Hoy publico un escrito de Gema Ibáñez, una bloguera argentina de la que admiro su forma racial de escribir, de expresarse, de transmitir sentimientos normales, casi costumbristas, con una expresividad como “de todos los días”, carente de la sofisticación de la literatura pseudoculta o elitista.
La conocí, cibernéticamente, en uno de esos recorridos por páginas Web recomendadas. Me gusto lo que escribía. Le pedí autorización para publicar algo suyo. ¿Lo mejor de todo? Que me la dio, que me ofreció sus textos para que hiciera con ellos lo que quisiera.
Respeté su léxico porteño, esa forma de expresarse tan próximo a nosotros como gallegos (Buenos Aires es “nuestra” quinta provincia) como puede serlo el tango o el churrasco con sus criollos.
El relato se titular “Vos siempre…”.
Alfredo Webmaster
Vos siempre… (Gema Ibáñez)
Me gusta verte cuando dormís, ¿sabés?
Me gustan todas aquellas veces que estando fastidioso te movés de acá para allá, me abrazás, abrís los ojos, me das un beso, te volvés a dormir, te das vuelta, respirás profundo profundo así como un suspiro, y después volvés a tu deber.
También me gusta tu café con leche, el tuyo y el que me hacés. Cuando estoy cocinando, y me retás porque siempre hago todo yo. O cuando me abrazás por atrás y me decís cuánto me querés, “chiquita linda”.
Me da risa cuando apoyás tu cabeza en la mesa y protestás diciendo que tenés fiaca, que querés que lleguen las vacaciones, o cuando te agarra un calambre y me acusás de que estás lesionado por mi culpa, entonces yo te acuso a vos, y terminás diciéndome pata chorreada o en su defecto, mugrienta.
Divertido es cuando montás semejante espectáculo con el toallón que usás después de ducharte o camino a la ducha.
“¡Qué moños que le hacés a la tarta!”- decís sin entender nada de cocina, de cómo lo pude hacer tan rápido.
Y cuando me explicás química, te ponés tan serio, y me explicás cosas que no van al caso, y me encanta, aunque te grite, y al mismo tiempo no te esté gritando a vos.
Soy muy observadora, es verdad. Pero si no lo fuera, me perdería de todas éstas cosas que me hacen sonreír.
Porque no es difícil aguantarte, porque no lo hago. Es un placer, un placer que yo solita me tomo.
Sé que me enojo y digo que me puedo valer por mí misma, que no quiero que me pagues las cosas, que no te preocupes y cuántas cosas más, pero… la puta, qué bueno es que todas éstas cosas no falten.
Menudo desastre en el que me metí, es lo que me han dicho, pero aún así, aunque me pegues tus malas costumbres (esas que las llaman merendar almorzar y cenar) no voy a poder olvidarme de vos, y algo me dice que te voy a querer por mucho tiempo más, con una ternura inexplicable, con un temor que aboga en mis sentidos, con el rubor de tus mejillas que me prestaste después de haberte dicho todas aquellas cosas que te hacían saltar.
Pero qué importa, no tengo nada que hacer al respecto.
Sigo siendo tu “yo me cuido solita” y vos mi “aflójate”; quizás mañana sea al revés, pero sea como sea, mañana, pasado y quizás el día que le siga, ésta mengana seguirá acá.
Comentarios recientes
hace 3 horas 58 segs
hace 3 horas 9 mins
hace 4 horas 36 mins
hace 12 horas 29 mins
hace 12 horas 35 mins
hace 12 horas 39 mins
hace 12 horas 54 mins
hace 17 horas 15 mins
hace 19 horas 5 mins
hace 19 horas 7 mins