancha; hoy la tendencia va por la segunda opción, pero en esa veterana casa viguesa hay que tomarlos fritos: resultan sublimes, aunque uno haya de renunciar a la piel crujiente que tendría si lo hubiéramos hecho a la plancha. En las copas seguiríamos con el mismo albariño.

En Lugo pasaríamos al tinto, un mencía de la Ribeira Sacra quizás; hay ya etiquetas de muchísima categoría. Honraremos así al clásico pulpo de las ferias, que va de la cazuela de cobre al plato de madera, caliente, cortado en rodajas, bañado con aceite y espolvoreado con sal gorda y pimentón más o menos picante, según gustos. El pulpo debe "triscar" en la boca: nada hay más triste que un pulpo reblandecido. Y nos hará falta un buen pan del país "para empujar".

Finalmente, una perdiz. Perdiz roja, que es la reina. Estofada, llamada también a la cazadora o en salsa de perdiz. Es uno de los sabores más rotundos del bosque, del otoño y es la pieza de caza por antonomasia para el español, que siempre ha terminado sus cuentos con aquel estribillo de "fueron felices y comieron perdices", frase en la que uno invertiría el orden de los factores, ya que las propias perdices son fuentes de muy sabrosas felicidades.

Dos menús perfectamente realizables en estos meses otoñales, cuando la naturaleza se viste de oro y ofrece lo mejor de su despensa. Cuatro platos bien distintos, pero prácticamente perfectos en sí mismos y en las combinaciones imaginadas y practicadas por Cunqueiro.

Más adelante, cuando el invierno sea una cruda realidad y se acerquen esos carnavales que se lo llevaron hace ya treinta años, será momento de homenajear a Cunqueiro con otro de sus platos favoritos, no menos "inteligente" que los anteriores: una buena empanada de lamprea. Ya ven cómo, en efecto, circular por los caminos galaicos de la gastronomía de Cunqueiro es una cosa que abre tremendamente el apetito. Y, contado como él lo cuenta, el lector casi lo vive por sí mismo. Y, al fin y al cabo, ¿no es ése el objetivo de la literatura?

 

Sábado, a 20 de Agosto de 2011

Cartel anunciador de Festa do Albariño

Mapa de la D. O. Rías Baixas y sus subzonas (Galicia)

 

Por Caius Apicius para elconfidencial.com (EFE), 02/08/2011

Como todas las cosas cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos, el vino está lleno de leyendas; de muy bellas leyendas, en general. El vino... y cada vino. Entre ellos, el albariño, al que Cambados rendirá homenaje por quincuagésima novena vez el próximo fin de semana, primero de los de agosto.

Don Álvaro Cunqueiro, quién si no, fue un decidido impulsor del origen legendario del albariño, traído, decía, por los monjes del Císter allá por el siglo XII. Era bonito, y daba mucho juego. Pero, como diría Néstor Luján, la ciencia ha hablado, y preciso es callarse. Y la ciencia ha dicho que la uva albariño parece ser autóctona de Galicia. Yo, si por "autóctono" entendemos que es algo que lleva en un sitio muchísimo tiempo, puedo estar de acuerdo; si se refiere a que es originario del sitio en que está, ya tengo mis dudas.

Lo curioso es que, en general, a los gallegos les ha hecho ilusión eso de que la albariño sea autóctona. A mí, qué quieren que les diga, me gustaba más situar su origen en el corazón de Europa, la leyenda que lo emparentaba, desde la cuna, con algunos de los mejores vinos de la Cristiandad. Recordemos. La Orden del Císter nace en 1090 en la localidad cuyo nombre romano era Cistercium. Hoy es Citeaux, abadía situada en la mismísima Côte d'Or borgoñona, donde se elaboran vinos de la categoría de los Montrachet o Meursault, por no salir de los blancos, elaborados con la variedad chardonnay, que también tiene leyenda propia que atribuye su introducción en Francia a cierto conde de Champagne, Thiébaut IV "Le Chansonier", que la habría traído de Chipre de vuelta de las Cruzadas.

Son los monjes cistercienses quienes se ocupan del cuidado del Camino de Santiago. Y parte de ese cuidado era replantar viñas. Primero, en los valles fluviales del Ebro, el Duero, el Sil... Finalmente, en el mismísimo fin del mundo, en el Finis Terrae, frente al Mar Tenebroso. Es bonito imaginar a los monjes transportando con amor y mimo los esquejes de sus variedades preferidas, procedentes nada menos que de la Borgoña; hay quien sustenta la opinión de que no se trata de cepas borgoñonas, sino que procederían del Rhin, más cercanas a la riesling que a la chardonnay.

Todo eso, y más, había en una copa de albariño antes de que la ciencia nos devolviese a la cruda realidad e hiciese que bajásemos de la nube de los bellos sueños. Ciertamente, no seré yo quien afirme que un albariño es mejor que un gran Montrachet, pero tampoco dejo que me lo sitúen mucho más abajo en la escala de valores de los grandes vinos blancos del mundo.

Pero supongamos que sí, que la uva lleva en Galicia más tiempo, incluso que se trata de una mutación de alguna variedad introducida algo más de mil años antes de la fundación del Císter. Porque bien pudieron ser los señores romanos quienes introdujeron la albariño, o su predecesora, en Galicia. Quizá no los romanos de César, pero sí los que, mandados por Décimo Junio Bruto, luego llamado "El Galaico", se negaban a cruzar el río Limia, en Ourense, por creer que se trataba del Leteo o Lete, el río infernal que hacía perder la memoria a quienes lo cruzaban. Los mismos romanos que se aterrorizaron en Finisterre al ver cómo el mar engullía al sol rojo. Romanos que llevaron consigo el vino, la vid, a donde fueron. Por qué no a Galicia: hubo asentamiento romano en Cambados. Sería gracioso que hubiera sido así, cuando Cunqueiro nos habló tanto del itinerario inverso, de los vinos, sobre todo del Sil, que viajaban de Galicia a Roma, como el de Amandi, supuestamente grato a Tiberio, cosa que no tiene mucho mérito porque al sucesor de Augusto le gustaban todos los vinos.

Y aún pudo ser antes: los fenicios, comerciantes donde los hubiere, estuvieron zanganeando por la desembocadura del Umia, por aquello del estaño; a lo mejor trajeron unas cepas, porque si el vino nació, según parece, al sur del Cáucaso, está claro que esa zona queda mucho más cerca de Fenicia que de Galicia, y las uvas, solas, no vinieron: les conocemos muchas virtudes, pero no la movilidad.

Al final, qué más da. Cistercienses, romanos, fenicios... Una cosa tengan clarísima: ustedes, si lo desean, pueden beber hoy unos albariños muchísimo mejores, incomparablemente mejores que los que pudieran haber bebido los comerciantes fenicios, los legionarios romanos y los monjes benedictinos. Y, aunque todavía queden por ahí algunos nostálgicos, beberán hoy albariños bastante mejores y mejor elaborados que los que bebían sus padres y sus abuelos.

El domingo se discernirá cuál es el mejor albariño de los presentados a concurso. Serán los 2010, añada que el Consejo Regulador de la D.O. Rías Baixas ha calificado de "muy buena". Los 2010 que he probado hasta ahora son, en efecto, muy recomendables. Lo mejor será que abran ustedes una botella y opinen por sí mismos, brindando por Cunqueiro, que este año está de centenario, pero también por cistercienses, romanos, fenicios y, si no queda más remedio, científicos 'revientaleyendas': los amantes del albariño no somos rencorosos.

Típica bodega de la D. O. Rías Baixas (en la foto Agro de Bazán - Galicia)

 Detalle de la Bodega Agro de Bazán(Galicia)

Bodega Pazo de Fefiñanes (Cambados - Galicia)

Bodega Pazo de Fefiñanes (Cambados - Galicia)

Bodega Pazo de Fefiñanes (Cambados - Galicia)

 

 

Jueves, a 19 de Mayo de 2011

 

 

Por Caius Apicius para elconfidencial.com, 17/05/2011

Aunque en su lenguaje cotidiano los considere una cosa sin demasiada importancia, la verdad es que el consumidor español aprecia mucho los pimientos; una cosa es que diga "no vale un pimiento" o, jugando al mus, amenace "a la mano, con un pimiento", y otra muy distinta es que no le gusten en el plato.

Verdes, si tocan verdes, y rojos, si de eso se trata. Ahora hay más variedades, de más colores, muy bonitos ellos, que hacen platos que quedan preciosos; pero no dejan de ser una novedad. Al consumidor patrio le van, en rojo, los pimientos morrones, los de Murcia, los del Bierzo, los navarros del piquillo -y, si llega a conocerlos, los "de cristal"-. En verdes, sin embargo, hay dos orígenes que dominan: Guernica y Padrón.

Con permiso de mis amigos vascos, que adoran los pimientos de Guernica y hacen bien, porque son buenísimos, yo he de romper una lanza por los padroneses. No voy a discutir cuáles tienen mejor sabor o textura; sólo diré que los de Padrón tienen un aliciente añadido: a lo mejor pican. Ya se sabe: unos pican "e outros, non".

Vayamos a Padrón, entonces, y tratemos de aclarar algunas cuestiones. La primera: "pimientos de Padrón" no es una Denominación de Origen. ¿Qué quiere decir esto? Pues que, como pasa con el queso Camembert, pueden cultivarse pimientos de Padrón donde a cada cual le parezca mejor.

Resulta que "pimiento de Padrón" es el nombre de la variedad, por lo que no puede ser una IGP (Indicación Geográfica Protegida). De manera que, al final, se ha optado, para poner un necesario orden, por crear la D.O. protegida "Pimientos de Herbón". Es justo. No se supo defender el nombre de Padrón en su día, y ahora se les da el del lugar donde los padres franciscanos empezaron a cultivarlos, en la orilla coruñesa del fronterizo Ulla. "Mínimos y franciscanos", llama a estos pimientos, en su "Del Miño al Bidasoa", otro ilustre natural de la zona, don Camilo José Cela.

Sirva todo lo anterior para tranquilizar a quienes compran en su verdulería una bolsa de algo etiquetado como "Pimientos de Padrón" pero que, en letra pequeñita, advierte de que se trata de un producto de Almería. Ese producto, tiene, por dejadez de las autoridades competentes en su día, todo el derecho a llamarse "Pimiento de Padrón" como lo tienen unos que, bajo una marca terminada en "iña" para subrayar su galleguidad, y con el bien visible rótulo de "Pimientos de Padrón", indica, en letra amarilla no demasiado visible, que dichos pimientos proceden de Agadir (Marruecos). Así está la ley.

Ustedes, por si acaso, cerciórense de que sus pimientos de Padrón son, efectivamente, vecinos del río Ulla, por el que aún suben lampreas en invierno. Como ya saben, estos pimientos se comen fritos. Enteros. Bueno: hay dos tendencias. Los padroneses, como mi amigo Pepe Domingo Castaño, les quitan el rabito, y así los comen pinchándolos con un palillo y cogiendo dos o tres de cada vez, como hacemos todos los gallegos con el pulpo. Fuera de Padrón, a mucha gente le gusta servirlos con rabito, para cogerlos -de uno en uno- por él, lo que brinda la posibilidad de, a la menor sospecha, morderlos por debajo de su zona más ancha, donde están las traicioneras pepitas. Esto, como comprenderán, elimina toda emoción, y comer pimientos de Padrón ha de ser algo emocionante.

Porque lo cierto es que uno espera que salga alguno picante, incluso muy picante, y, claro, que no le toque a él. El amante de los pimientos de Padrón agradece que, en una ración, le entren unos cuantos que piquen de una forma educada, que le calienten la boca sin alfombrársela; pero tiene la inconfesada esperanza de que a algún miembro del grupo le toque uno particularmente rabioso: de una ración de estos pimientos se espera no sólo placer gastronómico, sino espectáculo.

Así que, amigo lector, si es a usted a quien le toca ese pimiento que parece proceder directamente de los dominios de Pedro Botero, colabore. Exagere el gesto. Haga teatro. Sus amigos se reirán, no de usted, sino con usted, que es muy distinto. Le darán consejos: usted, ni caso. Ni se le vaya a ocurrir refrescar la boca con un trago de vino, ni mucho menos -ya supongo que eso no se le pasa por la cabeza a ningún amante de los pimientos- con un sorbo de agua. Échele un poco de pan o, como una amiga mía, madrileña, atrévase a llevarse a la boca otros dos ejemplares: si pican -dice ella- no voy a estar peor, y si no pican, alivian muchísimo-.

Ahora: usted ha pinchado con su palillo un pimiento de Herbón frito como mandan los cánones, con su color verde brillante; al pasarlo sobre las gotas de aceite del fondo de la bandeja, captura por casualidad un grano de sal gorda; se lleva el conjunto a la boca, y la explosión sápida es una experiencia maravillosa, una sensación de plenitud, de perfección: Qué importa que unos piquen "e outros non".

Ah: recuerden que esto del picante va aumentando a medida que avanza la temporada: en junio les picarán muy pocos, pero en agosto... Avisados quedan.

 

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Jueves, a 28 de Abril de 2011

Desgraciadamente, no sé escribir bien en gallego; tampoco lo hablo con la suficiente fluidez como para usarlo, permanentemente, en mis relaciones verbales. Pero es mi idioma materno, la lengua de mi tierra, el vínculo que me une culturalmente a Galicia. Y como es parte de un todo que es la patria gallega, tengo que defenderlo así sea cada vez que hablo o escribo en español. Como ahora.

Como gallego de Galicia, hijo de varias generaciones de gallegos, me avergüenza que el gobierno derechoso y meapilas de Alberto Núñez Feijoo esté dilapidando, con la ayuda de una caterva de politiquillos desclasados, los éxitos que se consiguieron en los últimos años de potenciación de nuestro idioma. Me avergüenza y me humilla.

Por eso, como reacción ante los desmanes reaccionarios de unos vergonzosos desertores del arado, en mi blog iré publicando de vez en cuando artículos o escritos en mi idioma. En gallego. Por que lo soy. De Galicia.

Alfredo Webmaster



 

A chave, de Carlos Callón para Galiciahoxe.com, 25/04/2011

A plataforma Queremos Galego, impulsada pola Mesa pola Normalización Lingüística e conformada por máis de 700 entidades, comeza as súas actividades con motivo da celebración do Día das Letras Galegas. Na propia xornada do 17 de maio realizaranse concentracións expansivas en diferentes localidades de todo o país, para denunciar o desamparo autonómico que vive o noso idioma, chamar a atención social sobre a necesidade de actuarmos para revitalizalo e -xa que estaremos en plena campaña para as eleccións municipais- sinalar tamén a importancia de que os concellos sexan motores da defensa e promoción do noso idioma. Todas as persoas interesadas en participaren ou botaren unha man poden dirixirse á plataforma. Fai moita falta movérmonos na defensa da lingua que nos une como galegas e galegos.

Quince días antes, o vindeiro sábado 30 de abril, estamos convocados a unha festa da nosa lingua e cultura, que usa como lema un coñecido verso do noso poeta nacional Manuel María: "O galego é a chave coa que abrimos o mundo".

O escenario para este acto lúdico e reividindicativo será a Sala Capitol de Santiago de Compostela. Durante o mesmo, alternaranse no escenario as actuacións musicais de Ugia Pedreira, Roi Casal, Miro Casabella e Roberto Sobrado, ás que se sumaran as palabras do actor Ernesto Chao, presidente de Escena Galega; a profesora e ensaísta Pilar García Negro; a escritora Teresa Moure; o escritor e académico Manuel Rivas; o poeta Cesáreo Sánchez Iglesias, presidente da Asociación de Escritores en Lingua Galega (AELG), e quen isto escribe como presidente da Mesa pola Normalización Lingüística e portavoz nacional de Queremos Galego. O encontro conducirao o humorista e artista gráfico Xosé Lois González O Carrabouxo, creador do "himno oficioso" da plataforma: o "Mamá, eu quero galego", que milleiros de persoas corearon nas multitudinarias mobilizacións convocadas desde que Alberto Núñez Feijóo comezou a desmantelar, pola vía dos feitos, a oficialidade da nosa lingua.

O mundo dos libros

No acto do día 30 achegarannos a súa enerxía unha escritora e un escritor de ficción moi recoñecidos polo público e pola crítica, tanto dentro como fóra de Galiza. Sirva isto para nos determos a pensar que podemos facer, mesmo a nivel individual, para vitalizarmos o mercado editorial no noso idioma e dármoslle forza así á nosa propia cultura.

O fundamental é o máis evidente: escollamos e leamos con frecuencia obras en galego. Tentemos ler tamén volumes en portugués, para coñecermos as outras variedades do noso mesmo sistema lingüístico.

Se a nosa libraría habitual non distribúe novidades en galego, solicitémosllo. É importante que saiban de primeira man que teñen unha clientela potencial para un mercado que sabe e quere ler no idioma de Galiza. Se quixermos comprar un libro e non o vermos en galego, preguntemos nas librarías que distribúen novidades no noso idioma. Aínda que son unha minoría no que di respecto ao conxunto da xeografía galega, temos algunha como mínimo en cada cidade e en moitas vilas. Ademais, todas elas son accesíbeis a través de internet. Apoiemos a quen apoia a nosa cultura!

Se o volume que quixermos non o houber traducido para o galego, pidamos na libraría que nolo consigan en portugués. A través de internet é moi fácil conseguirmos os datos da editora para que poidan contactar coa distribuidora.

Ademais, se un libro traducido ten un prezo maior en galego do que en castelán, sendo do mesmo formato, podemos escribir á editora para protestar.

O mundo da música

O último disco de Mercedes Peón, SÓS, foi durante varios meses número un da World Music Charts Europe (WMCE), a máis prestixiosa lista musical das radios estatais europeas. Publicacións como Songlines escolleron o seu traballo para o Top of the World. E aínda poderiamos pór moitos outros recoñecementos máis que recibiu este traballo. Porén, fagamos un pequeno inquérito ao noso redor. Quen sabe tan sequera cantaruxar algunha canción deste disco? En cantos medios de comunicación puidemos escoitala?

A música galega continúa a ser, como ben dicía o verso de Rosalía de Castro, estranxeira na propia patria. Porén, é moito o que podemos facer, tamén individualmente, para axudar a mudar a situación:

- Tentemos superar a actual infrarrepresentación da música galega nos medios de comunicación facendo un consciente esforzo voluntarista para sabermos que é o que se coce na actualidade musical do país. Levarémonos gratísimas sorpresas!

- Non o dubidemos. Compremos música galega e vaiamos ás actuacións que ofrezan as súas creadoras e os seus creadores.

- Escribamos aos medios de comunicación, especialmente ás radios e televisións, tanto públicas como privadas e tanto de ámbito galego como estatal, para que nos informen da actualidade musical no noso idioma. Parece mentira que a Mercedes Peón, por exemplo, lle sexa máis fácil encabezar unha lista musical europea que pechar unha lista musical a nivel de Estado. Son os prexuízos contra a diversidade lingüística e cultural os que levan a que aconteza isto.

A principal responsabilidade desta promoción está, sen lugar a dúbidas, na Xunta de Galiza, na Radio Galega e na TVG. Fagamos que sintan a nosa voz!

Ademais, é bo que tentemos estar ao día tamén da actualidade musical do conxunto dos territorios do noso sistema lingüístico. Non fai moito sentido que só coñezamos os músicos portugueses, brasileiros ou caboverdianos cando triúnfan en Madrid.

Abrimos o mundo!

Tiña toda a razón Manuel María cando escribiu ese verso que nos convoca para o vindeiro 30 de abril: "O galego é a chave coa que abrimos o mundo". A través da nosa lingua e da nosa cultura, en diálogo co universo todo. Porque cremos nas nosas forzas e nas nosas capacidades. Porque queremos seguir sendo…

 

 

(Vídeo recomendado por Georgina: una gallega de corazón y espíritu, 'perdida' en la inmensidad de Argentina)

 

Viernes, a 8 de Abril de 2011

El gallego no saluda... ¡DICHE BOAS!

El gallego no te llama por teléfono... ¡DACHE UN TOQUE!

El gallego no se cae... ¡ANALIZA LA CIRCUNSTANCIA!

El gallego no se enamora... ¡ESTÁ ENCONACHADO!

El gallego no concierta una cita con sus amigos... ¡QUEDA PARA BOTARSE UNHAS RISAS!

El gallego no te golpea... ¡METECHE UNHA PALISA MORTAL!

El gallego no trata de convencerte... ¡CÓMECHE A ORELLA!

El gallego no da besos... ¡CÓMECHE A BOCA!

El gallego no bebe mucho... ¡ÉNCHESE!

El gallego no es que no entienda... ¡NON O PILLA!

El gallego no te da la espalda... ¡MÁNDATE A PUTA MERDA!

El gallego no te llama la atención... ¡¿PERO QUE ME ESTÁS CONTANDO, NENO?!

El gallego no se inmuta... ¡BOH, PRA QUÉ!

El gallego no acaricia... ¡SOBA!

El gallego no se alimenta... ¡ÉNCHESE!

El gallego no se relame... ¡DICE SÓUBOME!

El gallego no molesta... É UN XOVES

El gallego no golpea... ¡SÓLTACHE UNHA OSTIA!

El gallego no trabaja a destajo... ¡TRABALLA COMA UN CAN!

El gallego no se impresiona... ¡NON TE TIRES...!

El gallego no sufre de diarrea... ¡TEN O CU QUE BOTA LUME!

El gallego no corre a toda velocidad... ¡SALE FOSTIADO!

El gallego no se ríe a carcajadas... ¡DESCOJÓNASE!

El gallego no camina... ¡COLLE O BUS!

El gallego no es un buen tío... ¡É A OSTIA!

El gallego no es un tío tranquilo... ¡É UN TIPO SUAVE!

El gallego no dice voy y vengo... ¡SABES CANDO VAI, PERO NON CANDO VOLVE!

El gallego no está cansado... ¡TA FEITO UNHA MERDA!

El gallego no ve una chica fea... ¡VE UN BECHO!

El gallego no habla claro... ¡SÓLTACHO NA PUTA CARA!

El gallego no es cualquier cosa... ¡É DE PUTA MADRE!

Yo soy gallego, de la mismísima Galicia.

Alfredo Webmaster

 

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Domingo, a 27 de Marzo de 2011

Por Arcadio Silvosa para elpais.com, 09/03/2011

Disponen de 54 equipos informáticos para 48 alumnos, de sus menús (tienen uno para primavera-verano y otro para otoño-invierno) se han eliminado las grasas y las frituras, y sus alumnos entran en clase a ritmo de música clásica, étnica o gallega, y abandonan el colegio con los temas más actuales de las radiofórmulas. Es el CEIP de Riotorto (Lugo), un colegio pequeño, con nueve profesores, donde la imaginación ha llegado de la mano de su joven director, Oscar Díaz Queizán. "Aquí tenemos vida", presume.

Abanderado del software libre, en este centro la informatización llega a todas las aulas e incluso al comedor. El cocinero, que con sus 26 años es el más joven de la provincia, dispone de una aplicación informática para el control higiénico-alimentario, donde está registrado hasta el último detalle de todo lo que allí se almacena. Además, el aula de informática ha pasado de tres a 12 equipos y es difícil no encontrar un ordenador libre.

Como el presupuesto del colegio apenas supera los 6.000 euros, Díaz Queizán se armó de paciencia y dirigió cartas a todas aquellas instituciones o entes susceptibles de poder donarles un equipo informático. No pasaron más de tres meses cuando al CEIP de Riotorto, un municipio perteneciente a la comarca de Meira con menos de 2.000 habitantes, llegaron 24 equipos donados por una fundación de Telefónica, otros diez procedentes de Caixanova, otros tantos del Banco Pastor y la misma cantidad de una fundación de la Xunta de Galicia.

Los responsables del centro dotaron a los equipos del sistema Ubuntu, lo que dio opción a sus usuarios de ejecutar, copiar y mejorar el software. También instalaron aplicaciones educativas referidas a lógica matemática, lectoescritura y juegos vinculados a habilidades intelectuales. Como sobraban ordenadores dieron un paso más y se abrió la opción de préstamo a la que pueden acceder todos los niños de Primaria del centro. Seis padres se apuntaron a la experiencia, lo que también ha permitido que sus hijos realizaran con ellos una labor de alfabetización informática, todo en un municipio rural próximo al occidente asturiano.

La imaginación también ha llevado a los responsables del CEIP de Riotorto a decorar la fachada central del colegio. Para ello demandaron la colaboración de la Escuela de Artes Aplicadas Ramón Falcón. Su directora, un profesor y 18 alumnos dejaron su impronta de futuros artistas en un centro educativo en el que también han renovado el mobiliario instalado en 1978.

El año pasado, el de Riotorto se convirtió en el colegio más pequeño que tuvo acceso al Plan de Mejora de Bibliotecas Escolares. El centro recibió 5.000 euros y hoy dispone de algo más de 3.000 volúmenes, que están catalogando a través del programa Meiga. Se trata de la única biblioteca que existe en el municipio.

Mejorar la alimentación ha sido otra de las obsesiones del equipo directivo, que se ha empeñado en eliminar grasas y frituras del menú para dar paso a las verduras, frutas y una adecuada combinación de pescado y carne. El aceite es de oliva de primera presión, el queso procede de la denominación de origen Arzúa-Ulloa y las insalubres potas de aluminio han pasado a mejor vida y en los dos últimos años han sido sustituidas por otras de acero inoxidable.

No fue fácil que los escolares aceptaran el puré de calabacín, la menestra de verduras o la coliflor con huevo cocido. Para que esto fuera posible hasta el colegio se desplazó el presidente de la Sociedad Gallega de Endocrinología, José Luis Botana, quien convenció a los padres de la conveniencia de una comida saludable. A partir de ahí, los niños comenzaron a "comer por contagio" y los alumnos pasaron del rechazo a las verduras a demandarlas en sus hogares. En el centro cuentan que algún padre tuvo que acercarse al colegio para recoger las recetas y lograr una réplica exacta de los platos que sus hijos comen en el CEIP.

Aunque el presupuesto para comida se ha disparado un poco, todos los padres, menos uno, han aceptado pagar un suplemento de 10 euros por mes y niño, previamente acordado con la asociación de padres, para mantener este nivel nutricional, donde las patatas fritas solo aparecen, como algo simbólico, una vez al mes, y para el postre se procura fruta del tiempo un mínimo de tres días a la semana, que se alterna con uno o dos lácteos. Solo de vez en cuando cae una chocolatina.

Con la colaboración de un carpintero, pagado por la asociación de padres, y un vecino, padre de una alumna, han conseguido rehabilitar la caja y maquinaria de un reloj Morez de 1920, procedente de una antigua escuela unitaria, que ahora preside la biblioteca.

Estos días los niños del colegio de Riotorto han disfrutado también del Entroido. La semana pasada, aparecieron en clase con una caracterización distinta cada día y el pasado viernes, con la colaboración de los padres, realizaron un desfile por las calles del municipio, para concluir con una degustación de productos típicos de estas fiestas. Tras las vacaciones, seguirán los proyectos. El colegio dispondrá pronto de un parque infantil y prepara una "sorpresa con repercusión nacional" de la que no da más detalles.

 


Domingo, a 20 de Febrero de 2011

Las dos Marías, Coralia y Maruxa Fandiño (foto original)

Monumento a “Las dos Marías”, en el Paseo de la Herradura, de la Alameda de Santiago de Compostela

 

Las dos Marías y el falso peregrino: un original recorrido por la capital gallega al hilo de historias y leyendas

Por Cristina Sánchez-Andrade para elpais.com, 05/02/2011

Coralia y Maruxa Fandiño, más conocidas como Las Marías. Todo aquel santiagués de más de cuarenta años las ha visto alguna vez paseado por las calles. Con aspecto de folclóricas, maquilladas con polvos de arroz, de cuello para abajo desaparecían bajo un envoltorio extravagante de colores chillones. A eso de las dos de la tarde se las veía por la Alameda compostelana soltando piropos a los estudiantes que volvían del campus para comer en la zona vieja. Hoy una estatua les rinde homenaje a la entrada del parque, y no es para menos.

Muchos han oído hablar de su historia: nacidas en el seno de una familia de once hermanos, dos de ellos miembros de la CNT huidos, los falangistas las utilizaban para averiguar su paradero. Y como las hermanas se negaban a abrir la boca, no tuvieron empacho en probar con todo tipo de tretas: las desnudaban en la vía pública para humillarlas, las subían al monte Pedroso para torturarlas y hasta se dice que llegaron a violarlas. La provocación de Las Marías en la Alameda, muchos años después, fue así la manera de vengarse y protestar contra el régimen. Parece ser que para más INRI, a principios de los años sesenta, un rayo partió en dos su casa. Enseguida se organizó una recolecta entre los vecinos y se llegaron a recoger 250.000 pesetas, cantidad suficiente en aquella época para comprar una casa nueva.

Historias curiosas como esta hay muchas en Santiago de Compostela, y para salirnos del circuito habitual proponemos una pequeña ruta que empieza precisamente aquí, junto a la estatua de Las Marías de la Alameda, para saltar al entorno de la catedral.

En la Edad Media, los peregrinos, al entrar en Santiago, acudían a la catedral y saludaban al Apóstol, dándole gracias por haberles permitido llegar sanos y salvos. Pero antes de esto ya había tenido lugar la primera ceremonia de purificación simbólica en el frío arroyo de Lavacolla, en donde se lavaban las partes pudendas ("lava a colla"). Es decir, que a Santiago tenían que entrar limpitos. Al menos por dentro.

Una vez en la catedral, se dirigían a la llamada Cruz dos Farrapos, situada en el tejado de la cabecera y en cuya base existe una construcción de piedra a modo de horno abierto. Allí se despojaban de esas túnicas o harapos de lana malolientes ("os farrapos") que habían llevado desde Roncesvalles. En un acto entre ritual e higiénico, procedían a quemarlas en la pira, a los pies de la cruz, como signo de renuncia a su vida anterior y de inicio de una vida nueva. Aún hoy, la piedra permanece requemada.

Sonrisa pícara

Y sin dejar la catedral, vayamos a conocer la historia del profeta Daniel, en el Pórtico de la Gloria. ¿A quién sonríe tan pícaramente con las mejillas ruborizadas? Pues a la que tiene enfrente, que es nada más y nada menos que la reina de Saba (aunque otros opinan que es Esther). Cuentan que en épocas remotas esta sonrisa -el rubor de las mejillas son los trazos de la policromía que se perdió y que ha sido recientemente recuperada- fue vista con malos ojos por el clero por ser libidinosa, y que incluso un obispo mandó rebajar a cincel los pechos de la reina. También cuentan (por contar que no quede) que el pueblo gallego, para protestar por la tajante decisión del obispo, decidió vengarse dando a algunos de sus quesos la forma de tetilla que tienen actualmente.

Muy cerca de allí, en la plaza de la Quintana, si empieza a anochecer merece la pena esperar a que aparezca proyectada sobre la pared de la catedral la llamada sombra del peregrino. La leyenda dice que pertenece a un sacerdote que mantenía relaciones con una religiosa del convento de San Paio y que todas las noches se reunía con ella cruzando un pasadizo existente bajo la escalinata de la Quintana y que unía la catedral al convento. Después de un tiempo, el sacerdote propuso a la religiosa escaparse juntos. Se citaron al anochecer y el clérigo se disfrazó de peregrino para no llamar la atención. La esperó pacientemente, pero ella no acudió a la cita. Desde entonces, al caer la noche, a él (o a su sombra) se le puede ver esperando.

Desde la terraza exterior del Hostal de los Reyes Católicos tenemos perspectiva para contemplar la iglesia que es objeto de nuestra siguiente historia. Se trata de San Fructuoso, más conocida como la iglesia de las cuatro sotas. Las esculturas que la coronan, que representan las cuatro virtudes cardinales -prudencia, justicia, fortaleza y templanza- y que la gente identifica con las cuatro sotas de la baraja española, son dignas de admiración. Más recomendable aún es buscar un curioso detalle en el muro sur: una calavera esculpida con dos tibias cruzadas, colgada de un paño o mortaja con la siguiente inscripción que alude a la fugacidad de la vida: "Como tú te ves, me vi; como me ves, te verás".

Así que antes de que todo termine o de que sea demasiado tarde, una última propuesta en Santiago: vinos desde París hasta Dakar. Se trata de recorrer la Rúa do Franco de un extremo a otro, desde el bar París hasta la cafetería Dakar, bebiendo vinos por todos los locales (que son muchos) que hay por la calle. Pero cuidado: incluso los mejores corredores ya han confesado que este rally es más peligroso que el París-Dakar original.

 

Lunes, a 7 de Febrero de 2011

Víctor hijo, Víctor padre y Emerita (cocinera, además de esposa y madre de los Víctor)

La cocina de Emerita, perfectamente ordenada y limpia

El vivero de lampreas

La "bonita" boca de una lamprea

La lamprea

Los 7 magníficos: Daniel, Miguel, Miguel, Xurxo, Alfredo, Miguel y Manuel

Hablar de la lamprea, el pez vampiro, es hablar en Galicia de un rito casi religioso, del placer por lo escaso, de un sabor para entendidos y estómagos especiales, de una relación de amor/odio entre comensales avezados y un animal feo y con cara de malas pulgas: o te gusta (y te gustará para siempre) o te desagrada (y te desagradará para siempre).

Lo definió muy bien Carme Ruscalleda (tres estrellas Michelin) en el prólogo del libro “Biografía de la lamprea”, escrito por Juan Prados Tizón y Jaume Rodón Lluís: “Todos los que al hábito de comer le sumamos ilusión por cada una de las comidas del día; todos los que creemos que somos lo que comemos (los devoradores y los devorados); todos los que contamos con sorprendernos cuando viajamos o cuando nos sentamos en mesas ajenas, ya sean profesionales, familiares o las de amistad; todos los que buscamos el disfrute gastronómico sabemos de la vida y milagros de la tan preciada lamprea: un pescado elogiado y documentado desde tiempos remotos”.

La lamprea, “Petromyzon marinus (Linnaeus 1758)”, es uno de los seres vivos mas primarios, primitivos y menos evolucionados del mundo animal, con la nada despreciable antigüedad de más de 500.000.000 de años.

Los ríos de Galicia son casi en exclusiva los últimos reductos de toda España en los que se pueden pescar en la temporada de captura (entre enero y abril), principalmente en el río Miño (O Pai Miño) y el río Ulla. Obviamente, entorno a esos dos ríos están los mejores restaurantes para degustar lampreas.

Para la captura de la lamprea aún se utiliza un método tradicional que ya fue usado por los romanos durante su estancia en Galicia en los siglos I A.C. y los I, II y III D.C.: mediante una redes anchas por el cuello y ciegas por el final llamadas ‘biturón’ o ‘lampreeira’; estas redes se sitúan en las zonas más rápidas del río, en las “pesqueiras”, para que así las lampreas queden atrapadas por el único punto por el que puede nadar.

La lamprea conserva las características más primitivas de los primeros invertebrados. El cuerpo de la lamprea es alargado, con dos aletas dorsales situadas en el tercio posterior y una pequeña aleta caudal. A diferencia de otros peces carece de opérculos branquiales y las aberturas se limitan a sietes pares de “olluelos” u orificios dispuestos en dos filas paralelas a ambos lados de la cabeza. Este ciclóstomo suele ser pardo amarillento o verdoso-azulado, con manchas amarillentas mientras que el vientre es de color claro. Tiene dos aletas y su cola termina en punta. Su piel carece de escamas, es lisa y escurridizamente viscosa. Si alcanza el metro de longitud estaremos hablando de un buen ejemplar. Es un pez caracterizado por carecer de mandíbula y disponer de un esqueleto cartilaginoso sin partes óseas.

Hay muchos restaurantes en los que tomé buenas lampreas, la mayoría preparadas con la más clásica de las recetas: Casa Emilio (Catoira), el Mesón de la Lamprea (Arbo), Casa Calviño (As Neves), el Carballeira (Vigo), el Chef Rivera (Padrón), El Olivo (Pontecesures), Casa Marcelo (Santiago), Casa José (Valga), Casa Román (Pontevedra), Casa Pazos (Cabeiras), Corinto (Pontevedra), Casa Ramallo (Rois), El Pasaje (Santiago de Compostela), O Parrulo (Ferrol), Os Pirús (Arbo), Casa Mezquita (Arbo)… Para mi el mejor de todos es el Restaurante O Frenazo, en As Neves (Pontevedra).

¿Por qué es el mejor? Como todo en esta vida, la valoración de un lugar de restauración es el compendio de muchos factores subjetivos y objetivos: se valora la calidad de los productos, la frescura de los mismo, la bondad con la que son aliñados, el cuidado en el servicio y su presentación, las atenciones y saber estar del personal de sala, el ruido ambiente o el precio.

Hay otro factor que a veces, al no estar a la vista de los comensales, no se tiene en cuenta: la necesaria extrema limpieza y el exquisito orden que debe imperar dentro del recinto de los fogones, en la cocina.

En todo esto, en la suma de tantos factores que hacen de un almuerzo un sublime momento culinario, O Frenazo de As Neves es el campeón. Al menos, como dije antes, para mí.

Este sábado, como todos los años por esta época, nos reunimos un grupo de amigos en O Frenazo para disfrutar de la lamprea: tres de Madrid, que vienen ex profeso para la comida, y cuatro gallegos. Tres de nombre Miguel, un Xurxo, un Manolo, un Daniel y un Alfredo, el que escribe.

Nos citamos, a las 13:30, en un pequeño bar situado en la plaza central de As Neves. Mientras nos metemos entre pecho y espalda unas buenas lonchas de queso manchego y unos pinchos de tortilla de patatas, nos bebemos dos botellas de tinto de Rubiós: Señorío de Rubiós Sousón 2009.

A las 14:15, después de haber entonado el cuerpo con un primer toque a base sólidos y acuosos (obviamente, vino: el agua es para lavarse), nos fuimos para el Restaurante O Frenazo, a escasos metros de la plaza del pueblo.

Como siempre, a pié de barra nos esperaban los dos Víctor (padre e hijo), mientras en la cocina Emerita batallaba con las tarteras, las sartenes, los pucheros y los coladores. Entre los tres, cada uno en su puesto, han conseguido situar a O Frenazo como referente de la gastronomía de la lamprea, y de muchos otros platos.

Este año el almuerzo, monotemático entorno a la lamprea, constó de las siguientes especialidades:

Croquetas de lamprea

Una receta pedida especialmente por mí, que Emerica preparó por primera vez para consumo de los clientes. Como ella misma me explicó, la elaboración de las croquetas se presta a equívocos que O Frenazo quiere evitar: que los clientes piensen que están realizadas con los restos de lampreas no consumidas que se sirvieron a otros clientes. Yo sé que en el caso de O Frenazo nunca sucedería, pero entendí sus razones.

Las croquetas, fritas en su punto justo en un excelente aceite, estaban excepcionalmente buenas y sabrosas, con una perfecta simbiosis entre la bechamel y la carne de la lamprea desmenuzada. Sin lugar a dudas, un 10.

Lamprea rellena o “rechea

Lamprea seca y ahumada rellena de huevo y pimientos morrones, cortado en finas tiras que se sirve acompañada de un poco de ensaladilla (sin mayonesa). El sabor es potente, como de otros tiempos, mayormente por que el ahumado lo llena todo, dejando un regusto un tanto inclasificable pero delicioso. Otro 10.

Empanada de lamprea

Presentada en una masa de harina de empanada típica, con la textura y grosor perfecto (más delgada haría complicada comerla con las manos), mantiene intacta la textura de la lamprea aligerada por un mejunje suave pero de sabor poderoso. Un 9.

Lamprea con tirabeques

Una de mis preparaciones preferidas. Los tirabeques (pisum arvensis) son unas vainas de la misma familia y género que los guisantes, pero en lugar de ser cultivadas por sus semillas (los guisantes), son las vainas las que se consumen sin desgranar. Como el sabor de los tirabeques es dulzón, muy agradable al paladar, es uno de los acompañamientos ideales para un pescado con la poderosa fuerza gustativa de la lamprea. Además, la receta incluye el acompañamiento de patatas nuevas en su mejor punto y mes de sabor. El resultado final, producto de la unión de tres elementos tan dispares (lamprea, tirabeque y patata), es excepcionalmente sabroso y suave. Un 10.

Lamprea a la bordalesa, al estilo de Arbo o en su sangre

No puedo dar una opinión sobre esta modalidad de preparación: es la única que, desgraciadamente, no me gusta.

¿Por qué? Quizá por que en su elaboración se requiere un completo descuartizamiento del animal, la conservación de su sangre y su posterior uso como parte de la cocción. El trabajo de preparación, más propio de una sala de anatomía forense que de una cocina, tiene que ser realizado por un profesional experimentado que no debería hacer ningún cambio en la receta original: según los fieles consumidores de la lamprea a la bordalesa, cualquier alteración de la receta podría suponer un descalabro monumental.

La presentan acompañada de arroz blanco salteado en sartén con unos ajitos dorados y acompañado de unos picatostes de pan frito en aceite de oliva vírgen.

Según mis compañeros de almuerzo, el punto, textura y el sabor de la lamprea a la bordalesa que sirvieron en O Frenazo era, sencillamente, perfecto. Por tanto, en base a la opinión general de todos ellos, le daremos una puntuación de 10.

Postres

Hubo de todo, desde requesón de As Neves con miel, filloas, mirabeles, helado de licor café y otro helado, en este caso de queso con vino, que tomé yo, recomendabilísimo. Otro 10.

Vino

Obviamente, un vino tinto de Rubiós de la casa, cosecha propia de O Frenazo, un vino limpio y brillante, con un marcado color rojo avioletado, sedoso y de acidez bien integrada, untuoso, de grado alcohólico medio. Un 8.

Cafés

De máquina, de buena calidad y bien preparado. Quizá sería buena idea que tuvieran café de pota, una forma de elaboración tradicional gallega que además de ser más suave, permite beber más cantidad con menos efectos secundarios por la cafeína. Un 7.

Precio

Como dice siempre uno de los comensales, Miguel Saez, el coste total de la comida fue similar a lo que tendría que pagar en Madrid, en alguno de los restaurantes gallegos de la capital, por una ración de escasísima lamprea a la bordalesa, y, encima, muchísimo peor preparada.

Por tanto, la relación de calidad, cantidad y precio, sólo puede tener una valoración de 10.

Sobremesa

Después de la comida, de muchos gin tonic's, de varios chistes picantes, las partidas de cartas al “tute cabrón” y las copas finales antes de la salida del avión de regreso a Madrid (21:35 horas), resultó una jornada perfecta de gastronomía, compañerismo y buen ambiente; además, casi podemos considerearla como una comida de 'despedida laboral' después de muchos años de trabajo en la misma empresa: uno de los dos Miguel que vinieron de Madrid y yo nos prejubilaremos (¡viene de júbilo!) dentro de escasísimos días.

Alfredo Webmaster

 

Lamprea rellena

Empanada de lamprea

Lamprea a la bordalesa, al estilo Arbo o en su sangre

 

Miércoles, a 15 de Diciembre de 2010

Por Caius Apicius para vanitatis.com / Efe, 14/12/2010

Cuando uno va cumpliendo años, por supuesto sin achaques, como diría el entrañable Mr. Chips de la deliciosa novela de James Hilton, va dándose cuenta de cómo han ido cambiando las cosas a su alrededor. Menos mal que, en la mayoría de los casos, los cambios se han producido para mejor. Y, a veces, tanto que cuando uno recuerda cómo eran esas cosas hace algunas décadas le parece imposible.

Cuando hoy hablamos de Galicia, la gente que lleva toda su vida viajando allí suele comentar algunos de esos cambios. Las carreteras, por ejemplo. Hoy, en Galicia, las distancias entre ciudades se expresan en kilómetros; hace treinta años se recurría a la medición en tiempo. Nadie decía cuántos kilómetros de carretera había entre Santiago y La Coruña, sino cuánto se tardaba en el viaje: los kilómetros, en Galicia, solían ser de una curiosa elasticidad.

Y en seguida sale otro cambio espectacular: el de los vinos. Quién nos iba a decir allá por los años sesenta que algunos vinos gallegos iban a estar considerados entre los mejores del planeta. Vamos, que se lo dicen a don Álvaro Cunqueiro, que se inventaba elogios a aquellos vinos de andar por casa, y ni siquiera él se lo cree.

Viene esto a cuento de que hace unos días, en el bonito Parador Nacional de Tui, sobre el Miño y con Portugal de telón de fondo, se celebró una Cata de Añadas, la tercera si la memoria no me falla, de vinos de las Rías Baixas. De albariños, por usar la terminología más extendida, aunque inexacta. Comparecieron en la mesa de cata hasta ochenta y una etiquetas, distribuidas en las añadas que van de 2004 a 2008.

Un albariño no sólo bebible, sino muy estimable, de una vendimia de hace seis años... Impensable no hace tanto tiempo, realidad espléndida ahora. Verán, hace no más de cuatro o cinco décadas del albariño no hablaba casi nadie. Tenía un verso de Ramón Cabanillas, cosa lógica porque el poeta era cambadés de nacimiento. Hablaban bien de él una serie de iluminados con el citado Cunqueiro y su amigo Castroviejo a la cabeza, lo apoyaba Manuel Fraga... Pero era más cuestión de fe y de cariño que de calidad.

Para empezar, lejos de la ría de Arosa, lejos de Cambados y el Salnés, los albariños eran unos ilustres desconocidos. En las tabernas gallegas se bebía mayormente ribeiro. En tazas de loza, a granel.

Iba uno a Cambados y le hablaban del vino de la tierra, del incógnito albariño. Lo llevaban a uno, a una taberna especialmente afamada por la calidad del vino, y a lo mejor tenía la suerte de probar un albariño estupendo. La pandilla se animaba, pedía que se abriese la botella de al lado -por supuesto sin etiqueta, salvo que se tratase de un Fefiñanes, que los paisanos consideraban una especie de intruso- y se encontraba con una pócima decepcionante. Los paisanos presumían, eso sí, del albariño "de su casa". Claro: lo hacían para ellos.

"Estos vinos no viajan", decían. Claro que no. Eran los únicos gallegos que no lo hacían. Pero por la sencilla razón de que esos vinos no estaban hechos ni para viajar ni para durar. Dejémonos de eufemismos: en general, estaban hechos de manera bastante deficiente... lo que no impedía que saliesen algunos muy considerables. Pero era más cuestión de suerte que de vitivinicultura.

Cunqueiro, Fraga, Castroviejo y algunos más empujaron lo suyo. Y apareció, en el paradisíaco valle de O Rosal, un hombre ya mayor, enamorado de su valle y de su vino, llamado Santiago Ruiz. Ahí empezó la historia de los Rías Baixas de hogaño. Ahí empezaron la vinificación cuidadosa, el acero inoxidable, la exigencia de calidad... De O Rosal se extendió esa forma de hacer vino al Salnés, cuna histórica del albariño, y al Condado, Miño arriba. Y nació un gran vino.

Que la gente seguía sin entender. "Es un vino del año", decían. El público rechazaba botellas de la cosecha inmediatamente anterior, exigía la última. Algunos visionarios, entre ellos el propio Ruiz, o quien esto firma, empezamos a fijarnos en cómo evolucionaban esos vinos... y vimos que eran buenos. Más gente lo fue viendo. Se buscaron vías, métodos de elaboración que dieran grandes vinos... y se ha logrado.

No se olvide nadie de que el mejor vino blanco es, sencillamente, el que más dura. Y hoy los Rías Baixas duran. No sólo duran: crecen, se hacen más grandes. Hombre, ya hay quien exagera y habla de vinos "de guarda". No tanto, no tanto: no estamos en Borgoña. Pero sí que se puede abrir, sin miedo, y en cualquier lugar del planeta, una botella de un Rías Baixas con tres o cinco años encima... y encontrarse con un vino importantísimo.

La cata tudense, ante expertos no sólo locales, sino de toda España, lo demostró una vez más... aunque la mayoría de nosotros ya lo sabíamos. Los Rías Baixas se han hecho grandes cuando han demostrado que querían serlo. Viticultores, enólogos, bodegueros, han hecho posible con su trabajo y su fe lo que nadie hubiera podido prever.

Cunqueiro no llegó a probar estos vinos. Le hubieran encantado. Y es que no es lo mismo decir de un vino "está muy rico" que "es un gran vino". De los albariños de hoy pueden decirse, sin mentir, ambas cosas.

 

Lunes, a 6 de Diciembre de 2010

Soy gallego.

Me defino así, en dos palabras, para hacer una declaración de principios (de origen) y para fijar el punto de partida de este escrito. Repito: soy gallego.

Desde hace muchos años sé de la existencia de los llamados “chistes de gallegos”, una suerte de pseudochanzas que circula principalmente por Latinoamérica. Los oí, me los contaron, en Cuba, Panamá, Colombia, Costa Rica, Nicaragua…

Vistos como lo que son, como chistes, unos pueden parecerme simpáticos (y algunos son muy simpáticos), otros simplemente graciosillos, una mayoría de ellos meros divertimentos para pasar el rato y, los menos, una suerte de tópicos encadenados que buscan la risa fácil, casi siempre malévola, el escarnio o el burdo coqueteo con el mal gusto.

Por tanto, entre los llamados “chistes de gallegos” hay auténticas chirigotas llenas de gracia, ingenio e ironía que producen carcajadas y una sana sensación de buen humor, pero también existen auténticos atentados a la dignidad de las personas, sean de donde sean.

No hace mucho tiempo, Gastón Quiroga, un ciudadano argentino de origen gallego, presentó una denuncia ante el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI), un organismo dependiente del Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos de Argentina, protestando por la publicación en la Editorial Sudamericana de un libro titulado “Chistes de gallegos”, escrito por Pepe Muleiro, seudónimo de Ricardo Parrota, un escritor (sic) de origen español pero parido en Argentina.

El denunciante protestó por considerar que el libro de ese fulano de nombre Pepe Muleiro, era "altamente ofensivo, más allá del estereotipo de gallego bruto", “Pepe Muleiro se ha pasado de la raya" en su búsqueda del lucro económico "agrediendo a todo un pueblo".

Entre los muchos chistes del libro hay algunos que, además de ofensivos, juega con términos o personajes que por sus actuaciones pasadas o su negra actualidad, no deberían ser objeto de broma.

Por ejemplo: “Si estás en una habitación con Hitler, Osama Bin Laden y un gallego, y tienes una pistola con dos balas, ¿A quien le disparas? Al gallego dos veces, para no correr riesgos”.

Gastón Quiroga denunció que detrás de este libro de chistes de gallegos lo que subyace son motivaciones de otra índole: "Todos creemos que más que un odio racial hacia los gallegos lo que hay es una cuestión económica y de insana envidia".

Hasta aquí una pequeña referencia de la noticia y su repercusión mediática. Ahora quiero exponeros mi opinión sobre los orígenes de este tipo de chistes.

Mi país, Galicia, fue hasta el siglo XV la zona más rica y culta de España. Aquí vivían los nobles más cultos (a la vez que despiadados), los poetas más prolíficos, los labriegos con los campos mejor cultivados, una enorme franja costera llena (literalmente abarrotada) de pescados y mariscos (los mejores del mundo), montes siempre verdes, y cientos de ríos y riachuelos (a Galicia se la conoce como la “tierra de los mil ríos”).

En resumen: Galicia podría haber sido un pequeño paraíso si no llega a ser por el excesivo peso económico que tenía un clero retrógrado vendido a los poderosos y la macabra existencia de una nobleza innoble.

Entre los años 1460 y 1472 se desarrollaron en Galicia las que están consideradas las primeras revueltas populares anarquistas en toda la historia del mundo occidental, una lucha sin cuartel entre el pueblo llano y la nobleza, un período de guerras y guerrillas en defensa de los derechos fundamentales de las clases humildes: la revueltas Irmandiñas.

Por encima de cualquier otra cosa, las revueltas irmandiñas buscaban salvaguardar el derecho a la vida y a la libertad individual, a la propiedad del terruño que se trabajaba y a no tener que sostener con su trabajo a una iglesia católica despótica y una nobleza zángana y ladrona.

Galicia fue, como dije antes, la cuna de la lucha popular por la liberación de de los oprimidos, y estuvo formada por hombres y mujeres que se agruparon entorno a la "Irmandade Fusquenlla", en contra de los señores episcopales católicos, y la "Grande Guerra Irmandiña", en contra de la nobleza. El durísimo enfrentamiento entre el pueblo llano (y desarmado) y las fuerzas religiosas y los nobles (fuertemente armadas), duró 12 años.

Al final, pese a las innumerables victorias parciales de los Irmandiños, la guerra la perdieron los que siempre las pierden: los pobres y desvalidos. Esa derrota fue el inicio del declive social y económico de la Galicia culta y popular.

Los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, famosos por su exacerbado odio a todo aquel que fuera en contra de la religión, decidieron dar un castigo ejemplar a los gallegos: por haber participado en las luchas en contra del poder establecido (la iglesia y los nobles), nos prohibieron el uso del gallego como idioma culto, nos prohibieron el cultivo del trigo y los olivos, nos prohibieron la de cría industrial de ovejas y cabras, nos negaron la posibilidad de capitanear las naves y carabelas dependientes del Reino de Castilla (ver nota al final del texto), etc., etc., etc., etc.

¿Qué provocó estos castigos? Nos generó un enorme atraso en la capacidad para acceder a los avances de los siglos posteriores, el empobrecimiento generalizado de todo una clase social (la más desfavorecida), supuso la represión a sangre y fuego de los Irmandiños y muchos de sus familias, la casi eliminación del idioma gallego… y, como reacción a lo que venía de fuera de Galicia, la secular desconfianza de los gallegos a todo lo que venía de “fuera”.

Una vez expuestos los orígenes del atraso económico y social de Galicia entre los siglos XV y mediados del XX, os explicaré los porqués (a mi entender) de la existencia de los “chistes de gallegos”. Para ello daremos un salto en el tiempo e iremos al período que va del siglo XIX a mediados del XX (aproximadamente, 150 años).

En ese siglo y medio en Galicia sufrimos durísimas de carencias materiales, y la consiguiente ausencia de objetivos y horizontes para las clases populares. Fueron años en los que el sentimiento generalizado de los gallegos les llevo a considerar a nuestra tierra, sin lugar a dudas la más rica de España, como el peor sitio para (mal) vivir.

En esos años tenebrosos se mezclaron las faltas de ilusiones de todo un pueblo con los estertores del imperio español: coincidió con la pérdida de Cuba y Filipinas, las últimas joyas de la Corona Española.

Ante esa nefasta situación económica, muchísimos gallegos (miles y miles de gallegos) se embarcaron rumbo al Nuevo Mundo, principalmente a Cuba, Argentina, Uruguay, Panamá, Venezuela y Brasil.

Marchaban solos, sin sus familias, como avanzadillas en la búsqueda de nuevos horizontes de vida que les permitieran dejar atrás las miserias y las privaciones de una tierra (Galicia) que, pese a tender de todo en abundancia, estaba controlada por una nobleza agrícola explotadora y corrupta que no supo adaptarse a la era industrial, y también por un clero trabucario.

Una vez instalados en el Nuevo Mundo, aquellos gallegos desarrapados y sin cultura, empezaron a trabajary … y en eso de trabajar de sol a sol, ¡nadie les ganaba!

A base de esfuerzo y lucha, los gallegos se convirtieron en los mejores macheteros en las zafras, en los mejores vendedores de muebles, los más hábiles negociadores en los trueques, los más avispados explotadores de colmados y ultramarinos, los más valientes y arriesgados en crear negocios legales (y algunos alegales).

Con el trabajo que desarrollaban, con el ímpetu que demostraban para salir adelante, con los muchos ahorros que fueron acumulando y con lo poco que gastaban, salvo en la propia supervivencia, aquellos gallegos emigrados que habían llegados en barcos de vapor con maletas de cartón y el rostro enrojecido por el llanto, empezaron a enriquecerse, a formar sociedades, a agruparse en gremios, a comprar propiedades y… y con el paso de los años llegaron a dominar la industria y el comercio de muchos de esos países.

Fue en eso años de enriquecimiento cuando empezaron a aparecer los “chistes de gallegos. Nacieron como una especie de catarsis de los lugareños ante el empuje y la enorme capacidad de trabajo de los gallegos, como una especie de autodefensa ante unas personas a la que consideraban inferiores, por haber llegado incultos y pobres, pero que habían sido capaces de sacar dinero hasta de debajo de las piedras.

Era lógico que sucediera: los lugareños, que habían visto llegar a su países a los gallegos en barcos de carga, se preguntaban cómo era posible que siendo como eran, pudieran ser más hábiles que ellos para hacer dinero y enriquecerse.

Era la envidia ante un éxito que les dolía asumir: descubrir que los gallegos estaban más capacitados que ellos para sobrevivir en un país extraño. Esa envidia dio lugar al desprecio (envidioso) ante el hombre que se hizo a si mismo, ante los “self made man” gallegos.

En las siguientes hornadas de emigrantes gallegos, los que tuvieron que huir de España durante la guerra civil del año 1936 y de la represión de los años posteriores, el nivel cultural y profesional de los que viajaron a América fue muchísimo mayor. Esos nuevos gallegos fueron lo que emigraron sobre todo a México, y son los que contribuyeron al enriquecimiento cultural de las universidades mexicanas y, todo hay que decirlo, a su propio enriquecimiento.

Por tanto, como resumen, los chistes de gallegos tienen un origen que se remonta a mediados del siglo XIX, que tuvieron su continuación en el siglo XX y que hoy, ya en el XXI, aún sirven para hacernos reír (a veces sufrir) a todos los gallegos que habitamos a ambos lados del Océano Atlántico.

Alfredo Webmaster

 

Nota: existe una teoría muy bien fundamentada que demostraría que Cristóbal Colón era gallego, en concreto de Poio (Pontevedra), pero que tuvo que cambiar su nombre original para poder capitanear las carabelas que arribaron al Nuevo Mundo.

Os recomiendo los siguientes enlaces que hablan de este tema:

- La identidad de Cristóbal Colón, por el historiador Alfonso Philippot Abeledo

- Colón, Pontevedra

 

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Lunes, a 6 de Diciembre de 2010

De las cámaras de un santiagués afincado, desde hace poco, en Barcelona han salido estas magníficas fotos de diversos paisajes de Galicia. Se llama David García.

Además de esa nueva vida profesional en Cataluña, es Licenciado en Ciencias Físicas y está preparando su tesis doctoral en Electrónica y Computación: te deseamos muchos éxitos.

Me autorizó a publicar algunas de sus fotos: gracias, David.

Alfredo Webmaster

Observaciones. Si pones el puntero del ratón encima de la foto, aprietas el botón derecho y pulsas en "abrir imagen", podrás ver la foto ampliada: realmente, vale la pena.

 

La Coruña – Torre de Hércules

 

Cangas – Illas Cíes y Baiona, al fondo

 

Malpica de Bergantiños – Islas Sisargas

 

San Vicente do Mar – Pedras Negras

 

Porto do Son – Playa As Furnas

 

Moaña / Redondela – Puente de Rande

 

 

 

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Lunes, a 18 de Octubre de 2010

Por Belén Franco

Nacen de las frías aguas atlánticas plantándole cara a un océano embravecido. Destacan por su belleza agreste e inusual, por el esplendor de su paisaje, por sus acogedoras playas de arena dorada y fina, por sus agresivos acantilados, por la riqueza y singularidad de su fauna y flora y por el olor a mar. Se han convertido en testigos de legendarias historias, en inspiración de escritores y poetas y en remanso de sosiego para ermitas y conventos. Y como si de las mismas sirenas de Ulises se tratasen, la seducción que desprenden ha atraído a muchas gentes del mar, provocando trágicos naufragios. Así son las Islas Atlánticas.

Paraísos naturales en las Rías Baixas

Las aguas de las Rias Baixas, en la costa gallega, se adornan con pequeños paraísos insulares en donde la fauna y la flora nacen y crecen protegiéndose de su más temible enemigo, el ser humano. Los archipiélagos de Cortegada, de Sálvora, de Ons y de las Cíes constituyen unos entornos naturales, impregnados de un carácter idílico. Son espacios marítimo-terrestres con un innegable interés paisajístico, ecológico, biológico e histórico.

Por todos estos ricos valores patrimoniales que conservan, y que los transforman en santuarios marinos, -con un estrecho y riguroso control sobre todo tipo de actividades humanas que en ellos se realicen-, han pasado a formar parte, desde el año 2002, de la red de parques nacionales: Parque Nacional de las Islas Atlánticas de Galicia, máxima figura de protección medioambiental en España; sin descartar futuras ampliaciones con la suma de otras islas gallegas como las Sisargas y Lobeiras en la provincia de A Coruña y las Estelas en Pontevedra.

Cortegada, un paraíso salvaje

Situada en el interior de la ría de Arousa, en contacto con la desembocadura del río Ulla, a Cortegada se la considera un verdadero jardín botánico; pues puede presumir de tener uno de los mayores bosques de laurel del continente europeo, además de estar cubierta toda su costa y gran parte de su interior por una densa arboleda de pinos y robles, junto con algunos prados. Se encuentra tan próxima a tierra que, durante las mareas bajas, se llega a ella caminando.

La punta Corveiro, que se mete medio kilómetro en la ría de Arousa, deja al descubierto, durante la bajamar, los Viveiros, rocas que, a modo de puente, permiten el acceso a la costa de Carril. El geógrafo Plinio, en el siglo I, ya la describía con el nombre de Corticata. Durante la Edad Media, se la relacionó con las peregrinaciones que, desde el mar, llegaban a Santiago. En ella existió un hospital, conocido como “o hospital de Carril”, del que sólo quedan unos escasos restos, y que se había construido muy cerca de una ermita dedicada a Nosa Señora de Cortegada.

Se desconocen las circunstancias por las que este hospital dejó de realizar sus funciones, ni cuándo, ya que gran parte de la documentación se perdió en unas reformas que se efectuaron en el edificio durante el siglo XVIII. Estuvo poblada hasta finales del XIX y, a principios del XX, la provincia de Pontevedra la adquirió con el objetivo de edificar una residencia para que el rey Alfonso XIII pudiera pasar en ella las épocas estivales. Pero el proyecto, al final, no se realizó.

Gracias a la acertada oposición de un grupo de ecologistas, entidades culturales y vecinales, la isla de Cortegada se salvó, hace muy pocos años, de la especulación urbanística, cuando una empresa inmobiliaria proyectó la construcción de hoteles y viviendas de lujo. La soledad y la tranquilidad que desprende  este paraje insular, perteneciente al municipio de Vilagarcía de Arousa, hechiza a todo visitante que se acerque a él e invita a perderse entre su frondoso arbolado y a descansar en sus playas. La belleza de esta isla inspiró a literatos que elaboraron coplas como la siguiente:

“Se vas a Carril

o mesmo ó chegar

verás Cortegada

deitada no mar.”

 

Un paraíso  singular, el archipiélago de Sálvora

Situado en la parte occidental de la ría de Arousa, está constituido por un buen número de islotes y por su isla principal, la de Sálvora. El ilustrado coruñés, José Cornide Saavedra, en 1764, escribió lo siguiente refiriéndose a esa hermosa  y peculiar isla: “Pudiera muy bien habitarse porque tiene agua de mediana calidad, y produce leña de toxo y mucha hierba; y si la cultivasen podría llevar todo género de semillas. Llevan desde Carreira (parroquia de Aguiño) a pastar los ganados en lanchas……El dueño de ella es don Jorge Caamaño, señor del coto de Goyanes, a quien se paga para que los ganados entren a pastar”.

Su costa es bastante accidentada, con rocas tapizadas de percebes, protegida por numerosos escollos que han sido los causantes de varios naufragios en sus aguas. Entre los más míticos y terribles, el naufragio del Santa Isabel en el que fallecieron 213 personas. Cuando la marea baja, se puede apreciar la existencia de una piedra que permanece unida a la playa conocida como Praia do Almacén o del Castelo.  Sobre ella, se ha labrado la figura de una sirena que parece nacer de las mismas aguas y a la que se le ha dado el nombre de A Serea de Sálvora, símbolo mítico del linaje de los Mariños.

Esta isla, privilegio de la naturaleza, estuvo habitada por colonos hasta 1960. Un destacamento militar la ocupó, también, durante la primera mitad del siglo XX. Actualmente, está desierta. A lo largo de ese siglo, pasó por las manos de diversos propietarios. El visitante que acuda a ella se verá sorprendido, constantemente, por todo lo que ofrece: una pequeña aldea abandonada, formada por sus viviendas y demás construcciones adyacentes; una antigua taberna en donde los marineros mataban el tiempo jugando a las cartas y buscando conversación, al mismo tiempo que saciaban su sed con un vaso de vino, mientras forjaban diversas leyendas sobre la isla; la capilla de Santa Catalina; el faro en Punta de Besugueiros; una antigua fábrica de salazón de pescado que se ha transformado en un pazo y que, en la actualidad, se prevé rehabilitar para uso del personal del parque y para los visitantes; el muelle;  además de pinares y magníficos arenales con ricos fondos marinos que atraen a los aficionados del submarinismo; sin olvidar su fauna y flora de gran valor ecológico.

Un paraíso en la ría de Pontevedra, el archipiélago de Ons

Perteneciente al término municipal de Bueu, está formado por la isla de Ons al norte, alargada y estrecha, con un perímetro de unos 5 km. y la isla de Onza u Onceta, al sur, que no alcanza 1 km. -virgen en su totalidad-, además de un pequeño conjunto de islotes. Ambas islas están separadas por el estrecho Freu da Porta (del latín “fretus” que significa brazo de mar).

A principios del siglo XIX, un grupo de familias se trasladó a vivir a la isla de Ons. En aquellos años, el Marqués de Valladares era el propietario de este territorio insular, habiéndole arrendado las tierras a ese grupo de colonos que tomaron la decisión de establecerse en él. Con anterioridad a ese hecho, sólo los restos del castro y un sepulcro tallado en A Laxe do Abade revelan que esta isla estuvo ocupada, antiguamente, por otros moradores.

Los illáns (así es como se conocen a los habitantes de esta isla) vivían, sobre todo, del marisco y de la pesca del pulpo que vendían en Pontevedra y en Bueu. Ya en 1970, comenzó su despoblamiento y el abandono de muchas  de sus 92 viviendas que son propiedad del Estado y que han pasan de padres a hijos por derecho consuetudinario. Actualmente, sólo 10 de ellas están habitadas todo el año.

La bella isla de Ons, con sus ásperas y sinuosas ondulaciones, sus entrantes y salientes en la parte occidental que se abre al océano, es propicia para la formación de enigmáticas cuevas terrestres y cavernas marítimas, que se conocen con el nombre de furnas, y que han dado origen a mitos populares y leyendas; mientras que su costa oriental que mira a tierra firme, está formada por playas solitarias pero acogedoras y de aguas pacíficas como Area dos Cans, Praia dos Cans, la paradisíaca Praia de Melide o la Praia de Pereiró.

La tranquilidad que se palpa en esta isla, junto con el alejamiento de las multitudes, invitan a disfrutar del sosiego y la calma que se respira en cualquiera de sus rincones. En su máxima altitud, el Alto do Cucorno, se sitúa el faro, desde donde se aprecia una atractiva vista de todo este conjunto insular. Un entramado de caminos y de pistas forestales la atraviesa desde cualquier punto.

Al norte, nos conducen hacia el Monte Centolo, de gran atractivo natural y a la praia de Melide, la más grande de cuantas posee esta isla y la de arena más suave. Hacia el oeste, nos llevan hacia el faro y hacia sus peligrosos acantilados. Aquí, la bravura de las aguas se manifiesta en toda su grandeza y peligrosidad. Y si seguimos las sendas que se dirigen hacia el sur, llegaremos al espectacular y misterioso Burato do Inferno. Se trata de un gran agujero natural y muy hondo que comunica con el mar.

La leyenda y la mentalidad isleña cuentan que, si te asomas a sus 40 metros de profundidad, podrás escuchar los terribles y descarnados gritos de las almas en pena que tienen que sufrir la condena eterna en el infierno. Pero estos tenebrosos “aullidos” tienen una explicación lógica: y es que las violentas aguas de esta parte de la isla y los fuertes embistes de las rugientes olas contra las rocas graníticas -cuando se producen las mareas vivas-, junto con los graznidos de las aves que anidan en las paredes de esta roca y el eco que se genera en su interior, provocan unos tenebrosos sonidos y rugidos que parecen voces humanas atormentadas procedentes, precisamente, de esos lugares tan profundos y siniestros del averno.

En la parte este de la isla, podemos visitar la acogedora aldea de O Curro, un pequeño conjunto de edificios, no lejos del muelle que, hoy en día, además de conservar una capilla, acoge los establecimientos hosteleros y otros servicios. A los pies de este antiguo núcleo poblacional, cuando la marea baja, podemos contemplar, en un islote rocoso, a unos 50 metros de la praia dos Cans, A Laxe do Abade, un enigmático sepulcro antropomorfo, tallado en lo alto de la roca, fiel testimonio de que, hace siglos, la isla de Ons estuvo habitada. Pero eso también lo atestigua el cementerio -desde donde se puede  contemplar una de las mejores vistas marítimas-, los restos de un monasterio y el Castro do Alto que todavía conserva parte de sus firmes murallas.

Y ya al sur, se alcanza el mirador do Fedorento, desde donde podemos apreciar una magnífica perspectiva de la isla vecina de Onza, con un perfil amesetado y alto en el centro y con alturas más bajas en su relieve litoral. Toda ella se levanta cubierta por una vegetación densa y defendida por su costa acantilada. Sólo posee dos pequeños arenales: la Praia das Moscas al norte y Praia de Porto do Sol, en su parte meridional.

Las Islas Cíes, paraíso de los dioses

Surgen de las aguas como si se tratase de un temible castillo atlántico, dominando el mar y  dispuesto a defender la entrada de la ría de Vigo de la agitación del océano. Batidas por las aguas, golpeadas por el viento y adoradas por el sol, en las Islas Cíes el visitante descubrirá un archipiélago constituido por pequeños islotes y por tres islas principales: la de Monteagudo -la más septentrional-, la del Faro o del Centro, y la de San Martiño. Habitadas desde tiempos remotos, fueron ocupadas por poblaciones celtas.

Las crónicas históricas afirman que Julio César puso sus pies en ellas. Plinio, el geógrafo latino, las llamó “Islas de los Dioses”. Otros autores clásicos las denominaron Illas Siccas (“islas áridas”). Para otros, son las legendarias e imprecisas Casitérides de la costa occidental en donde cartagineses y fenicios compraban estaño producido en Galicia. Corsarios y piratas, entre ellos el famoso Francis Drake, convirtieron estas islas en objeto de saqueo y en improvisados campamentos. Durante la Edad Media, una población, dedicada a la pesca y al cultivo de las tierras, las ocuparon; junto con los frailes benedictinos, como así lo demuestran los restos de los monasterios que existieron -el monasterio de San Estevo, en la isla del Faro, y el templo de San Martiño-.

Debido a los ataques de las naves piratas, fueron deshabitadas en el siglo XVI. Pero en el XIX, se levantaron dos fábricas de salazón, y las islas se repoblaron por familias que procedían de Bueu y de Cangas. Ya a mediados del siglo XX, quedaron abandonadas definitivamente, habitadas sólo por los reptiles, las aves y la flora.

La isla del Norte o Monteagudo nos ofrece un impresionante litoral escarpado y abrupto. Es en ella en donde se perfila la mayor elevación rocosa, con forma piramidal, de este archipiélago. El sistema dunar de Figueiras-Mixueiro merece una visita. Desde ahí, podemos dirigirnos, por su parte septentrional, a la cima más elevada de la isla, al faro de O Peito, muy cerca de un observatorio de aves. Y es que la Unión Europea incluyó a las Islas Cíes dentro de la Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA).

La isla del Centro o del Faro se une a la isla de Monteagudo por medio de una escollera que forma una laguna intermareal, denominada Lago dos Nenos, y por los más de 1300 metros del arenal de Rodas, una playa de aguas limpias y transparentes y de arena luminosa que, como una  sonrisa pura o una blanca media luna, nace del mar, convirtiéndose en uno de los elementos turísticos más atrayentes de las Cíes. De hecho, la playa de Rodas fue considerada como la playa más bonita del mundo, según el diario británico The Guardian. Tras este arenal, un pequeño y antiguo caserío, conocido como San Francisco de Afora, y que llegó a tener varias decenas de pobladores, hoy ya deshabitado, adorna con sus construcciones la ladera del monte.

En el sur de esta isla, una difícil y larga subida en zigzag encamina al visitante hacia el Faro de Cíes (cercano al otro faro construido en esta isla, el Faro de Porta, en Punta Canabal) desde el que se puede observar un espectacular conjunto paisajístico que abarca no sólo la bravura del océano sino también una asombrosa vista panorámica de Vigo, Cangas y Baiona; además  del Centro de Interpretación y Aula de la Naturaleza instalado en el interior del antiguo cenobio de San Estevo. Las obras de rehabilitación de este monasterio, para su nuevo uso, pusieron al descubierto una tumba antropomorfa que se puede visitar.

Un cuartel de carabineros nos abstrae en historias de contrabando, actividad tan unida a estas costas; y un cementerio -al sur de la playa de Rodas-, en donde todavía se pueden observar tumbas con cruces centenarias para el descanso de los restos de los últimos vecinos fallecidos en la isla, nos sumerge  en las historias cotidianas de aquellos rudos isleños curtidos por el sol, por los trabajos y por los días.

El Muelle de Rodas, o los restos del castro, del siglo I a.C., ubicado en el lugar de As Hortas, en el lado izquierdo del camino que lleva al Faro, con su depósito de conchas y restos de sus muros y construcciones, son otros elementos que merecen una visita. Muy próximo al muelle, y hasta el mes de julio de 2008, todavía se levantaba un monolito de hormigón en honor al general Franco, construido por políticos simpatizantes de su régimen dictatorial, con motivo del veinticinco aniversario del golpe de estado. Pero ese horrible monolito ya ha sido derribado.

Un estrecho paso, de unos 500 metros de anchura, también denominado “O Freu da Porta” (como el canal que separa la isla de Ons de la de Onza) separa la isla del Faro de la del Sur o de San Martiño, que se encuentra en estado casi natural. Su playa del mismo nombre, de arenas finas y aguas cristalinas; los restos de un antiguo monasterio; un molino de agua; las ruinas de una fábrica de salazón y una cruz en Punta da Bandeira, que nos recuerda historias de numerosos naufragios, darán la bienvenida a todo visitante que se acerque a esta isla en estado casi salvaje.

El Faro de Bicos, en la parte meridional de esta isla, junto con el faro de Cíes y el de Porta en la isla de Monteagudo, se levantan alumbrando las noches y señalizando todo este extremo meridional del archipiélago. Y es que sus faros siempre han estado en alerta, avisando de los peligros que estas aguas transparentes esconden, como esas afiladas rocas, siempre acechantes, que se esparcen a su alrededor y que han sido las culpables de esos temibles naufragios.  

En estas islas, todavía se conservan especies vegetales que se han extinguido en las costas gallegas. Especies de sugestivos y curiosos nombres como la herba das pedras, la herba namoradeira, pirixel do mar, la estrelamar o la camariña se esconden por rincones y se esparcen por los llanos que interrumpen las escarpadas laderas.

No hay que olvidar el gran número de aves marinas que le dan vida a estas islas; aves que crían en las zonas occidentales, que se sustentan gracias a la riqueza que el mar les ofrece, aves que, con sus vuelos sobre las Islas de los Dioses, nos recuerdan que les pertenecen, convirtiéndolas, así, en un espacio de acceso restringido para poder garantizar su protección.

Cualquier observatorio, natural u ornitológico, permite la observación de esta fauna compuesta, principalmente, por gaviotas patiamarillas –quizá la más importante colonia de esta especie de aves en el mundo-, cormoranes, araos… además de gran número de aves migratorias que han encontrado su refugio en los abruptos acantilados.

Todo este entorno natural se completa con los atractivos fondos marinos de gran riqueza, verdaderos tesoros botánicos y zoológicos, llenos de grutas o furnas esculpidas y excavadas por la fuerza del mar -como la Furna da Porta, la Furna do Inferno o la Furna do Cabalo-, o  el gran bosque de algas pardas que se cobija en estas aguas habitadas por centenares de especies marinas sin las cuales todo este ecosistema sería víctima de un grave desequilibrio. Además, la leyenda dice que los restos de un galeón español de la flota de La Plata, hundido a principios del siglo XVIII y cargado de otros tesoros, descansa en lo más hondo de estas aguas. Pero hasta ahora, nadie ha sido capaz de descubrir ni esa nave fantasma, ni los restos de las riquezas que transportaba.

Creo que no está de más recordar que espacio natural es igual a fragilidad. El valor de estas islas –que forman parte del Parque Nacional das Illas Atlánticas- va íntimamente unido a su nivel de conservación. Por ello, la visita a estos espacios naturales supone adquirir la responsabilidad de no molestar a la fauna y flora que nacen y se desarrollan en sus territorios y de no abandonar ningún tipo de desperdicio. Y es que no debemos olvidar la importancia que supone fomentar un desarrollo sostenible de la riqueza natural de Galicia para que subsista y pueda ser disfrutada por las futuras generaciones.

El 1 de julio de 2008, la Administración Central traspasó las competencias para la gestión de las Islas Atlánticas a la Consellería de Medio Ambiente de la Xunta de Galicia; gestión que se basará en la sostenibilidad y la preservación de los cuatro archipiélagos y en la mejora de los servicios que se les ofrecerá a los visitantes, entre los que se diseñará un plan de actuaciones medioambientales, creación de rutas, reforma de los faros, adaptación de caminos para discapacitados, entre otras. Además, está previsto que, dentro de unos dos años, finalicen las obras de rehabilitación del edificio Cambón, situado en el Casco Vello de Vigo, para ubicar la sede del Parque Nacional.

A todo esto hay que añadir que, a partir del próximo año, se prevé la creación de la primera ruta arqueológica submarina de Galicia para visitar las zonas en donde naufragaron algunos de los barcos que se acercaron a estas islas. Coincidiendo con el traspaso de este Parque Nacional, estos cuatro archipiélagos acaban de convertirse en el primer espacio marino español que se incorpora a la red OSPAR.

La tranquilidad que transmiten estos paraísos cercanos de gran espectacularidad, estos parajes primitivos y silenciosos -sólo rotos por los fuertes embistes de las olas y por los chillidos de las aves marinas-, hace que el tiempo se detenga. El olor a mar, la gran calidad de sus paisajes, de sus playas de arenas blancas y finas, la presencia de su gran protagonista y dueño indiscutible de todas estas islas -el fiero océano Atlántico- que, con la fuerza de sus aguas azul verdosas amenaza sus roquedos y esculpe sus costas y acantilados, son motivos más que suficientes para realizar una visita a cualquiera de estas cuatro joyas naturales que estimularán todos nuestros sentidos.

El mismo Álvaro Cunqueiro imaginaba el día en el que el viejo Simbad volviese a las islas…

 Isla de Cortegada

 
Isla de Cortegada (playa)
 

Isla de Cortegada (bosque de laureles, el más grande de Europa)

 

Isla de Sálvora

Isla de Sálvora (faro)

Isla de Sálvora (pazo y playa)

Isla de Sálvora  (pazo y playa)

 

 

Isla Cies  (vista de la playa de Rodas, la mejor del Mundo)

Isla Cies  (vista general de las islas Cies)

Isla Cies  (puesta de sol sobre Cies)

 

Islas Ons (vista general)

Islas Ons

Islas Ons (detalle de una de las playas)

 

Islas Sisargas

 

 

Islas Estelas

 

Jueves, a 26 de Agosto de 2010

Por Félix Población

Discurría sin apenas incidencias el mes de julio. Parecía este verano que los noticiarios iban a ser distintos y que excepcionalmente el fuego no iba a ser asunto de aciaga actualidad contra los bosques de España. Pero no sé en qué telediario se hizo constar este hecho, ilustrado con las correspondientes imágenes de los árboles en llamas. Tengo la impresión de que a partir de ese momento no hubo tregua para informarnos cada día de los incendios que, especialmente en Galicia, volvieron a ser materia noticiosa.

Dos brigadistas resultaron muertos hace días en el incendio que se produjo en Fornelos de Montes (Pontevedra), después de que uno o varios desalmados emplearan sus mecheros para perpetrar su acción terrorista. Leo que a los trabajadores pudo haberles sorprendido un brusco cambio en la orientación del viento que acabó con sus vidas calcinadas. También, que pudieron haber sido mal dirigidas las tareas de extinción con el propósito de acabar cuanto antes y como fuera con el incendio.

Un reciente informe de la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Galicia asegura que no se da allí una mano negra de tramas organizadas. Sí se dice que las imprudencias y los intereses económicos, sobre todo, serían las principales causas de que Galicia arda cada verano, lo cual no me parece que casa con lo que se niega al principio, pues los intereses suelen darse de modo asociado. Habría también una tercera causa, de menor entidad, protagonizada por individuos con trastornos psicológicos, que no rebasaría el 20 por ciento de los casos.

Una vez más, como cada verano, es preciso insistir en que los gobiernos autonómicos gallegos de uno u otro signo siguen sin tomarse en serio la materia pendiente de los incendios forestales -a pesar de las casi cien mil hectáreas quemadas de 2006-, ya sea en campañas de concienciación que alerten a la ciudadanía rural sobre el valor de su patrimonio forestal, ya sea poniendo en práctica ese principio elemental de que los fuegos del verano se apagan en invierno. Esto es, que la labor de desbroce y limpieza del bosque es fundamental para que esa materia inerte no prenda como la yesca durante la canícula.

He leído durante los días pasados varios artículos y editoriales en los periódicos gallegos sin que advirtiera en ninguno lo que hoy destaca un lector en el diario El País. Dice Carlos Alarcia en su misiva que el problema de los incendios en aquella comunidad autónoma tiene una fácil explicación, basada en la preponderancia de los eucaliptos en sus bosques:

Hace ya muchos años que Galicia empezó a perder sus formidables bosques de pino gallego y de roble carballo. Fueron sibilinamente sustituidos por eucaliptos, árbol que tiene ciertas curiosas propiedades: absorbe en un año el agua que un pino gallego en 20, crece de forma rapidísima y tiene, lógicamente, muchísima más savia que cualquier otro árbol autóctono. Dicho esto, debemos saber que la mayor concentración de fábricas de pasta de celulosa se encuentra en la Ría de Pontevedra (seguida de cerca por la Ría de Huelva).
Cuando un bosque de eucaliptos se quema, arden las hojas y el ramaje fino, el tronco y ramas gruesas se tuestan por el exterior pero el resto permanece intacto gracias a la savia. Es un árbol sin utilidad maderera pues sus tablas no son estables y se abren fácilmente. Realmente solamente sirve para dos cosas: sus hojas como aromatizante (se recolectan antes de "
las quemas") y su madera para pasta de celulosa y aglomerados. Bien, cuando terminan los incendios se retiran los troncos quemados y se subastan a precio testimonial y... ¿sabemos quienes ganan todas esas subastas? A que sí... Ahora viene la pregunta del millón: ¿Por qué no se hace nada?”.

Termina Alarcia su carta con una obligada referencia al caso ejemplar de los bosques de Soria, donde nunca o rara vez se produce un incendio. Aquella en verdad impresionante masa forestal, una de las más importantes del país, crece pujante y vistosa dando prestancia y rendimiento a un patrimonio natural, paisajístico y económico del que se benefician sus propietarios, los municipios de la provincia.

¿Tan difícil es aplicar el ejemplo de los bosques sorianos como modelo a seguir en Galicia o en el resto del país para que los árboles crezcan en sombra y vida cada verano sobre la tierra en la que se asientan y nos sustenta?

 

Martes, a 17 de Agosto de 2010

Desde la quinta provincia de Galicia (Buenos Aires), me llegó este escrito de Georgina R., un testimonio dulce, sensible, cariñoso, apasionado, pero, a la vez, triste; un escrito de una gallega exilada en un país que es el propio pero que no es el suyo.

Leyendo el texto no pude por menos que sentir una extraña sensación de dolor por algunas cosas que se hicieron durante la transición española, en los años del desarrollo económico de mi país.

Pese a que lo que voy a escribir podría parecer xenófobo, mi intención es toda la contraria: ni soy xenófobo ni nunca lo fui, pero lo que hicimos en mi país lo hicimos mal, muy mal… rematadamente mal. Nos equivocamos en su momento, y aún ahora seguimos sin rectificar.

¿Dónde estuvo el error? No fuimos solidarios con nuestros hermanos latinos. Nunca fuimos justos con nuestros conciudadanos (por que eso es lo que son) de América. Nunca. Nos equivocamos con ellos en muchas cosas: en el pasado, en el presente y, lo que es peor, me temo que seguiremos equivocándonos en el futuro.

¿Nuestro error? El proceso migratorio que tuvo España en los últimos 25 años.

En los últimos 25 años, período en el que entraron en España más de 8.000.000 de personas, no fuimos previsores con los ciudadanos que se vinieron a vivir aquí. No fuimos capaces de hacer bien las cosas, no tuvimos la capacidad para saber con quién teníamos el verdadero compromiso moral e histórico de ser solidarios.

Fallamos estrepitosamente, y, ahora, desgraciadamente, sin posibilidad de enmienda. Estamos pagando las consecuencias: las que ahora padecemos por los problemas de convivencia, y las que padeceremos en el futuro, que serán más drásticas (y dramáticas).

¿Por qué fuimos tan laxos en el control de la emigración proveniente de terceros países (llámese Marruecos, Senegal, China, Paquistán, etc.) ajenos a nuestro bagaje cultural, y fuimos, en cambio, tan quisquillosos y pijoteros con los que llegaban de Latinoamérica? ¿Por qué no fuimos más responsables en el cuidado del acervo cultural que históricamente mantenemos con nuestros hermanos americanos? ¿Por qué dimos preferencia a la entrada de hombre y mujeres que no comparten nada de nuestra cultura, de nuestra religión (incluso eso, desde la perspectiva de un ateo), de nuestra sangra, de nuestro idioma, de nuestra música? ¿Por qué?

Sé que todos somos seres humanos y que tenemos que ser solidarios entre todos, pero también sé que la solidaridad debería haber empezado primero con nuestros hermanos americanos, los que más nos ayudaron a ser lo que ahora somos: en el pasado, aportándonos las riquezas que les expoliamos en la conquista de América, y, en el presente, con su fuerza de trabajo de primer nivel profesional.

¡Qué distinto sería nuestro país si la convivencia se hiciera entre iguales (aún que hubiésemos nacido en países distintos), entre gentes que hablamos el mismo idioma, que llevamos los mismos apellidos, que tenemos los mismos rasgos físicos, que anhelamos los mismos objetivos, que nos alimentamos de forma similar, que vivimos la música con la misma intensidad!

Me habría encantado vivir en un país más “nuestro”, más de “nosotros”, un espacio en el que todos fuéramos iguales así hubiéramos nacido en España, en Argentina, en Venezuela o en Panamá… un país en el que el sentido que le damos a la vida y el cariño con que amamos “nuestras” cosas, fuera más similar al que mamamos desde niños.

Por eso, por esos motivos, el escrito de Georgina me parece excepcional. Y siento lo mismo que siente ella al no sentirse (valga la redundancia) apoyada y amparada por mi país

Para ella, y para todos los gallegos que están en la emigración, incluyo el Hino da Galiza (en español, Himno de Galicia) moderno, y a continuación el Hino do antergo Reino da Galiza (Himno del antiguo Reino de Galicia), el que se utilizó durante muchos, muchos siglos.

Alfredo Webmaster

Hino da Galiza

Hino do antergo Reino da Galiza




Desde la quinta provincia… los eternos olvidados”, por Georgina R.

Galicia es una tierra de encanto, mágica. Quienes tenemos allí nuestras raíces sentimos el orgullo y la emoción de saber que por nuestras venas, corre la sangre de gente trabajadora, luchadora, que jamás baja los brazos y con mucho esfuerzo consigue superarse día a día, cumpliendo así muchos de sus sueños.

Soy tercera generación nacida en Argentina. Mis bisabuelos, Manuela y Manuel, nacieron en Ordes, A Coruña, allá por 1884. Hacia principios del siglo XX, decidieron partir hacia Buenos Aires, él, expulsado de su tierra por el hambre y la miseria, ella, por ser una caprichosa niña rica.

Paradójicamente, se conocieron en Buenos Aires: dada la diferencia social que existía entre ellos, en Ordes jamás se habrían casado.

No tuve la suerte de conocerlos. Mi bisabuelo murió siendo mi mamá muy pequeña y mi bisabuela falleció dos años antes de que yo naciera. Tampoco conocí a mi abuelo materno, su hijo, mi querido abuelo Raúl, que murió mucho antes que su madre.

Nadie me habló nunca de Galicia, nadie se preocupó por mantener los lazos con nuestra tierra. En aquélla época, quienes emigraban perdían casi completamente contacto con el Viejo Mundo. Las comunicaciones eran sólo por carta y tardaban meses en llegar. Poco a poco, la correspondencia se hacía más esporádica, hasta que una vez fallecido el español nativo, nadie más se acordaba de la familia que estaba a miles de kilómetros.

¿Por qué me siento gallega entonces? No lo sé. ¿Será la magia de Galicia?, ¿será que la sangre, los genes, influyen en el comportamiento y los sentimientos de uno?

No sólo soy gallega, tengo mucho de italiana, pero sólo Galicia está en mi corazón.

Desde hace ya muchos años, cuando tenía 12, decidí volver. No pertenezco a la tierra que me vio nacer, siento que estoy en un eterno exilio, pero España no se acuerda de mi.

El lus sanguinis, criterio aplicado para otorgar la ciudadanía española, es aplicado con un criterio, a mi entender, en cierto modo contradictorio. Si para ser español hay que tener sangre española (según la ley, ser hijo de españoles), también se tiene sangre española siendo nieto, bisnieto, etc. Podré respirar un aire distinto, podré recibir alimentación de otra tierra, pero señores… la sangre no se lava.

Siento que somos los eternos olvidados por el Estado Español. Primero, sufrimos el abandono al ser dejados a nuestra suerte en medio de hambrunas y miserias. Ahora, luego de haber sido obligados a dejar nuestra tierra, somos nuevamente abandonados al ver que nuestros derechos no son reconocidos.

Mientras tanto, mi vida sigue transcurriendo en una tierra que no es mi tierra, en una tierra que también tiene olvidada a su población.

Por el momento, debo vivir aquí, a miles de kilómetros, llorando de emoción cada vez que escucho sonar una gaita. Aún no tengo ciudadanía comunitaria y no sé si algún día la tendré. Quienes son europeos, seguramente no adviertan el gran tesoro que tienen en sus manos. Tienen la llave del mundo. Mientras tanto, otros, que llevamos la misma sangre, cada vez que somos rechazados, no podemos sino sentirnos como gusanos.

 

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