El disco del que hablaré hoy, titulado “Posromanticismo mexicano – Antología de obras para voz y piano”, está interpretado por la soprano Verónica Murúa y el acompañamiento de los pianistas Arturo Uruchurtu, Ángel Rodríguez y Ninowska Fernández-Brito. La grabación es el mejor exponente de que la música de México de finales del siglo XIX y principios del XX, es mucho más que los corridos o los jarabes, las músicas más tradicionales y conocidas.
La música, como la historia mexicana, vivió un tumultuoso tránsito entre el dominio de España y su influencia cultural, la lucha por la independencia, la independiencia propiamente dicha y el triunfo de la revolución; los ritmos de esas épocas fueron el reflejo de los cambios de un estado dependiente a uno libre, con una evolución y riqueza musical explosiva.
El jarabe tapatío, originario de Jalisco, y sus mariachis, o los corridos populares de corte amoroso, revolucionarios o de narración de hechos históricos con verso asonantado, son la punta del iceberg de una realidad musical extremadamente rica y variada, desgraciadamente desconocida para la mayoría de nosotros.
Obviamente, desde la perspectiva de un español que poco más conocía de la música mexicana que los corridos y los marichis o las canciones que le cantaba Milagros cuando era niño, compositores como Ángela Peralta, Miguel Planas, Salvador Pérez, Julio M. Morales, María Garfias, Gustavo E. Campa, Melesio Morales, Miguel Lerdo de Tejada, María Fajardo o Emilio de Nicolás eran auténticos desconocidos.
Afortunadamente, el disco del que estoy hablando viene a cubrir las carencias que tenemos sobre la evolución de la música culta en México en su estilo más clásico y formal. Como se podrá observar, la música está muy influenciada por las escuelas italiana, española o francesa, pero bajo el crisol de la mexicanidad adquiere un tinte propio y único. Hermoso, desde luego.
Además, al coincidir su publicación con las celebraciones del Bicentenario de la Independencia de España y el Centenario de la Revolución, este disco es una magnífica oportunidad para dar a conocer el gran legado cultural del país, potenciar el concepto patrio y poner en valor a los compositores mexicanos menos conocidos entre el gran público.
Las canciones incluidas en la Gramola, en el apartado “Posromanticismo mexicano”, son:
1. La ausencia, de Octaviano Valle
2. Guardami!, de Nemesio Morales
3. Ah! Vieni a me!, de Nemesio Morales
4. Io t’ameró, de Ángela Peralta
5. Les larmes, de Ángela Peralta
6. Canto de la tórtola, de Julio Ituarte
7. No te olvido, de María Garfías
8. A toute âme qui pleura, de Gustavo E. Campa
9. A la bien aimée, de Gustavo E. Campa
10. Sur les ondes, de Gustavo E. Campa
11. Berceuse, de Gustavo E. Campa
12. La Marguerite, de Gustavo E. Campa
13. Serénade humoristique, de Gustavo E. Campa
14. Je t’aime, de Gustavo E. Campa
15. Souvenir, de Gustavo E. Campa
16. Rocío, canción de cuna, de Julio M. Morales
17. Les larmes, de Ricardo Castro
18. Je t’aime, de Ricardo Castro
19. Le secret, de Ricardo Castro
20. Violetas, de Miguel Lerdo de Tejada
21. Amar y sufrir, de Luis G. Jordá
22. Ausencia, de Salvador Pérez
23. Estrellas y margaritas, de Francisco Nava
24. Los besos que te di!, de María Fajardo
25. Fugaz, de Arnulfo Miramontes
26. Alado y breve primor, de Arnulfo Miramontes
27. Secreto eterno, de José Perches Enríquez
28. Musmé, de Emilio de Nicolás
Este magnífico trabajo de recopilación es fruto del esfuerzo que realizó la soprano mexicana Verónica Murúa. En la grabación contó con participan de los pianistas Ninowska Fernández-Brito, Angel Rodríguez y Arturo Uruchurtu.
La cuidadísima edición incluye, además de dos CD's, un libreto con un completísimo trabajo de investigación de Verónica Murúa, un brillante repaso sobre la historia musical de México, la influencia de los legados españoles y criollos, y la evolución de la composición posromántica. También incluye las partituras de todas las obras en formato digital y archivos midi imprimibles. En resumen: una excepcional aportación al conocimiento de unas obras que, desgraciadamente, no conocía.
Verónica Murúa es una joven y excelente soprano, con una hermosa y bien timbrada voz, y depurada técnica. Todas las canciones que interpreta, hermosas, dulces, románticas, dejan entrever su capacidad para la escena y su larga experiencia en actuaciones en directo, ya sea en festivales, interpretando óperas o conciertos. Debutó en el año 2006 en el Carnegie Hall de Nueva York, bajo la dirección de Piero Romano. Realizó estudios en la Escuela Nacional de Música, en la Manhattan School of Music y la Universidad de Ilinois. Ganadora en los concursos de canto Carlo Morelli y Francisco Araiza. Participó en el Festival de Música Nueva de La Habana, el Festival de Música en Escena, el Festival de Música de Chihuahua, Festival Alfonso Ortiz Tirado, Festival de México en el Centro Histórico, Festival de Zacatecas. Además de su faceta profesional como soprano, Verónica es profesora titular en la Escuela Nacional de Música, UNAM (Universidad Nacional de México).
Datos de la grabación:
- Título del disco: “Posromanticismo mexicano – Antología de obras para voz y piano”
- Grabación: Sala Xochipilli de la Escuela Nacional de Música, UNAM
- Fecha: octubre 2008 – enero 2009
- Número discos: 2 (el 2º incluyendo partituras imprimibles y midis)
- Referencia: VMK 102207 DGAPA
- ISBN: 978-6074-02-0723-5
Alfredo Webmaster
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Quizá la culpa es de los años, que van pasando y pasando, o quizá esté en que los recuerdos del pasado son (nos parecen) mejores que la vida que estamos viviendo, pero hoy me levanté con un sonido en mi cabeza, con el murmullo de una voz y el chasquido de las cuerdas de una guitarra: hoy me levanté tarareando una canción de Enrique Urquijo y Los Secretos.
Recuerdo como si fuera hoy aquella mañana del 17 de noviembre de 1999, un día de cielo cubierto, plomizo, sentando en la sala de espera del aeropuerto de Barajas, con un portátil en las rodillas y trabajando en un informe. Estaba esperando la salida de un vuelo de Iberia con dirección a Panamá.
En ese momento, más o menos a las 11 de la mañana, en un televisor de la sala de espera del aeropuerto, dieron la noticia de la muerte de Enrique: lo habían encontrado en un portal de Malasaña (Madrid), roto y desmadejado por una sobredosis de heroína.
Aquél hombre casi niño, pese a sus 39 años, propietario del corazón más grande y de la fuerza de voluntad más pequeña, no había sido capaz de superar su adicción a las drogas. Ni su hija Maria ni su compañera sentimental, Pía, lo habían conseguido arrancar de las garras de la autodestrucción
Oí la noticia pero no la podía creer; no era posible que el autor de la banda sonora de mi vida me abandonara sin cantarme su última canción…
Dicen, se dice, que los hombres no lloramos. Pienso que o bien no soy hombre, o en ciertas ocasiones dejo de serlo: yo he llorado y aún lloro cuando algo me conmueve o me emociona, y la muerte de Enrique me emocionó profundamente, tanto, que tuve que irme al baño del aeropuerto para no sentir las miradas de la gente de mi alrededor.
Su muerte fue la pérdida de una parte de mi pasado, de los rescoldos de la juventud que no volverá, la desaparición de los primeros años de madurez, de los sonidos de los guateques, de las audiciones privadas y no tan privadas de música a todo volumen, de los conciertos de Los Secretos en la Plaza Mayor de Madrid, en el 97, o el de la Sala Galileo del 99 (la última vez que le vi en directo).
Su pérdida fue la pérdida del poeta de los fracasos, el trovador de las derrotas, el cantor de las miserias de la vida, el campeón de la tristeza, el rey de la cruda realidad.
Su desaparición significó que ya nada iba a ser igual, que ya nadie me iba a decir que su ánimo era el mismo que el mío, ni que su pena era mi pena. Su pérdida significó, también para mí, que “nunca he sentido igual una derrota…”.
Sé que nunca le pude dar personalmente las gracias por todo lo me ayudó con su música, pero hoy quiero hacerle el homenaje que nunca le hice, y mientras escucho su música siento que su presencia me ayuda a enjugar alguna tristeza de la vida, algunas pérdidas irreparables, algunas personas que vienen y van, que entran y salen… hoy siento que sus derrotas también son mis derrotas.
Estés donde estés, ¡gracias, querido Enrique!
Alfredo Webmaster
Quiero beber hasta perder el control
Nunca he sentido igual una derrota que cuando ella me dijo "se acabó". Nunca creí tener mi vida rota. Ahora estoy solo y arrastro mi dolor.
Y mientras en la calle está lloviendo,
una tormenta hay en mi corazón.
Dame otra copa: aún estoy sereno.
Quiero beber hasta perder el control.
¡Cuántas noches soñé que te besaba
y en mis brazos llorabas por tu error!
Luego, un ruido del bar me despertaba
y el que lloraba entonces era yo.
Y mientras ella está con otro tipo,
mis lágrimas se mezclan con alcohol.
Ella se fue. ¿Por qué no me lo dijo?
Y siento que mi vida fracasó.
En homenaje de agradecimiento a Enrique y a la compañía que me hizo toda mi vida, aún ahora me lo hace, hoy incluyo en la Gramola algunas de sus mejores canciones:
Quiero beber hasta perder el control: una de las canciones más bellas de Enrique, en la que deja entrever sus miedos y sus dependencias, su necesidad de amar y ser amado.
La calle del olvido: una canción del desengaño y de la traición, del arrepentimiento a destiempo.
Ojos de gata: una balada de más y más derrotas, del reconocimiento de que nada es igual pese a que lo veamos distinto. Joaquín Sabina, gran amigo de Enrique, compuso una canción en la que, con la misma temática, al final salía ganador.
Hoy no: otra magnífica canción.
Cambio de planes
Pero a tu lado: una de las canciones de amor más bonita que se han escrito.
Agárrate a mí, María: esta canción, con reminiscencias de ranchera, está dedicada a su hija María; en la letra reconoce la necesidad de su ayuda, de su compañía, de su angustia al ver que se le va la vida. Es, sin lugar a dudas, la mejor herencia que le pudo dejar, una arrebatadora canción de amor.
Volver a ser un niño: una hermosa canción de ligera alegría
Nada más
Bailando en el desván
Ya me olvidé de ti
Puede que algún día: esta canción estaba dedicada pero ya no lo está.
Paolo “Avvocato” Conte (Asti, Italia, 1937- ) es uno de los últimos representantes que quedan de la mejor música de los decadentes cafés-cantantes, entremezclada con los potentísimos ritmos jazzísticos de las mejores bandas de swing. Sus canciones nacen de la historia musical europea (francesa, italiana y española), acompañada de la influencia de la americana: “Mi inspiración es francesa, americana, española, latina y napolitana, aunque realmente es algo secreto para mí. Realmente no sé cómo entra en mi casa, ya que no acostumbra a llamar y viene por rachas, aunque siempre procuro que me visite cuando estoy sentado frente al piano”
Nació en el seno de familia que por generaciones ejerció la abogacía. De joven tuvo que convivir con la II Guerra Mundial, etapa que pasó en la granja de su abuelo, lo que le evitó soportar las partes más dolorosas de la contienda. Allí, en un entorno campestre y popular, pero profundamente marcado por el amor a la música, aprendió a tocar el piano, instrumento del que es un virtuoso. Terminada la guerra, estudió derecho y llegó a ejercer de litigante.
En un momento determinado de su vida decidió, ¡afortunadamente para nosotros!, dejar los tribunales y dar rienda suelta a su desbordante amor por la canción.
Además de su faceta musical, Paolo Conte es un apreciado pintor y poeta, algo que deja entrever en las letras de sus canciones.
Los conciertos de este italiano, ya inmortal, son una experiencia única por su profesionalidad, su capacidad para transmitir su innata alegría, la pulcritud con la que trabaja, la elegancia de sus formas y por la intensidad emocional que transmite en cada pulsación.
Si no habéis tenido ocasión de verlo en directo, yo sólo lo vi una vez, hacedlo cuanto antes: disfrutad de su calidez, de su maravillosa voz rasgada y de esas canciones que nos transmiten la esencia mediterránea mezclada con la alegría latina y el regusto a los sonidos cabareteros.
Y si no tenéis ocasión de verlo, disfrutad con la música que hoy incluyo en la Gramola. Deleitaros con su “Max”, su “Via con Me”, “Elisir”, “Azzurro” (canción que hizo famoso a Adriano Celentano, versionándola), “Gelato al limon”, “Sotto le Stelle del Jazz”, “Colleghi Trascurati”, “Hemingway” o su “Quadrille”… todas memorables, todas únicas.
Alfredo Webmaster
"Azzurro", de Paolo Conte
"Via con me", de Paolo Conte
"Sotto le stelle del jazz", de Paolo Conte
Canciones que podéis escuchar en la Gramola
1.Via con Me
2.Sotto le Stelle del Jazz
3.Elisir
4.Boogie
5.Sparring Partner
6.Come Di
7.Azzurro
8.Gelato Al Limon
9.Happy Feet
10.Gli Impermeabili
11.Max
12.Gong-Oh
13.Colleghi Trascurati
14.Bartali
15.Alle Prese con Una Verde Milonga
16.Dragon
17.Hemingway
18.Ho Ballato Di Tutto
19.Quadrille
20.Genova Per Noi
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Los cajunes es un grupo étnico localizado en el estado de Luisiana (USA). Descienden de exiliados de la llamada Arcadia (Acadia -sin r- antiguas colonias de Nueva Francia en las tres provincias marítimas de Canadá: Nueva Escocia, Nuevo Brunswick e Isla del Príncipe Eduardo) que tuvieron que huir durante la segunda mitad del siglo XVIII, tras la incorporación de los territorios franceses de Canadá a la corona británica. Allí, en la Luisiana, se unieron a ellos emigrantes españoles, alemanes y franceses, además de los criollos de origen francés, dando lugar a una lengua propia, el cajún, dialecto proveniente del francés y español.
Actualmente, los cajunes son una parte fundamental del sur del estado de Luisiana, donde han influido notablemente en su cultura. Las ciudades de Lafayette y Lake Charles son enclaves fundamentales de los cajunes.
En 1980, después de muchas batallas legales y políticas, fueron reconocidos oficialmente por el gobierno estadounidense como grupo étnico.
La música cajún, también conocida como la "música de las personas alegres", ha ejercido notable influencia y ha dado lugar a otros subgéneros musicales, como el zydeco, resultado de la mezcla de la música original cajún con el country y los ritmos primitivos del rock and roll o el swamp, una especie de blues sureño de ritmos lentos y acompasados.
La música cajún tiene como instrumentos reyes al acordeón diatonico y al violín, junto con la washboards (tabla de lavar); los temas hablan de amores, de pérdidas, de la familia o de la muerte, pero, sobre todo, uno de los temas recurrentes es el de "vivir sin amor", algo que para ellos es peor que la misma muerte.
Con todo ese bagaje histórico y cultural detrás, no es extraño que los acadiens (cajunes) tengan sus propias manifestaciones lingüísticas (hablan una mezcla de francés antiguo, palabras micmac, españolas –de hecho, apellidos como Ortega y Romero se tienen entre los más auténticamente cajún-, inglesas y alemanas), gastronómicas (son famosas sus langostas, el etouffee de langostas, boudin, cracklin's, guisado de quingombó o jambalaya) o arquitectónicas.
Entre la música cajún más reconocida, el vals (waltz) es uno de los ritmos más románticos y sensibles, el que más usada para el baile y el enamoramiento. Es, también, la más fácil de escuchar por los que no somos cajunes.
1. Valse de la Riviere Rouge, La (Red River Waltz) - Bruce Daigrepont
2. Chere Petit Monde - Balfa Toujours
3. J'Ai Passe Devant Ta Porte - David Doucet
4. Valse de Kaplan - Trio Cadien
5. Valse des Chere Bebe, La - Jo-El Sonnier
6. Big Mamou - Mamou
7. Tous Les Soirs - D.L. Menard
8. Valse A Deux Temps, La - File
9. Valse Criminelle - Eddie LeJeune & The Morse Playboys
10. Valse du Malchanceux, La – BeauSoleil
También os incluyo unos vídeos con demostraciones de baile tanto de música cajún como de zydeco; además, hay dos vídeos más, el primero con una hermosísima canción de amor (sin letra) y otro con el famosísimo “Dueling banjos” de la excepcional película “Deliverance”, de John Boorman.
Alfredo Webmaster
Una hermosa canción "cajún waltz"
El famosísimo "Dueling banjos” de la película “Deliverance”, de John Boorman
Una demostración de baile zydeco
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Pese a que es una de mis cantantes de cabecera, nunca le había dedicado un espacio en la Gramola. Hoy es el día de su elevación a los altares de tan señero espacio.
Esta cantante norteamericana tiene como costumbre actuar en solitario, acompañada exclusivamente por su guitarra acústica, un atril, una botella de agua mineral… y su voz, un instrumento de increíbles matices y de una riqueza aplastante, que lo mismo susurra que atrona, nos tararea o nos mece, un instrumento del que es dueña y señora, y que hace sonar según su oportunidad.
Como novedad, por primera vez en su carrera, en su gira por España del pasado mes de octubre, gira en la que desgraciadamente no incluyó Galicia, vino con un grupo telonero de alto nivel: los Blue Mountain, de los que hablaré en otra ocasión.
Dayna no es una recién llegada a la música, lleva diez años circulando profusamente por garitos, pubs y recintos de pequeño tamaño; no es tímida ni apocada pero su mejor “yo” musical se expande en los espacios cortos y en la cercanía con su público. Es en esos espacios en los que su música puede olerse, saborearse, sentirse
Desde siempre contó con el apoyo de dos de los mejores productores de música alternativa: Bob Power y Crzig Street. En el año 1997 fue elegida en los medios alternativos como la mejor compositora del año.
Su voz tiene el calor y el compás de las viejas divas de la música de jazz y el blues, muy en la línea de una Billie Holiday, Betty Carter, Bessie Smith o Nina Simone. Sus letras tienen el drama y el sabor de un Tom Waits o de la Marianne Faithfull de las mejores épocas, la poesía de una Suzanne Vega o el lirismo de un Leonard Cohen, el ímpetu e intensidad de un Jeff Buckley, la fuerza y el ritmo de un Van Morrison… te podrá recordar a una mezcla de la Patti (Smith), la Laura Nyro o la insigne Joni Mitchell.
Dayna es un compendio de estilos y de gustos, todos reflejados en un modo de ver la vida y de expresarla con la fuerza de la razón y la creencia: lo que canta lo canta por que lo siente y por que lo vive.
En la Gramola podréis escuchar, entre otras canciones, obras maestras como “Fred Astaire”, con el ritmo de un vals cadencioso y sensual, con el violonchelo sonando como contrapunto a la voz, una preciosa balada de amor, “Love Gets in the Way”, un estremecedor temazo, “Postcards from Downtown”, canción que por si sola ya justificaría un disco, un hermoso blues de ritmo suave y cansino, “Last Good Taste”, una balada de aires clásicos pero con su cuño especial y maravilloso, “Justified”, una canción de batalla, de lucha, de ímpetu, “Music Box”, una composición de estilo jazzístico, aire romántico, y ambiente negro y humoroso, “Love Where Did You Go?”, un “Joy in Repetition”, de Prince, que gana muchísimo enteros con su voz, estilo y fuerza, el famosísimo tema de Gene Raskin “Those Were the Days” que cantaron artistas como la Mary Hopkin, Dalida, Gigliola Cinquetti, Sandie Shaw, The 5th Dimension o Azúcar Moreno, pero que en la voz de Dayna adquiere otra dimensión sentimental, la maravillosa canción de Leonard Cohen “Everybody Knows”, con ese toque especial que sólo ella es capaz de dar, el “Amsterdam Crown” de ritmo vivo y suave (a la vez), lleno del encanto de las canciones de taberna o el inconmensurable chanson“Parlez-Moi d'Amour”, una obra maestra de la música que en la voz de Dayna se torna, incluso, más romántica y sensible que la de la gran Edith Piaf o las Juliette Gréco o Marie Laforêt.
Dayna es una joya de música popular, de esa música que se hace sólo para espacios cercanos, sin la parafernalia ni el esplendor de los conciertos de masas. Es, como veréis, el prototipo de la mujer comprometida con su arte, con su forma de ver la vida (artística).
Si tuviera que decir qué artista es para mí el compendio de la mejor música americana de los últimos años, no lo dudaría: Dayna Kurtz. Punto.
Alfredo Webmaster
Dayna Kurtz – “Love Got In The Way”
Dayna Kurtz – “Postcards from Downtown”
Dayna Kurtz – “Parlez-Moi d'Amour”
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De los muchos discos que Kathleen Battle y Wynton Marsalis han grabado en su vida, juntos o por separado, éste ocupa un lugar de absoluta referencia: Baroque Duet. Oírles interpretar a Händel, Bach, Scarlatti u otros compositores barrocos, es una experiencia inolvidable, única.
Si tuviéramos que elegir lo mejor de lo mejor de este disco, algo complicado en una obra de esta excelsa calidad, me quedaría con el "Jauchzet Gott in allen Landen" de Bach (corte número 22), el "Let the Bright Seraphim" de Händel (corte número 1) y, sobre todo, el "Eternal Source of Divine Light", la inconmensurable Oda para el cumpleaños de la Reina Ana de Händel (corte número 14), pieza esta en la que podemos apreciar en toda su magnitud, como la voz de la Battle corre impecable sin problemas de coloratura, con unos trinos perfectos y hermosísimo, acompañada por un diálogo perfecto entre esa voz y la trompeta, de un virtuosismo rallando la perfección absoluta.
Wynton Learson Marsalis, más conocido como Wayton Marsalis, nació en Nueva Orleáns el 18 de octubre de 1961, en el seno de una de las más famosas sagas de músicos de jazz de toda la historia: hijo del pianista Ellis Marsalis, hermano menor de Branford Marsalis y mayor de Delfeayo Marsalis y Jason Marsalis.
Excepcional trompetista, uno de los mejores de la historia, magnífico compositor y arreglista, sus interpretaciones han sido siempre una demostración de poderío sonoro e impacto mediático: es el mejor exponente de lo que se ha llamado el neoclasicismo jazzístico, una mezcla de lo mejor de los movimientos históricos del swing unido a lo mejor de la modernidad del bebop.
Además de ser el abanderado del renacer del jazz clásico, también es el adalid del jazz acústico apegado a la tradición, al que incorpora innovaciones y avances significativos en su lectura y replanteo, para actualizar su sonido a los nuevos tiempos.
Su música está muy lejos del jazz vanguardista iniciado, como corriente, a finales de los sesenta, al considerar a este estilo como fuera de los conceptos de improvisación y madurez que debería imperar en el jazz atemporal.
El sonido que expele su trompeta, siendo único y muy personal “un sonido típicamente Marsalis”, no deja de tener una marcada influencia de los clásicos de la trompeta Freddie Hubbard, Louis Armstrong, Duke Ellington y, sobre todo, de la de Miles Davis.
El mimetismo que muchas veces demostró con el dios del instrumento, con el sonido Miles Davis, fue muy criticado por los puristas del jazz por su excesiva dependencia creativa, hasta que en el año 1990 grabó “Tune in Tomorrow”, disco que le consagró como el nuevo rey indiscutible de la trompeta.
Su larga trayectoria musical incluye trabajos y colaboraciones con grupos y figuras del jazz tan conocidas como la New Orleans Civic Orchestra, Art Blakey Big Band, Jazz Messengers, Herbie Hancock, Kenny Kirkland, Charnett Moffett, Jeff "Tain" Watts, Marcus Roberts, Robert Hurst, Wycliffe Gordon, Wes Anderson, Todd Williams, Reginald Veal, Herlin Riley, Eric Reed o la Lincoln Center Jazz Orchestra.
En 1997, Wayton Marsalis organizó la “Marsalis Blood on the Fields”, grabación en directo que se convertiría en la primera obra del jazz que gana un Premio Pulitzer.
Kathleen Battle es, también, un portento de la naturaleza en otro instrumento: su voz. Es una de las mejores sopranos de coloratura de toda la historia.
Nacida en 1948 en Portsmouth, Ohio, obtuvo una beca para la Universidad de Cincinnati College-Conservatorio de Música, beca que además de permitirle estudiar también le dio la oportunidad de impartir clases de educación musical.
Kathleen Battle, que empezó a ser muy apreciada en los círculos culturales de Cincinnati, tuvo un golpe de suerte al ser contratada para el “Festival de Dos Mundos” (1972) de Spoleto, Italia. Con esa actuación obtuvo el éxito más clamoroso, lo que le permitió cantar y ser dirigida por los más grandes directores de orquesta del mundo: Herbert von Karajan, Riccardo Muti, Zubin Mehta, Seiji Ozawa, Claudio Abbado, Georg Solti, Carlo Maria Giulini o James Levine, director musical del Metropolitan Opera de Nueva York.
Tiene, entre otros méritos, haber sido la primera mujer que cantó en un Concierto de Año Nuevo en Viena, gracias a la invitación de Herbert von Barajan (1987).
Además de eso, la Battle fue una de las más famosas sopranos especializada en los roles líricos llamados “ina”: fue la “Pamina” en “La flauta mágica”, la “Despina” en “Cosí fan tutte” o la “Zerlina” en “Don Giovanni” de Mozart, la “Norina” en “Don Pasquale” o la “Adina” en “L'elisir d'amore” de Donizetti y la “Rosina” en “El barbero de Sevilla” de Rossini.
También es famosa por algunas otras cosas bien distintas, pero muy habituales entre las grandes figuras del bel canto: su divismo antropológico le llevó a enfrentamientos antológicos con otras famosas sopranos, como la Kiri Te Kanawa y Carol Vaness, entre otras.
Como podréis comprobar en este disco, su voz portentosa lo mismo le permite interpretar melodías francesas, que lieder alemanes, música sacra, jazz o espirituales negros.
#1 Samson, oratorio, HWV 57 Act 3: Let the Bright Seraphim
Composed by George Frideric Händel (1685-1759)
Performed by Orchestra of St. Luke's
with Kathleen Battle, Wynton Marsalis, Anthony Newman
Conducted by John Nelson
#2 Si suoni la tromba, for voice, trumpet & continuo (Arie con tromba sola No. 1)
Composed by Alessandro Scarlatti (1660-1725)
Performed by Orchestra of St. Luke's
with Marc Goldberg, John Feeney, Kathleen Battle, Wynton Marsalis, Anthony Newman
Conducted by John Nelson
#3 Con Voce Festiva, for voice, trumpet & continuo (Arie con tromba sola No. 3)
Composed by Alessandro Scarlatti
Performed by Orchestra of St. Luke's
with Marc Goldberg, John Feeney, Kathleen Battle, Wynton Marsalis, Anthony Newman
Conducted by John Nelson
#4 Rompe Sprezza Con un Sospir, for voice, trumpet & continuo (Arie con tromba sola No. 4)
Composed by Alessandro Scarlatti
Performed by Orchestra of St. Luke's
with Marc Goldberg, John Feeney, Kathleen Battle, Wynton Marsalis, Anthony Newman
Conducted by John Nelson
#5 Mio Tesoro, per te moro, for voice, trumpet & continuo (Arie con tromba sola No. 6)
Composed by Alessandro Scarlatti
Performed by Orchestra of St. Luke's
with Marc Goldberg, John Feeney, Kathleen Battle, Wynton Marsalis, Anthony Newman
Conducted by John Nelson
#6-13 Su le sponde del Tebro, chamber cantata for soprano, 2 violins, trumpet & continuo
Composed by Alessandro Scarlatti
Performed by Orchestra of St. Luke's
with John T. Kulowitsch, Kathleen Battle, Wynton Marsalis, Anthony Newman
Conducted by John Nelson
#14 Ode for the Birthday of Queen Anne (Eternal Source of Light Divine), HWV 74 Eternal Source of Light Divine
Composed by George Frideric Händel
Performed by Orchestra of St. Luke's
with John Feeney, Kathleen Battle, Wynton Marsalis, Anthony Newman
Conducted by John Nelson
#15 Zenobia, opera Pace Una Volta
Composed by Luca Antonio Predieri (1688-1767)
Performed by Orchestra of St. Luke's
with John Feeney, Kathleen Battle, Wynton Marsalis, Anthony Newman
Conducted by John Nelson
#16-19 Il Barcheggio, for 3 voices, trumpet, 2 violins & continuo
Composed by Alessandro Stradella (1644-1682)
Performed by Orchestra of St. Luke's
with John Feeney, Kathleen Battle, Wynton Marsalis, Anthony Newman
Conducted by John Nelson
#20 Cantata No. 21, "Ich hatte viel Bekümmernis," BWV 21 (BC A99) Seufzer Tränen, Kummer Not
Composed by Johann Sebastian Bach (1685 – 1750)
Performed by Orchestra of St. Luke's
with John Feeney, Kathleen Battle, Wynton Marsalis, Anthony Newman
Conducted by John Nelson
#21 Olinto pastore, Tebro fiume, Gloria (O come chiare e belle), dramatic cantata, HWV 143 Alle Voci Del
Composed by George Frideric Händel
Performed by Orchestra of St. Luke's
with John Feeney, Kathleen Battle, Wynton Marsalis, Anthony Newman
Conducted by John Nelson
#22 Cantata No. 51, "Jauchzet Gott in allen Landen," BWV 51 (BC A134) No 1, (Aria) Jauchzet Gott In Allen Landen
Composed by Johann Sebastian Bach
Performed by Orchestra of St. Luke's
with Krista Bennion Feeney, Eriko Sato, John Feeney, Kathleen Battle, Wynton Marsalis, Anthony Newman
Conducted by John Nelson
#23 Cantata No. 51, "Jauchzet Gott in allen Landen," BWV 51 (BC A134) No 4, (Chorale) Sei Lob Und Preis Mit Ehren. Allelujah.
Composed by Johann Sebastian Bach
Performed by Orchestra of St. Luke's
with Krista Bennion Feeney, Eriko Sato, John Feeney, Kathleen Battle, Wynton Marsalis, Anthony Newman
Conducted by John Nelson
¿Cómo funciona la Gramola?
El módulo de la Gramola está situado arriba, en la parte de la derecha de la página. En ese módulo tengo incluidas las canciones de los grupos musicales que deseo que conozcáis.
Podéis escuchar la música más cómodamente con las instrucciones que os doy a continuación:
- Lo primero, pulsad el botón extensible que está a la derecha en la parte alta de la Gramola, en el espacio en donde figuran los nombres de los grupos musicales.
- Al pulsar el botón aparecerá una lista de grupos: Arias de ópera, Cowboys Junkies, Eva Cassidy, Flamenco y jazz, Fabrizio de André… hasta llegar al final, a Salvador Bacarisse.
- Situad el ratón encima del cantante o grupo que deseáis oír; a continuación pulsad encima del nombre elegido.
- Una vez que esté pulsado el nombre, el navegador se actualizará automáticamente y la Gramola irá hasta llegar al cantante o grupo que habréis elegido.
- Y ahora viene lo más importante: pulsad en donde dice “Popup player”. Al hacerlo, se abrirá una pequeña ventana de navegador que os permitirá escuchar la música y al mismo tiempo seguir leyendo el blog de forma independiente.
- Obviamente, yendo de grupo en grupo podréis escuchar toda la música que os he ido seleccionado.
De uno de mis grupos de cabecera, los Cowboy Junkies, hoy incluí seis nuevas canciones a las ya existentes en la Gramola, seis temas pertenecientes a un disco grabado en directo en el año 2006, titulado “Live in Liverpool – Long journey home”.
Los Cowboy Junkies, un grupo de culto entre los intérpretes de los estilos Alternative Pop/ Rock, Alternative Country-Rock, Adult Alternative Pop/ Rock y College Rock, está formado por los hermanos Timmins (Margo, Michael y Peter) y Alan Anton.
Margo es la voz del grupo, una excepcional cantante de timbre inconfundible. Si cierras los ojos y escuchas esa forma tan particular de declamar los textos y hacernos partícipes del sonido, sentirás que no existe una voz que la iguale o con la que asimilarla. Es la de ella: es la de Margo.
Michael es el guitarrista acústico, poseedor de una técnica muy depurada y compositor de la mayoría de las canciones del grupo.
Peter toca la batería y los bongos, además del resto de instrumentos de percusión. También compone alguno de los temas.
Alan es el responsable del bajo, con una peculiar forma de interpretarlo a una o dos manos.
En este disco contaron con la colaboración de Jaro Czerwinec, un excepcional acordeonista de origen canadiense, como el resto del grupo, que se encarga de dar a algunas canciones un toque romántico y con sonido como “a antiguo”; también está Jeff Bird a la mandolina (¡que magnífico sonido!) y a la harmónica.
Suelen interpretar sus propias composiciones pero, cuando es necesario y la ocasión lo requiere, hacen excepcionales versiones de canciones de gentes como Lou Reed, Neil Young, Robert Johnson, George Harrison, Hank Williams, Townes Van Zandt o Ray Agee, entre otros.
El “Sweet Jane” de Lou Reed o el “Helpless” de Neil Young en voz de Margo Timmins, son pequeñas obras maestras que nada tienen que envidiar a los originales.
Hacía tiempo que tenía puestas tres de sus composiciones más emblemáticas, pero no podía dejar de poner alguna canción adicional. Además, tener sólo tres temas era demasiado poco para la calidad del grupo.
Las canciones que hoy incluí, son:
- “‘Cause cheap is how i feel”, de Michael Timmins
- “He Hill call you baby”, de Michael Timmins
- “The slide”, de Michael Timmins
- “Goog Friday”, de Michael Timmins
- “Helpless”, de Neil Young
- “Misguided Angel”, de Michael Timmins
Ni que decir tiene que os recomiendo encarecidamente que oigáis todos y cada uno de los discos de este grupo, pero muy especialmente este que cito hoy, “Live in Liverpool – Long journey home”; viene en una caja en la que tenéis el CD de la grabación además de un DVD con las imágenes de la actuación en directo. Por tanto, un doble placer: visual y sonoro.
Alfredo Webmaster
Cowboy Junkies: "Trinity Revisited"
Cowboy Junkies: "One"
Cowboy Junkies: "Misguided Angel"
Cowboy Junkies: "Sweet Jane"
Cowboy Junkies: "Shining Moon"
Cowboy Junkies: "Lost My Driving Wheel"
Cowboy Junkies: "Thunder Road"
¿Cómo funciona la Gramola?
El módulo de la Gramola está situado arriba, en la parte de la derecha de la página. En ese módulo tengo incluidas las canciones de los grupos musicales que deseo que conozcáis.
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Uno de los temas más manidos de estas fechas es el relacionado con la música navideña, la típica, tópica y torpe música que inunda los centros comerciales y las calles de las ciudades occidentales. La misma de siempre: empalagosa y repetitiva.
Hoy comparto en la Gramola (ver más abajo cómo funciona la gramola) una música navideña distinta, unos sonidos que nada o casi nada tiene que ver con la música tradicional de la navidad que llevamos oyendo desde niños.
En primer lugar, os presento una serie de villancicos y danzas criollos incluidos en el CD “Villancicos y danzas criollas, de la Iberia antigua al Nuevo Mundo 1550-1750”, de La Capella Reial de Catalunya, interpretado por el grupo Hespérion XXI, dirigidos por Jordi Savall.
Uno de los rasgos más característicos de la música antigua de mi país es la falta de separación clara entre la música popular y la cortesana (la mal llamada música “culta”) de los siglos XI al XIX. En España, desde la época de los trovadores de los siglos XI y XII hasta mediados del XVIII, las elites locales escuchaban e interpretaban los mismos cantos y músicas que escuchaba el pueblo llano.
En cambio, en las cortes europeas de los siglos XII al Renacimiento en Italia, Francia y Países Bajos, la música buscaba producir un discurso artístico e interpretativo que marcara las claras diferencias que existían entre las distintas capas sociales de esos países. Así, en resto de Europa había una música que era para consumo del populacho y otra muy distinta que sólo escuchaban los nobles o reyes.
Los artistas españoles prestaban una especial atención a la raíces locales y tradicionales, buscando el punto de equilibrio entre el sonido autóctono y el que traían los Tercios de la Casa de los Austria del siglo XV al volver de las batallas por Europa.
Además, desde los tiempos del Imperio Romano y su entrada militar (y cultural) en la Península Ibérica (España y Portugal), las músicas resultantes fueron una impresionante demostración de la interrelación entre los sonidos prerrománicos (celtas y visigóticos) y románicos con las culturas cristianas, hebreas (sefardí) y musulmanas.
La rica mezcla de estilos y formas de ver e interpretar la música, tuvo como premio una sociedad multiétnica, multilingüe y multicultural, algo totalmente desconocido en el resto de la Europa hasta finales del siglo XV.
Desgraciadamente, en esa época tuvimos la desgracia (sic) de que unos reyes, llamados Católicos (Isabel y Fernando), no supieran apreciar el enorme beneficio que representaba la pacífica convivencia de las tres culturas monoteístas: cristianos, judíos y musulmanes.
Así, adoptando unas decisiones que a la larga se demostraron altamente negativas, expulsaron de España violentamente a los judios y musulmanes, montando además el entramado para el nacimiento de la contrarreforma religiosa que luchaba contra las influencias que surgían en la Alemania del siglo XV y XVI.
Una de las válvulas de escape que tuvo una parte de la población española, los más multiétnicos, multilingües y multiculturales, fue la expansión marítima y colonial surgida del Descubrimiento de América en el año 1492. El contacto con ese Nuevo Mundo de nuevos pueblos, con nuevos sonidos, culturas y razas, permitió un renacer de las mezclas y del mestizaje.
Si bien es cierto que la construcción de un Imperio, como lo fue el español de aquella época, conlleva siempre actos de extrema violencia y brutalidad, también es cierto que puede representar el nacimiento de unas nuevas formas de ver la vida y de expresarse.
De esa mezcla de violencia y brutalidad con momentos de mestizaje y interrelación entre los españoles e indígenas americanos, nació un nuevo concepto de cultura que todo lo inundó, tanto a los nativos americanos como a los españoles. De ese intercambio nos queda un concepto cultural, casi filosófico, y diferenciador de las culturas que llevaron el resto de los conquistadores de las américas (ingleses y franceses): la latinidad, lo latino.
Ese orgulloso concepto de mezcla y mestizaje que es la latinidad (lo latino), es el origen de la música que os presento en primer lugar: los “Villancicos y danzas criollas, de la Iberia antigua al Nuevo Mundo 1550-1750”. Podréis oír músicas de España, Perú, México y Guatemala.
Oiréis composiciones de Juan Arañés (España), Pedro Guerrero (España), Mateo Flecha (España), Juan Pérez Bocanegra (Lima, Perú), Juan Hidalgo (España), Gaspar Fernandes (Oaxaca, México), Frei Felipe da Madre de Deus (Guatemala), Tomás de Torrejón y Velasco (Cuzco, Perú), Juan Gutiérrez de Padilla (Puebla, México), Melchor Torres y Portugal (Cuzco, Perú), Juan García de Céspedes (México), Joan Crebols (España) y alguna otra de compositor anónimo.
Escuchareis estilos como la folia, el passamezzo antico y moderno, la romanesca, danzas de hacha, chaconas, zarabandas, morescas, jotas, negrillas a 4, mestizos e indios, cachuas, rorros, juguetes, guarachas y villancicos, estilos algunas veces interpretados en solitario y otras veces mezclados entre si.
Estas músicas son una joya de nuestras vivencias latinas e híbridas, y un legado cultural del que deberíamos estar profundamente orgullosos: yo lo estoy.
El segundo CD incluye músicas más clásicas pero no por ello menos maravillosas. Se trata del “Sacred Arias” de Andrea Bocelli, un tenor de impresionante registro tonal al que sólo una pequeña falta de fuerza en su chorro de voz le resta posibilidades para ser considerado el sucesor de Pavarotti.
Escucharéis los Ave María de J.S. Bach y F. Schubert, el Panis Angelicus de C. Franck, el Ave verum Corpus de W.A. Mozart, el Fondi tener… Ombra mai fu de G.F.Handel, el Domine Deus de G. Rossini, el Mille cheruvini in coro de F. Schubert, el villancicos tradicional Adestes fidelis (O come, all ye fairhfull) y el Gloria a te, Cristo Gesú de J.P. Lécot.
Alfredo Webmaster
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Pese a ser un artista con una de las más dilatadas carreras musicales del rock (edito su primer vinilo en el año 1975), John Mellencamp ha tenido que batallar durante años para poder grabar sus discos con su propio nombre: sus compañías discográficas no quería que dejara atrás su etapa como clon de Bruce Springsteen, época en la que se llamaba Johnny Cougar, su nombre artístico de los primeros años.
Poder utilizar su propio nombre tuvo que transformarse como músico, dejando atrás los ritmos más hard-rock y dando paso a estilos más cercanos al folk-rock, country-rock o alternative-country.
Su etapa de más popularidad coincide con éxitos como “Hurts So Good” y “Jack and Diane”, en 1982. Pese a tener varios vinilos entre los más vendidos de aquella época, la crítica del rock seguía sin tomarlo en serio. Para cualquier otro músico esto hubiese sido motivo de desilusión pero John Mellencamp tenía, y tiene, una música con profundas connotaciones sociales, de lucha infatigable, y eso le animó a seguir adelante. En esos años entró a formar parte del Baby Boomers del medio oeste, movimiento que agrupa a aquellas personas nacidas después de la segunda guerra mundial, 1946 – 1964, fuertemente influenciadas por la música, los cambios sociales y eventos como el escándalo del Watergate, la muerte del presidente J.F. Kennedy, de Martin Luther King o la guerra de Vietnam.
La publicación del vinilo “Scarecrow”, en 1985, le permitió empezar a ser tomado muy en serio y consiguió que cada nuevo cada disco fuera bienvenido por la crítica.
También a mediados de los 80 inició su más importante lucha por la defensa de las clases trabajadoras y los agricultores de su país, fundando, en compañía de Neil Young, Willie Nelson y Dave Matthews, el Festival FARM AID, con el que consiguió recaudar más de 90.000.000 de dólares en ayudas a los más desfavorecidos.
Ni que decir tiene que John Mellencamp formó parte del grupo de artistas que más lucharon, en el 2004, en contra la reelección de George Bush, y a favor del candidato demócrata. No ganaron, y así nos va...
Desde el lanzamiento de “Chestnut Street Incident” en 1975, John Mellencamp ha mantenido una presencia constante en las listas de éxito. Además de sus 46 discos de oro, platino, y multi-platino otorgados entre 1982-2008, Mellencamp ha sido nominado para 13 Grammys (en 1982, 1984, 1985, 1986, 1987, 1988, 1991, 1994, 1996, 1997, 2000 y 2002). Además de todos esos premios y éxitos. John Mellencamp ha conseguido 12 Top 10 individuales, 31 Top 40 individual, 9 Top 10 álbumes y 13 Top 40 álbumes.
Como es un artista poco conocido en España y latinoamérica, os recomiendo que escuchéis a John Mellencamp: vale la pena oír y sentir su amor al buen rock, a las letras sinceras y a los sonidos hermosos
Alfredo Webmaster
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Hacía mucho que tenía una deuda impagada con México: ya no podía dejar pasar más tiempo sin cancelarla.
Verónica, la amiga que me ayuda desde allí en la elaboración de este blog en todo lo referente a las cosas de su México natal, hace meses que me envió unos CD’s de música de su país, algunos de ellos de compositores que no conocía. Además de ser un regalo muy valioso en lo económico también lo es en lo sentimental: esas melodías son parte de mi pasado musical.
Las canciones que hoy incluyo en la Gramola son canciones con reminiscencias a antiguo, con sonidos que me retrotraen a épocas mejores (la infancia, la pubertad) y a personas que fueron parte importante de aquellos años de primeros aprendizajes.
Son ritmos que me recuerdan a Milagros y al eterno color negro de su ropa (por la muerte de “su” Farruco), al despertar de las mañanas de los días de colegio, a las vacaciones de verano en Xopazos, a los tazones de la leche que nos traía Francisca, recién hervida, con su nata espesa y amarilla, y las tostadas de mantequilla casera, a la leche cuajada que me preparaba Milagros, a los ladridos de Xiño (el primer Xiño, un precioso braco alemán) persiguiendo gatos, a mi madre y su amenazante zapatilla (que nunca hizo daño), al blanco perfecto del pelo de mi abuela, a mi hermano Alberto y su fobia al vino (¡quién iba a decir entonces que llegaría a ser catador!)… me recuerdan al sonido de las bombonas de butano al chocar una con otra, el olor de los perfumes de la droguería, al cartel de Norit “el borreguito” y los Tintes Iberia, “que tiñen que es un primor”, a los negritos del Cola Cao, a Boliche y Chapinete, al Capitán Tan, Locomotoro y Valentina (Los Chiripitiflauticos), a Rin Tin Tin (tan parecido a mi actual Xiño)…
Las canciones que nos regaló Verónica me recuerdan los sonidos de la casi única emisora de radio de entonces, Radio Nacional, y sus permanentes boleros, pasodobles, tangos y mariachis de Pedro Infante y Jorge Negrete.
Son, por tanto, canciones del recuerdo para el recuerdo.
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El texto original de Milton, “L'Allegro, il Penseroso” fue arreglado por Charles Jennens, quien también añadió, al parecer por iniciativa del propio Händel, una tercera parte denominada “Il Moderato”, con lo que consiguió dar a esta obra de estilo pastoral un carácter o humor específico.
Se trata de una de las obras más hermosas del barroco, repleta de pasajes recitativos con acompañamiento esplendoroso de la orquesta, pasajes que superan en grandiosidad a las arias de los más grandes compositores.
El colorido de "There, held in holy passion still" constituye, por ejemplo, una lección de expresividad conmovedora. De la elocuente gravedad de "Come rather, goddess, sage and holy" pasamos a la extrema exuberancia y grandilocuencia de "Or let the merry bells ring", donde Händel capta con suprema maestría las esencias de, al mismo tiempo, la alegría y la melancolía.
Para que el resultado final sea lo más parecido a lo que pretendía el compositor, la orquesta, director y solistas tienen que tratar de estar a la altura de Händel.
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El pasado 6 de junio, en La Coruña, tendría que haber actuado Marianne Faithfull: no lo hizo, anuló el concierto por problemas médicos.
Según la nota oficial emitida por los organizadores del concierto, "los médicos de Marianne han aconsejado posponer todos los compromisos adquiridos por la cantante para el resto de este año".
Marriane llevó una vida en la que las cicatrices que acumularon su alma la elevaron a la categoría de mito viviente; décadas de historia de la música, y de algunos músicos, quedaron marcadas indelebles en su fuerte personalidad.
Ella, musa de juventud de artistas del rock y de la literatura, es ahora una superviviente de una vida consumida a base de heroína y alcohol, de sexo desenfrenado y de noches locas vagabundeando por el Soho londinense o el West End niuyorquino.
Su última batalla, entablada en el 2006, fue contra un cáncer de mama, que superó con éxito tras el tratamiento pertinente.
Nacida el 29 de diciembre de 1946 en el barrio londinense de Hampstead, tuvo la desgracia (o suerte) de nacer hermosísima, bellísima, atractiva y sensual: era una de las mujeres más deseadas de los barrios londinenses de aquellos años.
Empezó su carrera musical con sólo 18 años, en 1964, interpretando “As Tears Go By”, una canción escrita por Mick Jagger y Keith Richards (The Rolling Stones). Al poco tiempo empezó a salir con Jagger y a grabar una serie de singles con un considerable éxito de crítica pero no de público, como “This Little Bird”, “Summer Night” o “Sister Morphine”.
En la fiesta en que conoció a Mick Jagger, había alguien que verdaderamente le impresionó: Andrew Loog Oldham, manager de Rolling Stones. En cambio, Jagger y Richards le parecieron unos escolares arrogantes pero llenos del atractivo que da la fama y el reconocimiento mundial de enormes figuras de la música.
En esa fiesta, Andrew Loog Oldham acuñó una frase para definir a Marianne que para ella siempre fue una rémora: “Vi en ella a un ángel maravillos con grandes tetas, y lo contraté”. Desgraciadamente, esa fachada de mujer hermosa, bellísima, no dejó entrever la incomensurable cantante que se escondía en aquel cuerpo voluptuoso.
En los discos publicados en aquellos años 60, la Faithfull tenía una voz sensual, sexual, encantadora y perturbadora, con magníficas canciones con formato de pop o folk.
Tras romper de forma tumultuosa la relación que tenía con Mick Jagger, Faithfull sufrió una depresión muy profunda que le llevó a dejó de grabar y le hizo adicta a las drogas.
Gracias a la ayuda de su familia, sobre todo de su hija, regresó al mundo de la música en 1979 con un LP de gran impacto entre los críticos musicales pero escasísima repercusión entre un público que no la entendía: “Broken English”.
Siempre fue una mujer de armas tomar y de rompe y rasga, capaz de cantar baladas de una profundísima carga sentimental y un romanticismo extremo, o pasarse al otro lado y ser la primera mujer que utilizó la pabra fuck (follar, en inglés) en una película del año 1968: “I'll Never Forget What's 'Isname”, de Michael Winner.
Su resurgir de las cenizas de las drogas y el alcohol empezó en el año 2002, con el CD “Kissin’ Time” y en 2004 con “Before de Poison”. A partir de esos dos maravillosos CD’s, una legión de nuevos (y jovencísimos) seguidores empezaron a familiarizarse con una mujer que es una leyenda viva de la música que transitó al borde de un precipicio personal y familiar.
En esas dos joyas musicales, supo rodearse de lo mejor de lo mejora del rock de calidad: Beck, Damon Albarn, Nick Cave, PJ Harvey o Jarvis Cocker han colaborado con ella en los últimos años.
En este renacer a la vida y a la música, Marianne está dispuesta a todo; se siente una mujer nueva, renacida: “A ese público joven no le importa mi pasado. Eso es estupendo para mí. Ya es hora de cortar con el pasado”.
En el año 2006 consigue interpretar tres papeles de éxito en el cine, entre ellos el de la María Teresa en la película de Sofia Coppola “María Antonieta”, y el papel de Maggie aka Irina Palm en "Irina Palm", sobre una viuda madura que tiene que trabajar en un club de alterne (prostitución) para pagar un tratamiento médico a su nieto.
Ahora, ya en plena madurez personal y con 61 años a sus espaldas, Marianne Faithfull es una artista con mucha leyenda detrás y poco dinero en el banco: todavía no ha conseguido ahorrar nada ni terminar de pagar sus deudas, y no tiene ni casa propia.
Alfredo Webmaster
Canciones incluidas en la Gramola
Poseedora de una enorme discografía, para la selección de alguna de las canciones de Marianne Faithfull que quiero compartir con vosotros he tenido que recurrir a ir de CD en CD, buscando las canciones que, por algún que otro motivo, me impactaron en distintos momentos de mi vida.
Entre los cientos de canciones que interpretó la Marianne podréis deleitaros escuchando, entre otras, “Sad Lisa”, “The Mystery of Love”, “It's All over Now”, “Baby Blue”, “Working Class Hero”, “Visions of Johanna”, “Corrine, Corrina” o la maravillosa “The Ballad of Lucy Jordan” de la maravillosa (valga la redundancia) banda sonora de la película de “Thelma & Louise”, de Ridley Scout (1991).
Disfrutadla, es un placer para la mente y el espíritu.
Fotos de Marianne Faithfull
De sus primeras épocas: una belleza
De su etapa con Mick Jagger
Fotos actuales: una belleza madura
Otra foto actual
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Para vuestro disfrute hoy incluí en la Gramola siete canciones en las que se entremezclan, de alguna forma, el jazz y el flamenco. Las siete canciones son poderosas y sentidas, llenas de vida y fuerza, y son:
Estrella Morente: Alcazaba – media granaína. Estrella es una cantaora granaína (Granada), hija del gran maestro del flamenco Enrique Morente y de la bailaora Aurora Carbonell; sus tíos fueron Antonio y José Carbonell, cantaor y guitarrista. Criada en un ambiente flamenco y rodeada de artistas desde el conocimiento más leve de la vida, lleva el ritmo y la fuerza en las venas. De ella dijo Carmen Linares: "Esta niña nos va a retirar a todos". La canción Alcazaba es hermosísima, llena de matices y buena letra.
Estrella Morente: A qué niegas el delirio – malagueña. Una magnífica canción.
Bebo Valdes & Diego El Cigala: Inolvidable. Una de las canciones del CD del mismo título, uno de los mejores discos de música flamenca y jazz, con un Bebo al piano, increíble perfecto, y un Diego con la voz, poderosa y muy flamenca.
Bebo Valdes & Diego El Cigala: Lágrimas negras. La canción más famosa de Matamoros, con el piano y la voz de Bebo y Diego.
Bebo Valdes & Diego El Cigala: Veinte años. Memorable actuación de los dos, Bebo y Diego
Bebo Valdes & Diego El Cigala: Corazón loco. Un bolero, nada más que un bolero.
Jazz viene del Sur: De ti y mí. Con la voz de la gran Esperanza Fernández, esta excepcional mezcla de flamenco y jazz.
Frases célebres dichas sobre el jazz y el flamenco
“En el Jazz hay que pensar, en el flamenco no”: Paco de Lucia
“La música flamenca que no tiene sonidos negros no tiene pellizco”: Manuel Torre
“El flamenco, el blues o el jazz hay que verlo. Cuando lo sientes entonces lo ves. Si no tienes la suerte de tener ese ojo que ve eso, que es el tercer ojo del alma, no te enteras”: Manuel Molino
Algo de historia
El origen de la música gitana española y el jazz americano viene marcado por períodos trágicos de la historia, etapas llenas de persecuciones, menosprecios y falta de respeto por las diferencias.
El flamenco nace, con los primeros gitanos, en el anonimato y el silencio de sus estructuras tribales, lejos de la cultura más internacional; de allí, de ese alejamiento de las músicas más “españolas”, pasó a mezclarse con la música popular andaluza en una síntesis muy sui géneris. Aun así, después de la unión, el sonido y las formas del primitivo flamenco estaban muy circunscritas a las clases más humildes.
Con el paso de los años empezó a penetrar entre las distintas clases sociales españolas a raíz de ser sus sonidos usados para animar las fiestas y los saraos de las clases altas andaluzas y madrileñas llegando a ser la música sinónima de la España más cañí y popular.
Por su parte, al otro lado del océano, con la llegada de los negros a Nueva Orleans también llegó el blues, la base sonora del jazz, en un proceso de asimilación de sus culturas, mezcladas con los ritmos criollos hasta desembocar en la creación del estilo new-orleans, el primitivo jazz.
Por tanto, el flamenco y el jazz tienen una marcada influencia de la propia raza que las creó, los gitanos y los negros, dos culturas muy vilipendiadas en sus orígenes pero con una fuerte personalidad.
"El flamenco es como nuestro blues", declaró Miles Davis cuando grababa el disco "Sketches of Spain".
Un detalle importante: es más apropiado hablar de jazz-flamenco que de flamenco-jazz, y esto es así debido a que los intérpretes de jazz siempre han sido más innovadores en la búsqueda de nuevos caminos para sus sonidos de lo que lo han sido los del flamenco, más anclados en los valores y sonidos tradicionales.
En el año 1977 Al Di Meola y Paco de Lucía colaboraron en el "Olé" de John Coltrane, otro de los discos grandes de esta mezcla de géneros musicales.
El disco "Soleá", publicado en el año 1993, es una recopilación realizada en Alemania en la que se entremezclan piezas de jazz-flamenco con los cantes tradicionales de Camarón y Morente. Entre los temas más famosos de ese disco cito el tándem formado por Miles Davis en compañía de Gil Evans, a la Modern Jazz Quartet haciendo "El concierto de Aranjuez" o a Chick Corea con su "Spanish fantasy".
Es tanta es la importancia que está adquiriendo el buen flamenco (en algunos casos en combinación con el jazz) que hasta el mejor periódico de España, El País, publica mañana con su diario el primer Libro-CD dedicado a Camarón de la Isla; en los siguientes domingos irá sacando nuevos títulos de nuevos intérpretes: Paco de Lucia, Manolo Caracol, Ketama, Niña Pastori, José Mercé, Enrique Morente, Vicente Amigo, Tomatito, Carmen Linares, Pata Negra, José Menese, El Lebrijano, La Macanita, etc.
¿Cómo funciona la Gramola?
El módulo de la Gramola está situado en la parte de la derecha de la página. En este módulo se incluyen canciones de grupos musicales que deseo que conozcáis. Puedes escuchar la música utilizando una de las dos siguientes opciones:
- Pulsando “play” en el blog escucharás la música pero si quieres escuchar una nueva canción la página volverá a Inicio.
- Pulsando “popup player” se abre una pequeña ventana independiente que te permitirá oír la música y seguir navegando por el blog de forma independiente; te recomiendo que siempre uses esta opción.
Tal como decía en la penúltima anotación del blog, hoy incluí en la Gramola las siguientes canciones de Eva Cassidy:
True Colors [Live]: versión grabada en directo de una canción que hizo famosa Cyndi Lauper, otra magnífica cantante que se vio minimizada por Madonna.
Hallelujah I Love Him So: una versión libre de una canción de Ray Charles, con el típico punteo de guitarra del R & B.
American Tune [Live]: una hermosa canción de Paul Simon grabada en directo, cantada con el único acompañamiento de la guitarra de Eva.
It Don't Mean a Thing (If It Ain't Got That Swing) [Live]: sobre una canción del gran Duke Ellington, Eva hace una demostración de su capacidad para interpretar cualquier tipo de sonido, incluida esta pieza de jazz.
Yesterday: un clásico de The Beatles reinventado por Eva y la ayuda de Chris Biondo. Fijaros en la voz y en la riqueza de matices que tiene.
Wade in the Water: una famosa canción tradicional yanqui pasada por el filtro de Eva y Biondo. El resultado final es una pieza con marcados tintes jazzísticos.
Songbird: una canción de Christine McVie, de Fleetwood Mac, distinta, totalmente distinta del original… mejor.
Cheek to Check: una pieza clásica del repertorio de jazz de cualquier intérprete que se precie, compuesta por Irving Berlín. Está incluida como primera canción en el CD Live at Blues Alley, se oye al presentador haciendo los honores a Eva.
Bridge over Troubled Water: el famoso “Puente sobre aguas turbulentas” de Simon & Garfunkel, con más sensibilidad y profundidad; inmejorable versión de un clásico con el perfume de pinceladas del jazz de más nivel.
People Get Ready: del gran Curtis Mayfield una canción para estremecerse.
Tall Trees in Georgia: una de las canciones más tristes que jamás se interpretaron fruto de la enorme sensibilidad Buffy St. Marie, una descendiente de indios cheroquis con un pasado tremebundo. En la voz de Eva consigue sacar todo lo tremendo que lleva inherente el texto y la música.
Fields of Gold: una canción de Sting. El resultado es, sencillamente, demoledor… ¡quien le diera a Sting cantar así y con tanta sensibilidad! Es una canción que confirma que, a veces, segundas partes son mejores.
What a Wonderful World: la famosísima canción que interpretó de forma magistral Louis Armstrong la transforma Eva en otra cosa, ni mejor ni peor: distinta. Vale la pena escucharla con interés… la voz está perfectamente ensamblada con la música.
Recordad que para escuchar mejor la música de la Gramola tenéis que pulsar en el extensible de la gramola para que aparezcan los nombres de los interpretes que están incluidos, después lleváis el ratón hasta el nombre elegido, esperáis que se cargue la música y, como remate, pulsáis abajo, en donde dice popup playes para que se abra un pequeño navegador. ¡Que lo disfrutéis!
¿Quién dijo que la música antigua era aburrida o tristona? En la Gramola he incluido varias composiciones del siglo XVII que sirven como ejemplo de que el sonido bien combinando con los tiempos produce armonía, belleza, serenidad y alegría.
Este grupo vocal, formado en el 2002 como complemento de la Lautten, está especializado en música antigua y en la conjunción estética e interpretativa con los instrumentos de época. Tienen un repertorio muy variado que les permite actuar desde una formación en cuarteto de voces hasta un conjuntos de doce personas.
La actuación que presenciamos podríamos definirla de memorable tanto por la calidad de la parte instrumental como por la conjunción vocal del coro y solistas. Además, Wolfgang es un excepcional director y conductor de personas (como un amigo), con una capacidad de comunicación no verbal que hizo las delicias de todos los asistentes al concierto.
Fue un concierto para no olvidar.
Las canciones incluidas en la Gramola pertenecientes al CD que compré, son:
1- The Nightingale, the mery Nightingale, de Thomas Ravenscroft (1592/93-1633)
Hace algún tiempo, quizá 11 o 12 años, alguien me habló del disco de un compositor para mi desconocido, un disco que definió como lo mejor que se había editado en los años 90. Ese disco era Grace y el compositor Jeff Buckley.
Como ni el disco ni el interprete me resultaban conocidos, no lo tomé en consideración quizá por un exceso de elitismo musical y de prepotencia: si yo no lo conozco es que no vale la pena.
Me equivoqué: tanto Jeff como el disco son, realmente, lo mejor de los años 90.
Además, el único Buckley que yo conocía era Tim, un ecléctico compositor e interprete de jazz y folk de los años 60/70, fallecido antes de cumplir los treinta años por los excesos de alcohol y drogas, y del que tengo varios CD’s en mi colección.
De su madre, Mary Guibert, lo único que sé es que es también músico como su hijo y exmarido, tiene la titularidad de todos los derechos de Jeff.
Pese a su temprana muerte, en el 94, ahogado en las aguas del río Wolf (Memphis), su escasa pero colosal producción ha servido para contemplar extasiados al que posiblemente estaba llamado a ser el mejor compositor americano del último cuarto de siglo; era la mente y la voz más rica de su época, una voz con un registro de más de cuatro octavas, un portento.
Fue un perfecto desconocido hasta que un día lo más granado de la música (los Bob Dylan, Jimmy Page, Paul McCartney, entre otros) empezó a alabar su disco, abriendo de esa forma los oídos a miles de aficionados a la música, y entre ellos yo.
Lo escuché por primera vez hace varios años, tal vez, 9 o 10, por que me regalaron una copia del original.
En ese CD pirata, sin carátula, metido en una simple bolsa de plástico rígido, descubrí el valor y la capacidad generadora de maravillas que tenía Jeff, y eso que sólo publico un CD. El resto de sus discos que circulan por las tiendas y colecciones, son grabaciones en directo y versiones piratas que van de mano en mano entre los acérrimos de Jeff (entre ellos yo).
Para mi, fue un hallazgo increíble, un referente,una joya que cuidar, un disco para escuchar cada poco tiempo de forma pausada y tranquila, sin prisas, con una copa de ron añejo en la mano.
Si todo Grace es una joya, dentro del disco hay una canción que es la joya entre las joyas: Hallelujah, una versión de un clásico de Leonard Cohen.
Es una canción enigmática, llena de matices y de referencias bíblicas y metafóricas. La guitarra de Jeff arranca con punteos sutiles, deslizando los dedos sobre las cuerdas… su voz acaricia cada sílaba, cada nota, contagiando de sensibilidad y candor los sonidos y la palabra hebrea hallelujah.
Nunca antes había sentido tan profundamente que el sonido podría salir del corazón.
Aquel conocido mío que hace 11 o 12 años me avisó de lo que encerraba Jeff, se había quedado corto. Por su recomendación es el culpable de que cada vez que escucho el Hallelujah se me agolpen las lágrimas en mis ojos.
Como no he conseguido obtener el vídeo de la canción por problemas de derechos de autor, en la Gramola tenéis en formato mp3 la grabación original del CD.
Información adicional: es posible que por un problema de copyright, en algunas partes del mundo éste vídeo no sea visionales... ¡y bien que lo siento, por que es magnífico!.
Letra de Hallelujah
I’ve heard there was a secret chord That David played and it pleased the Lord But you don’t really care for music do you? It goes like this – the fourth, the fifth The minor fall, the major lift The baffled King composing Hallelujah
Hallelujah, hallelujah, hallelujah, hallelujah
Your faith was strong but you needed proof You saw her bathing on the roof Her beauty in the moonlight overthrew you She tied you to a kitchen chair She broke your throne, she cut your hair And from your lips she drew the hallelujah
Hallelujah, hallelujah, hallelujah, hallelujah
Maybe I’ve been here before I know this room, I’ve walked this floor I used to live alone before I knew you I’ve seen your flag on the Marble Arch Love is not a victory march It’s a cold and it’s a broken hallelujah
Hallelujah, hallelujah, hallelujah, hallelujah
There was a time when you let me know What’s real and going on below But now you never show it to me, do you? And remember when I moved in you The holy dark was moving too And every breath we drew was hallelujah
Hallelujah, hallelujah, hallelujah, hallelujah
Maybe there’s a God above And all I ever learned from love Was how to shoot at someone who outdrew you And it’s not a cry you can hear at night It’s not somebody who’s seen the light It’s a cold and it’s a broken hallelujah
Hoy entraron en la Gramola unas arias de óperas muy conocidas pero no por ello menos hermosa y motivadoras. Es Música en estado puro, con mayúsculas, el arte total.
Hoy le toca entrar en la Gramola a otro de los grandes cantautores españoles: Joaquín Sabina.
Recorrió todo lo recorrible, desde el exilio hasta las drogas o el alcohol, y todo lo recorrió como si en ello le fuera la vida. Es el cronista de las desgracias y de los desamores, de los perdedores y los que nunca llegarán a ser nada en la vida, de los desengañados y los parias de la tierra.
* Princesa: del CD “Juez y parte”. Este poema musicado fue escrito pensando en una mujer concreta, en una princesa de carne y hueso, en una dama que recorrió todas las épocas y vivió todos los tiempos, y todo lo consumió con fruición. Y terminó mal.
* Noche de bodas: del CD “19 días y 500 noches”. Está canción la interpreta acompañado de la insigne y maravillosa Chavela Vargas. La introducción no tiene desperdicio, es una broma de amigos y el preámbulo de lo que vendrá después.
* Por el bulevar de los sueños rotos: canción incluida en el CD “Esta boca es mía”. Con esta canción pasó de todo, desde ser una mezcla de los sonidos de Enrique Urquijo, de Los Secretos, con los versos escritos en una servilleta por Joaquín. Al final quedó algo perfecto, un poema hermosísimo dedicado a la desesperanza y a México.
* Y nos dieron las diez: del CD “Física y química”. Otra deliciosa canción, que además de ser bella y romántica a la par que desolada. Es conocidísima y la cantan multitud de grupo y de intérpretes españoles y mexicanos.
* Yo quiero ser una chica Almodóvar: del mismo CD que la anterior. En este tema Joaquín mezcla una broma con mucha ironía con la desesperanza de ver como algunos, desde la izquierda, mutan a la modernidad sin metas ni credos.
* Que se llame soledad: del CD “Hotel, dulce hotel”. Canción autobiográfica, con reminiscencias jazzísticas. Está dedicada a la que fue su esposa y madre de sus hijos, Isabel Oliart.
* Calle Melancolía: canción incluida en el CD “Malas compañías”. Esta es, posiblemente, la canción más conocida y famosa de Joaquín; en ella habla de soledad, de tristezas y de las penas que siente al ser un extraño en un sitio extraño.
* Círculos viciosos: del CD “La Mandrágora”. Sobre un poema de Chicho Sánchez Ferlosio, la voz y el sonido de un primitivo Sabina.
* Pongamos que hablo de Madrid: también del mismo CD. Otra de las canciones bandera de Sabina, un retrato entre amoroso y odios del Madrid de sus amores.
* Marieta: del CD “La Mandrágora”. Con un poema de Georges Brassens, el sonido de Sabina y la voz de Javier Krahe, sale este sarcasmo musical.
* La tormenta: mismo CD. Otro poema de Brassens, con arreglos musicales de Sabina y la voz de Alberto Pérez.
* Nos ocupamos del mar: del mismo CD. Empieza como una broma pero, a los pocos compases, cambia y muta en una de las piezas de mayor romanticismo que jamás oí, de una belleza apabullante y el sueño de cualquier enamorado.
Hoy incluí varias canciones en la Gramola, todas ellas de uno de los más grandes cantautores españoles: Joan Manuel Serrat.
Cada loco con su tema: canción correspondiente al CD del mismo nombre del año 1983. A esta canción se la podría considerar como el himno no oficial de la España democrática, el himno que a todos nos gusta cantar y que es el reflejo de las ansias de libertad y sana convivencia de un pueblo recién salido de la dictadura del general Franco; tiene un punto ligeramente salsero y vivaz.
Algo personal: canción del mismo CD anterior. Es una ácida denuncia de todos los dictadores, sean de la tendencia que seas, de los llamados salvadores de la patria, los amos del universo (las grandes corporaciones y la globalización), las guerras frías, los Ronald Reagan y Bréznev, etc., etc., etc.; la letra va del humor a la rabia, de la ironía a las ganas de gritar, del miedo a la esperanza.
Yo me manejo muy bien con todo el mundo: también del mismo CD. Es una canción muy festiva, grotesca, sarcástica… es una canción que habla de los jefecillos que lo mismo son sumisos con los jefes como condescendientes con los inferiores (pero siempre manteniendo las distancias). Una canción muy de toda la vida y de todos los países.
Aquellas pequeñas cosas: canción correspondiente al CD “Mediterráneo” del año 1971. Es un canto a los recuerdos, a la nostalgia, a las cosas bonitas de la vida.
Nanas de las cebollas: canción del CD “Miguel Hernández” del año 1972. Esta canción está basada en un poema del maravilloso Miguel Hernández, poeta republicado y preso por la dictadura del general Franco. Los versos nacieron en la prisión en la que Miguel estaba recluido y son el producto de haber leído una carta que le mandó su mujer y en la que le decía que, por la represión, no había podido comer nada más que cebollas y pan.
Me voy de fin de semana a casa de mi padre en A Coruña. Volveré mañana sábado de noche.
Os dejo en la Gramola una canción absolutamente deliciosa, una Romanza para guitarra y Orquesta del compositor español Salvador Bacarisse (Madrid 1898, París 1963).
Es una pieza clásica hermosa, evocadora de paisajes y atardeceres de otoño.
Dentro de las mejoras que irán apareciendo en los próximos días en la página Web, hoy empezó a funcionar la Gramola (parte derecha arriba, de la página).
Si pulsáis en "popup playet" se abrirá una nueva ventana en la que sólo estará la Gramola; hacerlo os permitirá oír las canciones y seguir navegando por la página sin problemas.
En la gramola iré introduciendo canciones de intérpretes seleccionados entre los de mi colección de música.
Hoy entraron tres canciones de un grupo que se llama Cowboy Junkies, en concreto de su CD “Rarities, B-Sides and Slow, Sad Waltzes”.
Espero que os gusten y también espero vuestras opiniones.
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