La vuelta atrás, al recuerdo de un valiente luchador que se fue demasiado pronto desde demasiado lejos, me llevó a escuchar de nuevo su canción más bella, más sentida, más sublime: “Ausencia”.
Imanol, nombre popular con el que se conoce a Imanol Larzabal Goñi, nació en San Sebastián (Guipúzcoa, País Vasco, España) en el año 1947. Después de pasar por ETA, de sufrir varios años de cárcel durante la dictadura de Franco, el exilio durante la dictadura, de haber militado en Unificación Comunista y de rondar el PSOE, en el año 2000 tuvo que huír del País Vasco después de casi cuatro años ininterrumpidos de amenazas, agresiones, atentados a sus propiedades, pintadas con su nombre escrito en dianas de tiro, suspensión arbitraria de conciertos, las cobardías de amigos y allegados que no supieron defenderle ni apoyarle, y el total y absoluto desprecio por parte del PNV y el resto de partidos nacionalistas, a raíz de su participación en el homenaje que se le hizo a Yoyes (Dolores Gonzalez Katarain, exdirigente de la organización terrorista ETA, a la que asesinaros sus propios compañeros por haber abandonado la lucha armada) en el año 1986.
Así era él, un vasco de pura cepa, enorme y campechano, un muchachón que jamás tuvo miedo ni reparo en defender sus ideales, primero contra el dictador Franco y después contra la barbarie de los encapuchados etarras que sólo saben usar el 9 × 19 mm Parabellum.
Pese a que su imagen y su lucha contra ETA y su entorno fue usado por algunos de forma indeseable (el PP y sectores radicales de víctimas del terrorismo) para “arrimarla ascua a su sardina”, a estas alturas de la vida ya sabemos distinguir las voces de los ecos… e Imanol era (es) una voz, quizá la más poderosa y valiente de todas las que salieron exiladas del País Vasco.
El 25 de junio de 2004, mientras preparaba un concierto-homenaje a los republicanos españoles en Orihuela (Alicante, España), homenaje del que tengo el CD y vídeo de las actuaciones (ya faltaba él…), sufrió repentinamente un derrame cerebral, muriendo a los dos días, el 26, lejos de su tierra, exilado dentro de su propia patria, lejos de sus raíces, olvidado por el mismo pueblo al que él tanto defendió.
De los silencios ignominiosos e inmorales de una parte de la sociedad vasca, sirva de ejemplo el texto que sobre este insigne cantautor publica la página web de un organismo público vasco (la Fundación de Eusko Ikaskuntza-Sociedad de Estudios Vascos) financiado con fondos públicos de todos, incluido yo (y tu, que lees este texto). Si lo queréis leer, entrad en la dirección: Euskomedia – Kultura Topagunea. Ahí podréis descubrir como después de hacer un recorrido por su vida resaltando, sobre todo, su actividad más nacionalista, los datos llegan justo hasta el año 1986, fecha en la que Imanol participó en el homenaje a Yoyes, la exterrorista arrepentida… y desde esa fecha hasta su muerte (18 años después), nada. Silencio. Ostracismo. Desprecio. Olvido vergonzoso. Miseria moral.
Obviamente, viendo como se comporta un organismo público vasco pagado con (mis) impuestos, una entidad que debería ser imparcial, neutral y defensora de todos por igual, incluidos los no nacionalistas, entiendo perfectamente que Imanol huyera: vivir así, sin libertad de pensamiento, es imposible vivir.
Su última obra, inacabada, iba a ser un disco de canciones de cuna en diversos idiomas, un reflejo de su cariz más humano y su bonhomía.
El vídeo es un montaje que incluye la hermosísima canción “Ausencia”, escrita a raíz del exilio de Imanol al huír del País Vasco (en el norte de España) a Alicante (en el sur de España), en el que la música va acompañada de las imágenes de uno de los pocos homenajes que le hicieron algunos amigos en San Sebastián (País Vasco, España), en el año 2008, ya muerto.
Siempre quedará en mi recuerdo su vozarrón insustituible e inolvidable.
El tema empieza con el sonido típico de una balada romántica y cierto aire porteño, con reminiscencias de acordeón, con Joaquín tocando la guitarra acústica y recitando palabras que dejan entrever que podría haber un final feliz: “Acórtate la falda nueva; despiértate al oscurecer; túmbate al sol cuando llueva; no desordenes mi taller”.
Poco a poco van entrando los componentes del grupo madrileño Pereza, Leiva y Rubén… y la balada coge fuerza roquera y vibra con desánimo y dolor, de huída en pos de la libertad (¿salvación?): “Pero esta noche estrena libertad un preso; desde que no eres mi juez. Tu vudú ya pincha en hueso, tu saque se enredó en mi red”.
Todo termina con una frase lapidaria: “Que sepas que el final no empieza hoy”.
La estética del vídeo es parca en elementos superfluos, pero ajustada al mensaje (en fondo y forma) que quiere transmitir la canción: una despedida, un final.
Joaquín Ramón Martinez Sabina, más conocido como Joaquín Sabina, es un madrileño de pura cepa que, por un error cometido por aquellas “cigüeñas” de nuestra infancia franquista, nació en Jaén en el año 1949.
A la edad en la que la mayoría de los españoles empezábamos a sentir el paso de los años, él hacía poesías sonoras de 200 segundos; y aún ahora, con sesenta años ya cumplidos, sigue deleitándonos con obras de una belleza inigualable y de una profundidad sentimental insondable.
Sus textos hablan de las calles, de la soledad, de las miserias cotidianas, de las verdades escondidas, de las mentiras públicas y privadas, de los mitos y desdichas de la pareja. Pero, de igual modo, también es el autor que mejor interpreta sentimientos y amores, con momentos de pasión sublime que envidiamos.
Una de esas canciones del alma, para el alma, de sentimientos y amores, es la que presento hoy: “Contigo”, incluida en su disco “Yo, mi, me, contigo” del año 1998.
Con voz nicotinada, rasposa, aguardientosa, de tonalidad difusa, vestido de oscuro, con su sempiterno sombrero de bombín, Sabina nos desgrana en la canción unos versos que no tienen errores, de obsesivo romanticismo (no meloso, no empalagoso), violenta en su planteamiento pero no agresiva, dura pero bella, cargada de sentimientos. Es, casi con seguridad, una de las mejores canciones de amor jamás escritas, una auténtica declaración de pasión, de entrega incondicional al ser amado.
Cuando mi hija Ana me preguntaba cómo distinguía una buena de una mala película sólo con ver los primeros minutos, siempre le respondí lo mismo: “Si la banda sonora me llena, me hace sentir bien, me hace vibrar, sé, como mínimo, que la película no va a ser mala; si el resultado final, una vez visto todo el metraje, es un filme magnífico o una obra maestra, va a depender de más factores además de la música: el director, el guión, los actores, la fotografía, el presupuesto, etc.".
Hay películas de las que sólo recordaré su banda sonora, y sólo eso, que no es poco: al menos intentan agradar. Otras, en cambio, las recuerdo por que son el compendio de muchos factores unidos, y ahí radica la excelencia. Es el caso de la canción "You're so cool!" del gran Hans Zimmer.
Esta canción está incluida en la película de 1993 “True Romance” (en España: “Amor a quemarropa”) del director Tony Scout, hermano de Ridley Scout.
Si ya de por sí la película es una magnífica obra sobre el desarraigo, la soledad y la lucha por la felicidad, también es un filme profundamente romántico: si somos capaces de convivir con la sangre y el dolor de muchas escenas, es una obra de una sensibilidad extrema.
No sé a vosotros, pero a mí escuchar esta canción, más evocadora de paisajes del Pacífico Sur que de una historia de gángsters, drogas y macarras de novelas pulp, me produce una profunda nostalgia y una ganas enormes de colaborar con los protagonistas en su frenética huída…
La canción también me trae recuerdos nostálgicos de aquella maravillosa película de 1973 de Terrence Malick, titulada “Badlands” (en España: “Malas tierras”), con unos jovencísimos MartinSheen(*) y SissySpacek.
“True Romance” es, seguramente, una de las mejores películas de acción/romance de los últimos 25 años.
Alfredo Webmaster
Nota: Martin Sheen, cuyo nombre real es Ramón Antonio Gerardo Estévez, no es yanqui al 100%: Martin es gallego, tiene casa y residencia eventual en un pueblecito de la provincia de Pontevedra que se llama Salceda de Caselas. Allí lo vi una vez al finalizar una ruta de senderismo, no hace mucho tiempo, sentado en el (casi) único bar del pueblo, confundido en medio de los lugareños. Su estampa era la de una persona real, próxima, afable, sencilla.
"You're so cool!" de Hans Zimmer (1993)
B.S.O. de "Badlands", de Terrence Malick, por Carl Orff - Gassenhauer (1973)
De otra película maravillosa, inconmensurable, de una poderosísima fuerza y vitalidad, pero también profundamente triste, dolorosa, descorazonadora, es este bellísimo canto infantil originario de las Islas Salamon e incluido en una obra maestra del cine bélico, o, mejor dicho, del antibélico: “God Yu Tekem Laef Blong Mi”, canción que podéis escuchar en la película “The Thin Red Line” (en España: “La delgada línea roja”) de Terrence Malick.
En esta película, en la que su banda sonora también es de Hans Zimmer, intervienen como protagonistas casi todos los mejores actores de los últimos 50 años: Sean Penn, Adrien Brody, James Caviezel, Ben Chaplin, George Clooney, John Cusack, Woody Harrelson, Elias Koteas, Jared Leto, Dash Mihok, Tim Blake Nelson, Nick Nolte, John C. Reilly, Nick Stahl, John Travolta, Randall Duk Kim y John Savage.
Terrence Malick sitúa la acción en los paisajes más bellos y idílicos nunca vistos en una película de guerra, de fuego, de muerte. Las imágenes son un canto desesperado a la naturaleza, a la pureza primitiva del ser humano, pero también implican una profunda reflexión sobre la maldad inherente a la condición humana y su tendencia a la autodestrucción.
La guerra que vemos no incluye los valores que nos vendían películas como “Salvar al soldado Ryan” o similares; aquí vemos la guerra como una máquina que deshumaniza a las personas, que las convierte en bestias insensibles, que ensucia y degrada la naturaleza y, a la postre, destruye la pureza del mundo. Es un filme en la línea del Apocalypse Now de Francis Ford Coppola.
La frase que el soldado Witt, personaje interpretado por James Caviezel, piensa para si mismo en un momento del filme, es muy clarificadora: "Todo es mentida. Todo lo que sentimos, lo que vemos. ¡Cuántas mentiras escupen! (...) Nos quieren muertos o viviendo su mentira. Lo único que puede hacer aquí un hombre es encontrar algo que sea suyo, crear una isla sólo para él"... mientras piensa escucha las arengas militaristas del teniente coronel Tall (interpretado por un grandioso Nick Nolte), un ser lleno de ambición, de sed de glorias guerreras y de brutalidad, un personaje que contrasta con los miedos, las angustias y el dolor de los que no entienden porqué deben matar a sus semejantes o porqué tener que destruir el paraíso en donde están recluidos.
La música es el vivo reflejo de las vivencias de estos seres tan dispares: el reflejo de la paz y la tranquilidad de la naturaleza, y el (im) perfecto contrapunto con lo que hay fuera de ese límite físico y temporal.
Alfredo Webmaster
“The Thin Red Line” y otras canciones, por The Melanesian Choirs
Una de las canciones más sensuales, suaves, deliciosas y ensoñadoras jamás escritas, es este tema de Luis Eduardo Aute: “El universo”.
Aute, un cantautor de referencia en la historia de España, es uno de los más completos artistas del panorama actual. Es la personificar el Arte con mayúsculas, un creador capaz de ser excepcional en la pintura, expuso por primera vez en el año 1960, en la música, dio su primer concierto en 1966, el cine o la literatura.
Sus poesías, intimistas, oníricas y sumamente eróticas, son capaces de transportarnos al relajante ambiente de una penumbra, acomodarnos plácidamente al calor de una chimenea o hacernos sentir el sonido gutural de una voz suplicante o ansiosa. O, si el ambiente lo requiere, hacernos imaginar el frescor de unas aguas cristalinas, las blancas arenas de una playa bajos nuestros pies, el dulzor de la dulzura… como cuando oímos la canción que hoy os propongo, “El Universo”.
Alfredo Webmaster
“El Universo”, de Luis Eduardo Aute
La noche era una llama la Luna estaba tierna agosto era un suspiro de calidas estrellas
El mar se deshacía mojando tus caderas la arena entre tus labios jugaba con mi lengua.
Y empapados de agua y Luna enlazados cuerpo a cuerpo recorrimos las espumas hasta el fin del Universo donde nace el Universo cuando estalla el Universo … el Universo...
Tu piel eran chispazos de mil aguamarinas tus pechos me miraban como ávidas pupilas.
Tus muslos extendidos tenían cierta prisa tu pubis era un beso fundido en mi saliva.
Y empapados de agua y Luna enlazados cuerpo a cuerpo recorrimos las espumas hasta el fin del Universo donde nace el Universo cuando estalla el Universo … el Universo...
Sentí que me sentías meciéndote por dentro las olas eran ritmos del mismo movimiento.
Disuelto en tus entrañas de líquidos secretos desentramaba el nudo de Dios y su misterio.
Y empapados de agua y Luna enlazados cuerpo a cuerpo recorrimos las espumas hasta el fin del Universo donde nace el Universo cuando estalla el Universo … el Universo...
Agustín García Calvo es el autor de magníficos poemas, pero ninguno como su “Libre te quiero”.
Este breve pero intenso poema es un canto a la libertad absoluta y uno de los textos más hermosos de la lengua española.
Si el poema ya era sublime por si mismo, con la música, la voz y la sensibilidad de alguien como Amancio Prada, “Libre te quiero” se convierte en un prodigio de belleza plástica.
Alfredo Webmaster
“Libre te quiero”, de Agustín García Calvo
Música y voz de Amancio Prada (disco “Canciones de amor y celda”)
Libre te quiero, como arroyo que brinca de peña en peña. Pero no mía.
Grande te quiero,
como monte preñado
de primavera.
Pero no mía.
Buena te quiero,
como pan que no sabe
su masa buena.
Pero no mía.
Alta te quiero, como chopo que al cielo se despereza. Pero no mía.
Del concierto que dio hace tres años en Vigo, en el Festival Sonora, me quedó el recuerdo de su proximidad, de su locuacidad y de su desbordante caudal vocal, una extraña mezcla de barítono y bajo.
El tiempo transcurrido desde aquella primera actuación en Galicia le sirvió a Micah P Hinson para madurar como compositor, ganar en locuacidad (¡Cuánto –y bien- hablas, Micah!) y verle, sobre todo, feliz: tenía a su pareja cerca, justo detrás de mí. Se les veía totalmente enamorados, con miradas y confidencias que compartió con nosotros, denotaron su bien merecida estabilidad emocional.
En le escenario es el rey; no necesita ningún acompañante salvo su guitarra acústica que toca magníficamente bien, una guitarra ajada por mil usos y en la que tiene plasmada su declaración de principios, la famosísima frase con la que Woody Guthrie definía a su guitarra: una máquina para matar fascistas.
De su voz, poco que decir: profunda, con imperfecciones tonales, sentida, dolorosa, sensible, apasionada, dulce incluso. Su gravedad, su profundidad viene desde dentro de un cuerpo escuchimizado, frágil, un cuerpo dañado por los accidentes y un reguero de recuerdos de las malas vidas vividas.
Verlo en directo, justo a pié de escenario, es una experiencia gozosa y reconfortante, un acto de reconciliación con los músicos que viven la música como alimento vital, sin la parafernalia de las tournées multimillonarias o los conciertos de masas. Micah es el vivo reflejo de la calidad, y calidez, humana.
Como anticipo de la actuación que Micah P. Hinson hará en la Sala Mondo, de Vigo (para presentarnos su último trabajo “The Pioneer Saboteurs”), hago una pequeña inclusión en la Gramola de las (desafortunadamente) escasísimas canciones que Micah incluyó en el disco grabado en directo “The surrendering”: sólo son 6 canciones… ¡¡Pero qué canciones!!
Michael Paul Hinson (30 de marzo de 1981, Memphis, Tennessee) es un cantautor y guitarrista americano muy en la línea indie, con bastante de americana y reminiscencias de country-rock, en un (maravilloso) batiburrillo de estilos que llevo a los críticos a considerarlo una mezcla de los Wilco con Neil Young, de la parte menos rockera de Bob Dylan con los aires oníricos y sentimentales de un Nick Drake, y todo ello con las letras batalladoras y reivindicativas de un moderno Woody Guthrie. ¡¡Casi ná!!
Nacido en el seno de una familia de tremendas convicciones religiosas integristas, la infancia de Micah estuvo marcada una total falta de libertad para desarrollar su vena musical.
En su intento por liberarse del pesado yugo familiar y poder vivir su vida, se fue de su casa… De nada le sirvió quedar libre de la familia: cayó bajo la influencia de una mujer mayor que él, una especie de femme fatale exmodelo de Vogue, que le introdujo en las drogas y el alcohol.
Ésta, viuda del guitarrista de los Tripping Daisy, era una yonqui enganchada al alcohol, al valium, a la cocaina, codeína, ansiolíticos y a drogas de diseño, que llegó a que Micah también entrara en su círculo de consumo.
En una redada realizada en la vivienda que ocupaban, fue capturado y condenado a prisión por, además de posesión y consumo de drogas, falsificar recetas de medicamentos.
Y la vida siguió… y en 2003 su vida dio un giro inesperado: grabó su primer disco, “The Gospel of Progress”, en Inglaterra, para la compañía Scetch Book Records, e hizo su primera gira como telonero de nada menos que los Calexico.
El disco, un pequeño fracaso de ventas, fue un exitazo entre los críticos y entendidos, que alabaron su frescura y su capacidad para unir estilos tan distintos/similares como el indie o el alt-country.
Está considerado el heredero musical y evolucionador del estilo de gentes tan dispares como Johnny Cash, Leonard Cohen, Tom Waits, Nick Cave, de Wilco, Lambchop o Bright Eyes.
Un dato curioso: todos los coros de sus discos están cantados por él mismo con diferentes entonaciones, llegando en algunas canciones a tener hasta 15 pistas con la voz de Micah al mismo tiempo.
Micah tiene clase, talento y carisma. En sus directos toca hasta que le dejan: se despide, coge sus cosas, saluda a la gente de las primeras filas y se marcha dejando en el ambiente de sus oyentes la sensación de haber sido testigos de algo diferente al músico clásico; Micah es el antiheroe del glam.
Pese a su escasa discografía, es un autor a seguir muy de cerca: llegará lejos (al menos para unos pocos privilegiados).
Alfredo Webmaster
"Beneath the Rose", de Micah P. Hinson
"Seems Almost Impossible", de Micah P. Hinson
"Yard Of Blonde Girls", de Micah P. Hinson
¿Cómo funciona la Gramola?
El módulo de la Gramola está situado arriba, en la parte de la derecha de la página. En ese módulo tengo incluidas las canciones de los grupos musicales que deseo que conozcáis.
Podéis escuchar la música más cómodamente con las instrucciones que os doy a continuación:
- Lo primero, pulsad el botón extensible que está a la derecha en la parte alta de la Gramola, en el espacio en donde figuran los nombres de los grupos musicales.
- Al pulsar el botón aparecerá una lista de grupos: Arias de ópera, Arias sacras, Cowboys Junkies, Eva Cassidy, Flamenco y jazz, Fabrizio de André… hasta llegar al final, a Villancicos y danzas criollas.
- Situad el ratón encima del cantante o grupo que deseáis oír; a continuación pulsad encima del nombre elegido.
- Una vez que esté pulsado el nombre, el navegador se actualizará automáticamente y la Gramola se posicionará en el cantante o grupo que habéis elegido.
- Y ahora viene lo más importante: pulsad en donde dice “Popup player”. Al hacerlo, se abrirá una pequeña ventana de navegador que os permitirá escuchar la música y al mismo tiempo seguir leyendo el blog de forma independiente.
- Obviamente, yendo de grupo en grupo podréis escuchar toda la música que seleccioné.
Hace muchos años, ¡¡Cuántos años!!, la buena música que escuchábamos tenía sentido y trascendencia, era lo que en aquellas épocas se llamaba música con “mensaje” o “canción protesta”, y la interpretaban personas normalmente con barba, ropas nada “pijas” (ver nota), aires distendido y ganas de cambiar el mundo.
La música y las letras no se entendían como algo que sólo servía para pasar el tiempo: las canciones eran el vehículo para que los tiempos fueran llegados (como dice el himno gallego en “Os tempos son chegados”, de Eduardo Condal), como método de agitación de conciencias y motivación política.
Una de las canciones de aquella época más motivadoras y cargadas de simbolismos revolucionarios se llamaba “A cántaros”, de extremeño Pablo Guerrero (1946- ). Era el grito de lucha por la libertad en la España del dictador y asesino Francisco Franco, el personaje más deleznable (¡Y mira que hubo muchos!) de los dos últimos siglos de mi país.
El vídeo es del año 1977 y fue grabado en el concierto del Teatro Alcalá de Madrid. Al lado de Pablo Guerrero están sus compañeros de lucha Nacho Sáez de Tejada, Juan Alberto Arteche y Miguel Angel Chastang.
Letra “A cántaros”, de Pablo Guerrero
Tú y yo muchacha estamos hechos de nubes
pero ¿quién nos ata?
Dame la mano y vamos a sentarnos
bajo cualquier estatua
que es tiempo de vivir y de soñar y de creer
que tiene que llover
a cántaros.
Estamos amasados con libertad, muchacha,
pero ¿quién nos ata?
Ten tu barro dispuesto, elegido tu sitio
preparada tu marcha.
Hay que doler de la vida hasta creer
que tiene que llover
a cántaros.
Ellos seguirán dormidos
en sus cuentas corrientes de seguridad.
Planearán vender la vida y la muerte y la paz.
¿Le pongo diez metros, en cómodos plazos, de felicidad?
Ismael es un cantante mucho más joven que Pablo (1974- ), casi treinta años menos, pero tiene el mismo afán de lucha y el constante recuerdo, pasado por el tamiz del pop y la juventud, por los que quedaron en el camino defendiendo la República y la democracia, machacados por las hordas fascistas.
En todos sus conciertos, a uno de ellos tuve el placer de asistir, siempre hay un tiempo para recuerdar el pasado vivido en la España de la guerra y posguerra civil (de 1936 a 1939 y de 1939 a 1975).
Es el continuador de una saga de cantautores que ayudaron a la libertad, uno de los que no abandonaron el barco en busca de las comodidades del apalancamiento. Es el continuador de la lucha por no olvidar lo que aquí pasó y la piedra de toque de los vergonzosos desmemoriados que pretenden dejar enterrados en las cunetas a miles de nuestros conciudadanos.
Letra “Papá cuéntame otra vez”, de Ismael Serrano
Papá cuéntame otra vez ese cuento tan bonito
de gendarmes y fascistas, y estudiantes con flequillo,
y dulce guerrilla urbana en pantalones de campana,
y canciones de los Rolling, y niñas en minifalda.
Papá cuéntame otra vez todo lo que os divertisteis
estropeando la vejez a oxidados dictadores,
y cómo cantaste Al Vent y ocupasteis la Sorbona
en aquel mayo francés en los días de vino y rosas.
Papá cuéntame otra vez esa historia tan bonita
de aquel guerrillero loco que mataron en Bolivia,
y cuyo fusil ya nadie se atrevió a tomar de nuevo,
y como desde aquel día todo parece más feo.
Papá cuéntame otra vez que tras tanta barricada
y tras tanto puño en alto y tanta sangre derramada,
al final de la partida no pudisteis hacer nada,
y bajo los adoquines no había arena de playa.
Fue muy dura la derrota: todo lo que se soñaba
se pudrió en los rincones, se cubrió de telarañas,
y ya nadie canta Al Vent, ya no hay locos ya no hay parias,
pero tiene que llover aún sigue sucia la plaza.
Queda lejos aquel mayo, queda lejos Saint Denis,
que lejos queda Jean Paul Sartre, muy lejos aquel París,
sin embargo a veces pienso que al final todo dio igual:
las ostias siguen cayendo sobre quien habla de más.
Y siguen los mismos muertos podridos de crueldad.
Ahora mueren en Bosnia los que morían en Vietnam.
Ahora mueren en Bosnia los que morían en Vietnam.
Ahora mueren en Bosnia los que morían en Vietnam.
El tiempo pasa, pero los sueños no realizados aún perduran.
Alfredo musicayvino.com
Nota: los “pijos” españoles tienen sus contrapartes en otras partes del mundo; o sea, en México se llaman los “fresas”, los “chetos” en Paraguay, Argentina y Uruguay, los “gomelos” en Colombia, los “cuicos” o “pelolais” en Chile, los “pitucos” en Perú, los “sifrinos” en Venezuela, los “pipis” en Costa Rica, los “pelucones” en Ecuador, los “jevitos” en República Dominicana, los “yeyés” en Panamá, los “preppies”y “valley girls” en Estados Unidos y los “caqueros” en Guatemala.
Cuando escucho canciones bellas, románticas y ensoñadoras, me vienen a la memoria recuerdos de mi infancia, recuerdos de aquellos maravillosos años cuando Milagros (Milagriños para los que la quisimos como una madre) me despertaba todas las mañanas tarareando canciones que en su voz, ya ajada por sus muchos años, sonaban hermosas por su dulzura y desbordante amor, canciones que rememoradas me retrotraen a mi niñez, haciéndome sentir la nostalgia y las pesada carga de los años vividos (que no volverán).
Hoy, mientras viajaba en mi coche de vuelta a casa, sonó en la radio una de esas canciones que me hacen vibrar (y llorar), una dulce balada que consigue que sienta como Milagriños vuelve a la vida, que la imagine sentada en el borde de mi cama intentando despertarme, como hacía todos los días de todos los años de mi infancia, y que, con aquella mirada de amor que no espera nada a cambio, me cantara suavemente la “Paloma negra”, de Tomás Méndez. Sólo para mí.
Al llegar, busqué en Google versiones de la canción pero en voces de mujeres que la interpretan con verdadero sentimiento y profundidad. Y encontré dos versiones en la voz de dos grandes damas de los corridos: la inconmensurable y eterna Chavela Vargas y la increíble Lila Downs.
De ellas dos os ofrezco dos versiones, las dos distintas pero las dos verdaderas: todo lo que se canta con el corazón suena desde el corazón.
Alfredo Webmaster
"Paloma negra", por Lila Downs
"Paloma negra", por Chavela Vargas
Letra de “Paloma negra”, de Tomás Méndez
Ya me canso de llorar y no amanece Ya no sé si maldecirte o por ti llorar Tengo miedo de buscarte y no encontrarte Dónde me aseguran mis amigos que te vas
Hay momentos en que quisiera mejor rajarme Y arrancarme ya los clavos de mi penar Pero mis ojos se mueren sin mirar tus ojos Y mi cariño con el aurora te vuelve a esperar
Ya agarraste por tu cuenta las parrandas Paloma negra, paloma negra, dónde andarás Ya no juegues con mi honra parrandera Si tus caricias deben ser mías de nadie más
Y aunque te amo con locura, ya no vuelvas, Paloma negra eres la reja de un penar Quiero ser libre, vivir mi vida con quién yo quiera Dios dame fuerzas, que estoy muriendo por irte a buscar
Supongo que ese primer bautismo operístico tuvo muchísimo que ver con que me aficionara y, más aún, a esa en concreto, de la que soy devoto admirador.
Supongo, también, que muchísimas de las personas que dicen que no sienten nada escuchando ópera, es por culpa de que nunca han disfrutado del placer de ver una en directo. La ópera, como muchas otras bellas artes, es un placer que tienes que percibir con los cinco sentidos, teniendo los cinco sentidos centrados en la ópera.
Disfrutarla, admirarla y amarla, es más sencillo de lo que parece: sólo tienes que déjate sorprender.
En medio de las verduras, de las frutas, de las carnes, de los pescados, en noviembre del año pasado, en un entorno nada proclive para el arte: el Mercado Central de Valencia, un grupo de tenores, sopranos y barítonos sorprendieron a los compradores que se habían acercado hasta allí.
No hizo falta un escenario, ni unas butacas numeradas, ni un silencio reverencial; tampoco fue necesario vestir de etiqueta o comportarse de forma sofisticada. Nada de eso. Todo sencillo.
Sólo fue necesario cantar algunos fragmentos de “La Traviata”, de Giuseppe Verdi, con pasión, con ganas de agradar, con espíritu didáctico. Sólo eso. Nada más que eso.
Las caras de los compradores pasaron de la inicial sorpresa a la admiración; al final, con la interpretación del “Libiamo ne' lieti calici”, el famosísimo bridis de la ópera, en esta ocasión realizado con cava catalán repartido entre los imprevistos espectadores, muchos derramaron lágrimas de emoción y de alegría.
¿Ves como te gusta la ópera? Acércate a ella sin miedo, sin prejuicios: te va a entusiasmar.
Al terminar el capítulo 9º de la 2ª temporada de “Al descubierto” (“In Plain Sight”), serie de USA Network (AXM en España) protagonizado por Mary McCormack y Fred Weller, actores que dan vida a los agentes Mary Shannon y Marshall Mann, sonó una hermosísima canción de fondo, un tema de Mary Chapin Carpenter que siempre me pareció excepcional y que hacía demasiado tiempo que no oía: “Closer And Closer Apart”.
Oídla... es una apabullante y bellísima canción de amor y desamor, uno de esos poemas sonoros que te hacen vibrar, que deberían ser recordados siempre y a los que habría que volver de vez en cuando.
Leonard Cohen es cantante, compositor, escritor y director de cine. Leonard Cohen es pasado glorioso y espléndido presente. Leonard Cohen es un personaje de tal nivel intelectual, que ya es parte fundamental de la historia de la música moderna. Su voz, grave y pausada, es inconfundible. Su forma de leer/cantar los textos de su obra, es única.
En su haber tiene más de 18 discos, 12 libros y 3 películas. Sus canciones han sido reinterpretadas por una enorme cantidad de músicos, raro es el que no ha versionado alguna de ellas, y su influencia en la música pop del siglo XX y XXI es de tal intensidad y solvencia, que difícilmente conoceremos otro compositor con tanto predicamento entre los músicos de su época.
Entre sus mejores obras, hay una que me entusiasma y que, en un ateo, representa el súmmum de la exaltación de lo espiritual (¡no religioso!): el “Hallelujah”, canción incluida en el año 1984 en el disco “Various Positions”.
Desde el primer día en que se escuchó en público, fue considerada una de las canciones más hermosas jamás compuestas, una monumental plegaria “religiosa” compuesta por un judío ateo.
Además de la versión oficial interpretada por Leonard Cohen, existen cientos y cientos de versiones cantadas por cientos y cientos de otros músicos. En la reseña musical de hoy incluiré unas cuantas de esas versiones. Cada una de ellas está interpretada por un músico distinto, en versiones en la que cada uno aporta su sello especial, que hace que todas suenen distinto.
Yo, por mi parte, haré una pequeña aportación sobre qué me parece cada una de las versiones; vosotros, por la vuestra, elegís cuál es la que consideráis mejor, la que más os gusta.
“Hallelujah”, de Leonard Cohen (versión original)
Jeff Buckley estaba llamado a ser el referente de la música pop/rock de finales del siglo pasado y de principios de este. No llego lejos: se ahogó mientras nadaba en el Río Wolf (Tennessee), con apenas 31 años.
Sólo se le conoce un CD original, “Grace”, pero existen multitud de grabaciones piratas o grabaciones de conciertos en directo (creo que tengo todos los CD’s que se publicaron). Su música marcó un antes y un después, y nos dejó pocas pero auténticas obras maestras de la interpretación, como esta versión espeluznante del “Hallelujah”.
Si escuchándole no se te erizan los pelos, será síntoma de que no tienes sensibilidad para captar lo mucho que Jeff Buckley te quiere transmitir con su voz, dulce y suave al mismo tiempo.
"Hallelujah", por Jeff Buckley
Hermosa versión, en una hermosa voz, en un hermoso rostro… es Allison Crowe, una artista poseedora de una voz límpida, clara, profunda, muy colorida.
Su versión es muy romántica y casi amorosa, llena de matices que le dan un aire a medio camino entre el country y la música gospel.
“Hallelujah”, por Allison Crowe
La versión de Rufus Wainwright está, como todo lo suyo, muy bien ejecutada y con un toque muy personal. Su versión del “Hallelujah” se puede escuchar en la excelente película Shrek, filme que además de esa canción también incluye otros temas de grupos de gran nivel, como los de mis queridísimos Eels (algún día tendré que hablar de ellos y del polifacético Mark Oliver Everett, más conocido como Mr. E o simplemente E).
Rufus es el prototipo del triunfador: joven, divertido, inteligente, culto… pero también drogadicto y egocéntrico. Es un talento prodigioso… y una voz que te hace revivir: me gusta.
"Hallelujah", por Rufus Wainwright
La versión que podéis escuchar ahora es de los hermanos Rufus & Martha Wainwright, interpretada en el Festival de Glastonbury de 2007. Martha interviene en los coros y en algunas pequeñas partes de la canción. Es una versión meramente curiosa, que no aporta anda especial a la que ya hico Rufus en solitario.
"Hallelujah", por Rufus & Martha Wainwright
La versión que podéis escuchar a continuación es algo especial, es la de K. D. Lang: ¡¡palabras mayores!!
Nacida en Canadá, K. D. Lang es una excepcional cantante de country y pop rock, ganadora de varios premios Grammy’s y con multitud de discos publicados. Como cantante y como compositora, K. D. Lang sigue siendo una referencia para los críticos musicales. En 1996 le concedieron el título de “Oficial de la Orden” de Canadá, un reconocimiento honorífico del que poquísimas personas pueden decir que son poseedores.
Además de su vertiente musical, K. D. Lang ha sido, y es, una luchadora infatigable por las libertades individuales, los derechos de los homosexuales (es lesbiana) y la defensa de los animales y la naturaleza.
Su versión es una de las mejores, sino la mejor, jamás grabadas. Muy personal, con una fuerza descomunal, muy suya. Los últimos acordes de la canción, los "hallelujah" del final, estremecen y erizan los pelos de la sensibilidad.
Envidio a todos los que pudieron verla en directo mientras interpretaba esta alucinante versión, de inconmensurable belleza. Y me arrepiento profundamente de no haber ido, con mi hija Ana, a verla actuar en directo este verano pasado a Oporto (Portugal). Me arrepiento.
"Hallelujah", por K. D. Lang
¿Kate Voegele?! No la conocía. No tenía ni la más remota idea de quién era y ni de dónde venía. Tuve que recurrir al Google para saber más. Ahora sé que es actriz (interviene en “One Three Hill”), canta “rock acústico-folk” y joven (22 años); sus interpretaciones se pueden oír en series de televisión como Ghost Whisperer, Clubhouse o Gossip Girl; ha ganado algunos premios para cantautores. Y nada más.
En todo caso, lo más importante es que la oigáis: se deja oír.
"Hallelujah", por Kurt Nielsen, Espen Lind, Askil Holm y Alejandro Fuentes
La cantante, compositora, guitarrista y pianista estadounidense Sheryl Crow interpreta la versión más light de todas la de referencia, pero no por ello menos bonita.
"Hallelujah", por Sheryl Crow
Podrá gustar o no gustar el country (¡a mi me encanta!) pero la versión de Willie Nelson me parece muy buena, buenísima. El sonido de su voz, con los coros, y el tañido de la slide guitar con el acordeón, hacen de este “Hallelujah” una de las versiones más personales y con más sentimiento, una de las más vividas. Además, el gran Willie tiene una entonación que deja entrever el resultado de una azarosa vida curtida en mil y una historias de la música.
"Hallelujah", por Willie Nelson
Imogen Heap es una cantante-compositora inglesa que lo mismo ejecuta su música acompañada del teclado de su piano o con el cello entre sus piernas, el clarinete, la guitarra, batería o, si lo considera apropiado, con sintentizadores. Esta versión no incluye vídeo pero si la voz y la lectura del texto en una versión muy suya, como todo lo que ella nos presenta. Una cantante a seguir de cerca.
"Hallelujah", por Imogen Heap
Una versión curiosísima: la de Vocal Line, un grupo danés, de Hjortshøj, que canta a capella todas sus canciones. Son muy buenos y por la documentación que consulté en Internet, con un elevado prestigio internacional.
Otra curiosidad de la grabación: si os fijáis bien, en algunos momentos del “Hallelujah” se escucha la vocecita de una niña muy pequeña que les hace los coros al grupo… ¡Cosas de las grabaciones piratas!
"Hallelujah", por Vocal Line
Otra versión brillante: la que hace la cantante ruso-yanqui Regina Spektor, a la que podríamos catalogar como indie. El sonido de las cuerdas del violonchelo combina perfectamente con la voz suave, dulce, cándida, angelical, cuasi infantil de la Spektor. Una curiosidad: una de sus canciones se utiliza como presentación de la película “Hero”.
"Hallelujah", por Regina Spektor
Una cantante holandesa: la de Nynke Laverman. Tengo que reconocer que ni la conocía, pero suena bien, muy bien.
"Hallelujah", por Nynke Laverman
Este cantante también es holandés y se llama Nicolaas Maria “Nick” Schilder, componente del duo Nick & Simon. Para mi gusto, es una versión ligeramente acaramelada y con poca fuerza. Aún así, suena bien.
"Hallelujah", por Nick Schilder
¡Ésta si me gusta! Ésta versión no sólo me gusta: me entusiasma. Es de un cantante que se llama Lucky Jim. Su versión es profundamente personal, con una voz de tonalidad bluesera y un delicioso piano de fondo. Graba para el sello londinense Ho Hum Records, una disquera especializada en folk acústico y música electrónica. Pese a que nunca oí hablar de él, su versión me parece excelente. Desde ya mismo me pongo a investigar más sobre este cantante.
"Hallelujah", por Luchy Jim
¡Quién me iba a decir a mi que Katherine Jenkins también cantaría el “Hallelujah”! Pues sí, lo canta, y muy bien por cierto; eso sí, la interpreta con una voz de tonalidad claramente de mezzosopano. Katherine Jenkins es una hermosa ex maestra de 29 años nacida en Neath (Gales – Reino Unido), que tiene en su currículum el haber firmado a los 23 años el contrato más importante en la historia de las grabaciones de música clásica; además, se ha convertido en la cantante femenina de ópera con mayores ventas desde las épocas de la Maria Callas: ¡casi nada!
"Hallelujah", por Catherine Jenkins
Una cantante polaca totalmente desconocida, al menos para mí: Kasia Popwska. Me gusta la versión. Canta bien y suena bien.
"Hallelujah", por Kasia Popwska
Señores y señoras… con todos ustedes uno de los más grandes, de los más impresionantes, de los más increíbles y incombustibles de los cantantes del mundo: ¡John Cale! Este Gales nacido en el año 1942, con sus 67 años a la espalda, sigue dando lecciones de modernidad e innovación. Ninguna de sus canciones, ya sea propias o versionadas, como este “Hallelujah”, nos dejará indiferentes; en su voz y bajo los dedos de sus manos pulsando el teclado del piano, nada es igual, él le aporta a cada canción ese “poquito” más de belleza que hace que sus obras sean un faro para los músicos que no quieren anquilosarse. Escuchadla con devoción: es uno de los últimos dioses vivos que quedan a la música pop/rock.
"Hallelujah", por John Cale
Una nueva versión, cuanto menos curiosa: el “Hallelujah” de los Miami University Men's Glee Club. Esta agrupación coral, radicada en una universidad yanqui, hace versiones muy clasicas, en la línea de los coros tradicionales. Es una versión muy académica, muy seria, pero muy bien interpretada y dirigida por el Dr. Ethan Sperry.
"Hallelujah", por Miami University Men's Glee Club
La versión del cantante de folk e indie-rock Damien Rice es, para mi gusto, una de las mejores. Acompañado de su guitarra acústica y con esa voz tan personal que le caracteriza, su versión es muy sentida y sentimental. Algunas de las canciones de Damien Rice se usaron para grandes películas y series de televisión, entre ella House, CSI Miami, Perdidos, Alias, L o The O.C.
"Hallelujah", por Damien Rice
¿Qué más puedo decir de Bon Jovi que no sepáis vosotros? Poco más, la verdad. Si bien a mi no me gustan (mis gustos van por otros lares), Bon Jovi es una de las bandas de rock más famosas de la historia, poseedores de montones de discos de oro, de platino y de diamante, con actuaciones prácticamente en todo el mundo y con un cantante, Jon Bon Jovi (su verdadero nombre es John Francis Bongiovi), por el que se volvían locas las chicas de mi edad. ¿Qué tal es esta versión? Buena, pero, para mi gusto, ligeramente teatrera, muy en la línea de las bandas rockeras tradicionales. Aún así, la voz de Jon Bon Jovi es muy buena.
"Hallelujah", por Bon Jovi
Tim Minchin es una de esas joyitas que a veces salen de la Gran Bretaña. Es actor, comediante y músico, y tiene una mala hostia y un escepticismo que no se puede aguantar (de bien). Es un crítico exacerbado de la situación política y cultural de su país, y sus actuaciones son un prodigio de improvisación y brillantez intelectual. Pero a veces, también deja suelta su vena más sensible y canta como los ángeles, como en esta versión del “Hallelujah” que no deberíais perder, con el acompañamiento vocal de Geraldine Quinn.
"Hallelujah", por Tim Minchin y Geraldine Quinn
¿Y qué me decís de la versión de Perla Batalla? Nacida en Los Ángeles de padres latinos (padre mexicano y madre argentina), Perla “Perlita” Batalla lleva música en vez de sangre por sus venas: su voz es capaz de emanar dolor, alegría o pasión, según sea necesario en cada una de sus canciones.
Curiosamente, durante algunos años fue corista de Leonard Cohen; al final de una de esas giras, retomó su andadura en solitario. Desgraciadamente, pese a su enorme calidad (tenéis que escuchar su versión del “Cucurrucucú paloma”: pones los pelos de punta) aún no ha cosechado grandes éxitos populares, pero tienes magníficas críticas de los entendidos. Tiene una nominación a los Grammy’s y cuatro CD´s.
"Hallelujah", por Perla Batalla
Ahora le toca el turno a un compatriota mío, y no sólo de España: Deluxe es gallego, de la provincia de La Coruña, de donde soy yo. Deluxe es el comercial del grupo de Xoel López, un guitarrista y compositor que tiene el honor de que su canción “Que no” esté entre las 200 mejores composiciones de la historia, según la más importante revista musical del mundo, la Rolling Stone. ¿Cómo es su versión? Muy buena, muy cercana al original, con claras reminiscencias de la versión de Jeff Buckley, un piano que enamora y una estética muy jazzistica, en blanco y negro.
"Hallelujah", por Deluxe
La última versión que os presento es la más personal de todas, interpretada por uno de los mejores cantaores del flamenco actual: Enrique Morente. Esta versión, en su voz, con la guitarra y compañía de Lagartija Nick, hace casi irreconocible el original de Leonard Cohen, pero no por ello es menos emocionante, espeluznante, magnífica.
"Hallelujah", por Enrique Morente
Después de escucharlas todas las versiones no sé con cuál os quedáis cada uno de vosotros, pero a mi las que más me gustan son la de Jeff Buckley la de K. D. Lang, seguidas por las de John Cale, Deluxe y Damian Rice.
Pese a que es una de mis cantantes de cabecera, nunca le había dedicado un espacio en la Gramola. Hoy es el día de su elevación a los altares de tan señero espacio.
Esta cantante norteamericana tiene como costumbre actuar en solitario, acompañada exclusivamente por su guitarra acústica, un atril, una botella de agua mineral… y su voz, un instrumento de increíbles matices y de una riqueza aplastante, que lo mismo susurra que atrona, nos tararea o nos mece, un instrumento del que es dueña y señora, y que hace sonar según su oportunidad.
Como novedad, por primera vez en su carrera, en su gira por España del pasado mes de octubre, gira en la que desgraciadamente no incluyó Galicia, vino con un grupo telonero de alto nivel: los Blue Mountain, de los que hablaré en otra ocasión.
Dayna no es una recién llegada a la música, lleva diez años circulando profusamente por garitos, pubs y recintos de pequeño tamaño; no es tímida ni apocada pero su mejor “yo” musical se expande en los espacios cortos y en la cercanía con su público. Es en esos espacios en los que su música puede olerse, saborearse, sentirse
Desde siempre contó con el apoyo de dos de los mejores productores de música alternativa: Bob Power y Crzig Street. En el año 1997 fue elegida en los medios alternativos como la mejor compositora del año.
Su voz tiene el calor y el compás de las viejas divas de la música de jazz y el blues, muy en la línea de una Billie Holiday, Betty Carter, Bessie Smith o Nina Simone. Sus letras tienen el drama y el sabor de un Tom Waits o de la Marianne Faithfull de las mejores épocas, la poesía de una Suzanne Vega o el lirismo de un Leonard Cohen, el ímpetu e intensidad de un Jeff Buckley, la fuerza y el ritmo de un Van Morrison… te podrá recordar a una mezcla de la Patti (Smith), la Laura Nyro o la insigne Joni Mitchell.
Dayna es un compendio de estilos y de gustos, todos reflejados en un modo de ver la vida y de expresarla con la fuerza de la razón y la creencia: lo que canta lo canta por que lo siente y por que lo vive.
En la Gramola podréis escuchar, entre otras canciones, obras maestras como “Fred Astaire”, con el ritmo de un vals cadencioso y sensual, con el violonchelo sonando como contrapunto a la voz, una preciosa balada de amor, “Love Gets in the Way”, un estremecedor temazo, “Postcards from Downtown”, canción que por si sola ya justificaría un disco, un hermoso blues de ritmo suave y cansino, “Last Good Taste”, una balada de aires clásicos pero con su cuño especial y maravilloso, “Justified”, una canción de batalla, de lucha, de ímpetu, “Music Box”, una composición de estilo jazzístico, aire romántico, y ambiente negro y humoroso, “Love Where Did You Go?”, un “Joy in Repetition”, de Prince, que gana muchísimo enteros con su voz, estilo y fuerza, el famosísimo tema de Gene Raskin “Those Were the Days” que cantaron artistas como la Mary Hopkin, Dalida, Gigliola Cinquetti, Sandie Shaw, The 5th Dimension o Azúcar Moreno, pero que en la voz de Dayna adquiere otra dimensión sentimental, la maravillosa canción de Leonard Cohen “Everybody Knows”, con ese toque especial que sólo ella es capaz de dar, el “Amsterdam Crown” de ritmo vivo y suave (a la vez), lleno del encanto de las canciones de taberna o el inconmensurable chanson“Parlez-Moi d'Amour”, una obra maestra de la música que en la voz de Dayna se torna, incluso, más romántica y sensible que la de la gran Edith Piaf o las Juliette Gréco o Marie Laforêt.
Dayna es una joya de música popular, de esa música que se hace sólo para espacios cercanos, sin la parafernalia ni el esplendor de los conciertos de masas. Es, como veréis, el prototipo de la mujer comprometida con su arte, con su forma de ver la vida (artística).
Si tuviera que decir qué artista es para mí el compendio de la mejor música americana de los últimos años, no lo dudaría: Dayna Kurtz. Punto.
Alfredo Webmaster
Dayna Kurtz – “Love Got In The Way”
Dayna Kurtz – “Postcards from Downtown”
Dayna Kurtz – “Parlez-Moi d'Amour”
¿Cómo funciona la Gramola?
El módulo de la Gramola está situado arriba, en la parte de la derecha de la página. En ese módulo tengo incluidas las canciones de los grupos musicales que deseo que conozcáis.
Podéis escuchar la música más cómodamente con las instrucciones que os doy a continuación:
- Lo primero, pulsad el botón extensible que está a la derecha en la parte alta de la Gramola, en el espacio en donde figuran los nombres de los grupos musicales.
- Al pulsar el botón aparecerá una lista de grupos: Arias de ópera, Arias sacras, Cowboys Junkies, Eva Cassidy, Flamenco y jazz, Fabrizio de André… hasta llegar al final, a Salvador Bacarisse.
- Situad el ratón encima del cantante o grupo que deseáis oír; a continuación pulsad encima del nombre elegido.
- Una vez que esté pulsado el nombre, el navegador se actualizará automáticamente y la Gramola irá hasta llegar al cantante o grupo que habréis elegido.
- Y ahora viene lo más importante: pulsad en donde dice “Popup player”. Al hacerlo, se abrirá una pequeña ventana de navegador que os permitirá escuchar la música y al mismo tiempo seguir leyendo el blog de forma independiente.
- Obviamente, yendo de grupo en grupo podréis escuchar toda la música que os he ido seleccionado.
Miguel Hernández leyendo poemas a los soldados republicanos
Miguel Hernández y Josefina, su esposa
De las canciones de mi juventud, la que más me entristecía, más me conmovía y al mismo tiempo, más me encolerizaba, era “La nana de las cebollas”, un poema de Miguel Hernández musicado por Alberto Cortez y Joan Manuel Serrat.
Cuando en el año 1939 al terminar la guerra de la traición, guerra en la que una parte de mis conciudadanos, los sediciosos, luchó y venció a la otra parte del país, a los que fueron leales al gobierno legalmente constituido de la República Española, los vencidos tuvieron que tomar una decisión trascendental: o huir fuera de España, como exilados, o quedarse en mí país y sufrir un largísimo período de vejaciones, humillaciones, abusos, robos y escarnios, cuando no la muerte, a manos de los fascistas seguidores del dictador Francisco Franco.
Su historia es el reflejo del mayor de los milagros del ser humano: el afán por superar las limitaciones de conocimiento.
Criado como cabrero, vivió como cabrero, pero tuvo la valentía de compaginar su batalla diaria para ganarse el pan, con otra lucha también sin cuartel: aprender, leer, estudiar. Gracias a esa enorme fuerza de voluntad, casi pudo terminar estudios de derecho y literatura.
Por ser como fue y luchar como luchó, siendo como era un simple cabrero, a Miguel Hernández se le conoció y conoce como “El poeta del pueblo”.
Desde el inicio de la guerra civil tomó partido por la República, luchando en los frentes de Teruel, Andalucía y Extremadura. En plena guerra, marzo de 1937, aprovechando unos días libres, se dirigió a Orihuela en donde residía Josefina Manresa, para casarse.
En diciembre de 1937 nació su primer hijo, Manuel Ramón, que muere a los pocos meses. En enero de 1939 nació el segundo, Manuel Miguel, para el que escribió esta nana maravillosa de la que hoy escribo.
Una vez terminada la guerra, a mediados del 39, Miguel Hernández es cogido preso y conducido por dos veces a prisión. En la primera ocasión consigue salir libre gracias a la ayuda de un buen amigo suyo, Pablo Neruda.
La segunda vez que lo cogen preso ya no se libra de la que sería su última morada: las celdas de las prisiones de Conde de Toreno (Madrid), Palencia, Ocaña (Toledo) y Alicante, donde muere de bronquitis, tifus y tuberculosis.
Los presos españoles, como Miguel Hernández, o mi padre durante un tiempo, sufrían una doble condena, a cual más dolorosa: la falta de libertad y el dolor de ver a las familias en la miseria.
Un día, estando en prisión, Miguel recibió una carta de su esposa Josefina, en donde le contaba el lamentable estamos en el que se encontraban ella y el hijo de ambos, al que sólo podía alimentar con pan y cebollas.
Él, encarcelado, sin juicio ni sentencia, en un estado físico lamentable, le envió a su mujer unas breves letras y a su hijo este poema maravilloso, la nana más hermosa y al mismo tiempo más terrible de la literatura universal:
“Mi querida Josefina:
Estos días me los he pasado cavilando sobre tu situación, cada día más difícil. El olor de la cebolla que comes me llega hasta aquí y mi niño se sentirá indignado de mamar y sacar zumo de cebolla en vez de leche. Para que lo consueles, te mando estas coplillas que he hecho, ya que para mí no hay otro quehacer que escribiros a vosotros o desesperarme.
Nana de las cebollas
La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.
.
En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.
.
Una mujer morena
resuelta en luna
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te traigo la luna
cuando es preciso.
.
Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en tus ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que mi alma al oírte
bata el espacio.
.
Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.
.
Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.
.
La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!
.
Desperté de ser niño:
nunca despiertes.
Triste llevo la boca:
ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.
.
Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne es el cielo
recién nacido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!
.
Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.
.
Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.
.
Vuela niño en la doble
luna del pecho:
él, triste de cebolla,
tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa ni
lo que ocurre.
Pablo Neruda dijo de este maravilloso ser humano, que también era poeta: “Recordar a Miguel Hernández que desapareció en la oscuridad y recordarlo a plena luz, es un deber de España, un deber de amor. Pocos poetas tan generosos y luminosos como el muchachón de Orihuela cuya estatua se levantará algún día entre los azahares de su dormida tierra. No tenía Miguel la luz cenital del Sur como los poetas rectilíneos de Andalucía sino una luz de tierra, de mañana pedregosa, luz espesa de panal despertando. Con esta materia dura como el oro, viva como la sangre, trazó su poesía duradera. ¡Y éste fue el hombre que aquel momento de España desterró a la sombra! ¡Nos toca ahora y siempre sacarlo de su cárcel mortal, iluminarlo con su valentía y su martirio, enseñarlo como ejemplo de corazón purísimo! ¡Darle la luz! ¡Dársela a golpes de recuerdo, a paletadas de claridad que lo revelen, arcángel de una gloria terrestre que cayó en la noche armado con la espada de la luz!”
Joan Manuel Serrat, el más grande cantautor en lengua española, dedico muchas de sus canciones a este insigne poeta y luchador, al que admira (y admiramos), pero al que aun deberíamos admirar más.
Hay músicas que escucho cada poco tiempo; las escucho y las vuelvo a escuchar sin parar.
Son canciones que forman parte consustancial de mi vida o fueron parte de mi vida. En todo caso, esos sonidos están tan imbuidos en mí, tan adentro, que vuelvo a ellos como se vuelve a lo que amas.
Una de esas canciones, la más emocional, la más hermosa, la que más me impacta, es la “Romanza” del Concierto para guitarra y orquesta en la menor op. 72, de Salvador Bacarisse.
Esta pieza, fundamental dentro del neorromanticismo musical español, consigue que mi ánima se torne melancólica y entre en un estado de apacible nostalgia, de añorante quietud. Sus lentos melismas, henchidos del colorido racial de un compositor herido por lo que significaba estar exilado de su amada España, tocan las fibras más sensible de mi corazón, haciéndome recordar tiempos, situaciones, momentos de mi vida en los que me reconozco partícipe. Su escucha produce en mi eso que en Galicia se define como “lembranza”, “morriña”.
Escuchadla en silencio, con los ojos cerrados y con todos los sentidos puestos en las sensaciones que os transmitirá esta “Romanza”.
Tenéis que estar atentos: cuando llegue el minuto y veinticuatro segundos se produce un subidón que os pondrá los pelos de punta. En ese instante se desencadena un mundo sonoro que es, para mí, el momento más sublime de la música de todos los tiempos.
La Sexta está emitiendo los nuevos capítulos de Bones, una excelente serie que tiene como base argumental la historia real de la doctora antropóloga forense y escritora, Kathy Reichs, y sus relaciones personales con su equipo de trabajo
En los papeles principales, como doctora Temperance Brennan, está Emily Deschanel, y en el del Agente Especial del FBI, Seeley Booth, aparece David Boreanaz.
No quieren aceptarlo, sobre todo la doctora Brennan, también conocida como “Huesos”, pero existe una química especial que les une de forma permanente, sin poder evitar necesitarse a cualquier hora del día o de la noche; cualquier trabajo, cualquier investigación, cualquier rutina diaria, les sirve de disculpa para compartir tiempos y espacios: no lo saben aún, pero no pueden vivir el uno sin el otro.
En el capítulo de hoy apareció el padre de la doctora Temperance Brennan, un delincuente de gran corazón, un asesino que sólo mata a asesinos. En un momento del reencuentro, el padre le tararea a su hija una vieja canción, "Keep On Tryin'", de Poco, que le gustaba cantarle cuando era niña.
En ese momento recordé el tema que escuchaba cuando era joven en la voz de los fundadores de Poco, Richie Furay y Jim Messina, precursores del American country rock.
Igual que hizo el padre de Brennan con su hija, también yo quiero compartir esta pequeña joya con vosotros, incluyendo su letra original, para que la tarearemos juntos mientras disfrutamos con algunas escenas de la serie Bones.
Después, podréis oír otra canción de Poco, “Rose of Cimarrón”, en las voces e instrumentos de sus compositores originares. Es un tema hermosísimo, maravillosamente alegra y dulce.
Alfredo Webmaster
Poco - "Keep On Tryin'"
Letra de "Keep On Tryin'"
I’ve been thinkin’ ’bout
All the times you told me
You’re so ful of doubt
You just can’t let it be
But I know
If you keep comin’ back for more
Then I’ll keep on tryin’
Keep on tryin’
And I’ve been drinkin’ now
Just a little too much
And I don’t know how
I can get in touch with you
Now there’s only one thing
For me to do, that’s to
To get home to you
And I feel so satiesfied when
I can see you smile
I want to confide in
All that is true, so i’ll
Keep on tryin’ i’m
Through with lyin’
Just like the sun above
I’ll come shinin, trough
Oh yes i’ll
Keep on tryin’, i’m
Tired of cryin’
I got to find a way
To get on home to you
I’ve been thingin’ ’bout
All the times you held me
I never heard you shout
The flow of energy was so fine
Now I think I’ll lay it on the line
And keep on tryin’
To get home to you
And I feel so satiesfied when
I can see you smile
I want to confide in
All that is true, so i’ll
Keep on tryin’ i’m
Through with lyin’
Just like the sun above
I’ll come shinin, trough
Yes I will
Oh yes i’ll
Keep on tryin’, i’m
Tired of cryin’
I got to find a way
To get on home to you
Poco - "Rose Of Cimarron"
Letra de “Rose of Cimarron”
Roll along, roll on
Rose of Cimarron
Dusty days are gone
Rose of Cimarron
Shadows touch the sand and look to see who's standin'
Waitin' at your window, watchin' will they ever show?
Can you hear them calling? You know they have fallen on
Campfires cold and dark that never see a spark burn bright
Roll along, roll on
Rose of Cimarron
Dusty days are gone
Rose of Cimarron
Trails that brought them home echo names the've known
Four days high and lonely comin' to you only
You're the one they'd turn to, the only one they knew who'd do
All her best to be around when the chips were down
Navegando por Internet localicé una página Web que es una auténtica joya, un gran descubrimiento: www.blogotheque.net/.
En este espacio están incluidas grabaciones de músicas improvisadas, composiciones de grandes (enormes) músicos contemporáneos que aman su trabajo y que disfrutan interpretando sus obras en sitios totalmente distintos a los que habitualmente utilizan para sus conciertos.
Por ejemplo, entre otras joyas podemos ver a los Lambchop y su “National Talk Like A Pirate Day” usando como base rítmica una mesa de jardín, a Taraf de Haidouks con su grupo tocando “Part 1” mientras suben por unas escaleras, a Priscilla Ahn en “Dream” mientras afina su guitarra o al grupo Beirut en “Nantes”, usando como timbales los cubos de basura de una calle cualquiera.
Eso es www.blogotheque.net/, un espacio para los que aman la música sin más aditamentos que la belleza del sonido de los instrumentos y las voces, todo aderezado con la sensibilidad del que quiere hacer bien las cosas (y las disfruta).
Por algunas curiosidades de la vida y una excesiva animadversión hacia cantantes y canciones que sonaran a sentimentaloides, a Roberto Fidel Ernesto Sorokin Esparza Sorokin, más conocido por “Coti Sorokin”, o “Coti” a secas, lo tenía por un autor musical de obras menores. Craso error.
Coti, además de ser un excelente compositor de paisajes músicas y hermosas letras, también es un artista comprometido. Doble mérito.
Pertenece a una generación de músicos latinoamericanos y españoles con lo que ha compartido actuaciones y giras, canciones y amistades; entre ellos, Café Tacuba, Paulina Rubio, Diego Torres, Ilya Kuryaki & the Valderramas, León Gieco, Andrés Calamaro, Javier Calamaro, Alejandro Lerner, Julieta Venegas, Fito Páez, Paralamas, Mercedes Sosa, Ismael Serrano, Charly García, Maldita Vecindad, Enanitos verdes, Mikel Erentxun, La Oreja de Van Gogh, Dover, Barricada, Álex Ubago… ¡Casi nada!
De él, de sus musas, es esta canción: “Nada fue un error”, un tema que canta acompañado de Andrés Calamaro, otro insigne artesano de la música.
No me canso de oírla y de sentir como propias muchas de sus estrofas; me siento identificado con su sencilla pero, curiosamente, rica simpleza de texto, en un entorno musical de (sencilla) canción de verano (¡Que no lo es!).
Escuché por primera vez a Milladoiro en mi etapa adolescente, durante las clases de la asignatura de Música de mi primer año de Bachillerato, en el colegio religioso en donde estudiaba, impartidas, precisamente, por una docente religiosa.
El grupo ya había sacado al mercado sus dos primeros discos, tras unos trascendentales momentos de cambio político, socioeconómico y cultural que se habían vivido en España. Aquel día, en lugar de escuchar las composiciones de música clásica, a las que tanto yo como mis compañeras estábamos acostumbradas, le tocaba el turno a una incipiente música folk que empezaba a surgir tímidamente en diversas comunidades españolas, además de alguna que otra obra de los cantautores del momento. Entre canciones de Luís Eduardo Aute, entre las adaptaciones musicales interpretadas por Amancio Prada sobre poemas de Rosalía de Castro, entre los sones de una recuperada música vasca, entre el desafío al olvido y a la negación de una conciencia yde un Pueblo que otro gran grupo emblemático gallego, “Fuxan os Ventos”, expresaba con su preciosa “Sementeira,” y con otras composiciones musicales memorables, allí estaban ellos, los “milladoiros”, allí estaba su inconfundible presencia sonora, su fuerza poética musical llena de emociones, de tradición y de modernidad.
No recuerdo qué obras de este mítico grupo gallego escuché en aquella ocasión, ni siquiera a cuál de sus dos primeros trabajos pertenecían, si a su primer disco, “A Galicia de Maeloc”, o a su segundo proyecto, “O berro seco”. Pero aquellas viejas armonías identitarias, aquellas renovadas piezas tradicionales reinterpretadas y modernizadas sobre su esencia legendaria, aquella combinación de vibrantes sonidos melodiosos quedaron grabados para siempre en mi memoria.
Con el transcurrir del tiempo, mis gustos musicales optaron por el pop y el rock, al igual que los de la inmensa mayoría de los adolescentes de entonces. Pero Milladoiro seguía ahí, latente, escondido por algún rincón de mi subconsciente. Cuando años más tarde, tuve la oportunidad de disfrutar de la película “La mitad del cielo”, conducida por uno de los mejores directores del cine español, Manuel Gutiérrez Aragón, y protagonizada por dos grandes actores, Ángela Molina y Fernando Fernán Gómez, allí volvían a estar ellos, los “milladoiros”, perfectamente reconocibles, interpretando su banda sonora, por la que recibieron, además, un Goya, concedido por la Academia de las Ciencias y Artes Cinematográficas de España. Sus inconfundibles melodías llenaban de magia la pantalla y la sala de cine.
Unos diez años más tarde y, de nuevo, ante otra película del mismo director, “El rey del río”, volvía a surgir la inequívoca presencia musical de Milladoiro y su mágico y elegante lirismo.
En cuanto mis posibilidades económicas me lo permitieron (hasta entonces los LPs y cintas musicales que entraron en mi casa fueron escasísimos), sin dudarlo, fui adquiriendo todo álbum de Milladoiro (ya en formato de CDs) que veía a la venta en tiendas o en centros comerciales.
Y ahí están, de nuevo, esta vez para quedarse, permanentemente, en mi vida, llenando, con su gran música y con sus creaciones universales, un pequeño hueco de una estantería de mi casa, compartiendo protagonismo y espacio con otras grandes formaciones, cantantes e intérpretes del panorama musical gallego. Y es que Milladoiro ha abierto la senda por la que, hoy en día, caminan Luar na Lubre y Leilía(grupos por quienes siento una honda predilección y una verdadera devoción), Berrogüeto, Xosé Manuel Budiño, Mercedes Peón, Carlos Núñez, Susana Seivane, Cristina Pato, Guadi Galego y Uxía Pedreira -que, junto con Abe Rábade, han llevado a término un atractivo proyecto musical, “Nordestinas”-, Uxía Senlle, Na Lúa, A Roda…. y tantos y tantos otros grupos y solistas musicales, estudiosos e investigadores anónimos del folklore gallego que, con sus trabajos, su pasión y esfuerzo, han conseguido poner en valor, recuperar y recrear la identidad musical de una Tierra milenaria, llevándola, por el mundo adelante, con dignidad y orgullo, como así ha hecho Milladoiroa lo largo de sus treinta años de existencia.
Milladoiro ha conseguido que ese tesoro musical de cantos populares y viejas melodías como las muiñeiras, las jotas, los alalás, los pasodobles, las polcas, los “pasacorredoiras”, las marchas procesionales y demás ritmos de nuestros ancestros, cantados e interpretados en nuestras aldeas, a lo largo de las labores estacionales del campo, durante los “seráns”, las fiestas, y las romerías, se escuchen, se aplaudan, se respeten y se alaben en los mejores teatros y auditorios de Norteamérica, Sudamérica, Europa, del mismísimo Japón… Ha logrado que nuestros genuinos instrumentos tradicionales -como la zanfoña, el “pandeiro”, la pandereta, la gaita,…- se conozcan y se dignifiquen, al igual que los sonidos que desprenden, en una armoniosa combinación con las notas queemiten instrumentos clásicos universales como el violín, el arpa, la guitarra, el bouzouki, la flauta, el clarinete…
Ha conseguido, en definitiva, que gocemos, bailemos y nos emocionemos con todas y cada una de sus piezas musicales, muchas de ellas de honda raigambre popular -que forman parte de nuestro respetable patrimonio musical- y a las que, tan sabiamente, han logrado aplicar matices vanguardistas. A estas olvidadas obras musicales, Milladoiro fue añadiendo otras magníficas composiciones y hermosas melodías creadas por sus integrantes con enorme acierto.
Milladoiro nació de la fusión de “Faíscas do Xiabre” y de “Seaone & Romaní”. Con la formación inicial, constituida por siete integrantes - Antón Seoane, Rodrigo Romaní, Nando Casal, Ramón García, Pepe Ferreirós, Xosé A. Méndez y Laura Quintillán-, dieron sus primeros conciertos en el año 1979. Muy pronto editaron su primer disco y, muy pronto también, empezaron a compartir escenario con los mejores artistas de música folk del mundo.
Aunque a lo largo de estos treinta años, algunos de sus miembros han abandonado el grupo (recuerdo, muy especialmente, la salida de uno de sus fundadores, Rodrigo Romaní, en el año 2000, aproximadamente), nuevos y jóvenes talentos musicales se han unido a la indiscutible maestría de los restantes veteranos del grupo –el extraordinario arpista Roi Casal, el magnífico violinista Harry C. (que toma el relevo de Michel Canada que, a su vez, se lo había cedido Laura Quintillán) y el estupendo guitarrista Manu Conde.
Si no me equivoco, son 19 sus discos publicados, además de ser los creadores de diversas bandas sonoras para la televisión y el cine y de otras composiciones musicales destinadas a proyectos o espectáculos concretos, además de colaboraciones con figuras prestigiosas del panorama musical internacional.
En cada uno de sus trabajos, estos auténticos artesanos de nuestra música han emprendido un viaje hacia el universo creativo de aquellos músicos y compositores tradicionales anónimos, pertenecientes a unas generaciones que se pierden en el tiempo, y que nos han legado una auténtica riqueza musical.
Es la memoria viva y recuperada de aquellos nuestros antepasados, gracias al discurso artístico que Milladoiro ha plasmado en todos y cada uno de sus proyectos, con dedicación y esfuerzo: desde su primer trabajo, “A Galicia de Maeloc”, en el que marcará su estilo, hasta su último proyecto, “A Quinta das Lágrimas”, una verdadera joya musical, rebosante de sonoridad lírica y que, con textos, cantigas y poemas de Pessoa, de Camoes, de Zeca Afonso, de Alfonso X, Airas Nunes, de Cunqueiro, de Manuel Antonio, de José Afonso y las colaboraciones de Laura Amado o de Mafalda Arnauth, recrean la relación secular entre Galicia y Portugal.
Cada uno de sus trabajos equivale a cada una de esas piedras que van conformando un gran Milladoiro, empezado a construir hace treinta años. Sólo me cabe esperar que ese Milladoiro siga aumentando y transmitiéndonos su sensibilidad musical durante, al menos, otros treinta años más, o ¿es mucho pedir…..?
Nota de Alfredo Webmaster: incluí en la Gramola la selección de 22 canciones de Milladoiro que eligió Belén F. Mouriz, la autora de este trabajo. Al continuación de los vídeos tenéis las instrucciones para escuchar la música.
Milladoiro – “Alborada de Corcubión”
Milladoiro – “Maruxa”
Milladoiro & Laura Amado- “Quen poidera namorala”
Milladoiro – “O bruxo da montaña”
Milladoiro y Mestisay – “Estrelliña do luceiro”
Milladoiro- “Alalá das Mariñas”
Milladoiro – “O niño do sol”
Milladoiro – “Carballesas”
¿Cómo funciona la Gramola?
El módulo de la Gramola está situado arriba, en la parte de la derecha de la página. En ese módulo están incluidas las canciones de los grupos musicales que deseo que conozcáis.
Podéis escuchar la música más cómodamente con las instrucciones que os doy a continuación:
- Lo primero, pulsad el botón extensible que está a la derecha en la parte alta de la Gramola, en el espacio en donde figuran los nombres de los grupos musicales.
- Al pulsar el botón se desplegará una lista de grupos, cantantes o estilos de música: Arias de ópera, Cowboys Junkies, Eva Cassidy, Flamenco y jazz, Fabrizio de André… hasta llegar al final, a Villancicos y danzas criollas.
- Situad el ratón encima del cantante o grupo que deseáis oír; a continuación pulsad encima del nombre elegido.
- Una vez que esté pulsado el nombre, el navegador se actualizará automáticamente y situará la Gramola directamente en cantante o grupo que habéis elegido.
- Y ahora viene lo más importante: pulsad en donde dice “Popup player”. Al hacerlo, se abrirá una pequeña ventana de navegador que os permitirá escuchar la música y al mismo tiempo seguir leyendo el blog de forma independiente.
- Obviamente, yendo de grupo en grupo podréis escuchar toda la música que os he ido seleccionado.
Quizá su físico no sea el más apropiado para “quedar bien” en las imágenes de televisión o en los espectáculos musicales al uso; quizá no sea el prototipo del modelo cantante, todo rizos y músculos, pero no podrás dejar de admirar su voz, su sensibilidad y su excelso gusto por transmitir sentimientos.
Es, por tanto, una canción para el alma, para serenarla.
Salvo en ambientes musicales muy específicos, no tuvo grandes éxitos de ventas ni fue un artista de fama internacional. Su disco más conocido, “Facing Future”, del año 1993, incluía un popurrí de antiguas canciones como el clásico “Over the Rainbow”, de la película “El Mago de Oz”, o el “What a Wonderful World” de Bob Thiele y George David Weiss, maravilloso tema que hizo famoso Louis Armstrong.
Según avanzaba su carrera musical, Iz dejó al lado la parte más comercial de su carrera para dedicarse a la promoción de los valores y la cultura de Hawai. Fue, también, un firme luchador en defensa de los movimientos independentistas de su isla: las letras de sus canciones abordaban directamente el tema de la independencia de los EE.UU.
Debido a su obesidad mórbida (llegó a pesar 340 kilos), tuvo una vida muy complicada y enfermiza. Murió a los 38 años afectado de problemas respiratorios derivados de su sobrepeso. Su cuerpo fue incinerado y velado como héroe nacional, con la bandera a media asta, en el edificio del Capitolio en Honolulu.
Tal como le había pedido a su familia, sus cenizas fueron esparcidas en el océano Pacífico, frente a la playa de Makua.
La canción que vais a escuchar es una versión del tema principal de la película “El Mago de Oz” (1939). Esta canción, en la voz de Iz (Israel Bruddah Iz Kamakawiwo‘ole) y el único acompañamiento de su guitarra hawaiana ukelele, fue utilizada como banda sonora en varias películas como, por ejemplo, “Descubriendo a Forrester”, “¿Conoces a Joe Black?”, “Tienes un e-mail”, “50 primeras citas”, y en algunos capítulos de la serie de televisión “ER” (“Sala de Urgencias” en los países latinoamericanos y “Urgencias” en España).
Al final del vídeo podréis ver el momento en el que su familia esparce sus restos en el mar.
No creo necesario decir más; dejad que la música os invada… con eso llega.
Fotos tomadas en el concierto del 5 de mayo de 2009
No sé si son o no el mejor grupo vocal del mundo, pero Angelite - El Misterio de las Voces Búlgaras es la demostración más palpable de lo que puede llegar a generar en el alma el sonido armonioso de unas voces prodigiosas.
El concierto que dieron el pasado 5 de mayo tenía mucha importancia para mí: era la tercera vez que las veía en directo (La Coruña y Vigo, hace 4 y 5 años), tenía la posibilidad de disfrutarlas al lado de casa, sin tener que desplazarme ex profeso, y suponía que el público pontevedrés vibraría con ellas: sólo me falló el público.
Estar ante ellas, que son un monumento sonoro de prestigio mundial y de una calidez humana apabullante, y comprobar como el Auditorio no tenía ocupadas ni el veinticinco por ciento de sus butacas, fue una tremenda desilusión. No sé si falló la publicidad del concierto o si lo que falló fue el nivel cultural de la ciudad. En todo caso, algo falló. Y es triste.
Marcel viajó por primera vez a Bulgaria en el año 1950, en las épocas más duras de Bulgaria comunista recién acabada a II Guerra Mundial. Encontró un país empobrecido y absolutamente destrozado por la maquinaria militar nazi.
Pero allí, en medio de la destrucción, también descubre a unas campesinas, en Sapareva Bania, que le asombraron con sus juegos vocales y su capacidad armónica cantando a capella.
En 1975 Marcel publica el primer disco de vinilo con un conjunto de canciones populares que interpreta el Coro de Canciones Populares de la Radio y TV de Bulgaria. Para que el disco tuviera mejor acogida en el extranjero, le cambio el nombre al coro y pasó a llamarlo “El Misterio de las Voces Búlgaras”, nombre con el que empezaron a ser reconocidas en algunos países europeos.
Las primeras críticas musicales confirman lo que Marcel intuía: eran las mejores voces del mundo y sus canciones populares, que interpretan vestidas con los ropajes tradicionales del país, tenían la capacidad de trasladar al oyente a un espacio sonoro nuevo, distinto, sumamente atrayente, con reminiscencias lejanas pero próximas para casi todos nosotros. A mi como español, me recuerdan a los sonidos gitanos, zíngaros.
En el año 1987 el grupo sale por primera vez a cantar al extranjero, a Alemania. Dan 14 conciertos y su nombre empieza a sonar entre los más influyentes musicólogos. La Televisión Nacional de Bulgaria aprovecha la gira para rodar un documental titulado “El enigma de las voces búlgaras”.
Hasta el año 1990 no vuelven a salir de gira, en este caso a EE.UU. A raíz de este viaje de promoción, la fama se fue extendiendo por todo el mundo y también el número de sus actuaciones: sólo les falta por visitar Nueva Zelanda y Australia.
"En un comienzo, el coro se formó para preservar las tradiciones y dar conciertos por la televisión y la radio. No sé por qué las mujeres de Bulgaria cantan de este modo tan prodigioso, pero cuando queda un lugar vacante en el coro siempre surge una nueva maravillosa voz para reemplazarla", dice el manager del grupo, Vladimir Barov.
¿Qué tiene Angelite – El Misterio de las Voces Búlgaras para que sean admiradas, casi fanáticamente, por gentes de la música tan significativos como Peter Gabriel, George Harrison, Mercedes Sosa, Linda Ronstadt, Paul Simon, Charly García, Lito Vitale, Enrique Morente o Boby McFerrin?
Quizá lo que sucede es que cantan como viven; cantan canciones que hablan de los trabajos cotidianos y la vida de mujeres jóvenes y maduras, de madres y novias, de campesinas y montañesas. Las letras de sus canciones populares son la excusa para hablar de sus aventuras y desventuras, de recrear sus vivencias: "Puede ser que nuestras canciones sean extrañas para occidente, pero sucede que en Bulgaria hay voces que no son humanas y hablan sobre nuestra tradición. Como el viento", dice Vladimir Barov. "Hay cantantes que tienen sesenta años y que entraron al coro a través de competencias que se hacían en el interior de Bulgaria. Llegaban sin otra formación musical que los cantos que interpretaban habitualmente en sus pueblos. Hoy, en cambio, las chicas más jóvenes, que tienen diecinueve años, fueron postuladas por sus escuelas de canto. Llegan con otra preparación, pero el sentimiento es excluyente. Debe seguir siendo el mismo. Si bien el coro funciona en la capital de Bulgaria, en Sofía, la competencia para ocupar una vacante es un evento nacional", añade Barov.
Quizá ahí radica el éxito prodigioso de sus voces: son la memoria visible de un país que canta.
Hoy en día, y más en esta sociedad globalizada que tiende a la asimilación de culturas, será muy difícil encontrar ejemplos de autenticidad como el que representa Angelite – El Misterio de las Voces Búlgaras.
Una recomendación final: no dejéis de acudir a sus conciertos o, si no existe esa posibilidad, comprad alguno de sus discos y escucharlo en silencio, con las luces apagadas; mejor aún, con la luz parpadeante de una vela…
Alfredo Webmaster
Vídeo grabado por mí en el concierto del 5 de mayo de 2009
Video con la maravillosa canción “Zaidi, Zaidi Iasno Slantze” de Angelite – El Misterio de las Voces Búlgaras, usado para la banda sonora de la película “300”, del director Zack Zinder
Video de la primera actuación en EE.UU. en 1990, en la época de los vinilos
Si la desaparición de Enrique Urquijo fue el anuncio de que el final estaba próximo, la caída de Antonio Vega pone punto y final a una larga historia de músicas y músicos que hicieron mover (y pensar) a toda una generación de españoles que, con ellos, nos iniciamos en la vida adulta.
Sus guitarras y textos fueron la carta de presentación de una pléyade de nuevos españoles que queríamos vivir en una nueva España, más libre y abierta, en la España que arrancó con el convulso final de los 70’ y los ilusionadores primeros años 80’.
Con él, con Antonio, se acaban los tiempos de canciones tan maravillosas como Lobo hombre en París, Jardín Botánico, Cadillac solitario, Déjame, Galicia caníbal, Perlas ensangrentadas, Enfermera de noche, Bote de colón, Bailaré sobre tu tumba, Camino Soria, Juan Antonio Cortes, El pistolero, Groelandia, Yo tenía un novio que tocaba en un conjunto, Ataque preventivo, Metadona, El límite, Escuela de calor, Huesos… y, sobre todo, La chica de ayer, de Antonio Vega.
“La chica de ayer” era, para todos nosotros, aquella chica con la que soñamos en algún momento de nuestras vidas, la que nos ilusionó con cambiar el mundo que nos rodeaba, que nos llenó de ideales y sueños… y a la que anhelábamos besar apasionadamente.
Quizá alguien, en algún momento, en el futuro, será capaz de componer una o dos canciones buenas, pero nunca serán ni tantas ni tan definitorias de un estilo de ver la vida que ahora se agota, como se consumió la de Antonio Vega.
Alfredo Webmaster
Primera actuación en televisión de un jovencísimo Antonio Vega con Nacha Pop
Última actuación en televisión de Antonio Vega, muy deteriorado y mermado físicamente
Tal vez sea la canción de amor más bonita jamás escrita; desde luego, lo es entre las escritas en lengua española.
Pablo Milanés compuso “Yolanda” en poco más de una hora, en un momento de inspiración y arrebato creativo. La destinataria de la canción, Yolanda, fue la primera esposa de Pablo y madre de sus tres primeros hijos.
El poema musicado es absolutamente arrebatador, lleno de lirismo y sensibilidad, un patrimonio sonoro grabado en el recuerdo y los corazones de todos los que la hemos cantado alguna vez (o muchas veces).
Dice la leyenda, insisto, leyenda, que ella lo abandonó al poco tiempo de componerla, debido a una infección renal que obligó a Pablo a suspender todos sus conciertos y conferencias de prensa. Yolanda, mujer muy echada p’alante, no podía soportar los cuidados que necesitaba Pablo como paciente, ni las limitaciones que suponía dejar de tener los ingresos económicos del cantante, en una época de Cuba en la que se empezaban a notar los primeros efectos de la crisis rusa.
Además, en esa época a Pablo se le descubrió un cáncer óseo que le obligó a vivir con una prótesis en su pierna izquierda, cáncer que ocultó durante varios años.
En muchas de las entrevistas que se le hizo en las que se le preguntó sobre Yolanda, jamás comentó las razones de la separación ni dejó de hablar de ella con admiración, algo que sorprende en una persona que tuvo que sufrir el rechazo en una época dura de su vida.
Aún así, aún sabiendo la intrahistoria (¿?) de esta canción, “Yolanda” es y seguirá siendo una de las más maravillosas composiciones jamás escritas.
Un amigo mío gallego residente en Cuba, Paco González, del que no sé nada desde mi último viaje a la isla, hace de eso más de 5 años, había sido vecino y era padrino de uno de los hijos del segundo matrimonio de Pablo.
En una ocasión, estando en casa de Paco, Pablo apareció por allí a buscar un encargo; estuvo con nosotros durante unas dos horas. Me sorprendió su trato amigable y extremadamente cariñoso, su hablar suave pero firme, y su renqueante andar: en esa época yo no sabía que había tenido un cáncer.
La versión que vais a escuchar corresponde a un concierto en directo del año 84 u 85; el vídeo tiene un sonido algo deficiente pero tendremos la suerte de escuchar el directo de “Yolanda” por Pablo Milanés y Silvio Rodríguez, otra de las voces más increíbles de la música iberoamericana.
Una de las canciones más hermosas de la música está interpretada por una de las musas del hippismo, una mujer de voz rasgada y fortísima personalidad, un genio con una vida marcada por las desgracias y el desamparo.
Su canción “Cry baby” es un grito de socorro desgarrador, un profundo llanto reclamando cariño y amor, un tema que deja entrever la denodada batalla que entabló por ser feliz durante su corta vida: nunca lo consiguió.
He oído esta canción cientos de veces, y aún me sigue poniendo los pelos como escarpias.
Este tema fue grabado en el año 1970, junto a los Full Tilt Boggie, para su álbum póstumo, “Pearl”.
Alfredo Webmaster
Letra en inglés
Cry baby, cry baby, cry baby,
Honey, welcome back home.
I know she told you,
Honey I know she told you that she loved you
Much more than I did,
But all I know is that she left you,
And you swear that you just don't know why,
But you know, honey I'll always,
I'll always be around if you ever want me
Come on and cry, cry baby, cry baby, cry baby,
Oh honey, welcome back home.
Don't you know, honey,
Ain't nobody ever gonna love you
The way I try to do ?
Who'll take all your pain,
Honey, your heartache, too ?
And if you need me, you know
That I'll always be around if you ever want me
Come on and cry, cry baby, cry baby, cry baby,
Oh daddy, like you always saying to do.
And when you walk around the world, babe,
You said you'd try to look for the end of the road,
You might find out later that the road'll end in Detroit,
Honey, the road'll even end in Kathmandu.
You can go all around the world
Trying to find something to do with your life, baby,
When you only gotta do one thing well,
You only gotta do one thing well to make it in this world, babe.
You got a woman waiting for you there,
All you ever gotta do is be a good man one time to one woman
And that'll be the end of the road, babe,
I know you got more tears to share, babe,
So come on, come on, come on, come on, come on,
And cry, cry baby, cry baby, cry baby.
And if you ever feel a little lonely, dear,
I want you to come on, come on to your mama now,
And if you ever want a little love of a woman
Come on and baby baby baby babe babe baby now
Cry baby yeah.
Letra en español
Llora nene, llora nene, llora nene,
Cariño, bienvenido de nuevo a casa,
Ya sé que ella te dijo, cariño,
Ya sé que ella te dijo que te amaba mucho más que yo
Sí, lo único que sé es que ella te dejó
Y tú juras que no sabes por qué,
Pero sabes, cariño, que siempre, siempre estaré cerca
En caso de que me quieras,
Vamos y llora, llora nene, llora nene, llora nene,
Oh, cariño, bienvenido de nuevo a casa
¿No sabes, cariño,
Que nadie te amará nunca como yo trato de hacerlo?
¿Quién aliviará todo tu dolor, cariño, y también toda tu angustia?
Pero si tú me necesitas, sabes que siempre estaré cerca
En caso de que me quieras, vamos y llora, llora nene,
Llora nene, llora nene, como siempre dices que haces
Y cuando vagabas por todo el mundo, chico,
Decías que tratabas de encontrar el final del camino,
Después podrías descubrir que el camino acaba en Detroit
Cariño, el camino también puede acabar en Katmandú,
Puedes ir por todo el mundo
Tratando de encontrar algo que hacer con tu vida, nene,
Cuando en realidad sólo has de hacer una cosa bien
Sólo tienes que hacer una cosa bien en este mundo,
Nene, tienes una mujer esperándote aquí
Lo único que tienes que hacer
Es ser por una vez un buen hombre con una mujer
Y ese será el final del camino, nene
Sé que tienes más lágrimas para compartir, nene,
Así que vamos, vamos, vamos, vamos, vamos,
Y llora, llora nene, llora nene, llora nene,
Oh, ¿nunca te sentiste un poco solo, querido?
Quiero que vamos, que vamos ahora con tu mamá
Y si alguna vez quieres un poco de amor de una mujer
Janis Joplin nació el 19 de enero de 1943 en Port Arthur, localidad industrial de Texas. Sus padres, Seth (quien trabajaba en una refinería) y Doroty (que había destacado cantando en su instituto) hubieran querido que Janis fuera maestra.
Janis, en el primer año de instituto, se tiñó el pelo de naranja y se unió a una pandilla de jóvenes radicales, por lo que se convirtió en una marginada por sus compañeros de clase, siendo durante esta etapa una persona muy impopular, acusándosela de "amiga de los negros" por rechazar el racismo. A los 16 años comenzó a manifestar su amor por la música, frecuentando los bares de Louisiana, donde escuchaba música negra; a los 17 comenzó a cantar.
Grabó su primer disco cuando estudiaba Bellas Artes en la Universidad de Texas, luego comenzó a cantar de forma habitual en bares. En 1963, se trasladó a la ciudad de San Francisco donde empezó a ser conocida. Fue en este periodo cuando comenzó el contacto con la droga y se sumió en un estado de abandono, llegando a pesar 35 kilos. Anunció a su familia que volvería a sus estudios universitarios, y que se casaría con un hombre que había conocido en San Francisco, un tal J. P., pero el enlace no tuvo lugar ya que J. P. la abandonó y esto marcaría aún más su inseguridad afectiva y su sentimiento de soledad.
Después de este suceso, volvió a la música y junto a Julio Page regresó a San Francisco, empujada por el éxito. Se unió a la banda Big Brother and the Holding Company el 4 de julio de 1966, logrando una combinación perfecta y con la que grabaría el emblemático álbum “Cheap Thrills”.
Joplin amaba la libertad creativa de la escena musical en San Francisco. Obtuvo buenas críticas, cada vez más centradas en ella y menos en el grupo, lo cual reforzaba su autoestima y su carrera; pronto pasó a ser conocida en el resto de Estados Unidos.
Actuó con su banda en el Festival de Monterrey de 1967, donde intrepretó dos canciones "Combination of the two" y "Ball & chain" de Big Mama Thornton, junto con grandes estrellas, como Jimi Hendrix, Jefferson Airplane, Canned Heat, The Who, The Mamas and the Papas, The Byrds y Otis Redding. A partir de ese momento fue contratada por el productor de Bob Dylan, Albert Grossman.
Joplin eclipsaba a los Big Brother, pero su fama la agobiaba, por lo cual comenzó a consumir heroína durante la gira por todo el país. Decía: "Nada que se siente tan bien puede ser malo" o "Sólo quiero algo de paz".
En la primavera de 1968, se trasladaron a Nueva York para grabar su primer disco. Aquella combinación de música repetitiva, de estilo psicodélico de los 60, con la imponente voz de Joplin era prodigiosa y el disco salió en agosto de 1968. En el primer mes se vendieron más de un millón de copias y las críticas sobre ella fueron muy buenas.
El 16 de agosto de 1969 actuó con enorme éxito en el festival de Woodstock, donde fue una de las actuaciones más aclamadas, lo que la lanzó más aún a la fama.
Albert Grossman le propuso un cambio de grupo. La nueva banda "Kosmic Blues Band" sonaba distinto. Su sonido era excesivo, con trompetas, coros, etc. No funcionó y recibió malas críticas, como la de la revista Rolling Stone que la denominó la "Judy Garland del rock".
Comenzó a prodigarse en entrevistas, en las que terminaba hablando de su vida privada y de sus sentimientos. Decía que su vida era un frenesí en el que "hacía el amor con 25.000 personas en el escenario pero luego volvía a casa sola...".
Cada vez dependía más del alcohol y de la heroína pero, pese a ello, se había convertido en un símbolo de fuerza y de rebeldía para muchas mujeres de su época.
Quiso entonces volver a su pueblo, Port Arthur, como estrella del rock, pero no fue bien recibida y sus padres aprovecharon para marcharse. Este fracaso fue magnificado en los medios de comunicación, lo que convirtió el viaje en un desafío que se volvió contra ella. Poco después, su madre le diría "Ojalá no hubieras nacido".
En septiembre de 1970, se trasladó a Los Ángeles a grabar "Pearl" con su nuevo grupo. El 4 de octubre de 1970 había sido un buen día de grabación pero se fue de copas y se emborrachó. Según el estudio forense, murió a las 1:40 por sobredosis de heroína.
Janis ya había pasado por experiencias similares y había salido con vida, pero esta vez no había nadie para ayudarla y su cuerpo fue descubierto 18 horas después.
Algunas circunstancias en torno a su muerte permanecen sin explicar. La droga que la mató era de una pureza extrema (tenía el 40 % de pureza, mientras que lo común es que sea de sólo el 2 %), las jeringuillas que usó desaparecieron de su habitación horas después de su muerte y se especula con que pudo haber alguien más allí. De esta forma, los medios de comunicación rodearon su muerte de misterio, al igual que con las de Jimi Hendrix, Jim Morrison o Brian Jones.
A las seis semanas de su muerte, salió el disco "Pearl", en 1971. Fue un éxito absoluto y se mantuvo en el número uno de ventas durante 14 semanas.
Como homenaje, se dejó el tema "Mercedes Benz" a capella, sin música, ya que fue la última canción que Janis grabó; asimismo, se incluyó la canción "Buried Alive in the Blues" sólo con música, sin la voz de Janis que habría debido cantarla.
En el 2003, "Pearl" se colocó en el lugar 122 de los 500 mejores álbumes de todos los tiempos. La canción “Me & bobby McGee” se colocó en el lugar 148 de las 500 mejores canciones de todos los tiempos.
El cuerpo de Janis Joplin fue incinerado en Westwood, California, y arrojadas sus cenizas al Océano Pacífico, en la playa de Stinson. Dejó en testamento 600 dólares a sus amigos para que celebraran su muerte con una fiesta salvaje.
Fue una artista siempre polémica que ha sido inspiración para otros grandes de la música.
Hoy inauguro una nueva categoría en el blog: Música para el alma.
Para inaugurarla, no se me ocurre mejor manera que hacerlo que con una canción del grupo musical preferido de mi hija, Nine Inch Nails, pero interpretada por la voz y con el estilo de uno de los más maravillosos intérpretes y compositores de la música de los últimos 100 años: Johnny Cash, el Hombre de Negro.
En 2002, Johnny Cash publicó “The man comes around”, la cuarta entrega de sus célebres grabaciones para American Recordings. Este disco, una obra maestra en la que el genio de Cash reinterpretó temas de otros compositores, podréis oír canciones con una nueva vida sonora, con marcada influencia country y un estremecedor e inconfundible halo de despedida: al año de la publicación de este disco, Johnny Cash murió.
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