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Drogas: una nueva propuesta


Por Carlos Fuentes para elpais.com, 03/09/2010

La Comisión Global sobre Políticas de Drogas está encabezada por los presidentes Fernando Henrique Cardoso, César Gaviria y Ernesto Zedillo, e incluye a personalidades como Javier Solana, Amartya Sen, Graça Machel y William Perry.

El primer informe de la sección latinoamericana de la Comisión Global indica, de entrada, que la política contra la producción, el tráfico y la distribución de droga, criminalizando el consumo, ha fracasado si consideramos que en América Latina han aumentado el consumo, la violencia y el crimen organizado, conduciendo a la criminalización de la política, a la politización del crimen y a la creación de múltiples vínculos que favorecen la corrupción de funcionarios y policías y a la infiltración del crimen en las instituciones.

La comisión Cardoso-Gaviria-Zedillo pide que en primer término se reconozca el fracaso de las políticas vigentes y se propongan nuevas políticas más seguras. Ello no implica -importante inciso- desconocer las políticas actuales, sino ofrecer estrategias alternativas, subrayar los temas de la prevención y el tratamiento, aunque aplicando acciones represivas cuando sean necesarias.

Las políticas prohibicionistas de Estados Unidos y las europeas de reducción de daños no lograron ni reducir los mercados ni reducir el consumo: ambos han aumentado. Colombia primero, México hoy, se convirtieron en epicentros de un negocio que depende de la demanda de los consumidores. Se trata, en consecuencia, de disminuir la demanda: ¿cómo?

Convirtiendo el consumo, de actividad criminal en problema de salud pública, y a los adictos en pacientes en vez de compradores. Con ello, se reduciría la demanda y bajarían los precios. La solución carcelaria, por así llamarla, de Estados Unidos, no puede funcionar en América Latina. Contamos ya -Brasil y México son amplio ejemplo de ello- con una superpoblación carcelaria, sistemas penitenciarios anticuados, extendidas redes de corrupción, como lo demuestran los hechos recientes de la cárcel de Gómez Palacio, en Durango (México), en la que la dirección permitía a un grupo de reclusos salir de noche, perpetrar crímenes y regresar al amanecer a la penitenciaría.

El simple prohibicionismo no ha reducido ni la producción ni el consumo. Las políticas en vigor han atacado la oferta más que el consumo. Nos hemos dado cuenta, en otras palabras, que eliminar la oferta no elimina la demanda, y la demanda se traduce a menudo en muerte por sobredosis y transmisión de infecciones.

Doscientos cincuenta millones de seres humanos, globalmente, usan drogas. Solo 25 millones son dependientes lo cual, en sí, indica que el tratamiento es más importante que el castigo. La Comisión piensa que así como las campañas contra el tabaco, el alcohol y las enfermedades de transmisión sexual han tenido éxito, lo tendría una campaña preventiva que se dirija a la demanda tanto como a la oferta.

Resulta claro que hay que multiplicar las campañas de información y de prevención, dirigidas sobre todo a la juventud, que mayoritariamente es el mercado de las drogas. Hay que hacerles entender a los consumidores -sobre todo a los jóvenes- que la drogadicción afecta al poder de decisión, la inteligencia y el trabajo, y a la sociedad en su conjunto; pedir la cooperación contra la violencia, la corrupción, el lavado de dinero, el tráfico de armas y el control de territorios, hechos que nos afectan en la vida privada y en la vida social y nacional. ¿Cómo se mide, al cabo, la infiltración del crimen en todos los niveles de la vida política de un país, en Gobiernos municipales, estatales y aun nacionales? Si esto no se puede ni saber ni atacar frontalmente, entonces aumenta la importancia de lo que sí se puede hacer, por modesto aunque iniciático que sea.

Otrosí, América Latina en su conjunto y México muy particularmente, tiene una población juvenil extensa que se plantea problemas de futuro profesional. Muchos escogerán el camino fácil, del crimen y la droga, si nuestras sociedades no les ofrecen horizontes mejores en países en gran medida democráticos pero estancados en cuanto a su dimensión social de servicio. Tenemos una población juvenil y de trabajo que puede poner al día las infraestructuras, la educación, la salud, las comunicaciones a menudo inservibles o anticuadas de América Latina.

 

El concepto “cultura”


La cultura, como concepto, es complicada de definir: hay demasiadas cosas a las que llamamos “culturales”, pero la mayoría de ellas no lo son.

Según la RAE, cultura es el “Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico. Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc. Conjunto de las manifestaciones en que se expresa la vida tradicional de un pueblo”.

Después de leer la definición oficial de cultura, bastante ajustada a lo que podríamos considerar nosotros como tal, queda claro que algunas actividades, que ciertos ambientes consideran como “culturales”, no lo son. En realidad, esas, llamémosles actividades, son el reflejo de una enfermedad demasiado arraigada en importantes capas de la población de mi país (y de muchísimos otros), enfermedad de efectos degradantes, aberrantes, indecentes e indignos. En resumen: una enfermedad acultural.

Que la Asociación de Mujeres “Virgen de Belén”, de Carrión de los Condes (Palencia, España), considere como “excursión cultural” acudir en masa (se entiende que femenina), con un bocadillo en la mano, a la grabación de un programa de televisión (“Sálvame Diario”), me parece absolutamente descabellado, pero hacerlo, además, a una de las bazofias mas ignominiosas que se pueden visualizar en ese engendro llamado Telecinco, es a todas luces un despropósito de magnitud superlativa.

Que una asociación en la que está englobado ese maremágnun de personas que tienen como único objetivo de vida tener a punto las lentejas, acepte como cultural algo así, además de preocupante para la salud mental de las susodichas, es una terrible noticia para la salud democrática de un país.

Sólo de pensar que el destino de mi país está en el voto que puedan depositar en las urnas las miembras de la Asociación de Mujeres “Virgen de Belén”, me produce escalofríos.

Sólo de pensar que la política económica de mi país la van a regir señores que puedan ser elegidas por personas así, además de escalofríos me produce una profunda pena y desasosiego.

Sólo de pensar que algunas guerras o invasiones las van a decidir personajillos que fueron elegidos por forofas/os de programas como “Sálvame Diario”, seguidoras/es de Belén Esteban o creyentes en esperpentos como la Bruja Lola (o Rouco Varela, que lo mismo da), además de ser una anomalía democrática, es un atentado contra la dignidad humana.

¡En qué manos estamos! ¡Cómo darle una pistola cargada a un niño!

Alfredo Webmaster

 

Breve lección sobre la puntuación en el español: ¿Dónde pondrías la coma?


El breve pero clarificador ejemplo de correcta redacción que os pongo más abajo, servirá para entender de forma gráfica y precisa la importancia que tiene el correcto uso de la puntuación en nuestro idioma, el español.

En la frase “Si el hombre supiera realmente el valor que tiene la mujer andaría a cuatro patas pidiéndole perdón”, no saber dónde debemos poner la coma en el sitio correcto, podría llevar a que, influyendo incluso el sexo del que responda, el resultado final fuera el siguiente:

Si eres mujer, con toda seguridad colocaría la coma así: “Si el hombre supiera realmente el valor que tiene la mujer, andaría a cuatro patas pidiéndole perdón”.

Pero si fueras hombre, y además un pelín machista, la pondrías de esta otra forma: “Si el hombre supiera realmente el valor que tiene, la mujer andaría a cuatro patas pidiéndole perdón”.

Tened cuidado con las comas, son como las armas: "las carga el diablo".

Alfredo Webmaster

 

¿Por qué los españoles caen tan mal?


Por Carlos Salas “zoomboomcrash”, 02-11-2009

Por favor, ¿tendría la amabilidad de darme un café?”.

Si alguno de ustedes ha visto alguna vez a un español haciendo eso en el extranjero, por favor, fílmelo con su móvil: es una especie en extinción.

Allá por donde van los españoles hablan en imperativo: “¡Eh, ponme un café!; “Dame un cruasán!”; “¡Sírveme una caña!”; “¡Pásanos unas hamburguesas…!”.

Hablar así en España no es un delito porque es lo normal. Un país que ha perdido todas las normas del protocolo, la cortesía, la educación y la urbanidad, cree que en todo el mundo las reglas son iguales. Pero no: el resto del mundo no es así y por eso se percibe a español como si tuviera los defectos del nuevo conquistador.

Debido a esa forma de expresarse, los empresarios, ejecutivos, turistas y viajantes españoles tienen tanta mala fama en el extranjero. Caen muy mal. Además, parece que siempre están bravos”.

Hace pocos días, un amigo que es alemán-norteamericano-venezolano y algunas nacionalidades más (en su familia, menos incesto, hubo todo tipo de mezclas), me decía las cosas que le pasaban con su mujer española: trabajaban los dos en EEUU pero los empleados se dirigían a mi amigo y le decían en confianza: No queremos tratar con tu mujer; sólo contigo. Ella está siempre enfadada y parece de mal humor”.

¿De mal humor? ¡Pero si era una española encantadora! Encantadora en España, claro. Fuera de nuestras fronteras, nuestras chicas pierden su encanto porque no se dan cuenta de la forma que tienen de dirigirse a los demás: siempre dando órdenes; soltando la bronca, nunca piden las cosas por favor, hablan en imperativo; elevan la voz; discuten… ¿Sutileza? Eh, bue… Sinceramente eso no existe en España.

Pero si no estábamos discutiendo”, dicen los jefes españoles.Sólo les estaba diciendo a estos bolivianos cómo tenían que hacer las cosas. Claro, pero si usted no emplea códigos universales como “por favor”, o verbos en condicional como “podría usted”, y una sonrisa de vez en cuando, pensarán que usted es como los cómitres romanos, aquellos tipos que daban latigazos a los galeotes para que remaran más rápido.

Cuando los alemanes vienen a España les pasa lo mismo: “¿Por qué aquí nadie pide las cosas por favor?” me decía un alemán. “En Alemania sería casi un insulto”.

No se da cuenta este alemán de que ha aterrizado en el país que nunca dice “por favor”, un país que considera los tacos como parte del Patrimonio Cultural. No sería extraño que se elevara una propuesta para declarar los tacos y las palabrotas “Patrimonio de la Humanidad. Los tacos y las imprecaciones en español, los que mejor suenan en el mundo.

Y eso que no quiero entrar en la forma en que los españoles hablan por teléfono: levantan el auricular y cuando se pone alguien al otro lado, gritan: “¿Está Manolo?”. No se les ocurre que uno debe dar los buenos días y presentarse. Nooooo. Aquí el que llama, suelta, “¿Está Manolo?” y el que contesta dice: “¡Joder, aquí no hay ningún Manolo!”. Un país de formas encantadoras.

¿Han visto cómo atienden las chachas sudamericanas? Son más dulces, más amables y más educadas que el ejecutivo del BBVA mejor pagado. Por eso los restaurantes están encantados con sus camareras latinoamericanas, porque son más suaves y más educadas que las españolas.

Las agencias de comunicación como Llorente y Cuenca que tienen delegaciones en el extranjero, se ven obligadas a dar un repaso a los ejecutivos españoles expatriados que aterrizan por primera vez en, digamos, Argentina o Panamá. Por favor, hable bajito; no olvide decir por favor, sonría”.

Pero aquí, nada de nada.

Los españoles no se dan cuenta de cómo son percibidos. Piensan que cuando viajan al extranjero, el mundo les acoge como las personas más simpáticas del mundo. No es así. Los ejecutivos españoles, las empresarias españolas, los funcionarios de Exteriores españoles, parece que están de mal humor todo el tiempo porque no tienen empatía, su lenguaje es soez (en Iberoamérica soltar un taco en público es de mala educación), su tono es alto y sus maneras son hoscas.

Y eso que no quiero hablar de los españoles en Asia: allí, la sonrisa y la educación son signos de civilización. Justo lo que no tienen los españoles.

De modo que: ¡clases de cortesía para todos!

 

Caperucita y el lobo machista


Por Arturo Pérez-Reverte para xlsemanal.com

Hoy me he levantado con talante. Como después de haber publicado 'El pequeño hoplita' –un cuento sobre un niño en las Termópilas, que tanto debe a su magnífico ilustrador, Fernando Vicente– le tomé el gusto a la narrativa infantil, he decidido echar un cable. Ayudar a que nuestra ministra de Igualdad y Paridad, Bibiana Aído, rubia joya de la corona, haga realidad su bonito proyecto de conseguir que los cuentos tradicionales para pequeños cabroncetes sean desterrados de escuelas y hogares, y dejen de ser un reducto machista, sexista y antifeminista. O que, expurgados y reconvertidos a lo social y políticamente correcto, contribuyan, ellos también, a la formación de futuras generaciones de ciudadanos y ciudadanas ejemplares y ejemplaras. Como está mandado.

Al principio pensaba hacerlo con el cuento de 'Blancanieves y las siete personas de crecimiento inadecuado'; que, como sostiene Bibiana, requiere, título aparte, una remodelación general urgente. Pero ciertos indicios de intolerable violencia machista en la casita del bosque, como que sea una mujer quien cargue con todas las labores del hogar, o que no haya paridad de sexos en el número de individuos que trabajan en la mina –su número impar complica además el asunto–, me decidieron a dejarlo para más adelante. Lo intenté luego con 'La soldadita de plomo y ploma'; y no es por echarme flores, pero lo tenía casi resuelto. Una soldadita de plomo de la ULFF –Unidad Legionaria Femenina Feroz–, terror de los talibanes afganos y de los piratas del Índico, impedida en su extremidad locomotriz por haber caído poco metal en el molde cuando la fundían. O sea, incompleta física de una pierna, para entendernos. O no. Lo que antes se decía, en jerga fascista, coja. Y que, desde su repisa en el cuarto de juegos de una niña, se enamora de un bailarín de ballet de papel maché que está enfrente, puesto tal que así, de puntillas, y que tiene una bonita lentejuela de plata en el prepucio. Se lo leí a mi hija por teléfono, a ver qué tal iba la cosa; pero al llegar a lo de la lentejuela me aconsejó dejarlo. Te van a malinterpretar, dijo. Así que al final me decidí por un clásico inobjetable: 'Caperucita Roja'. Y está feo que lo diga, pero la verdad es que lo he bordado. Creo.

Caperucita Roja camina por el bosque, como suele. Va muy contenta, dando saltitos con su cesta al brazo, porque, gracias a que está en paro y es mujer, emigrante rumana sin papeles, magrebí pero tirando a afroamericana de color, musulmana con hiyab, lesbiana y madre soltera, acaban de concederle plaza en un colegio a su hijo. Va a casa de su abuelita, que vive sola desde que su marido, el abuelito, le dio una colleja a Caperucita porque no se bebía el colacao, ésta lo denunció por maltrato infantil, y la Guardia Civil se llevó al viejo al penal de El Puerto de Santa María, donde en espera de juicio paga su culpa sodomizado en las duchas, un día sí y otro no, por robustos albanokosovares. Que también tienen sus necesidades y sus derechos, córcholis. El caso es que Caperucita va por el bosque, como digo, y en éstas aparece el lobo: hirsuto, sobrado, chulo, con una sonrisa machista que le descubre los colmillos superiores. Facha que te rilas: peinado hacia atrás con fijador reluciente y una pegatina de la bandera franquista, la de la gallina, en la correa del reloj. Y le pregunta: «¿Dónde vas, Caperucita?». A lo que ella responde, muy desenvuelta: «Donde me sale del mapa del clítoris», y sigue su camino, impasible. «Vaya corte», comenta el lobo, boquiabierto. Luego decide vengarse y corre a la casa de la abuelita, donde ejerce sobre la anciana una intolerable violencia doméstica de género y génera. O sea, que se la zampa, o deglute. Y encima se fuma un pitillo. El fascista. Cuando llega Caperucita se lo encuentra metido en la cama, con la cofia puesta. «Que sistema dental tan desproporcionado tienes, yaya», le dice. «Qué apéndice nasal tan fuera de lo común.» Etcétera. Entonces el lobo le da las suyas y las de un bombero: la deglute también, y se echa a dormir la siesta. Llegan en ésas un cazador y una cazadora, y cuando el cazador va a pegarle al lobo un plomazo de postas del doce, la cazadora contiene a su compañero. «No irás a ejercer la violencia –dice– contra un animal de la biosfera azul. Y además, con plomo contaminante y antiecológico. Es mejor afearle su conducta.» Se la afean, incluido lo de fumar. Malandrín, etcétera. Entonces el lobo, conmovido, ve la luz, se abre la cremallera que, como es sabido, todos los lobos llevan en la tripa, y libera a Caperucita y a su provecta. Todos ríen y se abrazan, felices. Incluido el lobo, que deja el tabaco, se hace antitaurino y funda la oenegé Lobos y Lobas sin Fronteras, subvencionada por el Instituto de la Mujer. Fin.

 

Credit Default Swap y otras mierdas financieras explicadas para lerdos


Introducción

Pepe es un currante que vive en un apacible pueblecito. Tiene un sueldo modesto con el que lleva una vida sencilla, pero alberga sueños de prosperidad. Quiere montar un bar para mejorar su situación económica. Ha estimado los plazos para empezar a obtener un cierto rendimiento económico al bar: seis meses para montarlo, y otros seis para tenerlo funcionando a tope, repleto de clientes.

Como no tiene el dinero necesario para montar el bar, a principios de año pone a la venta entre sus vecinos mil papeletas. Estas papeletas cuestan cien euros, y le dan derecho al comprador a percibir 110 euros al final del año. Pepe cree que pasado un año el bar generara los beneficios necesarios para dar 110 euros al comprador de cada papeleta: los cien euros que le costó a este, más otros diez de regalo por cooperar económicamente en la realización de su sueño.

Pepe obtiene así financiación para montar su bar, 100.000 euros en metálico por la venta de las papeletas, mientras que los compradores de papeletas obtienen 10 euros de beneficio por papeleta al cabo de un año: un buen pico sin hacer nada.

Otros vecinos toman ejemplo de la idea de Pepe, e igualmente ponen a la venta sus propias papeletas para financiar sus proyectos.

El pueblo se llena de papeletas, y finalmente se habilita un local donde los ciudadanos se reúnen para intercambiar, comprar o vender todas estas papeletas. Se crea así la base de un Mercado de Papeletas. Puesto que las papeletas están cambiado de manos constantemente, al final del año se pagara la cantidad convenida al portador de las mismas, que no tiene que ser necesariamente el comprador original.

- Estoy en un aprieto y necesito dinero. Hace seis meses le compre esta papeleta a Pepe por 100 euros, y dentro de seis meses el dará 110 euros a quien se la entregue. Te la vendo por 105 euros: 5 euros de beneficio para mi, que obtengo en este momento, y otros 5 para ti, que recogerás dentro de seis meses.

- Trato hecho. ¿Sabes que Luis ha puesto a la venta 2.000 papeletas a 100 euros cada una y promete entregar 125 euros por papeleta al cabo de un año?

- ¿Que pretende montar?

- Una heladería en el Polo Norte.

- Ese negocio va a ser una ruina. Yo no compraría jamás esas papeletas, dudo que sea capaz de devolver ni un euro del dinero que obtenga con su venta.

- Bueno, yo creo que tiene algunas opciones de éxito. No obstante, puesto que el negocio es en sí arriesgado, le diré que se las compro solamente si me ofrece 150 euros al cabo de un año. Si no, que se busque la vida.

- Sabia decisión la tuya.

Al local lo llamaremos Bolsa de Valores, y a las papeletas las podemos llamar Bonos u Obligaciones. También podríamos llamarlas prestamos. Los 110 euros que pagara Pepe al cabo de un año son el Valor Nominal del Bono.

El alcalde ha decidido apuntarse al carro de la financiación con papeletas: pretende recaudar dinero para reparar la fuente de la Plaza Mayor, renovar las farolas del paseo marítimo y reconstruir la Ermita de la Patrona del pueblo. El Ayuntamiento saca a la venta sus propias papeletas, que llamaremos Títulos de Deuda Pública.

Además, hay quien tiene la idea de vender en el Mercado tacos compuestos por muchas papeletas. Estos tacos están formados por papeletas asociadas a diversos negocios; por ejemplo, diez papeletas de Pepe, otras diez de Luis, y otras muchas más de otros emprendedores. La finalidad de estos tacos consiste en minimizar el riesgo de perdidas metiendo en un mismo saco papeletas de negocios con grandes posibilidades de éxito, como el de Pepe, junto con papeletas de negocios con pocas posibilidades de éxito, como el de Luis.

Estos tacos son las Obligaciones de Deuda Colateralizada, del ingles Collateralized debt obligations, o CDO por su acrónimo anglosajón. Y en el fondo no son más que una forma de tapar la mierda escondiéndola debajo de la alfombra.

Tanto los tacos como las papeletas pueden ser adquiridos entre varias personas, cada una de las cuales obtendrá al final del año una parte correspondiente a su participación en la compra de los mismos. Algunos acaudalados ciudadanos de nuestro maravilloso pueblo deciden juntar sus ahorros y entregárselos a expertos compradores-vendedores de papeletas para que los manejen y les saquen un buen rendimiento al final del año.

Estos expertos son los bancos de inversiones.

 

Los Credit Default Swaps

Puesto que algunas papeletas son vendidas por personas que pretenden montar negocios arriesgados, con pocas posibilidades de éxito, hay quien ofrece seguros para la compra de papeletas.

- ¡Oye! Me han dicho que finalmente compraste papeletas de Luis, que accedió a pagarte 150 euros al final del año, ¿qué tal si te vendo un seguro para esas papeletas?

- ¿De qué me hablas?

- Muy fácil. Tú me pagas 5 euros todos los meses, y si se anuncia que Luis se ha ido a la ruina con su heladería y es incapaz de entregar a final de año el dinero que prometió, te daré 150 euros por cada papeleta suya que me entregues. Justo lo que él debía pagarte.

- ¡Tremenda idea! Así me sentiré mucho más seguro. Y es que, ciertamente, la idea de montar una heladería en el Polo Norte es sumamente arriesgada. ¿Tú crees que a los esquimales les gustaran los polos de fresa?

- No sé. Dicen que son gente rara. Tal vez los de frambuesa con virutas de jamón les hagan alguna gracia.

A los seguros para papeletas los llamaremos seguros de impago de deuda, del inglés Credit Default Swaps, o CDS por su acrónimo anglosajón.

Algunos seguros tan solo cubren la pérdida de valor de las papeletas. ¿Cómo puede perder valor una papeleta? Fácil. Si a mitad del año Luis fracasa con su heladería porque a los esquimales no les gustan los helados, venderá el carrito de los helados y su gorro de heladero. Con el dinero que obtenga, pagara a los portadores de sus papeletas una parte de lo que inicialmente había convenido en pagarles por cada una. Por ejemplo, 50 euros. La aseguradora habrá de pagarte entonces 100 euros por cada papeleta de Luis que tú tengas: la diferencia entre los 150 euros que Luis había de darte al final del año y los 50 euros que realmente te podrá dar por cada una. Obviamente, seguirás teniendo en tu poder las papeletas. Puesto que Luis te dará 50 euros por cada una y la aseguradora otros 100, finalmente obtendrás, de alguna manera, los 150 euros que esperabas.

Esto es lo que se llama liquidación por diferencias. La liquidación física se produce cuando se obtiene el valor nominal de las papeletas, lo que se había de cobrar al final del año, simplemente entregándolas a la aseguradora.

En un momento dado, a alguien se le ocurre una estúpida idea: no será necesario tener papeletas para contratar un seguro de papeletas. Esto es, tú puedes contratar un seguro asociado a las papeletas de Luis aunque no hayas comprado ni tengas ni una sola de ellas en casa. Pagaras mensualmente las cuotas del seguro, y si a mitad de año Luis quiebra con su heladería, tan solo tienes que preocuparte de comprar papeletas de Luis en la Bolsa y entregárselas a quien te vendió el seguro. La aseguradora te pagara entonces lo que había de pagar Luis si este hubiera podido cumplir con sus obligaciones: 150 euros por papeleta si corresponde a una liquidación física.

A los seguros contratados sin poseer papeletas se les llama CDS en descubierto, del ingles naked CDS.

Como estáis viendo, estos seguros de papeletas resultan ser bastante flexibles. Más aun, las cuotas que se pagan por dichos seguros pueden ser no fijas sino variables, y dan para muchas especulaciones que ahora mismo no vienen al caso.

Y a todo esto, aparece en el pueblo un menda que se dedica a ponerle nota a las diferentes papeletas. Este menda estudia el desarrollo de cada uno de los negocios emprendidos mediante financiación por papeletas, y si un negocio marcha viento en popa pondrá una nota alta a las papeletas asociadas a dicho negocio. Por el contrario, pondrá una baja nota a las papeletas de los negocios que marchen mal. De alguna manera, esta nota refleja la posibilidad de cobrar el dinero de las papeletas al final del año. El menda no suele tener problemas para acertar con la nota de las papeletas asociadas a un negocio en concreto, pero suele fallar cuando se trata de ponerle una nota global a los tacos de papeletas. Y es que son demasiados negocios de distinta naturaleza metidos en el mismo saco.

Estas son las agencias de calificación crediticia, que algunas veces se equivocan sin querer; y otras, sin querer queriendo.

Las notas que pone este menda sirven, entre otras cosas, para decidir cuánto se ha de pagar de cuota para cada seguro de papeletas contratado. Obviamente, los seguros para papeletas asociadas a negocios arriesgados tendrán una cuota mayor que los demás. También sirven para saber si se debe pedir más o menos dinero al final del año por una papeleta puesta en venta. No es lo mismo comprar una papeleta del idiota de Luis, que nada más anunciar su propuesta de negocio recibió una pésima nota por razones obvias, que comprársela a Pepe, ese hombre que sabe cual es el negocio más seguro del pueblo: montar un bar.

 

El germen de la debacle

Gracias a los seguros de papeletas y a la puesta en venta de tacos de papeletas, en nuestro pueblo se empieza a producir un peligroso fenómeno: la gente compra alegremente papeletas asociadas a negocios peligrosos, con bajísimas probabilidades de éxito. Otros compran tacos de papeletas sin saber muy bien lo que tienen dentro. Lo hacen porque creen tener las espaldas cubiertas pase lo que pase. Los que en su día fueron inversores precavidos, demuestran ahora una gran irresponsabilidad en la compra de papeletas. El gran problema es que algunos de esos inversores irresponsables son los banqueros del pueblo: no los que tienen bancos de inversión y trabajan con ciudadanos acaudalados, sino los banqueros de toda la vida que guardan el dinero de aquellos pequeños ahorradores que depositaron su confianza en ellos.

Pasado un tiempo, en el pueblo se llega a una situación absurda. Se han contratado tantos seguros, la mayoría de ellos en descubierto, que si se fueran a la ruina antes del año todos los negocios que se quisieron financiar vendiendo papeletas, las aseguradoras tendrían que pagar en indemnizaciones muchísimo más dinero que el valor total que suman todas las papeletas vendidas.

La situación resulta ser un pelín peliaguda, en tanto que las aseguradoras en realidad no tienen dinero con que pagar tales indemnizaciones.

Y es que los seguros de papeletas no han sido regulados por la Concejalía de Economía del Ayuntamiento. Así que las aseguradoras se dedican a vender seguros sin tener en la caja fuerte ni una mínima parte del dinero que tendrían que desembolsar a sus clientes en el caso de que, por ejemplo, la heladería de Luis se fuera al garete.

Esta graciosa situación se produce gracias a la desregulación del mercado financiero.

 

Notas finales

Se estima que el 80% de los CDS contratados son al descubierto. Muchos de los CDS contratados se utilizan para especular a corto plazo con las cuotas de los seguros (spreads). A finales del 2007, había CDS contratados por valor de 62,2 billones de dólares (un billón es un millón de millones). Esta cantidad era entonces superior al Producto Interior Bruto "PIB" de todo el planeta. Actualmente, la cantidad debe andar alrededor de los 30 billones de dólares. En marzo de este año, la Canciller alemana Angela Merkel dijo con respecto a los CDS al descubierto: “Estos CDS equivalen a comprar un seguro contra incendios para la casa del vecino para luego prenderle fuego y ganar con ello dinero”.

De incendiarios desalmados y confabulaciones para enriquecerse arruinando a todo un pueblo hablaremos en otra ocasión.

 

John Cobra vs José María Aznar


Muchas veces me pregunté cuáles pueden ser las razones, los porqués de la falta de educación de (muchos, muchísimos) los españoles que pululan por mi país. ¿Por qué somos así? ¿Qué trabajo nos cuesta saludar con un “Buenos días” o despedirnos con un “Adiós”? ¿Por qué cualquier ciudadano latinoamericano es muchísimo más educado que nosotros? ¿A qué se debe que tengamos tan mala fama por nuestra displicencia y dejadez en el trato? Supongo que habrá muchas respuestas para algo así. Yo tengo la mía...

Pienso que nuestros problemas se iniciaron en los años tumultuosos de los estertores de la dictadura de Franco, años de represión política, de falta de libertad de expresión, de religiosidad exacerbada, de desprecio al diferente. Era una España que vivía en blanco y negro. Una España que era como los televisores de la época: vieja, plana, sin brillo.

Con la llegada de la democracia y la libertad de expresión, en el tránsito entre lo grosero de una dictadura y lo civilizado de un estado de derecho, algunos, muchos, confundieron el legítimo privilegio a opinar con el (supuesto) derecho a decir lo que nos diera la gana, sin medir las consecuencias de nuestras palabras. Cualquiera de mis conciudadanos consideró normal tratar a sus convecinos como si todos fuéramos iguales, en plan “coleguilla; muchos olvidaron que la educación en el trato no está reñida con libertad en el trato. Algunos, demasiados, olvidaron que no todos somos iguales.

Obviamente, cuando digo que no todos somos iguales, no me refiero a que seamos distintos como clase social o por la función que desempeñamos en la sociedad. No, no me refiero a eso. Me refiero a que no somos iguales en cuanto a edades y nuestra situación personal en la sociedad.

No somos iguales cuando un chico de 15 años trata como si fuera otro chiquillo de su misma pandilla (de barrio) a un señor de 75 años; tampoco somos iguales cuando en un vagón de metro sigue sentada una chica de 15 años, mascando chicle, mientras viaja de pie una señora de 75 años o una mujer embarazada; no nos parecemos en nada cuando una persona se dirige a nosotros de “usted” y nosotros respondemos de “tu; no es sinónimo de libertad entrar en un comercio, no saludar y dirigirse al empleado o empleada en plan imperativo, como si aquello fuera nuestro y la otra persona nuestra esclava.

No, no es lo mismo.

Esa pérdida de valores y de educación es la que nos llevó a lo que ahora somos: un país lleno de gentes abruptas, toscas, groseras, ordinarias, cerriles. Resumiendo: un país sin educación cívica.

Ejemplo claro de que esto es así, de que hemos llegado a la cumbre de lo socialmente reprobable, de que ya nadie se libra del pecado de la ineducación, son los dos ejemplos de los que hablo a continuación.

Por un lado, en la foto, podéis ver a un ex presidente del gobierno de mi país: el insigne y nunca bien ponderado, José María Aznar.

Este personaje de corta talla física (pese a las vergonzosas alzaderas que mete en sus zapatos), que se las da de ultraliberal y neocon, de estar en posesión de la razón absoluta (señalado por el dedo de la infalibilidad), de ser un acérrimo defensor de los sacrosantos valores de la religión católica, es también el mismo fulano que después de impartir (más bien, repartir) una conferencia en Oviedo, y ante las quejas de parte del público por su defensa de la guerra de Irak y otros desmanes similares, no tuvo ningún tipo de reparo en poner duro el dedo corazón de su mano izquierda, haciéndoles, a sus detractores, “una peineta”.

Ver así, en actitud barriobajera y canallesca, a un personaje que alcanzó la más importante de las tareas de gobierno de un país de 45.000.000 de persona, nos permite entender más fácilmente el porqué otro fulano de aquí, de la España de los toros y la pandereta, el llamado John Cobra, no tuvo reparos en comportarse como se comportó.

El ser llamado John Cobra, un ex legionario fascista, tatuado a tutiplé y con varios piercings repartidos por su cuerpo, un fulano que no pasó de educación primaria (pese a que ser gratis el estudio de resto de grados) y que tiene el mismo sentido del ridículo que una lombriz, fue el protagonista de un bochornoso espectáculo que dio en TVE, en la televisión pública española (ver vídeo).

Este mamífero, al que la biología califica como bípedo (¿homo sapiens, tal vez?), se define a si mismo como cantante y showman. Se hace acompañar de una chiquilla de nombre Carol, a la que dice amar y respetar, pero a la le repartió, según denuncias en los juzgados, algunas manadas de hostias (violencia de género).

Este ser (¿humano?) tuvo el atrevimiento de concursar para ser el representante de España en el festival de Eurovisión. Obviamente, su espectáculo fue tan rematadamente malo y soez, que el público le increpó.

¿Cómo reaccionó este insigne catedrático emérito de educación y cultura? Pues más o menos como lo hizo José María Aznar, pero con más proliferación de ordinarieces: tocándose los huevos (con perdón), ofreciendo sus atributos de macho para el uso y disfrute del público masculino (supongo que también femenino) y expeliendo por sus fauces una enorme sarta de sandeces e improperios hacía el público que lo denigró.

¿Son muy distintos el llamado Aznar del llamado Cobra? ¿Acaso, no son similares sus actos y su falta de respeto hacia la gente? ¿Su ineducación viene de su época de estudiantes, quizá del mismo colegio religioso? ¿Fueron compañeros de pupitre o tuvieron al mismo confesor?

Estas y muchas otras preguntas se quedarán sin respuesta, pero la fundamental es otra: ¿Cómo vamos a ser más educados los españoles, si el que fue representante máximo de la dignidad de mi país se comporta como un vulgar pandillero de barrio? ¿Cómo vamos a ser más educados, si el “modelo” a seguir es alguien como José María Aznar? ¿Nos extraña que algunos españoles hagan lo que hacen, si tienen de modelo al maleducado, impresentable y pendejo de Aznar?

Así nos va…

Alfredo Webmaster

 

El insigne José María Aznar, profesor asociado de la Universidad de Georgetown (¡Manda huevos!, que dijo el miembro del Opus Dei, Federico Trillo), impartiendo clases de educación y civismo.

Obsérvese la cara de regocijo "educacional" del ex presidente del Gobierno de España

 El alumno aventajado de José María Aznar, el “ser” llamado John Cobra, dando muestras del aprovechamiento de las enseñanzas impartidas por el profesor asociado de la Universidad de Georgetown


 

La memoria del llanto


Por Francisco González Ledesma para elpais.com,  05/03/2010

Perdonen si empiezo con una confidencia personal: yo, que soy contrario a los toros, entiendo de toros. Durante años, cuando me recogieron en Zaragoza durante la posguerra, traté casi diariamente con don Celestino Martín, que era el empresario de la plaza. Eso me permitió conocer a los grandes de la época: Jaime Noain, El Estudiante, Rafaelillo, Nicanor Villalta. Me permitió conocer también, a mi pesar, el mundo del toro: las palizas con sacos de arena al animal prisionero para quebrantarlo, los largos ayunos sustituidos poco antes de la fiesta por una comida excesiva para que el toro se sintiera cansado, la técnica de hacerle dar con la capa varias vueltas al ruedo para agotarlo... Si algún lector va a la plaza, le ruego observe el agotamiento del animal y cómo respira. Y eso antes de empezar.

Vi las puyas, las tuve en la mano, las sentí. El que pague por ver cómo a un ser vivo y noble le clavan eso debería pedir perdón a su conciencia y pedir perdón a Dios. ¿Quién es capaz de decir que eso no destroza? ¿Quién es capaz de decir que eso no causa dolor? Pero, claro, el torero, es decir, el artista necesita protegerse. La pica le rompe al toro los músculos del cuello, y a partir de entonces el animal no puede girar la cabeza y sólo logra embestir de frente. Así el famoso sabe por dónde van a pasar los cuernos y arrimarse después como un héroe, manchándose con la sangre del lomo del animal a mayor gloria de su valentía y su arte.

Me di cuenta, en mi ingenuidad de muchacho (los ingenuos ven la verdad), de que el toro era el único inocente que había en la plaza, que sólo buscaba una salida al ruedo del suplicio, tanto que a veces, en su desesperación, se lanzaba al tendido. Lo vi sufrir estocadas y estocadas, porque casi nunca se le mata a la primera, y ha quedado en mi memoria un pobre toro gimiendo en el centro de la plaza, con el estoque a medio clavar, pidiendo una piedad inútil. ¡El animal estaba pidiendo piedad...! Eso ha quedado en la memoria secreta que todos tenemos, mi memoria del llanto.

Y en esa memoria del llanto está el horror de las banderillas negras. A un pobre animal manso le clavaron esas varas con explosivos que le hacían saltar a pedazos la carne. Y la gente pagaba por verlo.

El que acude a la plaza debería hacer uso de ese sentido de la igualdad que todos tenemos y darse cuenta de que va a ver un juego de muerte y tortura con un solo perdedor: el animal. El peligro del toreo, además de inmoral como espectáculo, es efectista, y si no lo fuera, si encima pagáramos para ver morir a un hombre, faltarían manos y leyes para prohibir la fiesta.

Gente docta me dice: te equivocas. Esto es una tradición. Cierto. Pero gente docta me recuerda: teníamos la tradición de quemar vivos a los herejes en la plaza pública, la de ejecutar a garrote ante toda una ciudad, la de la esclavitud, la de la educación a palos. Todas esas tradiciones las hemos ido eliminando a base de leyes, cultura y valores humanos. ¿No habrá una ley para prohibir esa última tortura, por la cual además pagamos?

Perdonen a este viejo periodista que aún sabe mirar a los ojos de un animal y no ha perdido la memoria del llanto.

Francisco González Ledesma es periodista y escritor

Un hermoso toro disfrutando de la libertad

En libertad...

Toros en libertad... condicional.

¿Armas de guerra? No, instrumentos de tortura

Una bonita foto del toro "disfrutando" de la corrida...

Agonizante... desangrándose.

El "valiente" muesta orgulloso su trofeo por la faena que le hizo al toro: le jodió la vida...

 

La culpa de la corrupción es tuya


Por Antonio Orejuela para publico.es, 10/04/2010

Tú coges a un militante del PP de Valencia y le robas la cartera con el dinero que acaba de sacar del cajero automático, y el tío te persigue hasta que te pilla. Lógico. A la gente no le gusta que le roben.

Lo que me parece raro es lo contrario, que pilles a un caco desvalijándote la casa y que en vez retorcerle el brazo, pienses que hay una conspiración contra el que te está levantando el televisor de plasma, y que el verdadero culpable eres tú.

Eso es más o menos lo que pasa con la corrupción política: nos roban y nos quedamos tan campantes. Nos quedamos tan campantes los que somos normales. Los anormales van un paso más allá y defienden al ladrón de su dinero.

Hay varias teorías para explicar esta reacción tan incomprensible, pero tan extendida en España. Una dice que aquí somos tan sectarios que aceptamos que nos roben si el ladrón es de los nuestros. No me la creo. Otra dice que la sociedad está corrupta y que los electores no penalizamos a los partidos envueltos en escándalos como la Gürtel, porque todos haríamos lo mismo en circunstancias similares. Esta hipótesis me la creo más, pero tampoco me convence.

La indiferencia ciudadana ante el caso Gürtel se debe a nuestro escaso sentido de lo público, a nuestra pésima educación ciudadana. Cuando Bárcenas quintuplica su patrimonio, nadie tiene la sensación de haber sido expoliado, por más que ese dinero provenga directa o indirectamente de las arcas públicas. En cambio, si Bárcenas nos atracara en un callejón oscuro sí montaríamos en cólera, aunque fuéramos del PP. ¿Por qué? Porque una vez que entregamos el dinero a Hacienda dejamos de considerarlo nuestro. Porque creemos tan poco en lo público, que nos damos ya por robados.

 

No está mal, sólo es ilegal


La joven Kamal Dhillon de 17 años jamás imaginó la repercusión que tendría su ensayo escolar para la clase de ética. Las alumnas de la Balmoral Hall School debían escribir un ensayo sobre un tema tan candente como las descargas de contenidos con derechos de autor en Internet y el artículo de Dhillon terminó ganando el concurso. El texto, titulado “No está mal, sólo es ilegal”, fue publicado posteriormente por el periódico local de Winnipeg, Canadá, y de ahí dio el salto al resto del país y a EEUU gracias a los agregadores de noticias, los blogs y las redes sociales.

Debido al interés despertado, ‘El Confidencial’ reproducirá de forma íntegra y traducido al castellano el artículo de Kamal Dhillon publicado en el ‘Winnipeg Free Press’. Asimismo, les recordamos que compartir o descargar archivos con derechos de autor en España no es ilegal; en EEUU sí.

MILLONES de personas, en su mayoría jóvenes aunque no todas, intercambian o descargan archivos. Las corporaciones multinacionales que comercializan este material no están satisfechas con cómo van las cosas. Sus beneficios se ven amenazados y ellos, a su vez, están amenazando con demandar, pidiendo grandes cantidades de dinero, a las personas que participan en el intercambio de archivos.

Yo estoy a favor de compartir archivos y creo que el intercambio de obras registradas con derechos de autor, probablemente produzcan, en general, más bien que mal para la sociedad.

En muchas zonas del mundo, por ejemplo, en los Estados Unidos, descargar o compartir este tipo de archivos es ilegal. Todo el mundo sabe que es ilegal descargar películas, juegos y música sin pagar. ¿Por qué, entonces, tantas personas ignoran las leyes de propiedad intelectual?

En parte, porque la gente se cuestiona si la ley que lo prohíbe se justifica moralmente. El hecho de que algo sea ilegal no significa que sea necesariamente inmoral. En todo el mundo, los jóvenes se están cuestionando los principios de las leyes que les prohíben compartir esos archivos. Se infringen las leyes de derechos de autor, en parte porque se cree que estas leyes son injustas.

Y no sólo pensamos que las leyes de copyright son injustas, también sabemos que es muy fácil  violarlas; y para los jóvenes y los estudiantes con poco dinero, a veces sin fondos, el atractivo de estos métodos, con posibilidades mínimas de ser capturado, es algo demasiado buena para dejarlo pasar.

Desde un punto de vista práctico, tratar de regular la distribución de estos materiales a través de Internet es un objetivo inalcanzable. No importa cuántas leyes se pongan en marcha, los avances tecnológicos desempeñados por los jóvenes hasta la fecha, demuestran que la juventud estará siempre un paso por delante de las autoridades. La industria puede conseguir enjuiciar y castigar a unas pocas personas, pero su éxito será de corta duración. Casi nadie se verá frenado por los procesos jurídicos, porque las posibilidades de ser capturado infraganti son mínimas.

Igual de importante, sin embargo, es que muchos jóvenes crean que es moralmente aceptable compartir música, películas y juegos con los demás. Las reclamaciones de una industria que se enfrentan a la ruina ignora el hecho de que compartir archivos representa también nuevas oportunidades (si fueran suficientemente inteligentes como para verlo). Hace veinte años la industria del cine se opuso a la introducción de los reproductores de vídeo. Fueron muy cortos de miras. Resulta que el vídeo era una de las mejores cosas que le podía suceder a la industria cinematográfica.

Recordemos, también, que una copia descargada no equivale necesariamente a una venta perdida. Gran parte del material que se descarga se prueba y se elimina posteriormente. Esto no implica que quien haya descargado algo habría estado dispuesto a pagar por ello si no hubiese estado disponible gratis en internet.

Los internautas están siendo amenazados por aprovecharse de una tecnología innovadora que nos permite disfrutar de la muestra y los medios de comunicación de forma gratuita, pero también estamos contribuyendo a las ventas de todos esos medios a través de métodos alternativos. Una publicación reciente, un estudio de hace tres años sobre el intercambio de música en Internet, concluyó que el 95% de todas las descargas son ilegales. Sin embargo, el negocio de la música digital en todo el mundo creció en un 25% en 2008 - el sexto año consecutivo en que ha aumentado. Compartir archivos, lejos de destruir la industria, puede salvarla. Y muchos artistas desconocidos tienen ahora al menos alguna posibilidad de ser escuchados. Lo mismo vale para aquellos que crean películas y juegos.

En Canadá, la descarga de material con derechos de autor para uso personal a través del intercambio, también conocido como peer-to-peer, es legal. Subir ese material a la red, sin embargo, no lo es. La legislación canadiense por lo tanto presenta una situación ‘catch-22’. Se permite descargar cuanto sea aunque tenga derechos de autor, pero la persona que lo hace posible subiendo ese material, está violando la ley.

Esto no tiene mucho sentido, sobre todo teniendo en cuenta que Canadá planteó al mismo tiempo un enfoque más realista, junto con al menos otros 25 países. Me refiero al canon que se les cobra a los consumidores sobre los medios de grabación, tales como iPods, reproductores MP3 y soportes vírgenes de grabación de audio como CD-R, en un esfuerzo por compensar a los artistas de los ingresos perdidos debido a la copia privada de los consumidores.

De esta manera, en Canadá se ha dado un paso hacia la búsqueda de un equilibrio razonable entre la protección de los titulares de derechos de autor sin minar la libertad de los consumidores para que descarguen obras con derechos de autor.

Como sociedad, tenemos que recapitular sobre las leyes de derechos de autor. Si yo compro un libro, y se lo presto a un amigo, ¿debe cobrárseme un canon a mí porque ellos han preferido no pagar por el libro? No, porque se considera un uso justo. ¿Qué pasa si en lugar de tener que quedar para prestarle el libro, le permito a mi amigo que se haga una copia para poder tenerlo siempre? Esto se considera una infracción de copyright, aunque las consecuencias de ambas situaciones son prácticamente las mismas. Y en el caso de que decidiera hacer copias del libro, y venderlas;  sería una flagrante violación de la ley y considerada como una ladrona. Ningún usuario del P2P está haciendo el dinero con el intercambio de archivos. Ya se trate de un grado de separación o de 1.000, si compartir es moralmente justificable en un caso, ¿por qué no está también justificado en otros casos similares? ¿Qué pasa con los préstamos de un CD o un DVD, o usar PVR? Tan pronto como algo que se lanza en el ámbito público, se considera "compartido", y si soy capaz de compartir con un amigo, por qué se convierte en malo si lo comparto con muchos?

Alguien crítico podría argumentar que un préstamo es diferente de una copia - Sin embargo, esta afirmación se basa en un mero tecnicismo. Si puedo acceder al material cuando quiera de forma gratuita, ¿qué más da si permanece en mi poder, o con un amigo? Tal vez ese alguien responderá que compartir un objeto física con un amigo cercano es completamente distinto a colgarlo en Internet para un número indeterminado de extranjeros que tendrán acceso. Pero, ¿es compartiendo archivos realmente la única manera de hacer esto? YouTube permite a los usuarios colocar fragmentos de películas y canciones enteras, para una audiencia mundial - de forma totalmente gratuita.

La sociedad se ha beneficiado en general de intercambio de archivos. La gente sin mucho dinero ahora puede disfrutar de la música y las películas. Artistas desconocidos han encontrado una audiencia. Artistas famosos todavía hacen mucho dinero de las giras. Y si la industria se adapta, seguramente también se beneficiarían.

Así pues, prohibir el intercambio de archivos nunca funcionará. Además, es injusto, incoherente e irracional".

¡Va por ti, Rosa Díez, alias “la peyorativa”!


Como en Galicia hay un refrán que dice: “Si no quieres caldo, toma tres tazas”, yo a ti, Rosa Díez, alias “la Peyorativa”, te voy a dar la tercera taza de hoy.

Como no vivo de la política ni milito en ningún partido (de izquierdas) concreto, me puedo permitir algunos lujos de libertad y transparencia que en otras circunstancias no serían posibles. Entre esos lujazos está poder airear tus traiciones al socialismo español, el papelón que estás haciendo como la mejor “tonta útil” de la derecha española (da gusto ver como te apoya Federico “Fede” Jiménez Losantos), tu doble juego de honrada defensora de la justicia y al mismo tiempo deshonrada acosadora del juez Garzón, y, sobre todo, esa chulesca prepotencia de portadora de los valores eternos del Rh negativo.

No creo que tu padre, un obrero metalúrgico socialista que pagó con la cárcel la defensa de la República Española, estuviera muy feliz de ver como te abrazas a lo más rancio y soez de los herederos de los mismos que le humillaron a él.

Pero bueno, Rosita, así es la vida de puñetera… como dice otro refrán, “en el pecado llevas la penitencia: de haber podido ser todo un referente para el socialismo vasco y el más firme apoyo para Patxi López, has alcanzado la gloria de ser, como te dije antes, la mejor de las “tontas útiles” del P.P. ¡¡Felicidades!!

Como gallego que soy, y gracias a ti, desde hoy empezaré a potenciar desde mí Web a la Coordinadora Galega de Equipos de Normalización de Dinamización Lingüística.

Alfredo Webmaster

 

 

 Campaña "Orgullos@s do noso, orgullos@s do galego" da Coordinadora Galega de ENDL, presentada por Martiño Rivas, Belén Regueira, Antón Reixa, Susana Seivane, Luis Tosar e María Castro, orgullos@s do galego ao 100%

 

 

A Rosa Díez y su (mala) lengua de trapo…


Desde siempre, Rosa Díez me pareció lo que es: una arribista, una cínica en el peor sentido de la palabra, una aprovechada en la más obscena de sus acepciones y un personajillo sin escrúpulos que vivió a costa del PSOE, exprimiendo, hasta sus últimas consecuencias económicas, su acta de eurodiputada.

Esta señora, que dice representar la decencia y la buena calidad en política, me ha insultado, me ha vilipendiado y me ha pisoteado como gallego. Y no se lo perdono.

Como soy rencoroso y cuando vienen a por mi, suelo responder, a esta Rosa Díez le voy a responder como se merece, y en caliente.

Imaginemos una escena en la que yo, Alfredo, estuviera siendo entrevistado por Iñaki Gabilondo.

Él, en su papel de entrevistador, me pregunta:

Gabilondo: - “Entorno a Rosa Díaz, una idea que la defina…”.

Yo le respondería:

Alfredo: - “Podría ser vasca... en el sentido más peyorativo del término”.

Obviamente, si nos pusiéramos a usar términos peyorativos para definir qué es ser vasco, o vasca como Rosa Díez, podríamos decir auténticas burradas sobre ellos, burradas que son producto de la misma incultura y soberbia que uso esta fulana para definir a los gallegos.

Por ejemplo, ¿Qué términos peyorativos podríamos decir de los vascos y vascas?:

 

- Que son reconocibles por su prominente apéndice nasal.

- Que son famosos por el uso, desmedido, de la coletilla “¿Y pues…?”.

- Que sus orígenes pastoriles y rupestres, hace que aún lleven la boñiga pegada en sus carnes.

- Que sus deportes más apreciados, altamente “intelectuales”, consisten en levantar grandes piedras para después volverlas a depositar en el suelo o cortar troncos al ritmo del txistu.

- Que son famosos por su desaforado machismo y por la costumbre que tienen sus hombres de reunirse, a solas, en locales cerrados para comer hasta reventar.

- Que sus mujeres, feas y frías como un témpano de hielo, han conseguido que el sexo sea un tema tabú… y poderlo disfrutar en pareja, casi un milagro.

- Que se creen poseedores de un Rh exclusivo y excluyente… pero la cruda realidad de sus orígenes genéticos les hace ser más parecidos a los bereberes que a los celtas o latinos.

- Que sus gudaris son muy echados "pa'lante"... salvo cuando llega una guerra civil, como la de 1936, cuando se ridieron antes de pegar un sólo tiro (los que no era requetés) o, como ahora, que matan por la espalda y salen huyendo como conejos. 

- Que son famosos por la capacidad que tienen para observar, sin inmutarse, como mueren asesinados a traición seres humanos inocentes... y siguen caminando como si nada hubiera pasado.

 

Ni que decir tiene que estos términos y expresiones sobre los vascos (y vascas), son lo que son: peyorativos. Usarlos para referirnos a un colectivo humano tan maravilloso como es el pueblo vasco, es un insulto grave que no se debe admitir jamás.

Por tanto, Rosa Díez, no vuelvas a usar peyorativos para responder a una pregunta: además de (des) calificarte (aún más) como política, te (des) califica mucho más (de lo que ya lo estás) como persona. Y, lo que es peor aún, te pueden responder con la misma moneda.

Alfredo Webmaster

 

 

 

Telebasura: pelea de “tits star”


No sé si será cierto eso que se dice tantas veces: el mejor reflejo de la realidad cultural de un país es el tipo de televisión que consume.

Si eso es cierto, ¡en que mal lugar quedamos!: en España, últimamente, los programas más vistos y seguidos son los que explotan hasta la saciedad el submundo de la telebasura.

Ver en una pantalla a personajillos inconsistentes que vulneran miserablemente derechos fundamentales o civiles, que airean impúdicamente su vida privada o la de otras personas, que usan un vocabulario soez, grosero, inculto y grotesco para insultarse entre ellos o a otros como ellos, que se mofan de la dignidad de las personas, que exhiben sin recato (moral) sus vergüenzas más obscenas para obtener notoriedad (entre los su misma calaña o ante los espectadores) a cambio de dinero o como parte de su trabajo, es una forma de subcultura absolutamente miserable y animal (irracional).

No sé cuántos de vosotros seguís programas de este tipo, ni sé si os gustan o no os gustan, pero presenciar el enfrentamiento entre dos ¿mujeres? siliconadas hasta el esperpento, carentes de la más mínima educación, sin ningún tipo de vergüenza o dignidad, peleando entre ellas a ver quién tiene el mejor culo (siliconado, claro), es un espectáculo absolutamente bochornoso y deleznable, a la par que inculto y primitivo.

Si este es el tipo cultura que estamos implantando en mi país, potenciándolo, apoyándolo y financiándolo mediante programas que cada día ocupan más espacio en los medios de difusión, va a llegar un momento que tendré que decir algo similar a lo que ponía una pintada en una pared del París del 68: “El último que salga, que apague la luz… que yo me voy antes”.

Alfredo Webmaster

 

 

Posdata: se llama “tits star” a las mujeres que adquieren su fama conforme van aumentando el volumen de sus siliconas.

 

 

Hay veces que siento dudas…


Lo reconozco: algunas veces borro mensajes excesivamente desagradables, inoportunos, zafios o xenófobos. Pero eso me hace pensar… y dudar.

Siento dudas: ¿Debo o no debo publicar todos los comentarios que me escriben? ¿Debo borrar algunos especialmente ofensivos o maleducados? ¿O quizá, haciendo uso de la libertad que impera en este blog, debería dejaros a vosotros, los que leéis esto, decidir qué es válido y qué no es válido?

Hace días, alguien, como siempre anónimamente, incluyó un comentario para publicar en unos de los textos que escribí, en concreto en el que se titulaba “Controversias. Una historia ética y jurídica de la fotografía”.

El comentario anónimo decía, lo trascribo literalmente:

“la gente sana y nuestra sociedad enferma. si mirais a los pueblos chirihuanos de sud america, que viven desnudos hace milenios, ellos no estan enfermos, pero nuestra sociedad si estaq podrida, empezqando desde las salvajes juezas, que han prostituido y hediondizado los juzgados con el negocio de la perversion de sus mentes y de sus propios chochos podridos , alrededor de la misma sociedad a la que esclavidan con sus hedores de injusticia y sus podredumbres de sentencian, que huelen a regla, a fetidez de cerebro agusanado, a frustraciuon ano cerebral, y a comida de caca en platos inmensos que se los zampan en los juzgados cochinos y asquerosos que hoy en dia exsiten en todo los palacios de injusticia de toda España. por culpa del nazifeminispmo pedorretas....”

Obviamente, lo que acabáis de leer es el comentario anónimo de un personaje anónimo, que usa el anonimato para escribir un texto infumable y profundamente desagradable.

Obviamente, también, lo que leísteis es el texto tal cual lo escribió este fulano (o fulana) anónimo, sin cambiar ni una coma ni una letra: palabra por palabra, zafiedad por zafiedad.

No valoro si es bueno o no que también tenga tantos errores ortográficos (yo también me equivoco, y mucho): eso es lo de menos, pero lo que si me asombra es su total ausencia de dignidad, moralidad y falta de respeto hacia las mujeres. Eso sí me solivianta.

Sé que hay textos en mi blog que son mejor recibidos que otros, y que algunos de mis escritos pueden resultar poco agradables para personas creyentes en religiones judeocristianoislamistas o de ideologías políticas que nada tienen que ver con la mía, pero lo que siempre debe primar en una relación humana es la educación.

Tu y yo (quien me está leyendo ahora) podemos disentir, incluso acaloradamente, pero siempre con suma educación y respeto… y al terminar nuestra sana discusión, despedirnos, brindar por la amistad y desear volvernos a ver.

Otra cosa distinta es lo que sucede con personas como la que hizo el comentario que leísteis: al ser alguien totalmente ineducado y zafio, no se merece mi respeto ni mi amistad. Punto.

Alfredo Webmaster

 

 

Fanatismo y religiosidad


Según el RAE, fanatismo es “la tenaz preocupación, apasionamiento del fanático”; si consultamos qué es un fanático, nos dice que es el “que defiende con tenacidad desmedida y apasionamiento creencias u opiniones, sobre todo religiosas” o el que está “preocupado o entusiasmado ciegamente por algo”.

Cuando pensamos en fanatismos, nos acordamos de algunos fanatismos concretos pero nos olvidamos de “otros” fanatismos menos visibles pero igual de reales. Hablo de los otros fanatismos ciegos, esos que no se ven a simple vista pero que también son dañinos y taimados. La ignorancia, el analfabetismo, la religiosidad y la misoginia son algunos de los factores que hacen aflorar a la superficie el animal fanático que muchos llevan dentro.

Cuando todo eso se mezcla y se “suelta”, pasa lo que pasa: asesinatos, penas de muerte, atentados, intransigencias, persecuciones, burkas y capirotes…

Cuando además de dar rienda suelta al fanatismo se mezcla con el derecho “divino” a disponer de la vida de la mujer como propiedad exclusiva del macho, ese cóctel explosivo lleva a que la mujer sea dañada irremisiblemente para toda su vida.

En las fotos que veréis a continuación, de extrema dureza, podréis observar los rostros deformados de mujeres atacadas con ácidos sulfúrico o clorhídrico en Afganistán, Bangladesh, Pakistán y algún que otro estado musulmán similar. ¿Su “delito”?: haber rechazado las proposiciones sexuales de un hombre o el arreglo económico de un matrimonio de conveniencia, algo habitual cuando se mezcla religión y represión.

Los atacantes rara vez son enjuiciados y menos aún conducidos a prisión; en muchas ocasiones los atentados son cometidos por sus propias familias.

Alfredo Webmaster

 

 

Irum Saeed de 30 años: por haber rechazado un matrimonio cuando aún era una niña, le quemaron los hombros y la cara.

Shameem Akhter, 18 años: después de ser violada de forma salvaje por tres jóvenes, le destrozaron su cara con ácido.

 

Nayaf Sultana, de 16 años: a la edad de 5 años, su padre le quemó la cara con ácido por que no quería tener niñas.

 

Shehnaz Usman, de 36 años: quemada con ácido por su familia después de negarse a un matrimonio de conveniencia.

 

Shahnaz Bibi, de 35 años: un familiar le arrojó ácido a la cara por que rechazó sus propuestas sexuales.

 

Kanwal Kayum, de 26 años: fue quemada por un joven al que rechazó matrimonio.

 

Fotos de otras mujeres que agredidas con ácidos

 

Declaración universal de los derechos humanos


Por si a alguno se le había olvidado, aún está en vigor, ojala que por muchos años, la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Alfredo Webmaster

 

 

 

Nacionalismos


Tres viñetas cargadas de realidad y sinceridad; reflejan de forma gráfica lo que pienso de los nacionalismos desde una óptica de izquierdas.

Alfredo Webmaster

 

 

El griterío


Por Elvira Lindo para elpais.com, 18/11/09 

Los amigos sensatos, a los que como yo asusta el griterío, me suelen alabar el gusto por vivir parte del año fuera de España, alejada de esa tendencia tan nuestra a convertir en exabrupto cualquier debate. Por suerte y por desgracia, la lejanía ya no es lo que era. Uno ya no se marcha a la manera machadiana, desnudo de equipaje, sino que se lleva a cuestas todo el griterío, metido en el ordenador diabólico. Y que conste que yo me llevo muy bien con el aparatillo: me permite trasladar mi profesión bajo el brazo y me ha creado vínculos de amistad con personas a las que de otra manera no hubiera conocido. Soy asidua visitante de blogs literarios, humorísticos, políticos, y comparto bromas con un círculo de ciberamigos a los que tengo en un altar.

Vivir fuera de España me ha permitido comprobar que la realidad a través del ordenador llega tremendamente distorsionada, porque lo que más rápido viaja es, sin duda, el griterío. En concreto, el griterío español, tan casposo y agresivo, ha encontrado en el ciberespacio su elemento. El griterío se manifiesta en revistas digitales, pero también en forma de libelo cibernético o de anónimo plagado de insultos. A veces, los insultos se rubrican con el sello de una formación política, lo cual dice mucho de cómo despachan algunos sus diferencias ideológicas. Son cosas muy antiguas, sólo que ahora viajan mucho más deprisa. Palabras como cerda, puta, fascista, progre abortista, pija socialista y qué sé yo, dan idea de la violencia interior que palpita en la mente de algunas personas.

La violencia verbal siempre hiela el corazón de los pacíficos, te hace presentir hasta dónde podrían llegar algunos seres humanos si pudieran. Por eso, hace falta volver, observar tu país no desde la pantalla del ordenador, sino a pie, donde compruebas que hoy, como en los treinta, la gente lo que quiere es vivir en paz.

 

“Τι είναι αυτό;” (¿Qué es eso?)


Una cámara recorre lentamente, de izquierda a derecha, un muro de piedra recubierto de enredaderas; acompañando el movimiento de la cámara leemos los créditos de este cortometraje:Τι είναι αυτό;” (¿Qué es eso?), de Constantin Pilavios.

Una puerta metálica deja entrever un jardín jalonado por un camino de losas de piedra; al fondo del jardín hay un banco, debajo de un gran árbol, en el que están sentados dos hombres, uno con un periódico en sus manos, joven, el otro, más mayor, con la vista perdida.

Cambia el plano; vemos el rostro del hombre de más edad, unos 70 años, con camisa y barbar blanca de dos días. El otro, de unos 30 años, ligeramente girado en sentido contrario al señor mayor, en actitud indiferente, leyendo absorto un periódico. El hombre de más edad está como ausente de lo que le rodea, con la mirada perdida; no sabemos si reflexiona, si escucha, si siente.

La cámara se aleja de ellos, dejándolos en la misma situación de antes: uno con la mirada perdida, el otro, aparentemente, leyendo el periódico…

Entra en escena un pajarillo: “Τι είναι αυτό;” (¿Qué es eso?), pregunta el señor mayor. “Un gorrión”, responde el joven…

Lo que sigue a continuación es tan emotivo, tan conmovedor, tan profundamente humano, tan lleno de cargas simbólicas, que difícilmente podremos evitar llorar: refleja nuestro presente (como somos ahora, jóvenes aún), pero también lo que podría ser nuestro futuro.

Alfredo Webmaster

Posdata: La enfermedad de Alzheimer (EA), también denominada mal de Alzheimer, o demencia senil de tipo Alzheimer (DSTA) o simplemente alzhéimer[1] es una enfermedad neurodegenerativa, que se manifiesta como deterioro cognitivo y trastornos conductuales. Se caracteriza en su forma típica por una pérdida progresiva de la memoria y de otras capacidades mentales, a medida que las células nerviosas (neuronas) mueren y diferentes zonas del cerebro se atrofian.

 

Créditos

Dirección: Constantin Pilavios

Protagonistas: Nikos Zoiopoulos y Panagiotis Mpougiouris

Guión: Nikos Pilavios y Constantin Pilavios

Dirección de fotografía: Zoe Manta

Música: Christos Triantafillou

Voz: Mariastella Tzanoudaki

Animación 3D: Giorgos Spiropouls

Sónido: Thodoris Babouris

Maquillaje: Zoe Notaras

Director asistente: Christos Zacharakis

Asistente de cámara: Fotis Skourletis

Médicos católicos


Por Joan Garí para elpublico.es, 17/09/09

El otro día leí que la Universidad CEU Cardenal Herrera pretende abrir en Castellón una facultad de Medicina para el curso que viene (2010/2011). También lo ambicionaba en Valencia, pero se le adelantó la Universidad Católica San Vicente Mártir. Unos y otros están como locos por conseguir sus facultades. Su objetivo está muy claro: quieren formar en ellas a “médicos católicos”, y por supuesto están encontrando en las autoridades valencianas los colaboradores necesarios para tan píos proyectos.

Médicos católicos. Cuando vi esta expresión en el periódico reconozco que me sorprendí, no sé si en un exceso de ingenuidad. Nunca se me hubiera ocurrido que pudiera existir semejante maridaje. Quiero decir que es obvio que hay médicos como también es obvio que hay católicos –ambas cosas perfectamente legítimas y respetables-, pero, ¿qué cosa puede ser un “médico católico”? ¿Alguien que, en lugar de antibióticos, recete dos padrenuestros? ¿Alguien que, ante la migraña persistente, recomiende fortaleza de ánimo para resistir el dolor? ¿Alguien que, contra el cáncer, enarbole la misericordia de Dios?

A lo mejor soy yo, que no estoy en la onda, pero “médico católico” me parece un oxímoron, algo parecido a “filósofo sofista”, “fotógrafo ciego” o “alcohólico abstemio”. Por supuesto, un científico puede tener creencias religiosas, pero pretender aplicar en su actividad diaria lo que escucha los domingos en misa me parece un despropósito temerario.

A un médico hay que pedirle que nos alivie las distorsiones del cuerpo. De las del alma ya nos ocuparemos fuera de la consulta, ¿no les parece?

 

El usted

Por Elvira Lindo para elpais.com, 23/09/2009

Los que abominan del "usted" por considerarlo carca no se acuerdan de aquella España popular en la que el "usted" se usaba con gracia y respeto. En Madrid, ciudad en la que el pueblo hablaba con cómica solemnidad, "señor" y "señora" se anteponían al nombre propio con gran desparpajo para darle categoría a la portera o al panadero. "La señá Lupe", "el señor Fidel". Ahora el "usted" parece tristemente perdido en la jerga zarzuelera. Hoy el "usted" da miedo. Tanto miedo da que la Comunidad de Madrid, que ha anunciado el propósito de elevar al profesorado al rango de autoridad pública, nos tranquiliza enseguida diciéndonos que eso no significará la vuelta del "usted". Asombra que nos parezca normal que vayan antes las medidas coercitivas que las de simple trato, que forman parte de esa pedagogía cotidiana que previene contra la brutalidad.

El debate educativo en España padece el mismo envenenamiento que casi cualquier asunto que precise un consenso social. Cada vez que se lee una columna o un editorial sobre la educación el periodista se cura en salud y pierde tres líneas aclarando que defender la autoridad no significa añorar el sistema represivo franquista. Qué pereza. El caso es que basta con visitar los liceos franceses para comprobar cómo los escolares se dirigen a sus maestros como Madame y Monsieur; en ese trato, contra lo que muchos españoles pudieran pensar, no hay una distancia antipática, sino cordialidad y respeto.

Perderemos el usted, a pesar de la avalancha de latinoamericanos que a diario nos lo regalan, lo perderán ellos para integrarse (como decía Rosa Montero), o, quién sabe, cabe la posibilidad de que en el futuro se imponga una vuelta a la delicadeza en el trato, incluso en el periodismo, donde yo lo echo de menos hasta en las entrevistas, que cada vez me parecen más charletas entre coleguillas.

 

Una justicia divina de la muerte

Por Manuel Seco, 21/09/09

Que se sepa, nunca hubo un congreso de fontaneros católicos, o de arquitectos católicos, o de cocineros católicos, porque ser católico es un ingrediente inútil para estas profesiones… también. Y sin embargo, este fin de semana hubo un congreso de juristas católicos en la sede de ese oxímoron llamado universidad católica San Pablo CEU.

El caso es que allí dio su lección magistral monseñor Rouco Varela para aconsejar a los juristas reunidos que “no se puede legislar en contra de la ley de Dios”, que, como todo el mundo sabe, está condensada en ese libro de disparates conocido como Biblia.

De ese congreso saldrán sin duda propuestas divinas para un nuevo Código Penal.

Por ejemplo, una simplificación del derecho, y no la actual sucesión engorrosa de normas que sólo sirven para torturar a los opositores a judicaturas: “Ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, golpe por golpe, herida por herida” (Éxodo 21:24-25).

Estos días pasados hablábamos de los problemas de la educación y la consiguiente falta de auctoritas del profesorado por culpa de que los niños de hoy no vienen educados de casa. He aquí el remedio en un futuro Código Penal elaborado por juristas católicos: “Si un hombre tiene un hijo obstinado y rebelde, que no escucha a su padre ni a su madre, ni los obedece cuando lo disciplinan, su padre y su madre lo llevarán a la puerta de la ciudad y lo presentarán ante los ancianos. Y dirán los padres a los ancianos: este hijo nuestro es obstinado y rebelde, libertino y borracho. No nos obedece. Entonces todos los hombres de la ciudad lo apedrearán hasta matarlo” (Deuteronomio 21:18).

¿Qué estamos dubitativos sobre la jornada laboral? He aquí la futura propuesta: “Trabajen durante seis días, pero el séptimo día, el Sábado, será para vosotros un día de reposo consagrado al Señor. Quien haga algún trabajo en él será condenado a muerte” (Éxodo 35:2).

La Ley del Divorcio ha atraído sobre nuestras cabezas tantos males, o más, que la del aborto. Matrimonios rotos por un capricho, familias destruidas por una decisión tomada a la ligera. Todo está previsto por los juristas católicos: “Si alguien comete adulterio con la mujer de su prójimo, tanto el adúltero como la adúltera serán condenados a muerte” (Levítico 20:10).

¿Y qué decir de los matrimonios gay, la mayor amenaza al santo matrimonio?: “Si alguien se acuesta con otro hombre como quien se acuesta con una mujer, comete un acto abominable y los dos serán condenados a muerte, de la cual ellos mismos serán responsables” (Levítico 20:13).

¡Cuánto ganará la justicia española cuando de una vez tomen el mando y la iniciativa los juristas católicos, convenientemente azuzados por Monse Rouco Varela!

 

Minibotellón


Por Elvira Lindo para elpais.com, 16/09/2009

Siempre dispuestos a fomentar la vida cultural, muchos ayuntamientos democráticos llevan años protegiendo el botellón, bien en su formato de botellón espontáneo, bien en un espacio acotado, el Botellódromo; han subvencionado a su vez fiestas tradicionales cuyo origen se remontaba a 10 años atrás; han protegido la llamada Tomatina, prodigio de expresión popular que ocupó este verano doble página en The Guardian con una foto de mozos trastornados revolcados en tomate. Sin duda, una gran tarjeta internacional de presentación. Se ha subvencionado hasta el arte del graffiti, siempre y cuando el mensaje callejero fuera escrito en la lengua vernácula. Se han subvencionado los encierros y los festivales de música de tres días a la vera de zonas vecinales. La democracia ha subvencionado la fiesta, pero sólo un tipo, la que divierte a la parte más ruidosa y desconsiderada de la población. Cuando en los noventa algunos escribíamos sobre el botellón que asolaba el centro de Madrid, con el consiguiente espectáculo de bebedores, meadores e incluso fornicadores a la vista de cualquiera, era inevitable ser tachado de aguafiestas. Hubo hasta el inevitable manifiesto de intelectuales defendiendo la juerga.

Dentro del abanico de tradiciones inmemoriales que los ayuntamientos protegen nunca han contemplado la más auténtica y pacífica de ellas: tomar el fresco. La imagen más cruel que me deja el verano en la memoria es la de tres abuelas, en un pueblo que puede ser cualquiera, sentadas a la puerta de su casa, tratando inútilmente de disfrutar de su sagrado momento de charla y relajo, mientras un minibotellón de unos 20 niñatos, con amplificación musical incluida, profanaban su paz. Como la música (por llamarla así) les hacía imposible charlar, las abuelas meditaban con la mirada perdida, resignadas, conscientes de su desprotección.

 

Educación


Por Elvira Lindo, para elpais.com, 09/09/09

NO SE DESALIENTE: no tenemos la educación pública que quisiéramos (a pesar de la aireada campaña "ni un niño sin ordenador") pero usted puede enseñar a su hijo a no despreciar el conocimiento. No se desanime: es probable que la buena educación le haga sentir a su hijo como un raro en determinados ambientes, pero superados esos desajustes no habrá en el futuro estrés postraumático. No deje para otros lo que puede hacer usted; no tiene por qué esperar, por ejemplo, a que en los colegios se enseñe a comer saludablemente; sienta como una vergüenza personal que en un país mediterráneo como el nuestro haya niños obesos; actúe, no es tan difícil, se trata sólo de enseñarles a comer como Dios. No se acompleje; no pasa nada porque vigile de cerca a su hijo adolescente, se ha hecho toda la vida sin pensar que se atentaba contra ningún derecho fundamental.

No tenga miedo a racionar la televisión. No tenga miedo a asomarse a la habitación de su hijo, no se trata de espiar sino de proteger. No quiera ser como su hijo, no se juvenilice, él necesita sentir que está guiado por adultos. No tema decirle que está en contra del botellón y de los encierros, es bueno que él sepa lo que usted los detesta. Y por supuesto, no se apunte a un encierro por acompañar al niño, ahí sí que está usted perdiendo la cabeza y adiestrándole en la brutalidad.

Hágale saber que tiene deberes con la sociedad, y si no quiere usar la palabra "sociedad", por ser algo abstracta, hágale saber que tiene deberes con seres concretos. No se deje estafar por esta especie de catastrofismo que nos arroja a pensar que, como todo es un desastre, nosotros, individualmente, no podemos hacer nada.

Su desánimo tiene un componente de imperdonable pereza: si ha tenido hijos, sea padre, sea madre. ¡Ejerza! La mejor herencia que podemos dejar en este mundo grosero es la buena educación.

 

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