Música y Vino

Puedo intentar ser sincero pero nunca seré imparcial…
Miércoles, a 10 de Febrero de 2010


Leyendo el artículo de opinión de Carlos Enrique Bayo, magnífico y muy didáctico, me vino a la memoria lo que tantas veces dijo (más bien, predijo) Santiago Carrillo: “China es un gigante dormido que cuando despierte, se va a comer el mundo”. Acertó.

Leyendo a Bayo, no puedo por menos que admirar el concepto que los chinos tienen del tiempo: de igual forma que son capaces de pasarse horas y horas negociando hasta la más mínima coma del clausulado de condiciones del más insignificante de los contratos comerciales, son igual de eficaces planeando el futuro de su país, pensándolo a 30 o 40 años vista, sin la inmediatez que desmuestran las naciones sin historia.

Después de más de 100 años de poderío económico implacable, EEUU es un gigante (de pies de barro) que vive y sobrevive gracias a la magnanimidad de la tesorería de China: una parte significativa de la inmensa deuda pública yanqui está en manos de los chinos y una parte aún más importante de la propiedad de las opciones sobre futuros y materias primas de todo el mundo, sobre todo en África y América latina, está en el punto de mira, y al alcance de la mano, de los inmensos recursos financieros chinos.

Y todo lo fueron obteniendo a base de paciencia y más paciencia, sin hacer ruido, usando estrategias arraigada en el milenario pueblo chino: laboriosidad y silencio.

Veremos grandes cambios en los próximos años… y no necesariamente para mejor.

Alfredo Webmaster


Por Carlos Enrique Bayo para publico.es, 04/02/2010

Parece mentira que Pekín haya terminado por ser el gran paladín de la fortaleza del dólar y el aún mayor defensor de la debilidad de la moneda china. Ni siquiera Sun Tzu –el genial estratega del siglo V antes de Cristo que escribió El arte de la guerra habría podido concebir un plan tan diabólico para arruinar al enemigo.

Primero, hay que inclinarse ante el poderío económico del adversario e ir pacientemente atesorando sus divisas –por el humilde método de venderle todo lo que desee al menor precio posible–, hasta acumular más de dos billones (sí, con b) de dólares en reservas del Estado. Después, es menester reverenciar el Tesoro del rival, adquiriendo sus bonos de referencia hasta acaparar deuda pública estadounidense por valor de otros 800.000 millones de dólares.

Finalmente, se le otorga al contrincante total preeminencia monetaria mundial, de forma que su dinero sea la referencia de todos los intercambios de materias primas y minerales estratégicos, mientras se mantiene artificialmente bajo el valor del yuan propio con el que se cobran las exportaciones.

Ya sólo queda emplear la colosal reserva de divisas para comprar masivamente yacimientos de recursos energéticos, sobornar gobiernos tercermundistas, construir las infraestructuras que les permitan extraer y transportar esos bienes, y desarrollar una industria de tecnología punta sin parangón internacional. Y que el adversario se encomiende a Confucio.

Como decía Bruce Lee: “Be water, my friend”.

 

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