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Fascismos y dictaduras

La mala memoria de Fidel


Creo que hay muchas cosas por las que vale la pena hacer (y morir por) una revolución, pero hay otras por las que vale la pena huir (sin mirar atrás) de algunas revoluciones. Eso es Cuba hoy (y desde hace muchos años).

Aún sabiendo que de los errores se aprende, me acuso de haber cometido muchos durante muchos años sin ser capaz de aprender. De uno de los que más reniego, es el de haber apoyado demasiado tiempo muchas de las cosas que vi en Cuba desde mi primer viaje allí, a principios de los años 80.

Después de ese primer viaje vieron otros… y seguí sin reconocer que los errores de la “Revolución” no eran sólo errores: eran arbitrariedades, eran injusticias, eran atentados contra la dignidad humana. Eso es Cuba hoy (y desde hace muchos años).

Me avergüenzo de hacer chocado la mano a Carlos Lage y a Fidel Castro en la Feria Internacional del La Habana del año 1998, de haber intercambiado algunas palabras con ellos, de haberles reído sus "gracias", de haberles acompañado durante la visita al stand de un amigo mío. Me siento abochornado como demócrata por no haber aprovechado esa oportunidad para hacerles ver lo contrarrevolucionario que resultaba su comportamiento y que la represión de las libertades individuales, el más preciado de los derechos de un ciudadano libre, era incompatible con el concepto marxista del “hombre nuevo, sociedad nueva”.

Durante un tiempo (demasiado largo) defendí la Revolución y con mis (demasiados) viajes a la isla contribuí a mantener viva esa mentira.

Hace unos meses, leyendo a Félix de Azúa, coincidí con él en un concepto importantísimo en el que no había caído antes: mientras algunos miembros de la izquierda europea sigan manteniendo el apoyo a regímenes corruptos, nada democráticos y absolutamente enloquecidos como el cubano, lo único que se va a conseguir es que, dentro de poco tiempo, sólo existirán personas de más de 60 años que defiendan ideologías socialistas o socialdemócratas.

Orlando Zapata, un albañil de profesión, un “peligrosísimo” disidente que llevaba más de 6 años en prisión y al que aún le quedaban 25 años más acusado de un supuesto delito que produce risa (y vergüenza), murió víctima de una huelga de hambre exigiendo la mejora de las condiciones de vida de la cárcel en donde estaba preso.

Siento dolor, rabia, ira, desprecio… y pena por lo sucedido. Me siento estafado, ultrajado, humillado y escandalizado por el comportamiento de personajes que se vendían como revolucionarios (el Che, Fidel) y que, a la postre, resultaron ser sólo dictadores de la peor calaña.

Y pedí perdón a la familia de Orlando Zapata y a todos los que como él sufrieron prisión o tuvieron que exilarse, por no haber hecho algo más por su libertad.

Hoy me toca pedir un nuevo perdón: en El País de ayer, uno de sus editoriales hacía referencia a las palabras pronunciadas, hace pocos días, por Fidel Castro en un discurso en el que pidió perdón por las arbitrariedades cometidas con los homosexuales de Cuba.

Como muy bien dice el refrán “a buenas horas mangas verdes”: para los que tuvieron que huir de Cuba o los que pasaron años en las cárceles por ser gays o lesbianas, 51 años después esa petición de perdón llega demasiado tarde.

A ellos, a la gente que por su tendencia sexual reprimieron de forma inhumana, pido también perdón por no haber defendido sus derechos inalienables.

Alfredo Webmaster


“La memoria de Fidel”, editorial de elpais.com, 03/09/2010

Corrían los años sesenta y la barba y el puro de Fidel Castro, por no hablar de la boina del Che, eran todo un ejemplo a seguir para millones de jóvenes occidentales que en París, Londres o Madrid apostaban por una auténtica revuelta extremadamente permisiva en todo tipo de relaciones sexuales. Y mientras los hippies cantaban al amor libre, aquellos ídolos creaban en la Cuba de la liberación las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), auténticos campos de concentración donde se intentó esconder, castigar o "reeducar" a cerca de 25.000 jóvenes culpables del nefando pecado de la homosexualidad.

Néstor Almendros o Reinaldo Arenas ya nos contaron aquella historia desoladora, que la izquierda biempensante prefirió esconder en el cajón de las cosas que no existen si no se cuentan. Ahora, Fidel Castro asume que se trató de una gran injusticia. Algo es algo, se dirán quienes sufrieron aquella persecución, pero seguramente las víctimas habrían preferido que el anciano líder revolucionario no hubiera recurrido al pretexto de que los dirigentes no le prestaron mucha atención a ese problema porque había otros más urgentes.

Nadie duda de que había otros graves problemas, pero a la UMAP el propio Castro le dedicó, al menos, el tiempo justo para lanzar aquellas proclamas que hoy asuenan como salidas de la Edad Media: "Yo no soy científico, pero sí observé siempre una cosa: que el campo no daba ese subproducto. Estoy seguro de que independientemente de cualquier teoría, hay mucho de ambiente y de reblandecimiento en ese problema. Pero todos son parientes: el lumpencito, el vago, el elvispresliano, el pitusa".

A personajes como Fidel, a los que de vez en cuando les gusta reconocer algún error de juventud, quizá les convendría más generosidad. Si no se acuerdan de los detalles, algunos de los que han tenido que huir de la isla o han estado años presos en las cárceles de El Morro, Villa Marista o Mazorra, pueden refrescarle la memoria.

Y junto al triste recuerdo de las UMAP, la denuncia de un presente: todavía hay más de 80 países en el mundo que penalizan la homosexualidad y siete que la castigan con la pena de muerte.

 

Me acuerdo de Imanol…


La vuelta atrás, al recuerdo de un valiente luchador que se fue demasiado pronto desde demasiado lejos, me llevó a escuchar de nuevo su canción más bella, más sentida, más sublime: “Ausencia”.

Imanol, nombre popular con el que se conoce a Imanol Larzabal Goñi, nació en San Sebastián (Guipúzcoa, País Vasco, España) en el año 1947. Después de pasar por ETA, de sufrir varios años de cárcel durante la dictadura de Franco, el exilio durante la dictadura, de haber militado en Unificación Comunista y de rondar el PSOE, en el año 2000 tuvo que huír del País Vasco después de casi cuatro años ininterrumpidos de amenazas, agresiones, atentados a sus propiedades, pintadas con su nombre escrito en dianas de tiro, suspensión arbitraria de conciertos, las cobardías de amigos y allegados que no supieron defenderle ni apoyarle, y el total y absoluto desprecio por parte del PNV y el resto de partidos nacionalistas, a raíz de su participación en el homenaje que se le hizo a Yoyes (Dolores Gonzalez Katarain, exdirigente de la organización terrorista ETA, a la que asesinaros sus propios compañeros por haber abandonado la lucha armada) en el año 1986.

Así era él, un vasco de pura cepa, enorme y campechano, un muchachón que jamás tuvo miedo ni reparo en defender sus ideales, primero contra el dictador Franco y después contra la barbarie de los encapuchados etarras que sólo saben usar el 9 × 19 mm Parabellum.

Pese a que su imagen y su lucha contra ETA y su entorno fue usado por algunos de forma indeseable (el PP y sectores radicales de víctimas del terrorismo) para “arrimar la ascua a su sardina”, a estas alturas de la vida ya sabemos distinguir las voces de los ecos… e Imanol era (es) una voz, quizá la más poderosa y valiente de todas las que salieron exiladas del País Vasco.

El 25 de junio de 2004, mientras preparaba un concierto-homenaje a los republicanos españoles en Orihuela (Alicante, España), homenaje del que tengo el CD y vídeo de las actuaciones (ya faltaba él…), sufrió repentinamente un derrame cerebral, muriendo a los dos días, el 26, lejos de su tierra, exilado dentro de su propia patria, lejos de sus raíces, olvidado por el mismo pueblo al que él tanto defendió.

De los silencios ignominiosos e inmorales de una parte de la sociedad vasca, sirva de ejemplo el texto que sobre este insigne cantautor publica la página web de un organismo público vasco (la Fundación de Eusko Ikaskuntza-Sociedad de Estudios Vascos) financiado con fondos públicos de todos, incluido yo (y tu, que lees este texto). Si lo queréis leer, entrad en la dirección: Euskomedia – Kultura Topagunea. Ahí podréis descubrir como después de hacer un recorrido por su vida resaltando, sobre todo, su actividad más nacionalista, los datos llegan justo hasta el año 1986, fecha en la que Imanol participó en el homenaje a Yoyes, la exterrorista arrepentida… y desde esa fecha hasta su muerte (18 años después), nada. Silencio. Ostracismo. Desprecio. Olvido vergonzoso. Miseria moral.

Obviamente, viendo como se comporta un organismo público vasco pagado con (mis) impuestos, una entidad que debería ser imparcial, neutral y defensora de todos por igual, incluidos los no nacionalistas, entiendo perfectamente que Imanol huyera: vivir así, sin libertad de pensamiento, es imposible vivir.

Su última obra, inacabada, iba a ser un disco de canciones de cuna en diversos idiomas, un reflejo de su cariz más humano y su bonhomía.

El vídeo es un montaje que incluye la hermosísima canción “Ausencia”, escrita a raíz del exilio de Imanol al huír del País Vasco (en el norte de España) a Alicante (en el sur de España), en el que la música va acompañada de las imágenes de uno de los pocos homenajes que le hicieron algunos amigos en San Sebastián (País Vasco, España), en el año 2008, ya muerto.

Siempre quedará en mi recuerdo su vozarrón insustituible e inolvidable.

Alfredo Webmaster

 

 

Ausencia”, música de Imanol y texto

del Soneto 61 de

Félix Lope de Vega y Carpio

Ir y quedarse, y con quedar partirse,

partir sin alma, e ir con alma ajena,

oír la dulce voz de una sirena

y no poder del árbol desasirse;

arder como la vela y consumirse,

haciendo torres sobre la tierna arena;

caer de un cielo, y ser demonio en pena,

y de serlo jamás arrepentirse;

hablar entre las mudas soledades,

pedir prestada sobre la fe paciencia,

y lo que es temporal llamar eterno;

creer sospechas o negar verdades,

es lo que llaman en el mundo ausencia,

fuego en el alma, y en la vida infierno.

 

 

Los humoristas no se ríen


Por Manolo Saco para publico.es, 23/08/2010

En Brasil se han echado a la calle los humoristas porque las autoridades han prohibido por decreto divulgar, en emisoras y periódicos, imágenes o afirmaciones que puedan “denigrar o ridiculizar” a cualquiera de los candidatos a la presidencia del país en las próximas elecciones del 3 de octubre. Inexplicable. Ahora que en nuestra Antena 3 comienza “El club del chiste VIP”, con los políticos trabajando de humoristas (oficialmente, por fin), los brasileños caminan con el pie cambiado y pretenden destruir el espejo en el que mirar las miserias de los mandatarios públicos, ese espejo del Callejón del Gato que es el humor, que no tiene piedad de famas y cuyo contacto todo lo corroe.

Lo que demuestra que el miedo a la crítica no es privativo de sociedades dictatoriales o totalitarias. Basta con rascar en la piel de países como Italia o Venezuela para comprobar que las restricciones a la libertad de opinión y crítica son un recurso recurrente, con el empleo de los más variados y peregrinos argumentos, y siempre por nuestro bien, por supuesto.

Nuestro viejo régimen era un especialista en el asunto. Obreros y estudiantes en huelga pasaban a ser delincuentes comunes por orden administrativa, los detenidos se suicidaban sospechosamente tirándose de las ventanas de dependencias policiales, los grupos de resistencia armada de la posguerra, el maquis, eran simples bandoleros, y todo opositor al régimen formaba parte de una confabulación judeo-marxista-masónica, pagada por un inagotable tesoro guardado en algún lugar de Moscú, que tenía como objetivo la destrucción de España a golpe de talonario.

Para aquel régimen, hasta los homosexuales, “que apenas existían”, por cierto, eran delincuentes peligrosos a los que se les aplicaba la reformada “Ley de vagos y maleantes” nacida en la República. Hay “delitos” y situaciones que ciertas sociedades no pueden consentir, así que mejor es que no se hable de ellos. La Ley para la Seguridad del Estado de 1941 intentaba poner coto al “menosprecio público de las más esenciales prerrogativas de la autoridad”.

En ese caldo de cultivo fascista, el humor tuvo que hacerse “blanco”, libre de toda crítica pública y política, al que se permitía antes un leve desahogo de cierta tensión sexual que la más leve crítica a la autoridad, fuese política, religiosa o militar, por supuesto. Pero como el censor (y de esto yo sé mucho, os recuerdo que soy un aprendiz de censor) se distingue sobre todo por su torpeza de criterio y su incapacidad absoluta para el humor, las publicaciones acudieron al recurso humorístico para burlar a los censores, siempre preocupados por lo mismo, como mi confesor. La Codorniz, “la revista más audaz para el lector más inteligente”, llegó a representar un instrumento de propagación de rumores que la prensa del régimen no podía ni mencionar. Más tarde, en el franquismo declinante, revistas como Triunfo, Cuadernos para el diálogo o Cambio16 hicieron un ejercicio soberbio de redacción para “escribir y leer entre líneas”, esas líneas que el estúpido censor era incapaz de comprender. Como el dios de Einstein, escribíamos derecho sobre renglones torcidos.

En Venezuela, que se ha revelado como uno de los países de Latinoamérica con mayor índice de asesinatos, muy por encima de las ya míticas cifras de Colombia o México, el gobierno intentó torpemente censurar los datos recolectados por su Instituto Nacional de Estadísticas prohibiendo publicar “fotos, informaciones y publicidad” sobre violencia, sin duda porque la situación de caos e inseguridad que reflejaban esos datos no encajaban bien con la situación idílica de la revolución bolivariana. No lo han conseguido gracias a un tribunal que anuló en parte la orden gubernamental.

Un traspiés, no más. Como sabéis, allí el humor en la información lo pone directamente el presidente Hugo Chávez en su programa televisivo. Si aquí, en una dictadura, conseguimos torear a los tribunales con el recurso del humor, ¿qué tribunal podrá resistirse al ingenio del líder de la revolución democrática bolivariana?

 

El día en el que se privatizó la guerra


Mapa de la distribución de tropas extranjeras en Afganistán

Por Rosa María Artal

El día en el que Bush decidió privatizar la guerra algo trascendental cambió en el mundo. Cierto que, desde siempre, los conflictos de poder, ideológicos o de religión ocultaban un trasfondo económicodemasiada rapiña sólo para convertir infieles-, pero por primera vez se oficializaba el lucro como objetivo. Al menos, para un sector sustancial de quienes participan en las contiendas. Y no es inocuo en un mundo global (para lo que quieren).

Karzai, el presidente que, en todo el mundo, menos manda en su propio país –Afganistán- (a salvo del que ocupa la presidencia del llamado gobierno transicional de Somalia), ha dado una patada a la mesa y concedido 4 meses de plazo para que abandonen Afganistán las “empresas de seguridad” que allí operan. Un eufemismo –uno de tantos- que esconde a auténticos mercenarios de la guerra. ¿Qué han hecho para que un débil presidente adopte tan drástica medida que le enfrenta a EEUU? Son 40.000 efectivos. De 52 empresas diferentes. Y Karzai argumenta que han causado “incidentes trágicos y horrorosos“.

No son individuos contratados, sino auténticas empresas mercenarias. Nacieron al calor de los atentados del 11S, auspiciadas por George W. Bush, que las utilizó en su “lucha contra el terrorismo”. La principal, Blackwater, dispone de una poderosa flota de aviones de guerra y un ingente número de soldados. Cuando Bush, con la ayuda de Blair y Aznar, invadió Irak, la proporción era de 10 soldados profesionales estadounidenses por uno privado. Después, –según datos del periodista norteamericano Jerey Scahill en 2008, corroborados por Naomi Klein- había desplegados 180.000 contratados, frente a 160.000 militares profesionales estadounidenses.

Blackwater ya se ofreció en el universalmente publicitado desastre del Katrina a asegurar el mantenimiento del orden en Nueva Orleáns, sustituyendo a la policía. Planea hacerse cargo de lo que llama “prevención de genocidios” y dirige su atención al control de las fronteras, al punto de levantar una nueva sede de operaciones en la de EEUU con México. También abre sus mercados para solucionar “el problema colombiano” y otros conflictos de sus vecinos del sur.

Por otro lado, Halliburton, la empresa oficiosamente vinculada a Bush y el que fuera su vicepresidente Dick Cheney, obtuvo contratos millonarios y sin licitación, a dedo, para “reconstruir” Irak y, también, andaba edificando cerca de la frontera de México cárceles privadas para inmigrantes ilegales.

Pues bien, desde que recopilé estos datos hace 2 años, ya han surgido 50 empresas más que hacen la guerra privada. Operan en Afganistán. Desgraciado país medieval de infinita riqueza, económica, geopolítica y estratégica, cuya dominación muchos se llevan disputando durante décadas (incluidos los extremistas talibanes patrios). Allí, la esperanza de vida no llega a los 46 años, mueren el 15% de los niños, solo esta alfabetizada la cuarta parte de sus habitantes, y las mujeres –tapiadas en vida- son tratadas como animales. Sin televisores, ni periódicos, muchos de ellos no llegaron a conocer el rostro del fundador de Al Qaeda, aquel por cuya infructuosa búsqueda morían y siguen muriendo desde hace 9 años, como excusa de una sucia mezcla de intereses.

¿Qué harán estas empresas dedicadas a la obtención de beneficios si termina esta guerra y las demás, si son expulsados por sus desmanes? ¿Es descabellado, es demagogo, pensar que se puedan alquilar a otras empresas decididas a obtener ganancias privadas con el uso de las armas por cualquier medio?

 

Como a veces se nos olvida…


 

Como a veces se nos olvida que el poder y la dignidad son patrimonios de los ciudadanos libres, nunca viene mal que volvamos a oír las sentidas palabras Albert Lory (Charles Laughton) y Louise (Maureen O’Hara) de los últimos cinco minutos de la obra maestra de Jean Renoir, “This land is mine”, de 1943.

Demasiadas veces, sobre todo ahora, con la victoria del capitalismo más feroz sobre los derechos de los trabajadores, demasiadas veces, repito, nos olvidamos de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano aprobada por la Asamblea Nacional Constituyente francesa el 26 de agosto de 1789, y de lo que en ella dice:

“- Artículo primero.- Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos. Las distinciones sociales sólo pueden fundarse en la utilidad común.

- Artículo 2.- La finalidad de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles del hombre. Tales derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión.

- Artículo 3.- El principio de toda soberanía reside esencialmente en la Nación. Ningún cuerpo, ningún individuo, pueden ejercer una autoridad que no emane expresamente de ella.

- Artículo 4.- La libertad consiste en poder hacer todo aquello que no perjudique a otro: por eso, el ejercicio de los derechos naturales de cada hombre no tiene otros límites que los que garantizan a los demás miembros de la sociedad el goce de estos mismos derechos. Tales límites sólo pueden ser determinados por la ley.”

Después de 221 años, todo el enunciado de esta Declaración es papel mojado: ni todos nacemos libres, ni todos pertenecemos a la misma clase social, ni todos tenemos las mismas libertades, ni tenemos la misma seguridad, ni podemos ejercer nuestro derecho a decidir el destino de nuestro país de forma asamblearia.

Si hace de 222 años la vida de un hombre dependía de los designios de un rey absolutista, hoy, 221 años después, nuestro destino lo decide los mercados monetarios y las opciones de futuro: triste final para los derechos del hombre.

Alfredo Webmaster
 
 This land is mine” de Jean Renoir
 
 

Contra la impunidad del franquismo y sus descendientes naturales


Somos muchos los que por activa o pasiva hemos tenido que sufrir la represión del franquismo. Algunos (miles y miles) lo hicieron penando en la cárcel sin juicios o con sentenciar arbitrarias, otros (miles y miles) luchando en la posguerra como maquis escondidos en los montes de España, muchos (miles y miles) muriendo en el campo de batalla luchando contra las fuerzas fascistas y facinerosas, a montones (miles y miles: más de 113.000) muriendo asesinados a traición y enterrados en las cunetas de las carreteras de mi país, etc., etc., etc.

Yo, por ser más joven que los que estuvieron en la guerra civil, lo sufrí indirectamente en la piel de mi padre, preso y perseguido durante años por sus creencias, o en el sinvivir de mi madre, insultada y vilipendiada por unos energúmenos ineducados y carentes de cualquier tipo de dignidad humana, mientras eran azuzados contra de ella por los curas y monjas de la España más oscura, abyecta y malvada.

Afortunadamente, lo que no soy es descendiente de alguno de esos 113.000 honrados españoles que tienen a sus familiares enterrados como perros, sin saber el sitio concreto en donde los arrojaron, en donde los escondieron, en donde los humillaron, en donde los asesinaron.

Esas 113.000 familias, después de más de 70 (SETENTA) años, siguen sin tener derecho a buscar y enterrar dignamente a sus bisabuelos, abuelos, padres o, en algunos casos, hermanos.

Esas 113.000 familias son el vivo reflejo de la iniquidad de un sistema judicial que ampara al asesino que asesinó a sus familiares (y protege “el buen nombre” de los descendientes de los asesinos) mientras ataca miserablemente al juez que trataba de ayudarlas.

Esas 113.000 familias sufren cada día viendo como un juez honrado y cabal, Baltasar Garzón, es arrastrado por el fango de las miserias de la justicia española, una justicia que trata de evitar que se haga justicia (valga la redundancia) y que utiliza todas las argucias legales (e ilegales) para tapar el sufrimiento de los 113.000 represaliados a manos del general Franco y sus secuaces.

Para esas familias, en su honor, Azucena Rodriguez grabó el cortometraje que veréis a continuación, un trabajo englobado dentro del proyecto "Cultura contra la impunidad", que pretende denunciar "el abandono político en el que se encuentran las víctimas del franquismo".

Para dar vida a los personajes, Azucena contó con la ayuda desinteresada de 15 grandes personajes de la escena y el arte español, hombres y mujeres comprometidos con la lucha por el recuerdo y la dignidad de las 113.000 personas mancilladas por los fascistas del general Franco y sus secuaces (y descendientes). Los nombres de estos 15 protagonistas, son: Pedro Almodóvar, Maribel Verdú, Hugo Silva, Juan José Millás, Carmen Machi, Juan Diego Botto, José Manuel Seda, María Galiana, Aitana Sánchez-Gijón, Miguel Ríos, Pilar Bardem, Almudena Grandes, Juan Diego, Paco León y Javier Bardem.

Después de cada testimonio, después de cada relato de este vídeo, lo único que oímos es el sonido de la descarga de las balas de un pelotón de fusilamiento, el último ruido que debieron oír todos y cada uno de los 113.000 desaparecidos de mi país.

Pedro Almodóvar interpreta a Virgilio Leret Ruiz, aviador, Jefe de las Fuerzas Aéreas de la Zona Oriental de Marruecos. Fue el primer militar asesinado por sus compañeros sublevados al amanecer del 18 de julio de 1936 en la Base Aérea Militar de Melilla. No tuvo ni abogado, ni juicio, ni sentencia. Sus hijas todavía lo están buscando. El cineasta no ha podido asistir a la presentación del vídeo porque estaba haciendo localizaciones para su próxima película, pero envió una nota en la que se leía: "No es una cuestión política, sino humana. España no debe olvidar la deuda que tiene con estas miles de familias".

Maribel Verdú pone voz a Primitiva Rodríguez, enlace de la guerrilla antifranquista, detenida el 6 de septiembre de 1947. Su sobrino iba con ella y vio cómo dos hombres la violaban detrás de unos arbustos mientras a él lo alejaban del lugar en una camioneta.

Javier Bardem es Francisco Escribano, un cabrero de 18 años al que fusilaron el 1 de julio de 1941 por haber robado "para los del monte" dos sacos de garbanzos, una manta, unas tijeras, seis calcetines, seis pañuelos y diez pesetas. En la misma tapia, y por el mismo delito, murieron su padre, dos de sus tíos y uno de sus primos.

Almudena Grandes se mete en la piel de Granada Garzón de la Hera. El cura de su pueblo la denunció por no estar casada por la Iglesia. Primero la excomulgaron, después, la raptaron y le raparon la cabeza. Fue fusilada con otras 16 mujeres. Después de enterrar sus cuerpos en un lugar desconocido, denunciaron a su marido. También fue asesinado, como el mayor de sus siete hijos. "Lo que han visto", ha dicho la escritora tras la presentación del vídeo, "no tiene que ver con el pasado de este país, sino con el presente, y sobre todo con su futuro. La democracia no puede seguir ignorando esta tragedia y caminando sobre el vacío. Esto no es un ejercicio nostálgico, sino una llamada a la reflexión sobre el tipo de país que queremos ser", ha añadido.

María Galiana, que antes de ser actriz fue maestra, recuerda la historia de Balbina Gayo Gutiérrez, maestra republicana, detenida el 9 de septiembre de 1936 y asesinada al día siguiente. A su marido, Ceferino Farfante Rodríguez, también maestro, lo mataron un día después, cuando fue a preguntar por ella. Dejaron tres hijas muy pequeñas que todavía los están buscando. Entre ellas, Hilda Farfante, que ha asistido, muy emocionada, a la presentación del vídeo. "Me ha parecido un grito contra tan largo y vergonzoso silencio. Nadie había hecho nada semejante por nuestros muertos. Gracias en nombre de 113.000 familias", ha dicho.

Juan Diego Botto es Santos Valentín Francisco Díaz, herrador, tesorero del Círculo Obrero. Fue detenido en agosto de 1936 y encerrado en un campo de concentración. En octubre de ese mismo año le fusilaron junto a otras seis personas en Villadangos del Páramo (León). Dejó siete hijos, el mayor de 17 años, el menor de 11 meses. Su cuerpo no ha sido recuperado. Botto ha agradecido esta mañana "el coraje, la generosidad y la inmensa paciencia que los familiares de las víctimas han demostrado todos estos años, desde la Transición", y ha deseado que el país "se ponga a su altura".

Carmen Machi pone voz a Isabel Picorel. El 26 de agosto de 1936 escapó de su casa junto a sus tres hijos, después de que la avisaran de que los falangistas iban a detenerla por sus simpatías republicanas y como castigo a su marido, quien, tras el golpe de Estado del 18 de julio, se había unido a las fuerzas democráticas republicanas de Asturias. Al volver a su casa para recoger algunas pertenencias fue detenida. La asesinaron junto a otros tres hombres en una cuneta en el municipio de Fresnedo.

Juan José Millás es Antonio Parra Ortega, un jornalero de 34 años, asesinado el 4 de septiembre de 1936. Tenía dos hijos y dos meses después de que lo asesinaran nació su hija Antonia que ha viajado desde Marchena a Madrid para ver el vídeo. "Me ha emocionado mucho conocerla", ha dicho Millás, al que le había impresionado mucho sobre todo, una imagen de la historia de Antonio Parra. "Su mujer enterró los libros que había en casa en el patio porque ella sabía que lo habían matado por leer".

Aitana Sánchez-Gijón recuerda a Julia Conesa, una de las 13 rosas. En mayo de 1939 un conocido de su novio la denunció a la policía. La fusilaron el 5 de agosto. Tenía 19 años. La actriz, muy emocionada, ha reconocido, tras ver el vídeo, que le estaba costando "mantener la compostura". "La democracia no es completa si no hay reparación. Ya basta", ha dicho.

Paco León se pone en la piel de su bisabuelo, Joaquín León Trejo, maestro de escuela en un pueblo de Sevilla. Un alumno le denunció por republicano. Le fusilaron a él y a sus dos hermanos.

Pilar Bardem habla en nombre de María Álvarez, que durante años ayudó a los guerrilleros antifranquistas. Fue asesinada con su hermano Marcelino en julio de 1951.

José Manuel Seda recuerda a Gerardo González Iglesias, jornalero, militante de UGT y padre de cuatro hijos. Al comienzo de la guerra se alistó como miliciano. Fue fusilado el 5 de marzo de 1938. Fue a parar a una fosa común. Sus hermanos Ángel, de 32 años y Ramón, de 26, también fueron asesinados. En la presentación del vídeo ha destacado la valentía de los que, como Gerardo González, habían dado su vida por defender sus convicciones. "Me pregunto si yo sería capaz de tirarme al monte para defender lo que creo".

Hugo Silva es José Villalibre Toral, albañil y labrador. El 22 de agosto de 1936 fueron a buscarlo un grupo de falangistas, que lo asesinaron horas después. Tampoco tuvo ni abogado, ni juicio, ni sentencia.

Miguel Ríos recuerda a Severiano Rivas, alcalde republicano. Fue detenido en 1936 mientras estaba tomando un café. A los dos meses, le pegaron un tiro y abandonaron su cuerpo en los alrededores del cementerio.

Juan Diego es Feliciano Marcos Brasa, de Destriana (León), miembro de las Juventudes Socialistas de su localidad natal e hijo de Higinio Marcos Pérez, presidente de la Sociedad de Trabajadores de la Tierra. A finales de julio de 1936, Feliciano fue secuestrado en su pueblo y torturado, asesinado y enterrado en un paraje alejado varios kilómetros. En octubre de ese mismo año su padre fue también asesinado junto a dos vecinos.

Si después de visionar este admirable recuerdo por los 113.000 inocentes asesinados, si después de verlo no sientes la imperiosa necesidad de ser parte de la lucha por la dignidad de las familiares de los desaparecidos, tiéntate el pecho: posiblemente no tienes corazón (ni dignidad).

Alfredo Webmaster

 

 

Una pareja de locutores (de radio) que no tiene ni pizca de gracias…


En el programa El Intermedio, de la cadena de televisión la Sexta, que dirige magistralmente El Gran Wyoming (José Miguel Monzón Navarro) con la colaboración de Beatriz “La China” Montañez, se habló sobre dos de los peores (como personas, como seres humanos) locutores de la radio española, dos personajes famosos por sus soeces (no por sexo, no) y falaces comentarios que propalan a los cuatro vientos. Estoy hablado "del" César Vidal (¡papá, que vergüenza que esté éste fulano donde también estás metido tu!) o del presunto delincuente (por tener varias querellas en marcha o por haber sido condenado por difamación) Federico Jiménez Losantos.

Estos dos fulanos, el Vidal y el Losantos, fueron hasta no hace muchas fechas los presentadores estrellas de la cadena de radio de la Conferencia Episcopal Española. Por sus bocas salieron (más bien vomitaron) tanta y tanta bilis, tanto y tanto desprecio y maledicencia, que hasta los obispos españoles (que no tuvieron reparos en amparar a los militares españoles que mano alzada apoyaron a Hitler), los expulsaron de la cadena previo pago de unas suculentas indemnizaciones.

A raíz de lo sucedido en Gaza hace pocos días, cuando el ejército israelí abordó barcos neutrales en aguas internacionales, acto de piratería totalmente prohibido por el derecho internacional, matando, hiriendo y secuestrando a personas (entre ellas, algún español) que nada tenían que ver con grupos terroristas, los dos fulanos citados antes, los susodichos Vidal y Losantos, se dedicaron a pregonar a los cuatro vientos todo tipo de mentiras y calumnias que se caen por su propio peso, a poco que sepamos de la realidad diaria que se vive en Gaza.

Obviamente, tanto El Gran Wyoming como Beatriz “La China” Montañez no podían dejar de comentar las barbaridades que dijeron esos dos fulanos, y el resultado es este vídeo que está más abajo.

Alfredo Webmaster

 

Garzón, un hombre decente


Por José Bono para elpais.com, 16/05/2010

Querido Baltasar: Por estas fechas, en tu tierra se canta: "Algo se muere en el alma, cuando un amigo se va". Pues eso, tengo tristeza en el alma por la suerte transitoria que rencores y manos sucias te desean. No te soportan.

Hoy, me han pedido unas letras sobre ti en EL PAÍS. He decidido, más que regalarle al periódico un artículo, recordar en público la historia de nuestra relación personal y mandarte esta carta.

Era el año 1992. Fui, como todas las Navidades, a pasar un día con los guardias civiles que prestaban servicio en Herrera de la Mancha. Allí manifesté que los éxitos de los guardias eran, a veces, vampirizados por los jueces. Te enfadaste. No nos conocíamos. Ventura nos llevó a comer al Asador Donostiarra y allí dijiste algo que no me pasó por alto: "Soy un progresista sin partido... que quiere ayudar a los que más necesitan". Al acabar llamé a Felipe González y le conté la cena. Me impulsó a que te tantease: "¿Vendría a las elecciones con nosotros?" Acabamos en los Quintos de Mora y a los pocos días el Comité Federal del PSOE -por unanimidad, que algunos olvidan- te propusieron como número dos de nuestras candidaturas por Madrid, justo detrás de Felipe. Asumimos que la llegada de un juez prestigioso a nuestras filas obraría el milagro. Así fue. Ganamos las elecciones y algo debiste influir en ello. ¿Recuerdas en Lugo, cuando te quejabas de que los mismos que te vitoreaban anteayer te odiaban hoy por ir con nosotros?

Eres de esas personas que sabe que la esperanza de vida al nacer es suficientemente corta como para entregarse a la rutina, la mediocridad, la inacción o la sopa boba. Nunca soportaste el estruendoso silencio de quienes se encojen de hombros. Es más, en materia de lucha antiterrorista hiciste un favor a España que nunca te pagaremos: por los muchos asesinos que encerraste y porque ayudaste a que los términos indiferencia y complicidad fueran sinónimos.

Luego te incomodaste. Razones tenías, pero la verdad es que eres un poco enfadica. Recuerdo las llamadas a deshora de Felipe: "¡Ve a ver a Garzón!". Ya no había remedio: tu personalidad indómita había chocado con un modo de hacer política muy de Felipe. Nos peleamos bien peleados y, desde luego, yo me quedé con Felipe y con PSOE. Tú te fuiste con un sonoro portazo que hizo felices a bastantes de los que hoy te quieren meter preso. Lo que hiciste con nosotros fue muy duro.

Te fuiste al Juzgado y empezaste a darnos cera. No sé hasta qué punto el cambio de escenario pudo perjudicarte. Tu fugaz paso por la política sin duda te ha marcado. Después vendría el Gal... y el PSOE en la diana.

Casi dejamos de hablarnos. Pero de nuevo una decisión audaz me reconcilió contigo: la causa contra Pinochet. Conectaste con todo el mundo decente y trataste de meter preso a un asesino que además, pudiste demostrar, era un cobarde y un ladrón.

De nuevo la causa de la dignidad en tus manos. Devolviste a muchos chilenos y a millones de ciudadanos sin fronteras la confianza en que hay más Justicia que la divina. Tu actuación avergonzó a todos aquellos que para huir de la justicia terrenal cometen la impostura de poner a Dios como pantalla de sus desmanes. Demostraste que por muchas flores que los liberticidas corten no pueden acabar con la primavera.

Tu espíritu combativo, y ese sentido común de justicia universal que te anima, me hace sentirme muy orgulloso de ti. Dicen que eres vanidoso. ¿Sólo tú? ¿Más que ellos? La verdad es que no eres "divino", pero somos muchos los que te queremos por eso, porque eres humano.

Ahora te quieren condenar. Sabes lo mucho que lo siento por ti, por tus hijos, por tu madre, por Torres... y por España. Sí, ya sabes que yo hablo de España con frecuencia y lamento lo que dirán de nosotros por ahí fuera cuando sepan que al juez más eficaz contra ETA y contra los narcotraficantes lo han echado del juzgado. Estoy seguro de que los que te quieren mal tendrán abogados y cómplices para pedir tu condena, pero yo no tengo ninguna razón para callar ni para evitarme una pregunta: ¿Tu suerte hubiera sido la misma si tu empeño hubiera caminado ideológicamente en sentido contrario? ¿Te habrían denunciado si hubieras abierto diligencias contra Azaña, o contra Besteiro?

Quiero y deseo que te salves. Que te crezcas moralmente ante quien te odia. Algunos de tus enemigos disfrutaron de la ausencia de libertad durante décadas y ahora añoran aquel pasado que muchos creímos que pertenecía a la noche de los tiempos. Baltasar ¡ánimo! Porque los españoles prefieren a la gente decente -aunque pueda cometer errores, somos humanos- que a los desalmados que encuentran fórmulas para impostar la decencia de la que carecen.

Me despido con tristeza. Esta semana nos reuniremos algunos abogados defensores en el Tribunal de Orden Público. Alguna vez me puse la toga en el TOP. Iba con rabia, pero no con tristeza. Sabía que pronto llegaría el final. Hoy estoy triste porque han ganado tus denunciantes, los que viven en el odio. En fin, Baltasar... a tus amigos sólo nos han dejado una opción: mostrarte nuestro afecto. Y yo lo hago con gusto y con orgullo. ¡Ah! y que Dios que ayude porque el diablo trabaja duro contra ti.

José Bono es presidente del Congreso de los Diputados de España.

 

La situación europea según Daniel Cohn-Bendit


Uno de lo héroes del Mayo francés o del 68, Daniel Cohn-Bendit (4 de abril de 1945, Montauban  -Francia-), es el autor de uno de los más serios, cabales y completos análisis políticos sobre la situación griega, y europea, que se han oído en el Parlamento Europeo en toda su historia.

La contundencia de su discurso, plagado de verdades inapelables, dejó sin ningún tipo de justificación la dejación de funciones de nuestros gobernantes comunitarios ante lo que está sucediendo, en los últimos meses, en los mercados financieros globalizados.

Su alegato en defensa de la justicia, la equidad de trato y la necesaria solidaridad ante la situación por las que atraviesan algunos países empujados por la barbarie capitalista y la desregulación de los mercados, fue una bocanada de aire fresco y de esperanza ante la caótica situación de la política (de algún tipo de política) y de los políticos (de algunos de los tipejos de la política) que pululan por las cámaras y los parlamentos europeos.

Aún retumban en mis oídos las palabras dichas por Nicolas Sarkozy, después de la hecatombe de los mercados financieros del año 2008, en las que expresaba su convicción de que habría que refundar el capitalismo...

La actualidad nos deja entrever otra realidad: nada de lo que dijo Sarkozy que habría que hacer se está haciendo; la cruda realidad es que los capitalistas, los mismos que pusieron el mundo al borde del cataclismo financiero, son los que están refundando a la sociedad, rehaciendo las relaciones entre los estados y sus ciudadanos, destruyendo conquistas sociales y del estado del bienestar, y degradando los logros obtenidos por las clases trabajadoras en años y años de luchas sindicales.

La atenta escucha de sus palabras, además de reconciliarnos con la dignidad demostrada por unos pocos de nuestros representantes democráticos, nos servirán para reflexionar sobre lo que se hizo mal y lo que, peor aún, no se quiere (no se sabe muy bien porqué) corrige drásticamente.

Alfredo Webmaster

 

 

El magistrado y el banquero


Por su trascendencia, claridad e inapelable demostración de la iniquidad e injusticia que se está cometiendo con el juez Baltasar Garzón, nada mejor que leer este artículo escrito por el ex Jefe de la Fiscalía Especial Anticorrupción de España, don Carlos Jiménez Villarejo.

El señor Jimenez desarrolló una excepcional labor de lucha contra todo tipo de corrupciones y delincuencias económicas; fue el látigo que persiguió y castigo a multitud de políticos inmorales, a los que llevo ante los tribunales, consiguiendo algunas sentencia ejemplares.

Por esa encomiable labor, el gobierno del Partido Popular “PP”, la (extrema) derecha de España, le “premió” con el cese en el puesto y su jubilación anticipada, e incluyendo en el “premio” la eliminación de la Fiscalía Especial Anticorrupción: justo pago por la defensa de la justicia pública.

Por tanto, desde su experiencia profesional y conocimientos jurídicos, el escrito del señor Jiménez Villarejo es un testimonio de importantísimo valor probatorio.

Alfredo Webmaster


 

Por Carlos Jiménez Villarejo para público.es, 19/05/2010

Manuel Marchena, magistrado del Tribunal Supremo (TS), es el instructor de la causa penal contra el juez Baltasar Garzón por el patrocinio del Banco Santander a unos cursos que dicho juez moderó en la Universidad de Nueva York y en los que no hubo anomalía penal alguna. En diciembre de 2007, el magistrado Marchena, con motivo de la resolución de un recurso de casación, tuvo ocasión de conocer los siguientes hechos: entre 1987 y 1989, el Banco Santander comercializó, junto con sus filiales Banca Jover, Banco Comercial Español, Banco Zaragozano y Banco de Murcia, un producto conocido como cesiones de créditos, dirigido a captar recursos financieros. Uno de los principales reclamos del producto era su opacidad fiscal, que se concretaba en la inexistencia de obligación de practicar retenciones e ingresos a cuenta sobre sus rendimientos y, por ello, en la falta de obligación de comunicar de forma periódica y generalizada los datos de sus titulares e importes de la inversión a la Hacienda Pública. A ello se añadía una buena rentabilidad. Por sus características, este producto se convirtió en un instrumento ideal para la inversión de capitales del llamado dinero negro y llegó a captar más de 410.000 millones de pesetas.

Los acusados –el presidente de la entidad y varios altos directivos– participaron al más alto nivel en el diseño de la estrategia y la operativa para la comercialización de dichos productos.

Posteriormente, prepararon las directrices de actuación para responder a los requerimientos de información de la Agencia Tributaria a fin de obstaculizar su tarea y facilitarle datos erróneos, incompletos o falsos.

La magnitud del movimiento de capitales que supusieron las cesiones de créditos, y su evidente éxito entre determinados sectores con alto poder adquisitivo, no pasaron desapercibidos para la Agencia Tributaria, que inició una serie de actuaciones frente a diversas entidades financieras para conocer y corroborar el origen de los fondos. Singularmente, el Santander y sus filiales optaron por una actitud de resistencia frente a los intentos de la Agencia Tributaria por esclarecer las titularidades y regularizar las situaciones tributarias de los implicados, lo que se explicaba por el gran volumen de activos captado por el grupo bancario y las especiales garantías dadas a los clientes de su plena opacidad fiscal y la ausencia de riesgo fiscal en la contratación del producto.

Todo ello se concretó, en un primer momento, en la negativa a facilitar a la Agencia Tributaria la identidad de los inversores alegando la inexistencia de una obligación legal de hacerlo.

Posteriormente facilitaron los datos, de forma tardía, parcial, incompleta o errónea, llegando finalmente, en determinados supuestos, a proporcionar datos falsos de personas que no se correspondían con la titularidad real de la inversión.

La actitud de obstrucción ante las actuaciones de la Agencia Tributaria fue in crescendo. Cuando esta inició la recopilación de información por el procedimiento de ejecución forzosa, los responsables del grupo bancario llegaron a la convicción de que la entrega o descubrimiento de los datos que se habían querido ocultar era inevitable y se puso en marcha la última fase de su estrategia obstructora. Consistió en el cambio de titularidades y la elaboración de documentación inexacta que avalara dichas titularidades falsas.

Estos eran los términos de las acusaciones formuladas por las acciones populares –ante la falta de acusación del fiscal– en la Audiencia Nacional en el curso de 2006. Acciones representadas por la Asociación para la Defensa de Inversores y Clientes e Iniciativa per Catalunya Verds. Dicho tribunal decidió, mediante la creación de la llamada doctrina Botín, no enjuiciar a los acusados ante la irrelevancia de los acusadores –pese a que uno de ellos era un partido político con representación parlamentaria– y la ausencia del fiscal. Qué diferencias con el proceso contra el juez Garzón, a quien el juez Varela se niega a aplicar dicha doctrina. Para que luego vengan a hablarnos de la igualdad ante la ley.

Cuando el Tribunal Supremo conoció del recurso de la acusación y confirmó por mayoría la sentencia anterior de la Audiencia Nacional, el magistrado Marchena se sumó a la posición mayoritaria en claro y directo beneficio de los acusados. Por cierto, unos meses después, el señor Marchena participaba en unas jornadas sobre la prueba en el proceso penal en Canarias bajo el patrocinio de una única entidad bancaria, el Banco Santander. ¿Podría saberse cuál fue el alcance de aquella subvención?
La gravedad de los hechos y la oposición del TS a que los acusados fueran juzgados –con “artimañas de leguleyo”, según el escritor José Mª Izquierdo– es una prueba de los condicionamientos del poder económico sobre el poder judicial y el ministerio fiscal ante un desafío que duró los 14 años de proceso.

Sin duda, la personalidad de los acusados generó, según el magistrado Jorge Barreiro –ahora instructor de la causa penal contra el juez Garzón por las escuchas del caso Gürtel–, una coyuntura procesal singular en la que “el abogado del Estado ha conseguido rizar el rizo del travestismo jurídico, pasando de parte acusadora que defiende los intereses del Estado contra un fraude fiscal que rebasa los 80 millones de euros, a convertirse en abogado defensor de quienes (…) resultan imputados como autores del presunto fraude”.

Realmente, el magistrado Marchena debería tener presente, entre otros, estos antecedentes para proceder ya al archivo del proceso.

Carlos Jiménez Villarejo es ex fiscal Anticorrupción

 

Plataforma de españoles por la democratización de Cuba: Manifiesto

 

 

 

Cuba está soportando una feroz y dolorosa dictadura que mantiene al país en la miseria.
Una dictadura que en sus postrimerías se muestra despiadada y sorda a las voces que reclaman libertad y democracia.
La cuestión cubana es hoy una cuestión de derechos humanos básicos y esenciales.
La elección está, sencillamente, entre democracia o totalitarismo.
Los españoles sabemos muy bien que nada puede justificar la falta de libertad. Ayudemos al pueblo cubano para que alcance la democracia lo antes posible.

¡No los dejemos solos!

 

Nota: entra en la página web de la Plataforma de españoles por la democratización de Cuba, y firma.

 

El Roto: Tratado de economía aplicada en cómodas "pastillas"...

Como siempre, El Roto.
 
 
 

Una actuación grosera y evidente contra Garzón


Por Nacho Escolar para estrelladigital.es, 12/04/2010 | 17:19 h.

El final del juez Baltasar Garzón ya tiene fecha: 22 de abril del 2010. Parece que será ese día cuando el pleno del Consejo General del Poder Judicial vote su suspensión temporal, lo que en la práctica supone su salida de la Audiencia Nacional, probablemente para siempre. Lástima que el CGPJ no se reúna este 14 de abril para así redondear del todo el símbolo. Sería tan simétrico que la Falange pudiese aparcar al único juez que se atrevió a mirar bajo la alfombra del franquismo justo en el aniversario de la II República...

No todos los años se puede ganar la Champions en el estadio de tu histórico rival. Pero aunque los franquistas tengan que esperar otra semana, su victoria seguirá siendo igual de sonada. Una vez más, el fascismo hace de vanguardia de batalla de los intereses de la derecha; son sus mamporreros. Y así la Falange Española de las Jons, un sindicato ultra presidido por el ex número dos de Blas Piñar en Fuerza Nueva y una desconocida asociación xenófoba conseguirán acabar con Garzón en una fiesta para el franquismo donde no sólo brindará la ultraderecha sino también la derecha, el extremo centro, el centro reformista y también parte de la vieja izquierda de los GAL.

Sin embargo, Baltasar Garzón merece ser salvado no sólo por una cuestión estética. Garzón es inocente no sólo porque sus acusadores sean unos ultras. Hay muchos argumentos jurídicos para defenderlo, desde los tratados internacionales sobre crímenes contra la humanidad hasta la propia jurisprudencia del Supremo sobre la acusación popular. Me centraré en la acusación de prevaricación, es decir, de tomar una decisión judicial injusta a sabiendas, en el caso de las fosas del franquismo, que es el caso que le puede costar el puesto y dónde el ponente del Supremo, Luciano Varela, ha ordenado iniciar el juicio oral.

La prevaricación es un delito que sólo pueden cometer los jueces, funcionarios públicos y autoridades administrativas; es un delito muy poco común, porque la mayoría de las ocasiones en las que un juez es acusado de prevaricar, las denuncias son archivadas. Contra Garzón, Manos Limpias ya había presentado otras 18 querellas antes, hasta ahora sin éxito.

La jurisprudencia del Tribunal Supremo establece que la prevaricación sólo se produce cuando existe una actuación "tan patente y manifiesta, que pueda ser apreciada por cualquiera". "Es necesario que la ilegalidad sea tan grosera y evidente que revele por sí la injusticia, el abuso y el plus de antijuricidad", afirma una sentencia del Supremo, del 17 de junio de 1998. "Sólo cabe prevaricación cuando de modo claro y evidente, sin posibilidad de duda al respecto, la resolución de que se trate carece de toda explicación razonable, es decir, es a todas luces contraria a derecho", dice otra sentencia del supremo del 26 de junio de 1996. Y en el caso de Garzón resulta difícil de argumentar esta actuación judicial "grosera y evidente" porque parte de los jueces de la sala de la Audiencia Nacional que en aquel momento estudiaron su competencia compartieron sus tesis. Es decir, que si Garzón prevaricó, también lo hicieron los otros dos magistrados que le apoyaron.

Aún en el caso de que un juez llegue a ser condenado por prevaricación, la doctrina del Tribunal Supremo suele ser bastante laxa. En 1986 absolvió al juez Jaime Rodríguez Hermida, que había convencido a otro compañero de la Audiencia Nacional de dejar en libertad al jefe de la Camorra Antonio Bardellina. Y más recientemente, el Supremo también ha dado un trato amable al juez de Marbella Francisco Javier de Urquía, que fue condenado por el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía por cohecho y prevaricación a dos años de cárcel y 17 de inhabilitación como juez. Su delito lo merecía: había cobrado 73.800 euros de Juan Antonio Roca -el cabecilla de la trama corrupta marbellí destapada por la 'operación Malaya'- a cambio de varias sentencias favorables.

El juez Urquía recurrió y le fue bien. El Tribunal Supremo rebajó la condena de cohecho a 21 meses de suspensión de empleo y eliminó la prevaricación. Según esa sentencia, para que el delito de prevaricación se produzca, el juez tiene que actuar con conciencia e intención deliberada de faltar a la justicia, algo que, en opinión del Supremo, no sucedió en este caso.

Para más ironía, de lo más grosera y evidente, entre los firmantes de aquella sentencia que absolvió a Urquía de prevaricar está el propio Luciano Varela, el mismo que ahora ha ordenado que Garzón se siente en el banquillo por prevaricar.

 

Luciano Varela, nuevo juez estrella


Por J. V. Domínguez para xornal.com, 12/04/10 11:47

Me tomo la libertad de hablar de los jueces del Tribunal Supremo, sin anteponer a sus nombres los rimbombantes tratamientos al casposo uso. Lo de Excmo. Sr. D. que al parecer le corresponde al señor Luciano Varela, me produce urticaria democrática.

Por cierto, dicen quienes le conocen que siempre sintió celos de Baltasar Garzón. Un juez nacido en 1948, no podía consentir que otro, 7 años más joven, brillase con luz propia en el firmamento de la judicatura. Por ello, buscó la amistad con el entonces ministro Belloch para ascender, apoyado en la bochornosa politización de la judicatura. Como juez conservador no lo conseguiría; pero sí podría lograrlo como juez progresista y a ello se dedicó.

Me decía hace un par de años un amigo mío magistrado en Madrid que Varela era un profesional con méritos suficientes para alcanzar el Tribunal Supremo. A su favor tenía el hecho de pertenecer a Jueces para la Democracia y contar con el apoyo de los gobiernos socialistas. En su contra, su afán de protagonismo y falta de lucidez personal. O sea, que le faltaba brillo para ser estrella.

Sin embargo, recuerdo gratamente la entrevista que le realizaron en El Correo Gallego en octubre de 2007, en la que dejó dos frases para enmarcar. En defensa de la utilización del idioma gallego en la justicia, sentenció: “Es un peligro que alguien que dice que el idioma gallego en la justicia es un peligro, siga ahí.” Y hablando de la Ley del Jurado, dijo: “El jurado es como meter camiones de sentido común en la justicia”. Por frases así, se le puede valorar positivamente. Si el pueblo habla gallego, los interrogatorios y las sentencias deben ser en la lengua habitual. En todo caso, deberían ser los jueces, como minoría social, quienes la aprendan y la utilicen. ¿Y qué decir del aire fresco que significa la incorporación del jurado popular en los juicios? Pues chapeau.

Lo malo de las personas que buscan lucimiento personal, pero a las que les falta la valentía de Garzón, tal que Luciano Varela, es que en el ánimo de destacar y convertirse en estrellas, dictan sentencias tales como aquella de hace dos años, en la que el progresista Varela redujo en cinco la condena del bárbaro que, delante de sus hijos menores, le había pegado a su esposa hasta dejarla tetrapléjica. Su razonamiento, que jamás sería aceptado por un jurado popular, vino a decir algo así como que “no se puede culpar al maltratador de la tetraplejia de su esposa, porque esta es el resultado de la paliza” (¿?).

Así es como se las gasta un mal pretendiente a juez estrella. Y así, con estas y otras cosas, es como nos sentimos quienes formamos parte de millones de españoles demócratas deseosos de constituirse en juzgado popular, para decirle a Varela que, como pena, tan solo recomendase a Garzón que no actuase en el filo de la navaja. Porque aquí en España, gracias a la politización de la justicia y a marginales grupos añoradores del Caudillo, no está bien contravenir lo aprobado en la Ley Española de Amnistía, aunque esta esté en contradicción con los crímenes de lesa humanidad contemplados en la Corte Penal Internacional. Una recomendación de este tenor, digo yo, podría salvar la cara del tribunal. Pero de ahí a acusarle de prevaricador y echarlo de la judicatura entre doce y veinte años...Vamos ¡Qué no!

Un jurado popular como el que tan ardientemente defiende el progresista juez Varela, en el que estuviésemos representados una inmensa mayoría de demócratas, no aprobaría una deliberación contra don Baltasar, por haber cometido una indisciplina en la fase de instrucción, con el único fin de facilitar la recuperación de los restos de los asesinados por los crímenes del franquismo. El jurado, libre de ataduras políticas, revanchistas y de celos, no querría que se le acusase de prevaricación, por quienes representan un pasado que no puede salvar ley de amnistía alguna.

Un juez como don Baltasar Garzón, que gracias a su valentía de moverse en el peligroso y criticado filo de la navaja, fue quien de encerrar a Pinochet, desmantelar el aparato político y económico de la organización terrorista ETA, fajarse con los capos de la droga de las mafias rusa e italiana, investigar los abusos cometidos en la cárcel de Guantánamo y dictar orden de detención contra Bin Laden, ¿merece un trato tan infame y humillante? No, no se trata de pagar favores a la democracia, ni que las actuaciones dejen de juzgarse por autos separados. Hablamos de lo que a nivel de calle creemos injusto y revanchista. Somos muchos, muchísimos, yo diría que mayoría, quienes nos preguntamos: ¿está actuando bien la justicia? ¿con méritos así, pretende alcanzar el estrellato el progresista juez Varela?

¡Ah! Ya olvidaba decir que también se le debe al juez Garzón la lucha contra la trama Gürtel de los Correa, Bárcenas, Crespo, Bigotes, etc. Estoy seguro que los magistrados del Tribunal Supremo ya lo habrán tenido en cuenta.

También dice mi amigo el magistrado que el instructor de la causa, el gallego don Luciano Varela, quien pasa por ser progresista, nunca logrará convertirse en juez estrella, en el mejor sentido de la palabra. A su juicio, le falta valentía para tener la luz propia del juez Garzón.
 
 

Sin comentarios...

... no hacen falta comentarios...
 

Sigue siendo una vergüenza y una iniquidad…


Por mucho que el juez del Tribunal Supremo Luciano Varela (vecino -¡amigo no!- mío: desgraciadamente, tengo que pasar todos los días por delante de su casa, a escasos metros de la mía) se arrogue para si mismo, y sus compañeros de cacería fascista, el derecho para perseguir al magistrado de la Audiencia Nacional don Baltasar Garzón por un delito de prevaricación, eso no significa que tenga razón para hacerlo.

El origen de esta trifulca legal viene del supuesta delito de prevaricación del magistrado don Baltasar Garzón, por tratar de juzgar los delitos cometidos durante la dictadura del general Franco y la desaparición, eliminación y entierro en fosas comunes, de más de 105.000 personas durante los años de represión fascista, sin contar los otros varios cientos de miles de personas más que tuvieron que pasar años y años en las cárceles o sufrir una desalmada persecución ideológico/religiosa, como mi padre.

Por tanto, la investigación de don Baltasar Garzón ni fue injusta a ojos de la razón ni disparatada a los del Derecho (con mayúsculas).

La historia mundial recordará al general Franco como un dictador contumaz, un asesino inmisericorde y un tirano que estaba dispuesto a matar a media España para enaltecer a la otra media (la más perversa, la más traidora, la más fascista)

La historia mundial recordará su dictadura como aquella que decía, según un bando de la junta militar que presidía ese fulano de nombre Francisco Franco, que estaba permitido “ciertos tumultos a cargo de civiles armados (falangistas, requetés y otros fascistas) para que se eliminen determinadas personalidades (los republicanos, los que gobernaban el país democráticamente), se destruyan centros y organismos (sic) revolucionarios”. Obviamente, esos “tumultos” consistían en el asesinato impune, traidor e inhumano de niños, ancianos, mujeres… y de todos aquellos que se opusiera a la tiranía.

La historia mundial recordará la dictadura del enano y aflautado generar Franco (un mequetrefe de baja estatura –física y moral- y voz de agilipollado), como aquella época de salvaje barbarie en la que, desde las emisoras de radio, sobre todo Radio Sevilla, se pedía a los seguidores del dictador que salieran a la calle a darle tiros de gracia a cada republicano que pillaran, pero que dejaran vivas a sus mujeres para que pudieran ser violadas por los “valientes legionarios” del dictador. Esas viles palabras, pronunciadas en los micrófonos de Radio Sevilla delante del obispo de Sevilla, que miraba complacido y feliz al lugarteniente de Franco, aún ahora, años después de la barbarie, siguen produciendo escalofríos: "Vayan las mujeres de los rojos preparando sus mantones de luto. Estamos decididos a aplicar la ley con firmeza inexorable: ¡Morón, Utrera, Puente Genil, Castro del Río, id preparando sepulturas! Yo os autorizo a matar como un perro a cualquiera que se atreva a ejercer coacción contra vosotros. ¿Qué haré? Pues imponer un durísimo castigo para callar a esos idiotas congéneres de Azaña. Por ello faculto a todos los ciudadanos a que, cuando se tropiecen a uno de esos sujetos, lo callen de un tiro. O me lo traigan a mí, que yo se lo pegaré. Nuestros valientes legionarios y regulares han enseñado a los cobardes lo que significa ser hombre. Y de paso, también a las mujeres. Después de todo esto, estos comunistas y anarquistas se lo merecen, ¿no han estado jugando al amor libre? Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricas. No se van a librar por mucho que forcejeen y pataleen”.

Esa etapa española negra, sucia, sórdida, traidora y asesina, fue la que el magistrado don Baltasar Garzón quiso investigar… pero algunos jueces españoles, entre ellos ese taimado “progresista” de nombre Luciano Varela, no le dejaron.

Lo que está pasando en mi país con este asunto es de tal gravedad y tan ofensivo conta la defensa de los valores de la dignidad humana, que hasta en los más importantes periódicos del mundo se están haciendo eco de lo que sucede.

Por ejemplo, en el The New York Times del pasado 8 de abril se censura, con extrema dureza, el enjuiciamiento del magistrado Baltasar Garzón; la crítica incluye el editorial de ese día, que podéis leer en inglés entrando en este enlace o en español, que transcribo a continuación.

El propio titulo del editorial es clarificador: 'An Injustice in Spain'. Dice:

El magistrado instructor más conocido de España, Baltasar Garzón, va a ser ahora procesado en un caso impulsado políticamente que debería haber sido desestimado.

Al juez Garzón le imputan que hizo caso omiso de una ley de amnistía de 1977 cuando decidió investigar la desaparición de más de 100.000 personas durante la Guerra Civil de los años 30 y durante el decenio de represión franquista que siguió a la misma. Las acusaciones las presentaron dos grupos de extrema derecha que temen una investigación abierta de la trayectoria de la era de Franco. Desgraciadamente, uno de los magistrados colegas del señor Garzón admitió la querella y presentó la imputación formal esta semana.

Como resultado de ello, ahora será suspendido de sus funciones hasta que se celebre el juicio. Si es condenado, podría ser inhabilitado hasta 20 años, lo que de hecho acabaría con una carrera dedicada a hacer que terroristas y dictadores rindan cuentas de sus delitos. Eso agradaría a sus enemigos políticos, pero sería una caricatura de justicia.

Los auténticos delitos en este caso son las desapariciones, no la investigación del señor Garzón. Si fueron crímenes contra la humanidad de acuerdo con el derecho internacional, como parece, la ley de amnistía de 1977 no podría exculparlos. Los presuntos autores están todos muertos, y el señor Garzón hace ya mucho tiempo que paró su investigación, que pasó a la jurisdicción de juzgados locales en las zonas donde las víctimas fueron exhumadas.

El señor Garzón es un intrépido y polémico juez que se ha granjeado muchos enemigos a lo largo de los años. Ha incoado casos contra terroristas vascos y de Al Qaeda, contra poderosos políticos españoles, contra dictadores latinoamericanos y contra matones de la mafia rusa.

Le atraen los casos destacados, como su intento de procesar al ex dictador chileno Augusto Pinochet, y a veces se pasa. Pero su objetivo constante ha sido impedir la impunidad de los poderosos y ampliar el ámbito de las leyes internacionales sobre derechos humanos.

El señor Garzón debería poder reanudar esa tarea lo más pronto posible. España necesita conciliar honrada y sinceramente consigo misma su conflictivo pasado, en lugar de procesar a quienes tienen el valor de exigir esa reconciliación”.

Lo que dice el editorial de The New York Times es inapelable: los crímenes contra la humanidad, los correspondientes a la etapa del dictador Franco, no pueden ser amnistiados ni exculpados, por que están sujetos a los acuerdos de derecho internacional. Punto.

En base este precepto de derecho internacional, los grupos y asociaciones que pretenden recuperar la memoria histórica para saber qué les pasó a sus familiares desaparecidos en la dictadura de Franco, están moviéndose para que este caso de injusticia absoluta, inquina personal y persecución mafiosa por parte de la ultraderecha española (y algunos jueces de su misma calaña moral) contra un magistrado honrado como don Baltasar Garzón, ya empezaron a realizar campañas de movilización ciudadana y manifestaciones públicas.

Además, basándose en que el “genocidio y los “crímenes de lesa humanidad” cometidos por el general Franco en España son delitos que “no prescriben”, que según la “jurisdicción internacional” existen pruebas suficientes de que en mi país se actuó de forma inmoral e inhumana, y ante la evidencia de que en España pretender saber la verdad, como hizo Baltasar Garzón, es motivo para que una parte de la justicia te persiga con saña nazi, el abogado Carlos Slepoy presentará demanda internacional la semana próxima en los tribunales de Buenos Aires. ¡Por fin!

A esa campaña me uno y en esa campaña colaboraré con lo que puedo: poniendo mi página a disposición de los lectores que deseen saber cómo va el proceso y colaborando económicamente con los gastos de los juicios.

En cuanto sepa el número de cuenta de colaboración os lo diré: todos tenemos que ayudar a que la justicia prevalezca sobre la injusticia, a que los honrados venzan a los deshonrados, y, sobre todo, a que los seguidores fascistas del general Franco (sus secuaces y sus tontos útiles) no vuelvan a humillar a los españoles honrados, que somos el resto.

Alfredo Webmaster

 

Cómo seguir vendiendo periódicos a costa de los muertos del 11-M


Juan Carlos Escudier para elconfidencial.com, 13/03/2010

Las mentiras no suelen vivir hasta hacerse viejas, o eso mantenía Sófocles, pero las del 11-M siguen cumpliendo años con buena salud. Esta semana se ha conmemorado el sexto aniversario de la matanza y nuestros embusteros de cabecera, a los que la difusión de conspiraciones y patrañas sobre los atentados les ha reportado pingües beneficios, continúan en la brecha y amenazan con eternizarse en esa “búsqueda de la verdad” tan lucrativa. Y como su pudor tiende a cero ya ni siquiera dudan en descalificar a las víctimas más conscientes de sus enredos, como hacía el agujerólogo Pedro J. Ramírez con Pilar Manjón, de quien decía en su filípico videoblog de El Mundo que era “capaz de aprovechar la pérdida de un ser querido como altavoz de su enfermizo sectarismo”. Quien esto afirma, un sujeto amoral (ver nota) y sin escrúpulos que debería ser objeto de estudio de alguna rama de la psicología, lleva años aprovechando la pérdida de 192 vidas para vender más periódicos. Verdaderamente, no ofende quien quiere.

 La estrategia es muy conocida. El periódico del amoral anuncia un gran descubrimiento que va “a poner en cuestión la propia sentencia”, como insistía días atrás el viceramírez del diario, Casimiro García Abadillo, a quien, por cierto, la venta de libros sobre este asunto le ha ido de vicio. Se trata en esta ocasión de la difusión de las grabaciones realizadas en el laboratorio de la Policía Científica donde se llevó a cabo la prueba pericial ordenada por el tribunal que juzgó el caso. La atención se centra en el descubrimiento de dinitrotolueno (DNT) y en la aparente sorpresa del director de la pericia, Alfonso Vega, porque se trataría de un componente ausente de la Goma 2 Eco. ¿Novedad? Ninguna, porque este hecho ya se puso de manifiesto en el juicio y quedó debidamente aclarado, pero sirve de nuevo para sugerir que lo que explotó en los trenes no era la dinamita de Mina Conchita sino otra cosa, con lo que la autoría está en cuestión. De ahí a pedir la puesta en libertad de los condenados por falta de pruebas sólo hay un paso.

La explicación que se dio entonces era algo más que razonable. Además de analizar las muestras de explosivos recogidas de los trenes, de la mochila desactivada, del piso de Leganés y los restos hallados en sus coches, los especialistas diseccionaron los restos de un cartucho de dinamita Goma 2 Eco de mina Conchita que fue enviado como patrón de referencia. ¿Y qué fue hallado en este cartucho? Dinitrotolueno. ¿Por qué se hallaba en el cartucho esta sustancia? Posiblemente, por dos razones: porque la Unión Española de Explosivos, que era el fabricante de la Goma 2 EC y Goma 2 Eco, no había limpiado sus tanques antes de producir esta segunda dinamita; o porque, como se acreditó en un vídeo expuesto en la vista, en Mina Conchita había dinamita de ambos tipos, que pudo ser robada y amasada junta cuando los terroristas fabricaron sus mochilas-bomba.

Pero vayamos también al hallazgo de nitroglicerina, que es otro de los “agujeros negros” detectados por Ramírez y su mariachi, a raíz de la declaración del comisario Sánchez Manzano, al que ahora tratan de empurar. ¿Cómo era posible la presencia de nitroglicerina en uno de los focos de la explosión si ésta tampoco se encuentra en la Goma 2 Eco sino en el Titadyne? Veamos.

En su trabajo, los ocho peritos analizaron un total de 88 muestras, de las que 23 pertenecían a focos de la explosión. En 22 de ellas aparecieron ftalatos, que son componentes exclusivos de la Goma 2 Eco, y en una, nitroglicerina, que es un componente del Titadyne que no está presente en la Goma 2. Esta última muestra, del foco 3 de la estación de El Pozo, era polvo de extintor, enormemente absorbente, lo que, según algunos peritos de la acusación, permitió conservar los componentes del explosivo. La idea que prevaleció fue que la muestra se había contaminado con el paso del tiempo.

Las evidencias de que esto último era lo que ha ocurrido fueron apabullantes. Tres razones sostenían la tesis de la contaminación: la primera es que este polvo fue sometido a una técnica idéntica, llamada HPLC, en 2004 y en la prueba pericial con resultados distintos: es decir, en 2004 no se detectó nitroglicerina y posteriormente sí;  la segunda es que en otra muestra de El Pozo, un tejido del mismo foco que la anterior y que tampoco fue lavado con agua y acetona, es decir, que se encontraba intacto, no había ni rastro de nitroglicerina; y la tercera es que la nitroglicerina apareció también en tres muestras recogidas en Leganés, donde lo que se encontró fueron restos de 17,4 kilos de Goma 2 Eco y 594 fajas de cartuchos de esta misma dinamita, que, como se ha explicado, no contiene esta sustancia.

Muestras contaminadas

¿Que por qué se habían contaminado las muestras? Uno de los peritos policiales lo explicó claramente en el juicio. Según dijo, el embalaje de las muestras no había sido correcto, ya que en vez de frascos de cristal se habían usado bolsas de plástico, que no son herméticas en períodos prolongados. Sus palabras quedaron avaladas por lo ocurrido con la Goma 2 Eco encontrada en las vías del AVE en Mocejón, donde los terroristas planearon otro atentado. De dicha dinamita se tomaron tres muestras: una quedó en manos de la Policía, que la almacenó en una bolsa de plástico, y dos en poder de la Guardia Civil, que la guardó en tubos falcon, una especie de tupper cilíndricos y con tapa de rosca. En origen, el explosivo no podía contener ni nitroglicerina ni dinitrotolueno, pero, ¡oh sorpresa!, ambos componentes aparecieron en el análisis de la muestra custodiada por la Policía. ¿Conclusión? Pues que estaba contaminada.

Pero es que ni siquiera la presencia de otra dinamita distinta a la Goma 2 Eco pondría en cuestión la sentencia de Gómez Bermúdez, que dice así textualmente: “El Tribunal, tras apreciar en su conjunto todas las pruebas periciales practicadas sobre la materia a partir del 27 de mayo da por probado que en todos los casos aparecen componentes de la Goma 2 Eco, lo que indica que esta dinamita estuvo presente en todos los focos de los trenes, sin bien no puede descartarse la presencia de otra u otras marcas de dinamita. Sin embargo, este dato, en relación con las declaraciones de los procesados y testigos que acreditan la existencia de tráfico y transporte de explosivo desde Mina Conchita y las periciales sobre los restos hallados en el vehículo Volkswagen Golf 0500 CHB, detonadores y restos de explosivo de la Renault Kangoo 0576 BRX y sobre el que componía el artilugio desactivado en Vallecas, lleva al Tribunal a afirmar, más allá de toda duda razonable, que la procedencia de todo o gran parte del explosivo utilizado proviene de la explotación minera conocida como mina Conchita”. 

Por supuesto, nada de lo anterior se incluye en las supuestas informaciones de Ramírez, posiblemente porque el pobre debió distraerse buscando la verdad por sus intrincados vericuetos. El 11-M le sigue resultado muy rentable a él y a Jiménez Losantos, su altavoz bajito. El resto de la orquesta es tan insignificante que no merece la pena mención alguna. Sin duda, la investigación de los atentados, espléndida por otra parte, ha dejado flecos sin aclarar y las víctimas y la sociedad en su conjunto tiene todo el derecho a que se esclarezca hasta el último detalle. Lo que harta es tanta mentira disfrazada de periodismo

 



 
Notas:

Aún recuerdo, con insana alegría, el vídeo que le grabaron a Pedro J. Ramírez en una cama, vestido de ramera con un corsé rojo bien ceñido a su cuerpo, unas veces a cuatro patas recibiendo en su an(o)tomía un enorme consolador, de esos que hacen época, y en otras ocasiones boca arriba, humillado y suplicante, con voz meliflua, baboseante, mientras le pedía a una prostituta de nombre Exuperancia Rapú Muebake, que le arrojara en su boca aguas menores... mientras, su santa esposa reposaba en vuestra casa esperándo el retorno al hogar del padre de familia y, seguramente, con el rosario entre sus dedos orando por la salvación eterna de tu (im) pura alma.

También recuerdo a ese mismo Pedro J. Ramírez, en esta ocasión tan pulcro como siempre, tan bien vestido por Ágata Ruiz de la Prada (su santa esposa), persiguiendo con insana e inmoral saña a Exuperancia, hasta meterla en prisión (con la inestimable ayuda de su cuadrilla de abogados, jueces y fiscales, atemorizados por su verbo fácil y su pluma indecorosa).

Y mientras todo esto sucedía, pasó algo que no quiero olvidar jamás. Un día, ese mismo Pedro J., el gran adalid de la libertad y de la decencia, de la moral y las buenas costumbres católicas, usando las páginas sicarias de su periódico, maquinó la más retorcida, maquiavélica, desalmada y contumaz de las humillaciones al senador Carlos Piquer, al que arrastraste por el fango de su periódico, hasta conseguir que se suicidara. ¿Cuál fue la "culpa" que llevo a Carlos Piquer hasta el suicidio?: un errorcillo que cometió en una noche de copas y juerga.

Por tu pasado, por tu historia, por tus actos caballerosos, por tu ejemplar vida de buen padre, fiel esposo y cristiano devoto, ¡Oh, Pedro J., gran magnate de la prensa y de la decencia!, te declaro mi (des) amor eterno.

Alfredo Webmaster

Posdata: visitando la página web de don Enrique Meneses, como hago casi todos los días, te das cuenta fácilmente dónde está la dignidad y la humanidad, donde la ética y la estética de una profesión tan mancillada por las manazas y las letras de auténticos sicarios. Don Enrique, el maestro, sigue siendo el faro de la profesión. ¡Qué pena que esté tan mayor!

 

Creo que voy a dimitir…


Siento vergüenza, dolor y pena (y miedo) por ser español y tener como protectora de mis derechos a la justicia que tenemos; al menos, a algunos de los jueces que tenemos.

Siento nauseas, desasosiego y temor ante jueces como Luciano Varela, Manuel Marchena, Juan Saavedra, Adolfo Prego, Joaquín Jiménez, Francisco Monterde, José Ramón Verdugo, Margarita Robles, Fernando de la Rosa, Gema Gallego, Carlos Dívar, Eloy Velasco, Antonio García Martínez y muchos otros formados en las aulas de las facultades de derecho del franquismo, jueces que juraron (y nunca renegaron) sus cargos y comprometieron su honor ante Francisco Franco Bahamonde, ante la Ley de Principios Fundamentales del Movimiento (ideales: “Patria, familia  y religión”) y ante el  Dios del fascismo más corrupto y asqueroso, el Dios de los facinerosos que amparaba el robo, tortura y asesinato de los que no creían en él (en el Dios de la iglesia católica, apostólica y romana española de los años negros de la Guerra Civil y posteriores).

Siento pavor ante una justicia calamitosa, parcial, malintencionada y soez, que es capaz de juzgar a un juez (Baltasar Garzón) por querer desenmascarar las miserias morales de una época de mi país en la que se mató a miles y miles de personas impunemente, a los que se les enterró en fosas comunes y a los que aún hoy se les trata de ocultar a sus familiares.

Siento asco, vergüenza e infinita pena ante la miserable realidad de mi país, ante la deleznable imagen que da ver a presuntos (es un decir) delincuentes, presuntos (es un decir) ladrones  y presuntos (es un decir) miserables fulanos de la política española, irigiéndose en acusadores de un juez (Baltasar Garzón) que les inculpó de actos de lesa humanidad, de robos y corrupciones.

Algo tengo que hacer ante tantas desgracias, miserias y necedades: creo que voy a presentar mi dimisión irrevocable, inaplazable e inmediata como ciudadano español; no me siento seguro, tranquilo y confiado ante la (in) justicia que puedan impartir muchísimos de los jueces de mi país.

Alfredo Webmaster

 

 

Garzón acusa al PP de buscar su depuración en una cruel campaña de desprestigio


El magistrado recusa a tres vocales del Consejo General del Poder Judicial al considerar que no son objetivos en el proceso abierto contra él

Por Pedro Jiménez para cadenaser.com, 05/03/2010

Baltasar Garzón acusa al Partido Popular, a la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo y a un sector de los medios de comunicación de querer apartarle de la Audiencia Nacional. En su escrito de alegaciones señala que todas las actuaciones disciplinarias y penales que hay en su contra las llevan a cabo "una serie de personas interrelacionadas entre sí y siempre con el respaldo de los mismos soportes mediáticos que han adelantado actuaciones, determinado estrategias y desarrollado campañas de denigración contra mi persona". No hace falta, añade, "convocar a la imaginación ni dejarse llevar por teorías conspirativas tan del gusto de otros para apreciar que esas iniciativas quieren que sea suspendido de funciones".

El Juez sostiene que la intención del PP es depurarle y terminar con su carrera y prestigio profesional a través de una cruel campaña de desprestigio y acoso sin precedentes en la historia judicial española. Y eso por haber investigado el Caso Gürtel, la trama de corrupción vinculada a los populares.

Sobre la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo, en el documento se pone de manifiesto que cuando admitió a trámite la primera querella contra Garzón, la que presentó el grupo ultraderechista Manos Limpias, fue como "si se hubiera abierto una puerta para todo el que quisiera entrar y mientras no se cierre esa puerta es de temer que seguirán llegando querellantes de fortuna" Además, advierte de que se ha iniciado una nueva vía para la admisión a trámite de querellas, según la cual, "basta con que describa un hecho no absurdo" aunque añade que "habrá que ver si este criterio tiene continuidad más allá de mi persona".

En cuanto a los soportes mediáticos que, según Garzón, espolean esta campaña, su escrito de alegaciones se refiere al diario El Mundo. Dice el Juez que "por el hecho de haber cuestionado un informe pericial que sugería vinculaciones alucinadas de ETA con el 11M fui objeto de una persecución mediática sin precedentes" Este episodio terminó con una condena al director de ese periódico por vulnerar el derecho al honor de Garzón. Desde entonces, continúa el documento, Pedro J Ramírez "no deja pasar ninguna oportunidad para buscar mi denigración desde el resentimiento sin respetar ni la verdad ni la realidad de los hechos".

El Magistrado de la Audiencia Nacional concluye afirmando que "los que ahora me tachan de partidista se deshacían en elogios hacia mí en el pasado; al parecer, entonces como ahora, sólo buscaban su ventaja política y es esa ventaja política la que empuja a algunos a denigrar a quien no entre en sus intereses particulares".

Recusación de tres vocales

El Juez de la Audiencia Nacional aprovecha sus alegaciones para recusar a 3 vocales del Poder Judicial y evitar así que intervengan en un eventual proceso de suspensión contra él. Les acusa de "enemistad manifiesta". El primero de ellos, el vicepresidente Fernando de Rosa, que fue Conseller de la Generalitat Valenciana con Francisco Camps. Garzón recuerda que en una entrevista en la televisión pública valenciana, De Rosa dijo que en la investigación del caso Gürtel podría cruzar la línea roja de la prevaricación.

La segunda recusada es la vocal conservadora Gema Gallego. El escrito sostiene que, Gallego, en su investigación del llamado caso del ácido bórico, revirtió la situación para vincular los atentados del 11 M con ETA, imputando a altos cargos policiales. Siguió justo la línea contraria que siguió Garzón previamente cuando el caso estaba en la Audiencia Nacional. Además, desde su puesto en la Comisión Disciplinaria, una vez nombrada vocal a propuesta del PP, ha pedido en alguna ocasión que se investigaran actuaciones de Baltasar Garzón.

La tercera es la vocal progresista Margarita Robles. La enemistad, según Garzón, nació en su etapa de Secretaria de Estado de Interior con Felipe González. Desde ese cargo mantuvo posturas encontradas con el Juez que investigaba entonces el Caso Roldán o los GAL.

 

Argumentos de Garzón

Garzón esgrime tres motivos para que el Poder Judicial no le suspenda cautelarmente de funciones:

1) No existe riesgo para la Administración de Justicia en el caso de que se acuerde su continuidad. No hay riesgo porque el juzgado de Garzón no tramita ya ninguno de los asuntos que han sido objeto de querella contra él. Sin embargo, sí que pone el acento en los problemas que podrían derivarse de su suspensión. Dice que perturbaría "de forma extremadamente grave" a los jueces que ahora están tramitando esas causas porque entenderían que es "una señal respecto de lo que hacer y de lo que no hacer en su labor jurisdiccional".

2) La postura del Ministerio Fiscal. Todas las querellas admitidas contra Garzón no cuentan con el apoyo de la Fiscalía que no aprecia indicios de delito. Además, el Ministerio Público se ha opuesto a que el Consejo del Poder Judicial acuerde la suspensión cautelar.

3) El CGPJ no ha apreciado irregularidades. Todas las causas que tiene abiertas el Magistrado en el Tribunal Supremo se refieren a hechos sobre los que ya ha conocido, por vía de inspección, el Órgano de Gobierno de los Jueces. En ninguna ocasión ha observado la más leve irregularidad disciplinaria.

 

 

Vergüenza, vergüenza, vergüenza… tengo vergüenza.


Si hasta hace poco tiempo, poco o nada confiaba en la imparcialidad, la decencia y el buen criterio de muchos de los jueces españoles, ahora confío aún menos (si cabe).

Vergüenza. Siento vergüenza al ver a Baltasar Garzón, uno de los más importantes jueces del mundo y promotor del concepto de “Justicia universal”, sentado en el banquillo de los acusados por las insidias, falacias y miserias de la misma gentuza obscena a la que el propio Garzón había procesado. Siento vergüenza…

Vergüenza. Siento vergüenza al ver a Baltasar Garzón, un juez verdaderamente progresista e independiente, siendo perseguido, machacado, ultrajado y humillado por otro juez de nombre Luciano Varela, que se definió así mismo como progresista (¡¡Qué chiste, joder!!), pero que no renegó nunca de su pasado como juez amamantado por los pechos de la (in) justicia de la dictadura, a la que juró fidelidad hasta la muerte, incluyendo en el juramento a Franco, un traidor, enano, acomplejado y miserable fulano al que prometió por su honor honrar. Siento vergüenza…

Vergüenza. Siento vergüenza al ver procesado, por tercera vez, a Baltasar Garzón, acusado de autorizar las grabación de las conversaciones mantenidas entre varios fulanos (presuntos) ladrones, miserables y prevaricadores con sus (presuntos) abogados compinches de felonías… y lo más vergonzoso de todo es que sus acusadores, son los mismos a los que Garzón procesó. Siento vergüenza…

Si antes tenía claro que nuestros jueces, con toda su pompa y oropel, y esos aires de grandeza que se gastan, sólo era jueces cuando machacaban a los pobres y a los que no pueden pagar a grandes bufetes de abogados, ahora, viendo lo que estoy viendo, sé que son, además de jueces injustos, taimados y vengativos, una turba de resentidos y avergonzados ex lacayo de la dictadura. Y que por ese deleznable pasado, que les marcó como (infra) personas, actúan contra los que (como Garzón) les recuerda sus miserias y juramentos al dictador asesino.

El cómico Chris Rock dijo una vez: “El mundo se está volviendo loco cuando el mejor rapero es blanco (Eminem), el mejor golfista es negro (Woods), el jugador más alto de la NBA es chino (Yao Ming), los suizos ganan la Copa América y Alemania no quiere ir a la guerra”.

Pues aquí, en mi democrática España, se podría decir lo mismo pero de otra forma: estamos en unas épocas en las que “los pájaros se tiran a las escopetas”.

Siento vergüenza… ¿Y tu no?

Alfredo Webmaster

 

 

Varias posdatas:

Como todos los días, al pasar por delante de la casa del juez Luciano Varela, sentí vergüenza... mucha vergüenza y rabia.

Ahora, hace unos instantes, al asomarme por la ventana y ver su casa debajo de la mía, imaginé "al" Luciano Varela regodeándose con sus amigotes de juramento fascista, riéndose y brindando por las desgracias del juez Garzón...

Pero, ¿Sabes una cosa, Luciano?: algunos de nosotros no olvidaremos lo que hicisteis y, como dice el refrán, "nos sentaremos a la puerta de nuestras casas esperando a que pase el cadáver de nuestros enemigos" (de los fascistas o de los que le juraron amor eterno a Franco).

 

Disidencias


Por Elvira Lindo para elpaís.com, 03/03/2010

La democracia es ese raro sistema que permite a los individuos expresar opiniones en contra del sistema y a favor de otros sistemas que no les permitirían el menor asomo de disidencia. La democracia es también ese sistema en el que podemos compatibilizar la denuncia de cualquier pequeño atropello a nuestras libertades con la defensa de dictaduras liberticidas. La democracia es ese sistema que me sirve en bandeja opiniones antidemocráticas que serían tachadas de traición a la patria si no fuera porque la democracia nos permite la veleidad de no ser patriotas, de no creer en nada. Ni en la democracia. No me considero una fundamentalista democrática; digamos que considero éste el más humano de los sistemas posibles. Ya es algo.

La democracia es a veces un sistema injusto y tontorrón, que pone micrófonos delante de un actor dispuesto a ofrecer la versión oficial de una dictadura e ignora a los que la padecen.

Aun así, prefiero vivir aquí. Prefiero vivir en un sistema en el que un individuo tiene el maldito derecho a difamar a un pobre obrero que tuvo la valentía de disentir de un Estado represivo. Era un traidor, dicen, un delincuente común, quizá un terrorista. Esas palabras me duelen físicamente, pero prefiero vivir en un sistema en el que pueden decirse. Es la forma de conocer a fondo al sujeto que las pronuncia.

Tal vez las declaraciones de Guillermo Toledo hayan conseguido convertir a alguno de sus compañeros de profesión en anticastristas. Hay mucha gente de la "cultura" que se siente incómoda viéndose representada siempre por los mismos. Para combatir esa molestia silenciosa les recomiendo que expresen su desacuerdo asumiendo un principio bien básico: las personas decentes anteponen los derechos humanos a las ideologías. Y, desde luego, convendría elegir a otros representantes para liderar causas humanitarias.

 

¿Fin de trayecto? A Garzón le tienen ganas


Por Antonio Casado para elconfidencial.com, 05/03/2010

Acusados que se vuelven acusadores de la noche a la mañana. Todos contra Garzón. Primero fue el neofranquismo tuneado con distintos ropajes (Manos Limpias, Falange Española), nada partidario de investigar los crímenes del Franquismo. Lógico. Y ahora el cerebro de la trama Gürtel, Francisco Correa, admitido como acusación particular en una de las causas abiertas en el Tribunal Supremo contra el juez de la Audiencia Nacional por presuntas conductas prevaricadoras.

En este caso, escuchas telefónicas presuntamente ilegales dictadas por Garzón y autorizadas por el juez Antonio Pedreira, instructor del caso Gürtel en el TSJM (Tribunal Superior de Justicia de Madrid), aunque las acusaciones sólo afectan al primero, no sabemos bien por qué. Tampoco se entiende por qué se admite una querella cuando la Fiscalía, que es la institución pública encargada de promover la acción de la justicia y ejercer la defensa de la legalidad, no formula ninguna acusación. O se entiende demasiado bien pero cuesta aceptarlo.

No sabemos muy bien por qué solo Baltasar Garzón es sospechoso de haber prevaricado, antes de inhibirse en la investigación de crímenes del Franquismo y no lo son otros jueces alineados en sus mismas tesis sobre delitos imprescriptibles y jurisdicción universal, como se vio en las votaciones efectuadas antes de llevar el asunto a los juzgados territoriales. O lo sabemos demasiado bien pero cuesta aceptarlo.

La tercera de las causas abiertas contra el famoso juez no es por prevaricación sino por cohecho. Nada menos. Está relacionada con la financiación de unos cursos en Nueva York por cuenta del Banco de Santander, organizados por el Centro Rey Juan Carlos y en los que participó Baltasar Garzón como moderador de una serie de coloquios. La querella fue inicialmente archivada pero ha sido reabierta por el juez Luciano Varela –en realidad es una nueva querella por la misma causa-, ante la supuesta novedad de que Garzón había intervenido personalmente ante el presidente del banco, Emilio Botín, para lograr la financiación de los cursos. No se entiende que el instructor desprecie las explicaciones de todas las partes afectadas. O se entiende demasiado bien pero cuesta aceptarlo.

¿Fin de trayecto?

Nadie es inocente en esta historia y hasta las piedras saben que a Garzón le tienen ganas. Entre quienes pueden decidir el futuro profesional del más mediático de nuestros jueces, tanto en el plano jurisdiccional (Sala de lo Penal del Tribunal Supremo) como en el disciplinario (Consejo General del Poder Judicial), se aprecian mayorías que le son desfavorables.

A la espera de que se agote la prórroga que acaba de otorgarle el CGPJ para escuchar sus alegaciones, parece difícil que Garzón se libre de la suspensión de funciones. Si bien el fiscal no apoya la medida, tres querellas son demasiadas. Se lo han puesto fácil a quienes quieran apreciar graves daños en la imagen de la Justicia, incluso sin procesamiento. Aunque luego hubiera carpetazo, esa suspensión de funciones sería un final de trayecto en la carrera de Garzón. Para la historia quedaría el desalentador recuerdo de un Tribunal Supremo más comprensivo con la corrupción política y los crímenes franquistas que con el juez que quiso depurarlos. No se entendería. O se entendería demasiado bien pero cuesta aceptarlo.

 

Te equivocas, Willy...


Sabes, aunque no nos conozcamos personalmente, que siempre contaste con mi admiración como actor y ser humano. Tu cara, tu voz, tu forma de expresarte, tu medio risa contagiosa, hacen de ti el prototipo del “tío cojonudo” y brillante, al que todos nos gustaría tener como amigo. Pero hoy te equivocas.

No es posible que tú, una persona inteligente, culta, demócrata y solidaria, sea capaz de decir, de los disidentes cubanos, lo que dijiste: que los “presuntos disidentes son gente que ha cometido actos terroristas contra el Gobierno cubano, actos de traición a la patria y un montón de delitos” y, en concreto, Zapata “no era más que un delincuente común”.

No, Willy, no, ¡Te estás equivocando!; y lo que es peor: defendiendo el régimen dictatorial de los Castro estás desprestigiando los ideales sociales, solidarios y socialistas que dices defender.

¿Con qué dignidad y derecho podemos pedir que se juzguen los delitos cometidos durante la dictadura franquista si no somos capaces de hacer lo mismo con la dictadura castrista? Si, Willy, si: ¡¡dictadura castrista!!

Desgraciadamente, ¡No te imaginas cuánto me duele tener que decirlo!, lo único que socializó en Cuba Fidel Castro, fue la miseria…

Alfredo Webmaster

 

 

 

Con dolor, pena y arrepentimiento…


Hay muchas cosas por las que vale la pena hacer (y morir por) una revolución, pero hay otras por las que vale la pena huir (sin mirar atrás) de la Revolución. Eso es Cuba hoy (y hace muchos años).

Me acuso de haber cometido muchos errores, aún sabiendo que de algunos de ellos he aprendido… pero de uno de esos errores no sólo me acuso: también reniego. Eso es Cuba hoy (y hace muchos años).

Me avergüenzo de hacer chocado la mano a Carlos Lage y Fidel Castro en la Feria Internacional del La Habana del año 1998, de haber intercambiado algunas palabras con ellos y de haberles reído las gracias. Me siento abochornado como demócrata, por no haber aprovechado esa oportunidad para hacerles ver lo contrarrevolucionario que resultaba su comportamiento y su represión de las libertades individuales, el más preciado de los derechos de un ciudadano libre.

Durante un tiempo (demasiado largo) defendí la Revolución y con mis muchos viajes (demasiados) a la isla, contribuí a mantener viva esas mentiras.

Hace unos días, leyendo a Félix de Azúa, coincidí con él en un concepto importantísimo: mientras algunos miembros de la izquierda europea sigan manteniendo el apoyo a regímenes corruptos, nada democráticos y absolutamente enloquecidos como el cubano, lo único que vamos a conseguir es que, dentro de poco tiempo, sólo existirán personas de más de 60 años que defiendan ideologías socialistas o socialdemócratas.

Orlando Zapata, un albañil de profesión, un “peligrosísimo” disidente que llevaba más de 6 años en prisión y al que aún le quedaban 25 años más acusado de un delito que produce risa (y vergüenza), murió víctima de una huelga de hambre exigiendo la mejora de las condiciones de vida de la cárcel en donde estaba preso.

Siento dolor, pena, rabia, ira, desprecio… me siento estafado y ultrajado, humillado y escandalizado por el comportamiento de personajes que se vendían como revolucionarios (el Che, Fidel) y que, a la postre, resultaron ser sólo dictadores y unos asesinos de la peor calaña.

Y pido perdón a la familia de Orlando Zapata por no haber hecho algo más por su libertad.

Alfredo Webmaster

 

 

Iñaki Gabilondo (10/02/10): "El procesamiento de Baltasar Garzón"


Iñaki Gabilondo en Noticias Cuatro, 10/02/2010

 Ya está en marcha la máquina judicial para suspender a Baltasar Garzón como juez de la Audiencia Nacional. La permanente del CGPJ, inició ayer los trámites. Bien, como demócratas y como legos en materia, deberíamos detenernos aquí, y respetar lo que vaya decidiendo la Justicia. Pero hay un par de cosas que nos impiden ser tan dóciles y que nos inspiran un gran recelo. Y una más, finalmente, que nos produce naúseas. Lo que nos hace recelar es la apariencia de cacería que este asunto tiene. ¿No necesita la Justicia parecer justa? ¿A qué viene esta tramitación forzada, sin precedentes? ¿Qué le ha impedido al Consejo hacer en este caso lo que ha hecho siempre, y no mover pieza sin un procesamiento previo? ¿Qué urgencias le apremian?

El cerco a Garzón parece responder a una decisión ya tomada, a una sentencia ya dictada que ahora simplemente se está tramitando. Si no es así, sepan Carlos Divar, y Margarita Robles, y Almudena Lastra, y Manuel Alménar, y Antonio Dorado, que esa es la impresión que transmiten.

Pero hay otro aspecto que, como decíamos, nos produce naúseas. Son retortijones en las tripas de la memoria. Imaginar que vaya a tener que sentarse en el banquillo Baltasar Garzón por querer investigar los crímenes del franquismo, que la querella contra él la presentara Manos Limpias, un pseudo sindicato, casi una célula ultraderechista y, sobre todo, que la primera persona que vaya a sentarse en el banquillo de los acusados por algo relacionado con el franquismo desde que murió el dictador sea el juez Garzón, es una indecencia histórica.

Vivimos el franquismo, lo vimos salir de rositas por la generosidad de la democracia; estamos asistiendo estupefactos al intento de blanquear la imagen de la dictadura, y colarnos de contrabando una versión inventada de su realidad. Que la Justicia extreme su severidad para con los errores de Garzón en su intento de juzgar los crímenes del franquismo tendrá justificación técnica, suponemos, pero nos parece una burla histórica”.

 

Manifiesto por la Justicia de Baltasar Garzón


 

Baltasar Garzón

¿Por qué un manifiesto a favor de Baltasar Garzón?

Un grupo de ciudadanos, preocupados por el significado del proceso abierto contra el Juez Baltasar Garzón y por sus consecuencias en la salud democrática de la Justicia española, hemos elaborado este manifiesto para que  los ciudadanos y organizaciones sociales puedan ejercer su derecho a la libertad de expresión y a la defensa de la Justicia en la que creemos.

Cuánto más lo difundamos más influencia tendrá. Tu blog, tú facebook, tú twitter, tú mail son las mejores formas de difusión.

¡Pásalo!

 

 

Texto del “Manifiesto por la Justicia de Baltasar Garzón

El juez Baltasar Garzón ha ejercido una justicia continuada y valiente durante veinte años en la Audiencia Nacional, comprometida con la defensa de los derechos humanos en España y en el mundo contra dictadores, terroristas, corruptos y enemigos de la democracia.

El juez Baltasar Garzón ha sido uno de los  principales promotores del desarrollo en España del principio de Justicia Universal.

El juez Baltasar Garzón es víctima de una campaña promovida por sectores de extrema derecha, Falange Española y el sindicado fascista Manos Limpias, con una sorprendente connivencia de algunos sectores progresistas.

El proceso contra el juez Baltasar Garzón es en realidad un juicio sumario contra los defensores de la Democracia, la Justicia y los Derechos Humanos y a favor de la impunidad de crímenes muy graves de carácter internacional.

El juez Baltasar Garzón está siendo juzgado por una sala del Tribunal Supremo en la que la mayoría de sus miembros juraron lealtad al Movimiento Nacional del franquismo.

Una sentencia adversa al juez Baltasar Garzón, tras agotar las instancias judiciales españolas, acabaría probablemente con una superior sentencia condenatoria del Tribunal Europeo de Derechos Humanos contra el Estado español.

El juez Baltasar Garzón representa el modelo de justicia basado en la defensa de los Derechos Humanos conforme con su Derecho Internacional que millones de ciudadanos y víctimas reclaman en todo el mundo.

Ya en 2008 el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas recomendó al Estado español la derogación de la preconstitucional Ley de Amnistía de 1977.

Este caso vuelve a demostrar la necesidad de la Justicia Internacional. Incluso España, el país que intentó procesar al dictador Pinochet, es incapaz de juzgar su propia dictadura. Y  quien lo intenta, es juzgado por ello.

 

Firma el manifiesto entrando en el enlace siguiente: “Manifiesto por la Justicia de Baltasar Garzón"

Alfredo Webmaster

 

 

 

Foto del magistrado del Tribunal Supremo Luciano Varela, supuestamente un juez progresista. Este es el juez instructor de la causa contra Baltasar Garzón, juez de la Audiencia Nacional ¿De dónde le viene el resentimiento que siente contra Garzón, al que acusa usando su tono habitual, entre faltón y engolado (El País, dixit)?

Curiosamente, este señor, que juró por Dios los Principios Fundamentales del Movimiento y su lealtad y sumisión al dictador Francisco Franco, es casi casi convecino mío: todos los días tengo que pasar por delante de su chalet... Y muchas veces sorteando su vehículo, que suele dejar mal aparcado en plena curva: ¡¡Eso no se hace, señor juez... ¿No sabe que eso es motivo de sanción y que su falta de civismo y educación ciudadana puede provocar un grave accidente, incluso mortal?!!

 

El fin del juez Garzón


Por Ignacio Escolar para publico.es, 10/02/2010

Mientras todos miramos al pajarito de los mercados financieros, los pájaros de la judicatura han aprovechado el humo para darle la puntilla a Baltasar Garzón, que va a morir como César en Roma, víctima de una conspiración transversal donde muchos empuñan el puñal pero ninguno quiere pasar a la historia como el hombre que acabó con la carrera del juez sin miedo.

La semana pasada, el progresista Luciano Varela, el instructor del Supremo en la causa general contra Garzón, ponía al fin su huevo. Su auto de 54 folios sonaba a sentencia condenatoria, pero Varela no terminaba de rematar, no transformaba el procedimiento en abreviado ni abría el juicio oral, con lo que devolvía el estoque al Supremo para que el resto de la sala compartiese la medalla. Nadie quiere para él solo ese honor internacional: permitir que los ultras de Manos Limpias y la Falange Española de las JONS sienten en el banquillo de los acusados al hombre que intentó juzgar los crímenes del franquismo. Pero los cálculos oblicuos de Varela y el resto de los muchachos de la judicatura, que pasan ahora una larga lista de facturas pendientes, no salvarán a Garzón. El CGPJ arrancó ayer la maquinaria para sacarle de la Audiencia Nacional de forma “temporal”; una condena que será definitiva.

En cuestión de dos semanas, es casi inevitable que el Poder Judicial aparte a Garzón de su juzgado, cercene su carrera y deje a España ante su espejo. Un Tribunal Supremo donde la amplia mayoría de los magistrados juró lealtad a los principios fundamentales del régimen cumplirá con su palabra: el franquismo no se toca. Garzón cometió un error, una imprudencia. Como juez, debería haber sabido que en España las leyes más duras son las que no están escritas.

 

Causa general contra Garzón


Por Gonzalo Boye Tuset, abogado, para publico.es, 10/02/2010

En una extraña maniobra procesal, el juez Luciano Varela realiza un prolijo, no por ello acertado, análisis de los antecedentes que le llevan a acordar que no corresponde el sobreseimiento de la causa y que queda en manos de la Sala Segunda del Tribunal Supremo la suerte del juez Baltasar Garzón; la resolución de Varela no hará historia por su solidez jurídica ni por su respeto a los tratados internacionales que forman parte de nuestro ordenamiento, pero sí marcará un antes y un después en cuanto a lo que se puede imputar o no a un magistrado: si no fuese porque estamos ante una persecución intuitu personae (en atención a la persona), podríamos entender que se ha abierto la veda y que cualquier juez puede verse mañana en el banquillo porque sus resoluciones molesten a algunos.

Pocas veces un juez renuncia a su independencia como lo hace Varela, quien, una y otra vez, atribuye a la Sala Segunda la responsabilidad sobre la situación procesal de Garzón; no se cansa de razonar que él viene vinculado en su resolución por aquel auto en el cual se admitió a trámite la querella; es decir, que no es él quien decide, sino que la decisión ya estaba tomada. Evidentemente, ante tal planteamiento, lo primero que se socava es el principio de independencia de los jueces y, lo segundo, el principio de imparcialidad, porque si su resolución está vinculada al auto de admisión, entonces cabe preguntarse: ¿qué se puede esperar de una sentencia que dictarán los mismos que admitieron a trámite la querella?

Las decisiones de Garzón, como las de cualquier juez, pueden gustarnos más, menos o nada, pero las adoptadas en el caso de la memoria histórica jamás pueden ser prevaricadoras, porque entonces en España casi no quedarían jueces por imputar, al no ser pocas las ocasiones en que un juez instruye una causa para luego inhibirse por entender que excede su ámbito competencial. Y eso mismo es lo que hizo Garzón.

Parece inadmisible el análisis jurídico que hace todo un magistrado del Tribunal Supremo, quien, con ignorancia u omisión de las normas de aplicación, no sólo imputa la conducta prevaricadora al inhibido, sino que, además, lo hace sustentándose en leyes que no son de aplicación, como bien determinó Garzón; la Ley de Amnistía es contraria a los tratados internacionales suscritos por España (que forman parte de nuestro ordenamiento) y, además, la misma tenía como finalidad los delitos políticos. Para conocer su alcance basta con leer los artículos 1 y 2 de la misma, así como su exposición de motivos; es decir, no se requiere una gran capacidad jurídica para comprenderla, mucho menos para saber cuándo no es de aplicación y, por tanto, el no haberla invocado no es prevaricación sino conocimiento del ordenamiento, justo lo contrario de lo entendido por el juez Varela.

El debate sobre las actuaciones de Garzón no es nuevo, pero lo que sorprende es la alianza, contra natura… o no, que ha permitido avanzar en el linchamiento judicial de su persona contra la cual cabe, en estos momentos, la admisión de cualquier querella, aun cuando estoy convencido de que la única que va a prosperar será la actual por los crímenes del franquismo. Digo esto porque aquella en que se le imputa un delito de cohecho y otro de prevaricación, también llamado cobros del Santander, no pasará de un susto cuyos antecedentes se están utilizando para enlodar la imagen del juez y perfilarlo negativamente ante la opinión pública.

Para imputar la conducta activa del cohecho a Garzón (artículo 419) también habría que haber imputado la pasiva al propio Botín (artículo 423.2), cosa que no se ha hecho y, de prosperar la imputación en contra del juez, tendría que compartir banquillo con el banquero, lo que parece excedería de la voluntad e ímpetu de los magistrados del Supremo. Además, un proceso de estas características –por aplicación de lo previsto en los artículos 31 y 129 del Código Penal– podría incluso conllevar la suspensión o disolución de la empresa, Banco Santander. Pero nada de esto va a suceder, por lo que es previsible que, una vez conseguido el objetivo real –apartar a Garzón de la judicatura–, esta querella será archivada y, si no, tiempo al tiempo.

Lo que se plantea es que en estos momentos se esgrimen múltiples acusaciones para generar el clima necesario para asumir, social y políticamente, que lo más sano es el enjuiciamiento de Garzón y su expulsión de la carrera judicial, pero no que realmente existan elementos para llevar a fin todos los procedimientos que actualmente existen en su contra. Un buen ejemplo es la explicación del tema de los “cobros del Santander”, porque resulta inimaginable que quienes están realizando una persecución personal estén dispuestos a cargarse al mayor banco de España.

La causa general contra Garzón deteriorará, más si cabe, la cuestionada imagen de la judicatura española, que no anda nada bien valorada por Europa, y a la que tanto le cuesta transitar hacia una auténtica cultura democrática, como las de los países de nuestro entorno. Allí no existió problema alguno a la hora de enjuiciar su historia reciente y jamás se persiguió a un juez por investigar los crímenes del nazismo, del fascismo o del comunismo. Por el contrario, cuando aquí se lincha a uno por intentar, sin conseguirlo, investigar los crímenes del franquismo y, ahora, la pelota pasa al tejado del Consejo General del Poder Judicial, que tendrá que pronunciarse sobre si le suspende o no, previo informe del Fiscal, que no es vinculante pero que no diferirá de los muchos que ya ha emitido oponiéndose a su linchamiento.

 

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